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viernes, 8 de marzo de 2013

5 personajes - Rozio

El cuentacuentos

Cuando él habla, la gente sueña. Trenza las historias con palabras y, poco a poco, el abismo insalvable entre dos imaginaciones se fusiona en un mundo común. El espacio se vuelve denso cuando empieza sus cuentos y el aire se condensa ralentizando la acumulación del tiempo.

La científica 

Dice que no da las respuestas, sino que siempre busca las preguntas. La cazadora de interrogantes ilumina con cada hallazgo un rincón oscuro de nuestro conocimiento. Dicen que es ciencia, ella dice que es su vida, y, en realidad, es la nuestra la que se beneficia de su trabajo.

El deportista

Los músculos, los huesos, los tendones, no son la frontera para su cuerpo. Quizá lo sea el aire que corta o la superficie que roza sus zapatillas. Nació con esfuerzo, y se instaló en el dolor de estirar, engrosar y superar los límites físicos. Ahora el resto de atletas deben superarse a sí mismos y a él.

La cocinera

Cinco sentidos extremadamente desarrollados no conseguirán producir el estallido de todos los sabores armónicamente compensados en nuestra boca. Coordinación, imaginación, técnica, son conceptos que no sirven para entender como la cocina se sublima para convertirse en arte.

El presentador

Y finalmente, yo, el adulador, el ondulante captor de los cuatro ponentes que hoy se sientan en esta mesa par reflexionar sobre "Pensar el silencio" junto a mí. Buscador de adjetivos, de metáforas, excesivo y exagerado. Paso a callarme y a dejar paso al tema de hoy.

5 personajes - Diana C


Al llegar a casa Merche se dio cuenta de que se había dejado las llaves dentro. Eran las  seis de la madrugada y la madre de Laura y la mía pensaban que pasaríamos la noche donde Mer viendo alguna película. A Laura le habían pedido que la llamase a las doce para avisar de que ya estábamos en casa. Entonces no había teléfonos móviles, sino hubiera sido tan fácil como salir un momento del Vinilo, llamar y volver a entrar. Pero Laura se las arregló para que su hermana pequeña, Ale, que también dormía fuera, suplantase su voz. Todo el mundo las confundía por teléfono.
-      Dile a mamá solo “soy yo”, no digas soy Laura ni nada, no trates de disimular.
Cuando nos vimos en la calle Laura de imnediato se puso a trepar por las enredaderas. Era un primer piso y parecía fácil llegar al balcón, pero de todos modos estaba alto y las hojas se arrancaban y quedaban entre sus dedos. Mer comenzó a intentar abrir la cerradura con unas tarjetas.
-      ¿Y quién te ha enseñado eso? - le pregunté
-      En el instituto se aprenden muchas cosas. Te tenías que haber cambiado  con nosotras, vas a seguir hecha una pija toda la vida. - decía mientras la cerradura parecía ceder. Laura seguía tratando de trepar hacia el primer piso, se estaba arañando las manos y clavándose astillas de la celosía.
-      Si, pija, pero mi casa no es la que tiene piscina.. ¿Vamos a darnos un baño? - entonces la cerradura cedió y abrimos la puerta. Entramos pero Laura seguía trepando. -¡Eh, Laura, bájate de ahí que ya se puede entrar!
-      ¡No! ¡Voy a conseguirlo! ¡Hoy es la noche de las hazañas! !Es la noche en que Laura Herradón trepó hasta el primer piso y logró rescatar a sus amigas de una larga y sombría noche sin techo!
-      Laura, menuda castaña llevas, bájate ya y entra – le dijo Merche
-      ¡¡No!! - gritó, de pronto - ¡Dejadme en paz! - y se agarró con fuerza. Ya no subía ni bajaba, se quedó ahí quieta. La celosía era endeble y crujía. - lo voy a conseguir, lo voy a conseguir – susurraba, ahora entre lágrimas.
-      ¿Qué es lo que vas a conseguir?- le grité - ¿Sabes qué? Me tienes harta con tus números. Me voy a la piscina, si quieres te vienes y si no, ahí te quedas. - y me di media vuelta mordiéndome el labio de rabia.
Me di un baño en la piscina. Clareaba la luna en los árboles. Nadé en silencio para no despertar a los vecinos, pero un golpe seco y un llanto hizo esa labor por mi. Al poco llegó Merche con Laura cojeando, lloraba y sonreía a la vez. Tenía una brecha en la cabeza y la pierna sangrando. Acabamos la noche en urgencias.
-      ¿Tú crees que me escayolarán?
-      ¿Y yo qué coño sé, no podías haber entrado por la puerta y ya está?
Le dijeron que estaba bien, y le dieron en la cabeza unos puntos que no se veían. Para la pierna, betadine, y como llevaba pantalón de campana, un poco a lo Janis Joplin, su herida de guerra quedó oculta.  A la mañana siguiente volvió a casa. Su hermana pequeña tras llamar haciéndose pasar por Laura, había salido con su amiga a comprar tabaco. Salieron solo cinco minutos de casa, pero como estaban a dos portales su padre las pilló y le cayó un castigo de cadena perpetua por el resto del verano. Fue entonces cuando Ale empezó a fumar. De nuestra llegada a las cuatro de la mañana, de abrir puertas con tarjetas, de nuestro alcohol y nuestro tabaco, y de la caída y la brecha de Laura, nunca supieron nada. Me dijo:
-      Mi madre ni siquiera se ha dado cuenta de que no era yo, la del teléfono.
Y ese fue el verano en que Laura comenzó a salir con Nano, un motorista que la llevaba a carreras ilegales. Volvía siempre a casa llena de cardenales, pero en su casa nunca se daban cuenta. Hoy hemos estado en el hospital. Con fracturas múltiples en la pierna izquierda y en el codo, y media cara morada, la he visto sonreir como aquel verano. Sus padres al fin estaban allí, desencajados, preguntándole en qué demonios andaba metida.

