miércoles, 23 de enero de 2013

El cambio - Diana


EL CAMBIO

La vida ha realizado su labor en mi mientras yo no hacía nada. Cuando la gente habla de cambio, parece que se refieren a algo que se tiene que notar espectacularmente-una suerte de performance exterior. Eso es tan absurdo como pretender que un chico judío de trece años se haya hecho realmente un hombre tras celebrar su bartmitzva. Los cambios no suelen suceder así, de un día para otro. Lo que sí ocurre de este modo es el darse cuenta de que han sucedido – cuánto esfuerzo empleado en resistirse a lo que siempre ha estado ahí.
Pues algo así fue lo que me pasó a mí el viernes. De camino al trabajo, no sé por qué, me acordé de cuando me marché de mi ciudad, ávida de una vida nueva. Solo que ahora no podía recordar qué significaba esa sensación de novedad, buena o mala. La rutina me había anegado poco a poco con el mismo regusto a insatisfacción de entonces. Tanto viaje exterior, pero esa sensación había permanecido intacta todos estos años. Un resorte saltó en mí “Silvi, necesitas un cambio*, pero esta vez, uno de verdad” y, es gracioso, recuerdo perfectamente la sensación de haber dado un respingo en el coche - esa idea se había presentado tan rotundamente ante mí como un venado en mitad de la carretera.
Como cada mañana, hice la inspección, comprobando que en el laboratorio la temperatura, iluminación y ph estuviesen a su nivel óptimo,-pobres becarios, se ponían tan tensos al verme aparecer que de haber sido cuerdas de guitarra se hubieran roto. Pero había uno que no. Siempre andaba canturreando con los cascos puestos y la bata desabrochada. Decía “vamos, las plantas soportan oscilaciones de temperatura, humedad y radiación a la intemperie a cambio de aire fresco, ¿para qué necesitamos mantenerlas bajo constantes invariables?” “Si tanto le disgusta el proyecto, ¿para qué está usted aquí, señor Requena?” “Para que usted no se aburra”. Su actitud me exasperaba. Pero debo reconocer que tenía razón, las escasas veces que faltó me aburría como una ostra. Un día, sin embargo, cuando pasé por su lado y supervisé su zona, dijo en un tono pesado “en serio, profesora, ¿para qué hacemos esto?” No le supe contestar. Y no volvió. Me dije que era extraño cómo personas aparentemente tan dispares como él y yo pudiésemos tener un fondo tan similar  -me reconocí de inmediato en esa capacidad de dejarlo todo por una causa invisible.
Entonces, este viernes aburrido, sucedió. Pasé al lado de otro lamido becario que sustituía a Requena. Ansiosa de reto intelectual, le dije “¿Alguna pregunta?” Y él respondió “Sí, ¿puedo ir al baño?” “¡Santo cielo, González! Si a su edad todavía no lo sabe...” Entonces, en un flash, la pregunta de mi ex alumno reverberando en mi mente “¿Para qué hacemos esto?” Y le di siete respuestas: para hacer cremas de cara, para sobrevivir, para creernos importantes, para no perder la subvención de la casa farmacéutica, para tapar experimentos con transgénicos, para no tener que enfrentarme al vacío de no ser nada sin esta profesión, para olvidar que quisiera hacer otra cosa, Me fui al baño ante una sinceridad tan cruda, tan poco digerible. Eso le diría a mi alumno, que era mi yo de quince años atrás, y no pude ni mirarme al espejo. Al salir la jefa del departamento me dijo que me encontraba pálida. No es nada, respondí. El día transcurrió entre los hipnóticos sonidos de los humidificadores programados a intervalos rítmicos, como un vals de servidumbre. Y a última hora sucedió. Y aquí viene uno de los secretos para todo cambio verdadero: hay que estar muy atento cuando una oportunidad se nos presenta. Sucedió de un modo conjugado que el último de los becarios salía por la puerta, que mi jefa se había ido antes para asistir a una convención en Bélgica, y que las señoras de la limpieza se habían retrasado por una pequeña inundación en los vestuarios. Me quedé sola, con un brevísimo lapso de tiempo abierto ante mí en secreto, al lado del dispositivo de control ambiental. Ahora o nunca, me dije, y con sigilo de gato cambié un par de parámetros, cerré la tapa y salí. Me cosquilleaba el estómago, me hervía la sangre de transgresión, pero también de honestidad para conmigo.
El lunes esas plantas no van a servir ni para ensalada. Y yo creo que no voy a volver. De momento me he venido todo el fin de semana a lo alto de Monte García, a respirar lo que respiran las plantas auténticas. He terminado con todas aquellas que eran de mentira. Prefiero dejarlas marchitarse a ellas antes que a un espíritu como el de Requena. Como el mío.

