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lunes, 1 de abril de 2013

Sta Gertrudis - Romanie

Estamos de vacaciones disfrutando de este sol estupendo. Esta mañana me puse el bañador con la esperanza de pegarme un baño hasta que la experiencia de la playa se hizo un infierno de arena y viento frío.
No sé si ha sido buena idea traerme a Ingrid de vacaciones, solo llevamos dos días y me doy cuenta de que no tenemos nada en comun. Aun cuando estamos en la oficina tenemos de qué hablar, pero aquí, nada de nada.
Después del episodio de la playa le sugerí que fueramos al pueblo más lejos del mar a tomar un vino blanco y contemplar a la fauna autóctona, pero desde que nos hemos sentado y ha sacado su libro, se ha vuelto a Alemania. Hasta en lo del vino no coincidimos. Se ve que al pedir, ha dicho por cortesía que se tomaba lo mísmo que yo y no le gusta el vino. Su copa ya está caliente.
Yo leo unpoquito de mi revista “Profil” e intento seguir la mima línea pero lo que me rodea me come la curiosidad, no soy capaz de meterme en ningún contenido de la revista.
¿Porqué pierdo tanto tiempo mirándola a ella cuando podría estar disfrutando por mi cuenta?
Suspiro... “Me levanto a pasear, ahora volveré” ...Ella se levanta un aceja de reconocimiento y no levanta la vista del libro.
Podría haberse ido de vacaciones a un solarium en Berlin, le hubiera salido más barato.

viernes, 8 de marzo de 2013

El rincón de Angelina - Diana C


 Caminando elijo, tarde, dónde sentarme. Se me han terminado los bares, se me acaba el pueblo en la carretera y regreso pensando que se me ha acabado también el tiempo.
Entonces me rescata un parque lleno de niños.

Lucía, rubísima, patalea en el columpio. Sara pasea una cometa serena, sin viento. Después baja un monopatín por las escaleras con el mismo aire imperturbable. Ambos objetos le pesan lo mismo – ha nacido ya siento fuerte para tener el peso y la ligereza en sus manos por igual.

Angelina ha dado el grito de alarma avisando a mamá de que ha visto a una garrapata enorme volando viniendo hacia ella.
-      Sólo quédate aquí mirando, mamá, mientras yo vuelvo a ver si está.

Y ha vuelto, y ha llorado, y mamá ha trepado por el gran escalón que las separaba ensuciándose toda la ropa y ha corrido hasta el rincón de Angelina.

Ismael y Óscar están luchando con espadas, custodiados por un dragón con escamas verdes.

Y María, con un pegote de chocolate en la mejilla, me ha dicho que ella ya se sabe subir en el columpio sola.

Y yo en la plaza estoy tratando de traducir en palabras la magia que provoca vuestra pequeña presencia, esa pureza que tenéis todos, dando vuestros primeros pasos, o escondidos tras unas gafas enormes, o llorando o ya queriendo empezar a ser responsables pero aún trepando a las copas de los árboles.

Y sé que no puedo explicaros. Que tan solo quiero sumergirme en ese mundo vuestro donde las peleas se hacen con una espada de plástico que al tocar al contrincante solo le provoca risa. Donde al dragón se le derriba de un golpe seco y ya no muerde más. Donde ante un problema que da miedo mamá trepa intrépida un muro y en dos segundos su presencia lo soluciona todo.

No puedo contaros a vosotros, quizá preferiría contar algo para vosotros...  y entonces sé que solo puedo hacerlo si miro el mundo con vuestros ojos, y cojo perspectiva subida a un columpio y miro el cielo que va, y que viene y que va, mientras Jorge se columpia a mi lado, suelta sus chanclas por el aire y ríe descalzo.
 

Santa Gertrudis - Guillermo


Santa Gertrudis


Sobre la mesa, un café.
Del patio llegaban gritos
y risas de niños.
Me demoro contemplando
una rosa que hiere el muro.
Azul,
la luz cae vertical
sobre el campanario.

La plaza - Antonio

Vista así, la plaza, con los bares cerrados, las mesas y las sillas apiladas, da la impresión de ser más grande. Los pocos ruidos de algunos niños jugando, y el paso anecdótico de turistas perdidos, o lugareños apresurados, se amplifican y llenan de eco este espacio, dónde la luz inunda las paredes blancas de la fachada de la iglesia y rebota sobre el suelo irregular y de múltiples desniveles. Parece un espacio desvalido, que nunca haya podido albergar tantas historias en sus rincones. Los árboles, en su mayoría jóvenes, finos, deshojados y podados hasta quedarse en percheros muy altos, ayudan a la impresión de desolación. El viento de la tarde es la única nota de ruptura de esta monotonía. Es la soledad del escenario que está preparado para el comienzo de la función.

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Nunca antes lo había contado, pero en la plaza hay 19 árboles, 20 macetas y 6 bancos, 2 de ellos individuales, 15 farolas, 3 bares, 3 papeleras, 1 boca de riego y 1 estatua de Abad i Lasierra, dónde los niños se sientan. Intenté contar las baldosas, pero me perdí en 130, cuando aún no había ni pasado de las primeros 3 metros, y me di cuenta de porqué prefiero los suelos de tierra.

Cuaderno de bitácora: sesión 25

 
25 de abril de 2012, cinco de la tarde, reunión en la plaza de la iglesia en Santa Gertrudis. Asistimos a la sesión: Romanie, Rocio, Diana, Guillermo, Pau y Antonio. Nos dispersamos por los alrededores y a las seis menos cuarto nos volvemos a citar en el bar Musset. 

Ejercicio: Nos reunimos todos en el mismo lugar, la plaza de Sta Gertrudis, nos dispersamos y durante tres cuartos de hora cada uno escribe sobre lo que ve alrededor. Después nos juntamos para leerlo.

Lecturas compartidas:
  • Stephen Vizinczey: "En brazos de la mujer madura"
  • Jorge Riechmann: "El común de los mortales"