La timba - Antonio

Era jueves, y como todos los jueves por la noche, ahí estaban los cinco, envueltos en ese ambiente pesado y cargado de humo de la trastienda de la barbería El Italiano. La mesa baja, circular, en el centro de la improvisada sala, un hueco abierto al almacén del negocio. Apretados, con el único aire puro corriendo entre la pequeña ventana alta y la puerta que la enfrentaba, y que daba acceso a la bocacalle de atrás de la barbería. Estaban a punto de cerrar el juego, todos con las cartas en la mano, cuatro de ellos con el cigarrillo prendido a los labios o entre los dedos. Uno solo sudando y sin fumar, Jack “El guapo”. Las gotas de sudor corrían por su mejilla y chocaban con la cicatriz que le atravesaba de la oreja a la boca, un surco que se abría paso entre la cerrada barba de apenas tres días. Una cara, a pesar de todo, atractiva y con personalidad, y, sin embargo, disonante en relación al resto de su cuerpo, enjuto y frágil. Se veía perder, sus cartas sólo remontarían la mano con un milagro. Observaba a su alrededor a los rivales y no podía encontrar un panorama más desolador.  A su derecha estaba Carlo “El águila”,  siempre con la espalda recta, mirando de medio lado, casi desafiante, y sin perder ni una imagen, tranquilo, seguro, con el pulso firme. Decían de él que nadie manejaba igual la navaja. A su lado, Johnny “No hagas preguntas”,  de rostro angelical, redondeado, perfectamente afeitado, el único rellenito del grupo. Aspecto de despistado feliz, muy lejos de su fama, de tipo inclemente, siempre detrás de todos los cargamentos, capaz de sacar información de los lugares más insospechados, conseguía siempre lo mejor de lo mejor, pero nunca sabías cómo. A la izquierda de Jack “El guapo”, el panorama no anunciaba nada mejor. Primero estaba Tony “Silencio”, taciturno, con ese aspecto de enfado permanente que le daba el labio superior torcido, y que no era más que un tendón atrofiado desde el nacimiento, que nunca funcionó. Menudo de cuerpo, hablaba rara vez, pero era el compinche perfecto, odiaba las armas y matar, pero descuartizando cuerpos y limpiando los restos era único. Guardando secretos también. A su lado, un tipo malencarado, con un sonrisa irónica, que miraba directamente a Jack a los ojos, diciéndole, la has jodido chaval. Era Freddy “La araña”, con esa mirada de ojos claros altiva, siempre un palmo del suelo por encima de los demás, controlándolo todo, dando las órdenes precisas y sonriendo de manera forzada. Manejaba los hilos de todo desde siempre, primero siendo la mano derecha de su padre,  y luego, tras la muerte de éste, en un accidente, directamente. Su aspecto físico respondía más al aspecto del judío enjuto y de nariz aguileña, que al descendiente de italianos que era. Nunca le temblaba el pulso, nunca tenía un momento de duda, ante cualquier problema siempre había una solución, aunque fuese extrema. Jack sentía caer una docena de gotas de sudor más cada vez que uno de ellos dejaba las cartas sobre la mesa. No veía el milagro. Ni uno sólo de los otros cuatro tenía peores figuras que él, ni uno. No quedaba mucho tiempo para reaccionar, sabía que tras la manga, la suerte estaría echada. De pronto tiró las cartas con desgana al tapete, se levanto de un salto, tumbando la silla, y gritó:
    - No, no y no. Me niego, no quiero. No es justo. Estoy hasta la polla de jugarme a las cartas a ver quien de los cinco va a sacar a mamá de la Residencia el sábado. Joder, que ya van dos meses que pierdo siempre. Que sois unos cabrones.
    Todos le miraron intentando reprimir las carcajadas. Freddy le contestó torciendo el gesto.
    -Mira Jack, no me jodas. Hace tiempo que decidimos hacerlo así y, ahora no vamos a cambiar. Además cómo coño nos organizamos si no. Tony y Johnny se quedan en la carnicería, y Carlo y yo en la barbería. A ver si te crees que los demás nos vamos a estar tocando los huevos.
    Jack bajó la cabeza, recogió la silla, y como sus cuatro hermanos comenzó a recoger la trastienda y a prepararse para volver a casa. El jueves, el día de la partida entre hermanos, único día de asueto hasta hacía nada, se había convertido en un infierno desde que su madre vivía en la residencia.
    Salieron todos y se despidieron hasta el día siguiente. Jack se alejó pensando que aún les tendría que ver la cara un día entero antes de ir a por su madre, aún tendría que aguantar las bromas y las alusiones a la partida, y entonces pensó algo que no podría cambiar nunca: “Porca miseria, estoy harto de ser el pequeño”.