El cambio - Analia



cambio  climático
cambiando
moneda de cambio
cambio  de última hora
exchange

los  cambios rotos
sin  re-cambio
inter – cambio

cambió
cambiarías
cambié
cambiemos
cambióse


 aún sin algo nuevo

( triste)


Otro ejercicio


cambio amable
cambio seco
cambio inesperado
cambio esperado
cambio aconteciendo
 save the changes

c  a  m  b  i  o      eres tu?

Entonces Quien  escribe ahora ?

( alegre)

Cuaderno de bitácora: sesión 16

13 de noviembre de 2011, seis de la tarde, nos reunimos en Can Alone. Asistimos Pau, Romanie, Analia, Guillermo, Jason, Marcela y Antonio.

Ejercicio: Escribir un texto sobre el cambio.

Lecturas compartidas:
  • Jorge Riechmann: "El común de los mortales"
  • Matsuo Basho: cita:  "No sigas las huellas de los antiguos. Busca lo que                        ellos buscaron"

Hombre de fuego - Rozio


Hay un hombre o no lo hay. Es de fuego. Me viene a la cabeza un grito: al lobo, que viene el lobo! Al hombre, que viene el hombre! Y es de fuego. El hombre de fuego llegó hace poco. Ha recorrido los caminos en busca de otro de su especie. Definitivamente busca un abrazo. Pero su abrazo es de muerte. Todas las especies se retiran, huyen de él. Se siente solo.
A veces se gira y observa lo que queda a su paso: la misma soledad que encuentra enfrente.
Ve algo moverse delante suyo, y corre hacia eso gritando: ¡Oye, para! Pero "eso" pasa de largo. Descubre que ya no puede seguir más. Vuelve otra cosa similar a la de antes ¡Para! ¡Un abrazo! Nada.
Poco a poco su cabeza se deshace en humo, ya no quiere seguir pensando, el cuerpo va menguando...
Estoy triste.
¿es tan raro querer morir abrazando?

martes, 15 de enero de 2013

¿Y ahora qué? - Antonio

-Bueno, ya te has casado. ¿Y ahora qué?
 Fue el primero en hacer esa pregunta, o mejor dicho, en formular esa pregunta que yo me venía haciendo desde por la mañana, desde la ceremonia y aun antes, desde la víspera. Había pasado la noche con sueño superficial y agitado, probablemente durmiendo pero creyéndome insomne, soñando que no dormía, despertándome de veras a ratos. Hacia las cinco de la madrugada había dudado si encender la luz, pues al ser primavera ya veía el anuncio del alba que alcanzaba la calle por la persiana subida, podía discernir mis objetos y muebles, los de mi alcoba. "Ya no dormiré más solo, más que ocasionalmente o de viaje", había pensado mientras dudaba si encender la luz o ver avanzar el alba por encima de los edificios y sobre los árboles.
Había sido él desde mi niñez quien había formulado en voz alta mis temores. Su mirada, irónica y reprobadora, sobre mí, por encima de mí. Su presencia imponente, impositiva, las preguntas siempre de su lado, las dudas siempre del mío. Nada de lo que hiciese o pensase estaría libre de su juicio, sutil, ni cerca de igualar al menos su umbral de lo aceptable. ¿Y ahora qué? Él, maestro de desequilibrar las vidas por inercia. Incapaz de admitir un movimiento sin tener claro el siguiente. La luz de la tarde, inundaba el despacho de mi padre y mi rostro. Mientras él continuaba de pie tras de mí, era yo quien le daba esta vez la espalda, viendo la fiesta del jardín, a mi esposa, felíz, bailando, aún con el vestido de novia, ignorante de mis dudas y mi soledad, ignorante de que ahora mis fantasmas eran los suyos.
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Julián Marías: "Corazón tan blanco" 

