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martes, 10 de diciembre de 2013

Impacto de una noticia - Guillermo


















Foto extraída Diario El País Semanal, de fecha 24 de Marzo de 2013, sobre artículo
‘Mercancías perecederas’, de Juan José Millás.



Tan solo lo que ven, estas frágiles y cuatro paredes de cartón.

Maravillosas mujeres de manos curtidas al sol tejieron esta divertida manta.

Duermo acurrucado en la noche africana. Nunca he sabido que es más duro:

si el implacable calor sobre el chamizo de este orfanato, o la gélida noche,

en la que todavía resuenan en el horizonte los ecos de algún fusil.



Hoy desperté de un mal sueño. La cuna vecina estaba vacía, tampoco estaba su manta.

Suelo jugar poco con mis compañeros. Ellos luego desaparecen.

Hay un momento del día, en que el salón queda desierto, las mujeres nos preparan

leche templada y regresan a sus hogares a cuidar de los hijos.



Me acostumbro al silencio.

Esperaré a mi nuevo compañero.

O quizás, a mis futuros padres.√

miércoles, 9 de octubre de 2013

Impacto de una noticia - Silvia


Ya está, ya lo he decidido, hoy me voy. Me voy para iniciar una nueva vida, una vida desde cero, donde crecer reparando todo el mal que dejo en ésta.
No soy el primero. Cientos de personas ya han dado el paso desde que, hace mes y medio, los medio lanzaran la noticia. Primero una pequeña nota de prensa que, en cuestión de días, se convertiría en noticia de portada, acompañándose de entrevistas, artículos de opinión y apariciones en programas de televisión de todo tipo de científicos, de más o menos reputación, emitiendo sus impresiones al respecto.
Es la primera vez, que yo recuerde, que una buena noticia tiene tanta repercusión y no es para menos, ya que está modificando rápidamente los hábitos y costumbres de una sociedad anclada en el miedo. De la noche a la mañana hemos perdido el miedo al futuro y creo que esto nos sumirá en un gran caos a nivel de especie hasta que reencontremos el equilibrio. De repente ya no importa tanto perder el empleo o no poder pagar la hipoteca, no es tan grave afrontar una enfermedad, ni que se estrelle un avión con quinientas personas a bordo. Es como si nos hubiéramos liberado. ¡Qué maravilla!
Recuerdo que estaba podríamos decir cenando a la botella de vino que me estaba bebiendo sin otra cosa que llevarme a la boca cuando vi la noticia en la tele. Un equipo de científicos de Massachusetts había demostrado científicamente que tras la muerte volvemos a nacer y, por lo visto, rápidamente. No recuerdo los detalles ni datos técnicos, ¿qué importancia tiene eso?, pero explicaban, por ejemplo, como tras una guerra crece el índice de natalidad. ¡Claro! ¡Es lógico!
De repente mi situación no me pareció tan trágica. Me van a echar de casa un día de estos por impago de todo, no tengo nada, ni trabajo ni familia, pero ahora todo resulta más sencillo. En el momento que quiera me tiro a las vías del tren o salto desde el balcón y nazco de nuevo, quién sabe si en una familia adinerada…
Había decidido suicidarme hoy mismo, pero tras escribir estas líneas, creo que lo voy a dejar para mañana. Hoy me voy al parque, que hace un día estupendo. Y mañana… mañana ya veremos.

martes, 6 de agosto de 2013

Noticia de impacto - Hassan Ahmar

Cuero curtido y paleta repleta. Cada poema un poeta y cada vida un muerto.
Estando en el huerto recibí comunicado del TODO. En los tiempos que corrían cuando eso sucedió
permanecía yo 'enmimismado' buena parte del día, recreando emociones de pérdida y desasosiego,
lamiendo imaginarias heridas de desamor wertheriano. Dándome a mi mismo por desahuciado mi vida
se había convertido en un insufrible esperar dentro de una atmósfera densa e irrespirable que estaba
tardando demasiado en matarme. El cuidado del huerto era el único espacio en el cual encontraba algo
de sentido a mi insoportable tránsito eclesiástico. El sol calentaba por el día, las plantas lo recibían.
El agua bañaba la tierra y las raíces absorbían nutrientes. Había un orden en ello, un trabajo para
soportar la vida. Las hormigas se afanaban entre las plantas, el cielo y la tierra. En cada palmo de
suelo hervía la vida bulliciosa, cada día, con sus ritmos. Allí se podía estar, allí tenía que estar. Las jornadas
iban pasando agónicamente hasta que un buen día mi pulgar sufrió una herida. No me dolió, pero vi como
se despellejaba y aparecía el hueso y la carne. El pulgar era mío, pero aún siendo parte mía estaba muy
tranquilo, allá al final del brazo, sin participar de mis desgarradoras soledades.
Esa noche me fui a dormir como cada noche, abatido.
Al día siguiente , al despertar, huerto. La vida bulle y yo estoy muerto… hasta que veo al traidor. Mi mirada descansa sobre
el dedo y percibo que una capa gelatinosa de piel en formación cubre toda la herida. Mi cuerpo está vivo, se ha
estado reparando durante la noche, obedeciendo un orden, el de la vida que bulle.
Fue una inmensa noticia; resurrección. VIDA ES EN TODO Y YO SOY PARTE.
Werther, jódete!