Somos legión - Hassan Ahmar

Sara llorando otra vez. Javier la miraba de reojo desde la esquina, sin quitarle la vista de encima. Sus huesudas manos estaban crispadas como garras y su cuerpo se mecia con un ligero vaivén. Por su cabeza no dejaban de cruzarse oscuros pensamientos; “llorona estúpida. ¿Ahora porqué lloras? Me tienes harto. Cerda; tienes naríz de cerda, ojitos de cerda, carne de cerda. Gorda, mírate, ahí encojida de hombros. Diós mio, qué fea! Me dan ganas de rebanarte la cabeza. Porque no tengo un hacha, que sino... Podría probar estrangulándote, pero mejor verte sufrir así que tener que tocar esa carne fofa y asquerosa”.
    “Menudo panoráma” pensaba Daniel. “El ojeroso tísico y psicópata nos va a montar una buena. Si estuviera a solas con Sara quién sabe qué podría suceder. Menos mal que no levanta ni un palmo. Si le da por atacarla creo que podriamos retenerlo. Pero que manera de mirarla, no le quita la vista de encima. Como se dé cuenta Sara de cómo la mira le dará un ataque de histeria...”

    “Aummm. Inspira. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... Retención. Silencio. Bum (latido del corazón), uno, bum, dos, bum, tres. Espira, despaaaacio, uno.... siete. Vacio, uno, dos, tres. Inspira... Aummmmm. Alguien llora, mis nalgas y rodillas soportan el peso del cuerpo, mi piel está en contacto con la tela y el aire fresco, la temperatura es agradable. Mi consciencia se expande. Aummm”.

    Daniel giró la cabeza para volver a comprobar con qué refuerzos contaba en caso de que se desatara la crisis. Don Margarito Dalai Lama; así lo había bautizado mentalmente porque no había tenido ocasión de conocerlo ni saber nada de él. De momento era un iluminado, más delgado que Javier, que ocupaba la esquina del fondo en posición de loto. Todo el día. “Ummm, tal vez sirva para sujetarle una pierna al loco”. A su lado estaba tendido medio adormilado un adolescente pandillero; tupé, cadenas, cicatriz en la cara. Era muy corpulento, más que él mismo. Tenía cara de 'chungo', pero podría ser un buen aliado. Menuda congregación tan curiosa, un pandillero, un iluminado, una histérica llorona, un psicópata y él mismo, el único normal en esa habitación.