Con el invierno - Guillermo

Con el invierno llegó el frío y se desataron las grandes lluvias. El cielo dibujaba, violento, ases de relámpagos proyectándose vertiginosamente de un extremo a otro del horizonte. El viento, por su parte, arrancaba viejos árboles, hacía estallar los cristales de las cabañas de la aldea, y desbocaba la superficie de los lagos. De cuando en cuando, el trueno pronunciaba su suerte de eco malvado y cruel. En tanto, las aves emprendían forzosamente una temprana migración hacia los valles montañosos del sur. La tormenta descendía sobre la tierra. Comenzaba un nuevo tiempo. Hasta el atardecer continuaron avanzando los hombres. Querían encontrar un refugio ante aquellos  elementos simples que atormentaban el cuerpo y penetraban muy adentro para apagar el alma sensible: el agua que caía. Los cuchillos del viento. El blanco cegador. El silencio. Todo quedó al descubierto. Un puñado de errantes enloquecidos. Una larga huida. Una trampa. Por la tarde, los errantes encontraron un techo bajo el que cobijarse. Era un monasterio abandonado y en ruinas, una fortaleza de piedra en la ladera de una montaña remota. Muchos años  antes, tal vez durante una epidemia de peste, los últimos monjes habían escapado de ahí para morir en otros lugares.
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Amos Oz: "Hasta la muerte"

Viajó - Pau

Viajó.
Conoció la dicha del amor, el despertar a un nuevo día con la alegría de la flor que sólo espera un poco de sol antes de la helada. Creyó que el mundo podía ser conquistado con las fuerzas de su corazón, y la vida como emblema. Pobre mortal doliente, barro ilusionado.
Regresó.
Frecuentó el mundo, tuvo aún otros amores. Pero el recuerdo del primero los volvía insípidos; además, la vehemencia del deseo, la flor misma de la sensación, se había perdido. Las ambiciones de su espíritu también habían disminuido. Los años pasaron; y soportó el peso de su inteligencia y la inercia de su corazón.

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Gustave Flaubert

amor - Romanie


Aquel, que se decía bello, no comprendía la amistad. Mi padre, que era cruel, tenía amigos y sabía amarlos, siendo insensible a la decepción, que es avaricia frustrada, la decepción es bajeza, porque lo que primero has amado en un hombre, ¿en qué se ha destruido si hay en él otra cosa que no amas? Pero tú transformas inmediatamente en esclavo al que amas o que te ama, y si no asume las cargas de esa esclavitud, lo condenas.
¿Y qué queremos decir cuando nuestros labios pronuncian la palabra amor? Mi padre era insensible al amor y reconocido solo como insensible a la decepción de los labios de mi padre no se escuchó jamás la palabra amor, ni su rostro expresó empatía, mostrándose frío y claro, amó intensamente. No era esclavo de su sentir.
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"Ciudadela" de Saint Exupéry. pág 144

La habitación - Marcela


Sólo me separaban la puerta de hierro y cristal, un par de metros y el paso de los años de aquella habitación.
Al entrar se agolparon en mi mente recuerdos que creí olvidados como el olor a madera de cedro de las numerosas estanterías que guardaban los libros de mi abuelo.

A mi siempre me gustaba entrar en aquella habitación; frondosas sombras verdes jugueteaban en el techo, y en su silencio irrumpían el piar de los pájaros y el cercano zumbido de las abejas. Al lado de la ventana había, sobre un caballete, un gran tablero para dibujar, y junto a las paredes se alzaban hasta el techo filas de libros.

