Se me ocurre que al oxidarse, al aparecer en una playa remota, solitaria, entre las rocas, la lata es bonita, testimonio del tiempo pasado, corroida y agujereada, apenas un pequeño suspiro de algo que un día existió. El sol, la sal, el mar, las rocas, la eternidad, lo efímero, está todo en los óxidos de irreconocible procedencia. Tal vez un pescador refrescara su sed en un caluroso día de verano años atrás bebiendo de ella, un cerveza fresca con lúpulo y cebada asutralianos. Es promesa de aquel momento en que los labios vaciaron su contenido y la mano la lanzó al mar. De allá hasta aquí, solitaria, sometida al imperio de la magestuosidad de los implacables océanos, viajó sin existir para nadie más que las olas.
Aquí yace, frente a mi, proyectando su sombra sobre la arena, temblando con los golpes de viento que un poco más allá arranca espuma de las agitadas aguas.
El sol calienta y el aire es fresco.
">
Mostrando entradas con la etiqueta la lata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la lata. Mostrar todas las entradas
martes, 8 de enero de 2013
lunes, 5 de diciembre de 2011
La lata - Antonio
LA LATA
Nací en el minuto dos con cuarenta y tres segundos tras la gran explosión.
Ahí empezó el viaje que me trajo aquí, disperso y repartido. He conocido desde el centro incandescente a las entrañas oscuras de la última grieta de tu mundo. He pasado mucho tiempo en la oscuridad. Mucho. No creo que tengas una posibilidad de entenderlo. ¿Sabes lo más sorprendente en esos lugares? El ruido de las tripas de la tierra, el crujido permanente y lento.
He vivido aquí desde el principio de todo. He sobrevivido expandiéndome y mezclándome, olvidándome de intentar sobrevivir solo, por encima del resto. Gracias a eso he visto lugares dónde nunca llegarán ya tus ojos desnudos. He sentido el grito de apareamiento de la primera ave, he asistido agazapado a la noche más larga de este mundo, al frío de la glaciación, al primer paso erguido de tu especie.
También he sufrido, no creas. He vivido el dolor del calor intenso hasta fundirme rendido, de ser aplastado a golpes y desmembrado. He aprendido que el dolor era un paso más, inevitable en el cambio. Sí utilizo tu lenguaje egoísta diría que me he reencarnado muchas veces. En realidad prefiero pensar que he sabido dejarme llevar.
Pero no sé para qué te cuento esto, a ti, humano, que piensas que sólo soy una lata, de vivos colores. Que no entiendes que mi forma actual es sólo un accidente. Que me miras sin ver que yo siempre he estado, y que seguiré aquí cuando ni tú ni los tuyos estéis.
Me aplastarás tras el último sorbo y me darás otra vida. Bajo tu peso te sobreviviré. Al fin y al cabo sólo soy aluminio. Al fin y al cabo sólo soy el tercer elemento más común de la corteza terrestre.
La lata - Romanie
LA LATA
La lata es una creación artificial creada para ser útil, ser un recipiente. Pasado esta utilidad sencilla para la que ha venido a este mundo, deja de ser útil y pasa a ser "basura". L lata anhela seguir siendo útil, pero no está en sus "manos" hacer nada para "cambiar" este "destino".
Solo unas pocas tienen la suerte de transformarse en otra utilidad y tener otro sentido en su vida. ¿Qué pasa con el que queda para basura? ¿Qué puede "hacer" esa lata si npuede cambiar su destino, que no depende de él?
...sólo le queda encontrar un sentido interior, sentir que su putrefacción y oxidación está siendo el proceso fuera del tiempo de la meditación, para fundirse en la vida orgánica de la tierra. Sólo puede encontrar ese sentido, y ese viene de dentro...menuda lata la vejez!
Trazabilidad (lata) - Pau
TRAZABILIDAD (LATA)
El 17 de febrero de 2011, Rogelio Fajardo Muñoz, operario de la fábrica envasadora de Aquarius en el polígono industrial Palau de Plegamans, en Barcelona, activó los mecanismos que llenaron nuestra lata 43 minutos después.