    El tiempo parecía no correr, el sol que entraba por el tragaluz del techo estaba detenido sobre el camastro sobre el que Sara la llorona estaba sentada. Seguía llorando desconsoladamente, y Margarito meditando, de vez en cuando se oía un suave aum entre los sollozos. Psico seguía con su balanceo sin peder de vista a Sara... Y sucedió, tenía que suceder tarde o temprano. Sara levantó la mirada y se encontró con la de Javier, taladrándola. No vió la mueca en las manos de él, pero no hacia falta. Abrió sus ojitos hasta que parecieron platos y abriendo la boca hasta partirse los labios gritó, y no paro de chillar, a chillar como un cerdo durante la matanza.Aunque todo sucedió a gran velocidad Daniel lo vió a cámara lenta, como si fuera la crónica de una muerte anunciada. No sabía porqué pero conocía el desenlace. Javier se abalanzaría sobre el cuello de Sara y lo rodearía con sus garras; si, eso ya estaba sucediendo. También sabía que la cara de rabia descontrolada de Javier se transformaría en una mueca de asco al instante de haber empezado a estrangular a Sara, pero que no por ello iba a dejar de apretar con toda su alma. Antes de que él se abalanzara sobre Javier el pandillero actuó, anticipándosele. Esto estaba previsto, pero no del todo, porque en vez de ayudar a Sara, el 'chungo' empezó apegarle puñetazos en la cabeza. Daniel quedó de piedra, y Margarito a lo suyo, inmutable al fondo de la habitación, levitando. Qué desastre, la situación se estaba descontrolando por momentos, eso no era lo que él había previsto...
    Hubo un movimiento en la mirilla de la puerta de la habitación, sonó la alarma, ruido de llaves en la cerradura y pasos corriendo. ¡Iban a entrar! Margarito se evaporó con una técnica yóguica, Daniel se tiró bajo el camastro y el pandillero se encerró en el armario justo en el instante que los enfermeros entraban a tropel y se abalanzaban sobre Javier. Javier ni se dió cuenta, seguía tratando de estrangular a Sara desesperadamente. Los enfermeros no pudieron arrancarle a Javier las manos del cuello hasta que le inyectaron el sedante. Empezaba a estar azul, y la cabeza la tenía totalmente ensangrentada de  golpearse contra la pared y los hierros de la cama.

5 personajes - Guillermo


Fran acudió a la cita en coche después de un largo viaje desde Paysandú. La travesía es una ruta desierta que serpentea las praderas situadas al este del río Uruguay. Es el veterinario de un establecimiento rural de la zona. Sigue soltero, confiesa que todas sus relaciones sentimentales han sido un fracaso. Desde el secundario no le hemos conocido una relación estable. Está inmerso únicamente en su trabajo, cosa que lleva a la perfección. Es tan tímido como meticuloso, seguro ha repasado varias veces sus planes de ruta hasta llegar aquí.
Sebastián despertó aturdido. Dijo que al recibir la noticia no daba crédito de la sorpresa y sacó billete en el primer tren de la mañana. Es técnico de medio ambiente en una planta depuradora de aguas instalada en Colonia. Con su mujer llevan una vida tranquila y sencilla. Son amantes del Río de la Plata y de la vela. Su padre fue el primer hombre que cruzó a nado hasta Buenos Aires. Jura que algún día lo intentará.
A Rodrigo le cogió la llamada en la imprenta editando su número mensual de ‘MalArte’, una publicación cultural que dirige hace años con poco dinero y mucho sacrificio. El resultado: el de un equilibrista profesional que ama lo que hace sin importar el riesgo que corre en ocasiones. Es una persona tremendamente creativa.
 Beatriz llegaba a la cita luego de dar un concierto en Porto Alegre. Se ha convertido en una gran violinista y sobre todas las cosas disfruta de lo que hace. La melodía de su stradivarius aún nos sigue enamorando a todos. Recuerdo los solos que nos daba en el café de la estación todos los sábados. Las calles adoquinadas de la ciudad vieja, el olor a puerto, historias de cafetines y el violín que lo envolvía todo. En fin, un tiempo que ya no volverá.
Acudí en mi moto a la reunión. Salí de Montevideo rumbo a Maldonado. Unas dos horas de viaje hasta el corazón de las sierras. El punto de encuentro: el Cerro Catedral, 514 metros de ascensión hasta la cima. Habían pasado años sin estar todos juntos nuevamente. Se detuvieron el reloj y nuestras vidas en la altura. Soplaba el viento Atlántico. Una suave melodía abordó la cumbre.  

Cuaderno de bitácora: sesión 28



15 de julio de 2012, ocho de la tarde, reunión en Can Ignasi. Asistimos a la sesión: Rocio, Diana, Guille, Iván, Pau y Antonio.

Ejercicio: Descripción de 5 personajes en una situación o reunión.


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