Pasé horas y horas entre estas paredes consultando cientos de libros, que sin saberlo entonces, marcarían el rumbo de mi vida.
De aquella habitación ahora sólo queda la fragancia de las estanterías de cedro vacías, el caballete junto a la ventana, y mis recuerdos, que en apenas una semana, serán lo único que sobreviva a un progreso que se impone con furia. Con furia y con una gran autopista que atravesará esta habitación como ella atravesó mi corazón.
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“Los acantilados de Mármol” de Ernst Junger

“A mi siempre me gustaba entrar en aquella habitación; frondosas sombras verdes jugueteaban en el techo, y en su silencio irrumpían el piar de los pájaros y el cercano zumbido de las abejas. Al lado de la ventana había, sobre un caballete, un gran tablero para dibujar, y junto a las paredes se alzaban hasta el techo filas de libros.”
pag.43

Cuaderno de bitácora: sesión 15

27 de octubre de 2011, ocho de la tarde, nos reunimos en Can Analia i Jose. Asistimos Pau, Romanie, Analia, Guillermo, Jason, Marcela y Antonio.

Ejercicio: Elegir un párrafo de un libro de otro autor, y escribir antes o después de párrafo, escondiéndonos en otro escritor. El reto es descubrir qué párrafo es nuestro y cuál del autor original.

Lecturas compartidas:
  • José María Alvarez: "Museo de cera"
  • Artículo del país: "Máquina redactora"

La decimoprimera curva - Antonio

Era un día claro. Las brumas de la primera hora de la mañana se habían disipado hacia el mediodía. Había hecho acopio de fuerzas y había conducido el coche hasta la casa de Tacha. Hacía sólo una semana que había dejado esa casa, colgada de la falda de la montaña, sólo una semana que casi todas mis cosas habían salido de allí, y ese tiempo había parecido una inmensidad. La brecha emocional era más aguda por la añoranza de la casa que por nuestra ruptura. Nunca me había sentido tan apegado a un lugar como aquí. Nunca viviría otros amaneceres en el valle tal y como lo conocí. Saqué la última caja y conduje montaña abajo. El pecho me presionaba tanto que no me creía capaz de soportar más dolor. Al girar la décima curva vi el fuego, la lanza de llamas que ya iba matando el valle. Supe que no había vuelta atrás. El dolor podía crecer. Ignoré la decimoprimera curva. Volé.

Pasar a la acción - Pau

Hay pánico dentro del coche, incredulidad, y una indisimulada querencia a pisar el acelerador.
La mirada nerviosa del conductor busca en el retrovisor la larga mano del fuego que persigue a los temerosos.
Detrás de la curva, espera el otro monstruo que abrazará el coche convirtiéndolo en un horno mortal.
El bosque ya no puede más. Ha decidido pasar a la acción. 

Verano - Romanie

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Era verano y hacía mucho calor en el coche. El aire acondicionado no funcionaba, así que las ventanas estaban todas abiertas. Aunque íbamos en movimiento, tenía una extraña sensación de que algo no encajaba con la lógica. ¡qué calor!- Sí, me dí cuenta de que no corría ni el aire que tendría que pasar del movimiento del coche. Intenté ir más rápido, y ni así entraba aire!...Uff! Algo no va bien. Pensé que quizás estaba soñando, así que me pellizqué y no me desperté. Seguía conduciendo mi coche. A Santiago también le pareció muy extraño. Las leyes de la física no estaban haciendo su trabajo!
Pronto se juntó al calor bochornoso un espeso olor a humo. A medida que avanzábamos, el olor se intensificaba más y más. Muy asfixiante. Al dar la curva el humo y de dónde provenía. El torrente se había incendiado y nosotros nos dirigíamos justamente al foco principal cuando de pronto a nuestra izquierda las llamas incendiaron lo que parecía un árbol. Se incendió de golpe. Las llamas crearon la forma de una persona gigante que nos abría los brazos en gesto de abrazo. Qué cosa tan extraña, pensé…..