Impacto de una noticia - Pau

En la vieja casa payesa de Buscastell, todo seguía su ritmo armonioso. Aún corría el agua en pleno agosto, un débil curso deudor de las lluvias primaverales. Las huertas resplandecían, el nuevo sistema de regadío había sido un éxito. El horno de la casa humea, presto a recibir los panes en su seno. Los niños gritan y saltan y se zambullen en el aljibe. Los corderos se arraciman a la sombra de un algarrobo junto al camino, por el que un hombre sudoroso y mortificado por una urgencia impostergable, se acerca hasta la casa y le da a Yusuf la terrible noticia:
"Los cristianos han desembarcado en Ibiza y la han conquistado. Estamos perdidos."
Yusuf se quedó un rato en silencio. Desde la era de la casa podía ver buena parte del valle que durante generaciones su familia había humanizado. Eran y se sentían ibicencos, no conocían otra cosa. Su tierra prometida, su paraíso en la tierra se desmoronaba en ese mismo momento. ¿A dónde ir?
Los niños arrecian en sus gritos, amplificados por el aljibe. El aire en torno a la casa se embriaga del olor de los primeros panes.Yusuf detiene su mirada triste y preocupada en los racimos de uvas, aún verdes, cuya dulzura no llegará a probar.

La noticia - Antonio

Me he levantado a las siete de la mañana, aunque en realidad llevo despierto desde poco después de las cuatro, cuando un grupo de motoristas ha atravesado el barrio en moto, formando un estruendo terrible. Tengo el sueño ligero, desde la adolescencia, un trastorno que tiene altibajos, pero que nunca acaba de largarse de mi vida. He dado vueltas sin encontrar ni la postura ni el sueño, luego he leído casi a oscuras para no despertar a mi pareja, aunque él tiene un sueño de plomo. Después de tres horas he decidido levantarme y preparar un café. Es sábado y comienza a amanecer. Bajo a la cocina y mientras preparo la cafetera italiana y la dosis justa de café descafeinado, enciendo la televisión plana, para escuchar las noticias del canal internacional de la televisión española. Allí, en España, es una hora más. Normalmente, los fines de semana, me levanto con la radio española, un pequeño deje de nostalgia que aún me permito. Pero hoy es diferente, desde hace tres días las fuertes lluvias de la primavera han provocado la crecida de ríos, riachuelos y pantanos alrededor del pueblo en el que crecí, y todo ha quedado inundado, con gravísimos corrimientos de tierra y prácticamente destruido. La casa en la que vivimos mi familia y yo, desapareció en apenas tres horas. Afortunadamente no había nadie, ya sólo se utiliza algunos fines de semana al año y se reparte entre la numerosa familia que somos. Yo en realidad no he regresado más que dos veces en los últimos veintiún años, y los días que pasé allí fueron noches de insomnio. Ya sólo visito a mi familia en Madrid, pero no voy a la sierra.
Escucho el café subir, mientras veo las labores de vecinos, bomberos y ejército intentando rescatar a los supervivientes y recuperar las casas que aún quedan en pie. Sirvo la taza hasta arriba, sin azúcar ni leche, dejando que el olor me acaricie, y reconozco algunos de los rostros que son entrevistados y me entero de la muerte y desaparición de otros tantos. Bebo a sorbos el amargor de la tragedia, aunque no siento una pena que vaya más allá de solidarizarme con la desgracia de seres de los que alguna vez estuve cerca. Me alejé hace mucho tiempo de ese lugar, de sus gentes, del ambiente de pueblo en el que siempre estás bajo el punto de mira. Escucho como el repartidor de periódicos deja nuestro ejemplar en el buzón de la puerta, así que voy a buscarlo para regresar a mi rutina de desayunar leyendo el diario inglés. Mientras lo hojeo bebiendo a sorbos lentos mi café, la tele sigue desplegando  su ristra de imágenes y noticias insustanciales. Cuando llego a la sección de deportes, la tele avanza una noticia de última hora, entre los cadáveres recuperados de las inundaciones hay un misterioso esqueleto que ha aparecido envuelto en una alfombra prácticamente descompuesta. Levanto la mirada y bajo la taza. Entre las hipótesis que se barajan, la más aceptada es que se trata del cadáver de Francisco Javier Guzmán Arola, empresario, terrateniente y político de la zona, desaparecido hace veintiún años en extrañas circunstancias. Ahora sí mi mirada queda fija en la pantalla, mientras veo la noticia sobreimpresa bajo las imágenes en letras blancas. Pienso, hijodeputa.
Suena el teléfono fijo de casa, es una hora extraña para las llamadas, quizá mi familia para contar alguna novedad, quizá una tontería, quizá no debería si quiera contestar.
-Hello. It’s Gabriel.
-Hola. ¿Gabriel? Soy Román.
-¿Román? ¿Cómo coño has conseguido mi teléfono?
-Que importa… ¿Te has enterado?
En menos de un segundo he sentido rabia e impotencia al oír de nuevo su voz, seguido de comprensión y solidaridad. Sí me he enterado, contesto. ¿Qué vamos a hacer?, me pregunta, no lo sé Román, no lo sé, habrá que esperar. ¿Tu crees que nos encontrarán Gabriel?, ¿Sabes que hace más de veinte años que tengo insomnio, que sueño con esos ojos inyectados en pánico?. Su pregunta queda apenas unos segundos en el aire, hasta que yo contesto que lo sé, que me pasa lo mismo, y eso rompe el miedo y la distancia que nos ha separado y hablamos de nosotros y de la noticia que podría arrastrarnos como la crecida de los ríos.