Tras ser colocada en una caja junto a 11 latas más, esperó dos días para ser cargada en un camión y embarcada en un buque de Balearia rumbo a Ibiza. La travesía no fue plácida debido a la fuerte tramontana, pero a las 9.28 de la mañana, nuestro camión y nuestra lata desembarcaron en Ibiza. Tras una breve estancia en una nave industrial de Ca’n Bufi, Felíx Robledo Mayans, repartidor de “Distribuciones Marí”, colocó cuidadosamente nuestra lata de Aquarius en la nevera de refrescos del Eroski de Isidoro Macabich.
Jueves 31 de marzo de 2011. Diana tiene sed y entra al Eroski de Macabich de camino a Mendiarte. Ante la nevera de refrescos, duda entre una Coca Cola y un Aquarius. Se decide por la lata de Aquarius, sin saber que justamente esa va a ser la lata más literaria de la historia.
La lata - Rozio
Miércoles 04:30: manolo salta como un resorte de la cama al primer pitido del despertador. Enseguida llega le intenso dolor de ojos que luchan por no obedecer la orden de abrirse. Siempre es tan difícil.
La versión de Manolo de autómata programado, ejecuta la rutina en escasos cinco minutos. A saber: meada, lavado de cara dos veces, quitarse el pijama, ponerse el uniforme, desayuno y recoger el bocata preparado en la bolsa de la nevera. Vuelve a la habitación a ponerse las botas sin ni siquiera reparar en el bulto que aun duerme en la cama, el mismo que prepara un bocata y lo guarda en la nevera sin ninguna pasión.
Ya en el coche camino de la fábrica, piensa que el paisaje tras un accidente nuclear podría ser este mismo, una ciudad vacía, en perfecto estado, sin nadie asomando las narices fuera de sus guaridas… un borracho le destruye la imagen y al cruzarse ambos se miran con desconfianza.
Miércoles 12:58: siete horas después, cinco descansos, 1 bocata, 3 cafés y 1 cerveza, y tras consultar por última vez el reloj, mira la boca de las tripas de la máquina que escupe la última lata del día… un perfecto cilindro de aluminio plegado con una discreta juntura térmica, cerrado por ambos lados con más aluminio, curvo una de las tapas, la otra con una obertura que aguarda ser cerrada, simple y gris…. Sonríe.
La lata - Diana C
Allí estaba yo, rodeada de precipicios, uno a mi izquierda y otro en el centro de aquella superficie plana, negra y finita. Había humanos, seis me parece que eran. Clavaban de vez en cuando sus ojos, doce en total, en mí, y yo no sabía qué era más inquietante, si los precipicios o sus ojos. ¿Qué querían? Había escuchado que los humanos hacían algo llamado juicio. Esto consiste en que varios de ellos se reúnen alrededor de uno de su propia especie y deciden su destino según sus actos pasados. ¿Era acaso eso lo que iban a hacer conmigo? Y, si eran capaces de escoger la peor de las suertes para los suyos, ¿qué podrían hacer de mí?
Pensé entonces en esos doce ojos observándome. Mis gotas en la superficie, evocando frescura, calmando la sed mental ya antes de beber mi contenido, ¿se darían cuenta de la falsedad de aquella agua dibujada? O mis llamativos colores, y ese atractivo nombre, Acuarius. ¿Sabrían acaso aquellos humanos que había otros miles de millones de latas exactamente iguales a mí? Hacía tiempo que había dejado de creer que era única, pero ellos, observándome con sus doce ojos humanoides, me estudiaban como al único objeto de una sala que poco a poco se iba poblando de intenciones.
Decidí desembarazarme de sus miradas cuando una de ellos absorbió las últimas gotas de mi contenido dejándome vacía. Primero, fui vacía. Después me llenaron, y ahora acababan de vaciarme de nuevo. Una leve brisa hubiera podido, en aquel instante, tumbarme y hacerme rodar precipicio abajo.