Fuego - Marcela

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Sálvame de mi mismo, no puedo parar de hacer lo único que se hacer, quemar, quemar, quemar, soy fuego, me alimento del aire y de lo que pillo al pasar – respiro y crezco, como y crezco más, y así recorro el monte de abajo a arriba, a donde el viento me quiera llevar.
Pero no creas que siempre es así, si me sabes llevar las cosas pueden ser muy diferentes, te puedo dar mucho, te puedo dar vida si eres capaz de cuidarme, retenerme en un lugar, y alimentarme. Si me das un poco de alimento y un poco de aire te puedo dar calor y te puedo ayudar a cocinar, a hacer herramientas, cerámicas, armas, a mover máquinas y quizás cambiar tu mundo, solo se trata de control y un poco de mimo, soy fuego…

Acelgas - Jason


         Acelgas, se estaban perdiendo pasto de las llamas. Hay quien pensaría que fue intencionado, magia negra, por la forma humana que adquirieron las llamas. En el pueblo ese punto se debatió largo y tendido, pero no conociendo nadie a ningún brujo en la zona, parecía harto improbable. Los más racionalistas hablaron de casualidad, los religiosos de castigo divino u advertencia, pero lo cierto es que Juan Posadas, su mujer y sus dos hijos, se quedaron sin acelgas ese invierno. Sin ese aporte los guisos se hacían más pasados , les falta la frescura de lo verde. Juan llegó a resentirse a causa de esa ausencia en su dieta, hasta el punto de tener que pasarse a herviditos y plancha. Perdió unos cuantos kilos y pareció rejuvenecer, y cuando otras familias enferaeron por acumulación de metales pesados en el higado, provenientes de esas acelgas que tan bien se alimentaban del combustible de los coches en las veras de la carretera, todo el mundo empezó a especular que si en vez de una aparición maligna esas llamas fueran la manifestación de un angel salvador para la familia Posadas. Lo cierto es que sólo quemo las acelgas que les pertencía recojer a ellos. Fuera como fuere, aprendieron todos que la acelga es buena, más no lo es recojida a la vera de la carretera.

Escritura automática - Analia

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 Lás ánimas por donde quieras! Hoy es trece de octubre, 2011. Salí de casa camino al camino,  sólo con mi perro  y el teléfono apagado , lo que no es un  teléfono … Escucha!! son las hadas del  fuego, el Fuego  ese padre que me llama. Su grito es antigüo, se me mete por las mangas, me llega al cuello hasta los tímpanos, sube ...

Dónde estaré ? Encubierta de qué cotidiano. En qué lejana tierra en la que no nací. Pero si Ahora recojo cada hueso, cada gota de sangre... Gota a gota , en la carretera … ¡Escucha!... sí , escucha, a ti, tu La de Adentro,   la que late entre mi corazón y  mis hemisferios : El Dorado  quiere por  fin tocar tus tobillos y así pudiera  yo ser fuego brillante con un teléfono   apagado ,  el que no es un teléfono

miércoles, 9 de enero de 2013

Cuaderno de bitácora: sesión 14

15 de julio de 2011, siete de la tarde, nos reunimos en Can Alone. Se incorpora al grupo Analia. Asistimos a la sesión: Analia, Marcela, Romanie, Rocio, Jason, Guillermo, Pau y Antonio.

Ejercicio: Escritura in situ, automática, a partir de la imagen que encabeza esta entrada.

Lecturas compartidas:
  • Jaret Diamond:  Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos 13.000 años.