Empezar de cero - Cristina

¿ERE?, ¿Qué ERE? El que va a sufrir la empresa en los próximos meses. Eso me dijo. Me quede muda, sin palabras. No podía mover ni un músculo del cuerpo, quería reaccionar pero mi cuerpo estaba en stand-by. Llevaba trabajando en la empresa desde los 18 años y estaba a punto de cumplir los 50. 
ERE tan sólo tres letras que te cambian la vida, la miá la vi derrumbándose como un castillo de naipes en cuestión de segundos.
Conocía bastante gente de otras empresas que ya había pasado por eso y aceptar que yo iba a ser parte de ese colectivo no erá fácil de asumir.
No estoy casada y no tengo hijos. Toda mi vida ha sido la empresa. Me he dedicado en cuerpo y alma a esa empresa. Yo erá la encargada de RRHH, tenía un buen puesto y un mejor salario, eso si a cambio de no tener vida privada.

Sopese mi situación, pros y contras con una botella de vino y haciendo un repaso de toda mi vida lo vi claro. Una pregunta, tan solo un pregunta me dio la respuesta. ¿Cuales fueron los mejores años de mi vida? El pueblo, mi pueblo de apenas 5.000 habitantes, el lugar donde descubrí por primera vez el amor, el lugar donde la calidad de vida no se mide con dinero. El lugar que un día descarté y hoy se pronuncia con fuerza.
La mayor parte del pueblo vive de la tierra y yo había heredado la tierra y la casa de mis padres. No había vuelto al pueblo desde que murieron, 10 años, demasiado tiempo.
Volví al pueblo, de eso hace 4 años. Vendí mi casa y rehabilité la casa de mi infancia. Vivo de mi huerto vendiendo hortalizas a diferentes restaurantes de la comarca. A veces, algunos vecinos me piden ayuda para que gestione sus papeles a cambio me dan huevos, pan, gallinas. 
Jamas pensé que se pudiera tener una vida distinta a la que crees única.
Si alguna vez me pregunto si echo de menos mi vida pasada, esta es mi respuesta.
"Yo salí del pueblo para comerme el mundo y el mundo me ha devuelto a la vida."

19 bomberos - Anahi


19 bomberos muertos en Arizona.
Era lunes,  8 de la mañana y escuchaba esta noticia. 19 bomberos muertos en ARIZONA. No pude contenerme y llore por la perdida a esas horas intempestivas , se que no les conocía, pero que importa. 19 joyas humanas dejaban este mundo de una forma heroica y terrible.
Desde hace unos años, el ver un hidroavión o escuchar la palabra incendio tiene muchas mas connotaciones para mi. Siempre es un sobre salto, pero ahora me queda el corazón en un puño hasta que sé que no hay ninguna victima humana.  Por suerte y por desgracia   tengo entre mi familia y  amigos, calidad humana con vocación de servicio, policías y forestales que están preparados para afrontar y solucionar ,incluso grandes catástrofes llevando su entrega hasta el borde la vida misma.
La frase CADA DIA PUEDE SER EL ULTIMO en su caso es mucho mas real y a veces me pregunto si tienen todos sus asuntos en orden, testamento incluido. Imagino el miedo y la entrega y siento un escalofrío. Que pasara por sus corazones al estar frente la muerte, que fuerza les lleva  a  dedicar su vida al servicio de todos. Imagino que no es por el dinero, porque ninguno vive en el lujo, mas bien son personas sencillas y en apariencia felices. No voy a mentir, cuando están cerca, les observo con fascinación y en silencio, les veo reír y disfrutar de la vida y siento orgullo de que me permitan compartir parte de la vida con ellos. Pequeños héroes que no necesitan de capa y que cada noche arrullan sus sueños con la gratitud de todos.

Cuaderno de bitácora: sesión 49

13 de julio de 2013, nueve de la noche, reunión en Can Pinyó. Asistimos a la sesión: Pau, Jason, Romanie, Anahi, Rocio, Silvia, Cristina, Amanda y Antonio.


Hoy hemos comentado los textos que hemos leido de Pau.


Ejercicio:  Un texto sobre  el impacto de una noticia, como siempre desde el ángulo que más nos interese o nos resulté particularmente destacable.

Lecturas compartidas:
  • Pau: sesión 26 - La fábula   "El gato y el mirlo"
         http://elgrupociento34.blogspot.com.es/2013/03/el-gato-y-el-mirlo-pau.html