Por eso decidí desembarazarme de sus miradas. Fue un momento sorprendente por su quietud, un silencio. Después, la nada. La nada dentro de mí, la nada precipicio abajo, la nada en sus miradas que me miraban y en cuyo reflejo no estaba yo. Podrían decidir mi destino. Puede que fuese reciclada y terminase formando parte del caparazón de algún barco. O volver a ser lata llena para vaciarme, otra vez. Quizá cayese en manos de algún hippie y terminase convertida en bicicleta de alambre. ¿Quién lo sabía? De pronto esas cuestiones perdieron su importancia. Llena, y vacía, y convirtiéndome en otra cosa todo el tiempo, ¿acaso creía alguno de aquellos humanos que era distinto de mí?
Pensé entonces en esos doce ojos observándome. Mis gotas en la superficie, evocando frescura, calmando la sed mental ya antes de beber mi contenido, ¿se darían cuenta de la falsedad de aquella agua dibujada? O mis llamativos colores, y ese atractivo nombre, Acuarius. ¿Sabrían acaso aquellos humanos que había otros miles de millones de latas exactamente iguales a mí? Hacía tiempo que había dejado de creer que era única, pero ellos, observándome con sus doce ojos humanoides, me estudiaban como al único objeto de una sala que poco a poco se iba poblando de intenciones.
Decidí desembarazarme de sus miradas cuando una de ellos absorbió las últimas gotas de mi contenido dejándome vacía. Primero, fui vacía. Después me llenaron, y ahora acababan de vaciarme de nuevo. Una leve brisa hubiera podido, en aquel instante, tumbarme y hacerme rodar precipicio abajo.
Por eso decidí desembarazarme de sus miradas. Fue un momento sorprendente por su quietud, un silencio. Después, la nada. La nada dentro de mí, la nada precipicio abajo, la nada en sus miradas que me miraban y en cuyo reflejo no estaba yo. Podrían decidir mi destino. Puede que fuese reciclada y terminase formando parte del caparazón de algún barco. O volver a ser lata llena para vaciarme, otra vez. Quizá cayese en manos de algún hippie y terminase convertida en bicicleta de alambre. ¿Quién lo sabía? De pronto esas cuestiones perdieron su importancia. Llena, y vacía, y convirtiéndome en otra cosa todo el tiempo, ¿acaso creía alguno de aquellos humanos que era distinto de mí?
La lata - Iván
La Lata
Te estiran , te troquelan , te embuten , te arrugan , te funden ,
te vacían , te chupan , te reutilizan , te chafan .
Algunos te besan , pero ninguno te ama .
Penumbra
31 de marzo
6
134
La Lata .
Un Hombre , Una Hora , Una Lata
( 1812 )
El sol de arriba rebotaba abajo contra 150.000.000 de panzas de lata , olía a luto y coca-cola , una inscripción : " Hija de Peter Durán , envase hojalata 1812 , tapa plana 1935 ,
apertura fácil 1965 . Lola 13/03/2006 - 31/03/11 , del 2011 " . No me lloreis , pone , hice lo que debía , mediática y comercial jamás dejé de ser , volveré , atardece en el cementerio de las latas . Rebota la luna .
Cuaderno de bitácora: sesión 2
6 de abril de 2011, cinco de la tarde, local de la asociación Mendiarte. Nos reunimos Iván, Pau, Miguel, Diana, Rocío, Romanie, Jason y Antonio.
Lecturas compartidas:
- Ben Clark: Basura
- Javier Canáves: Limpieza y absorción
- Javier Cercas: Anatomía de un instante
- Paul Auster: El cuaderno rojo
- E. Jardiel Poncela: La tournée de Dios
- Yoga Sivananda
- Brian Vice: Gris campaña
- Lars Vojomer: Dragon rojo, grulla blanca
- Hundertwasser: El desconocido Hander Vassos
- Giani Rodari: Libro de la fantasía.
Ejercicio: La lata.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