Zazpigarrenean - Pau



Zazpigarrenean by Ruper Ordorika on Grooveshark

martes, 8 de enero de 2013

Elevation of love - Antonio

 

"Una noche de luna llena de agosto. Un baluarte sobre el mar. Nos acercamos al concierto a "ciegas". Tres tipos vestidos de negro, un baterista con cara y flequillo de falso adolescente, un pianista menudo frente a un piano de cola, Jonás y la ballena, y un tipo de dos metros, calvo entre cuyas manos el contrabajo se convertía en un juguete. Cuando se preparaban para tocar aún se escuchaban los murmullos del centenar de personas que estábamos entre el público. Entonces sonaron las primeras notas y...
Aquella canción desconocida me atrapó, desde el primer segundo. El baluarte sobre el mar, se convirtió en un baluarte sobre todos los mares, el cielo en el cielo de todos los tiempos, y la luna, uf, plena, alumbrando la música. Las primeras notas ya susurran "sube al viaje". Después, una espiral de sonido, delicada y potente. La mente se relaja, se siente segura y se deja ir. Es una descarga, es hacer el amor con la vida.
Flotando sobre la música, un suelo firme, se revisitan los momentos guardados con celo de una vida. Uno a uno, pequeños hitos, emociones y sensaciones. Microexplosiones nucleares que bombardean el lado derecho del cerebro y sus neuronas. Salta el color, la emoción, la imaginación, la música, la creatividad y las imágenes.
Y, ahora, tantos años después, recupero la misma sensación con las notas de esa canción. A los recuerdos de entonces se le han acumulado otros, al almacén de la memoria le han crecido estanterías y rincones. Ahora no hay luna, ni cielo, ni un baluarte, ni músicos en directo. Y en el fondo está todo. La música y su luz se alejan, las oigo partir. Mientras yo hago balance y repaso de nuevo hitos de mi vida, que convertidos en polvo cabrían en la palma de mi mano. Una vida digna, llena de belleza y amor. No necesito más..."

-Señora Volpe, disculpe, es la hora.
-Espere un momento, por favor, deje que acabe la música. Era su voluntad.
-De acuerdo, cuando acabe la música le desconectaremos de la máquina. 

Sleep tight tiger - Rozio



El valor de las palabras justas
ni una de más, encontrar las menos.
Aprecio la capacidad de condensar las emociones
en una corta frase
a modo de espejo en otro espejo.
Reflexiones de significados
multiplicados en sí mismos.
Así, la construcción verbal se convierte en poliedro
que traiciona las matemáticas y 2 + 1 nunca son 3.
sleep tight: expresión cariñosa que no le dices a un extraño
tiger: animal bello y fiero, amor salvaje
sueña conmigo, descansa
tras la batalla, tras los gemidos, los revolcones en las sábanas,
la lucha y el placer de nuestros cuerpos
sleep tigth tiger: pequeñas palabras, tiernas, ardientes
susurradas a tu oído,
con languidez, con el aire pesado, calmo, ahora sí,
entrando y saliendo suave de mis pulmones,
recuperando el ritmo cardiaco, sleep, sleep,
tight, sleep tiger, tight tiger....

El ciclo del recuerdo y del olvido - Marcela




Voy por el bosque, siguiendo los pasos de ayer, acompañada de mi perro y mis pensamientos errantes, hasta que llego frente a él.
Está viejo, agrietado por el paso del tiempo, partido por la mitad; es hembra porque tiene algarrobas.
En ella juegan ardillas y tórtolas de día, y al llegar la noche se posa el cárabo.

Frente a él juego yo también a silenciar mi mente, a despertar la conciencia, a estar lo más presente que soy capaz de estar, invoco mi presencia al presente, y sin darme cuenta pierdo ese instante de conexión y armonía.

Entonces me invade la soledad, me invaden los deseos, y con ellos me olvido otra vez de mi misma, regreso a mis pensamientos errantes, y canto.

Canto al árbol testigo de mi recuerdo y de mi olvido, canto a las ardillas y a las tórtolas juguetonas; y al caer la noche, a escondidas de la mirada de algún vecino curioso, me adentro en el bosque acompañada de mi incondicional amigo y canto bajo la luz de la luna, y la sombra del cárabo.

Jason en el país de los pentagramas - Hassan Ahmar



Un pentagrama puede evocar si el lector convierte los impulsos visuales en sonoros. Un equipo de música puede reproducir grabaciones y el oyente recibirá vibración sonora; si la persona expuesta a la vibración es sorda no se considerará oyente.
Un músico que comparta su arte puede hacer bajar el cielo y repartirlo entre todos los mortales, como Jesús con los peces, distribuyendo copias de grabaciones.
En la Biblia del País de los Pentagramas Jason, en Porverdiós 3.45 se refiere a este milagro: [… y de la mesa de mezclas al estudio […] él lo arregló y lo colgó de la red, y donde antes sólo escuchaban tres ahora escuchaba el planeta entero…] y aún va más allá en Premios 72: [… y bajaron tres ángeles y su luz era música y la música era luz. Todos los que allí había comprendieron la estructura del universo en ese instante.] Los nombres de los ángeles eran Avishaí, Shai y Mark.

Sin título
Avishaí Cohen, Mark Gulliana y Shai Maestro, tres puntos definen un espacio, tres músicos crean un universo, un todo musical.
No sé si es dicha, pero si Gloria, que el cuerpo físico tenga la destreza para expresar la vibración cósmica y, además, milagrosamente, entegrado en una triada, formando un todo.
Tres partículas, un átomo; tres magos, la música. Integración, creación, vibración, sin más límite que la estructura del universo.
Su música son mis gafas para ver las entrañas del universo.

Sin título
El pentagrama se desgañito hasta quedar afónico; era una pesadilla, por más que gritara nadie le oía. Él, que tenía el don de evocar maravillas en aquel que supiera escuchar, capaz de transportar a los humanos al paraíso, era ignorado sistemáticamente.
Primero las corcheas, luego las negras… fueron licuándose y resbalando por las líneas hasta disolverlas. Lloró a mares, día tras días, noche tras noche, hasta anegar la ciudad. Colgaba de un cartel en una plaza arbolada que desapareció bajo las aguas. De nada sirvió a los habitantes de la ciudad saber nadar, estas aguas no obedecían a las leyes de la física ordinaria. 

Escuchando René Aubry - Romanie


“El baile de la luz y el viento”

Una planta con extremidades finas y largas crece buscando la poca luz que sus vecinos árboles le dejan. Hoy sopla el viento de levante y las dos ramas más altas se sacuden, bailando el lenguaje de su diálogo.
El calor del sol se sortea al mismo ritmo del viento. Una rama de la planta, la más robusta y alta, se mantiene ambiciosa y recta, solo dejando vibrar al baile, dos hojas de su amor. La rama más flexible y fina baila rápidamente al viento abrazando y acercándose al calor de su rama recta. Hay un diálogo. La rama más alta y recta crea el sonido de la atención y enfoque, mientras que la más fina, flexible y movida le transmite el sonido del amor. Primero suena una, y después la otra. Cada vez existe menos espacio entre vibraciones hasta que al final escucho la armonía que ofrecen fundidas en el conocimiento de que son partes imprescindibles dentro del mismo cuerpo que baila.

La lata - Hassan Ahmar


Se me ocurre que al oxidarse, al aparecer en una playa remota, solitaria, entre las rocas, la lata es bonita, testimonio del tiempo pasado, corroida y agujereada, apenas un pequeño suspiro de algo que un día existió. El sol, la sal, el mar, las rocas, la eternidad, lo efímero, está todo en los óxidos de irreconocible procedencia. Tal vez un pescador refrescara su sed en un caluroso día de verano años atrás bebiendo de ella, un cerveza fresca con lúpulo y cebada asutralianos. Es promesa de aquel momento en que los labios vaciaron su contenido y la mano la lanzó al mar. De allá hasta aquí, solitaria, sometida al imperio de la magestuosidad de los implacables océanos, viajó sin existir para nadie más que las olas.
 
Aquí yace, frente a mi, proyectando su sombra sobre la arena, temblando con los golpes de viento que un poco más allá arranca espuma de las agitadas aguas.
 
El sol calienta y el aire es fresco.