Una bouganvilla magenta y otra rosa viven abrazadas a la casa. Comparten el patio con kalanchoes y un viejo hibisco. Junto a ésta, hay unos escalones que unen la casa con un muro blanco. Al otro lado de este muro viven otras plantas, pero la que asoma al patio es la adelfa.
El hibisco habla cada día con sus vecinas las bouganvillas. Negocian el espacio que cada una puede ocupar y la humedad que absorben. También se ayudan, a algunas horas del día una da refugio a la otra y viceversa. El hibisco también quiere acercarse a la adelfa. Se miran y hablan desde un extremo al otro de la escalera y el muro que las divide. La adelfa ve mucho más desde su ubicación. El hibisco lleva toda la vida en el patio. Le pregunta cómo es la vida al otro lado. Anhela sentir las brisas que tanto la hacen bailar pero reconoce que tienen constituciones distintas y aunque un día llegue a elevarse tanto para ver al otro lado y sentir las brisas del valle, nunca se moverá con tanta elegancia como ella.
A la adelfa le gusta ese protagonismo que le da el hibisco y se crece tanto contando historias del otro lado, que a veces mezcla la fantasía con la verdad y se le escapan mentirijillas. Ahí es cuando la bouganvilla magenta que también ve al otro lado, le da un toque de atención, pero al hibisco le da igual que sea verdad o no, simplemente le encanta escuchar historias del más allá.
Abajo entre las rocas del patio, se ha instalado un a familia de kalanchoes que levantan sus brazos al amanecer para recoger cada gota de rocío y refrescar su paciente existencia. Es una familia ahorradora. Viven con tan poco pero sin embargo, a raíz de aprovechar al máximo sus pocos recursos, cada año aumenta el número. Modestas y silenciosas pueden pasar desapercibidas.
Hoy, entre las bouganvillas y el hibisco, acaban de florecer los azafranes. Son muy ruidosos y cantan mucho. Las demás plantas las aguantan porque son como un circo que llega a un pueblo, que trae color y entretenimiento, pero en seguida desaparecen. Son pasajeros y alegres. La familia de kalanchoes se los miran desde el otro lado del patio. El padre, el más grande, que está a un pasó más adelante que su familia, encuentra que los azafranes son infantiles y superficiales. Mirándolos, les explica a su familia que esa forma de ser no lleva a uno muy lejos. Compara su estabilidad y persistencia con la alegría pasajera de colores brillantes. Tanta intensidad para rápidamente morir.
Los azafranes hablan mucho. Muchísimo. Tanto, que no se escuchan entre sí. Solo si na empieza a entonar una canción, las demás le siguen en la melodía. Se ríen a carcajadas y vuelven a hablar. No oyen las críticas de los kalanchoes ni les importa, su existencia es tan breve que cada instante es alegría. Desde arriba, las bouganvillas y el hibisco las miran y sonríen. Por fin el hibisco tiene una historia que contarle a la adelfa, algo que no alcanza ver dentro de su patio.
">
Mostrando entradas con la etiqueta imagen escogida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta imagen escogida. Mostrar todas las entradas
sábado, 26 de abril de 2014
martes, 10 de diciembre de 2013
El hombre frente a los Tanques de Tiananmen - Guillermo
Este hombre tiene un nombre, pero aún
permanece desconocido.
Se dice lo fusilaron días después de la
revueltas. Otros afirman que está vivo,
y reside en algún lugar de la China continental.
Los tanques entraban a Pekín, pretendían
reprimir violentamente las protestas democráticas contra el gobierno. Miles de
estudiantes, obreros e intelectuales marcharon exigiendo reformas de la
libertad de expresión y diálogo entre las autoridades del gobierno y los
representantes de organizaciones estudiantiles y obreras.
El lamentable desenlace lo conocemos
todos: un baño de sangre y fuego del que aún se desconoce el número exacto de
víctimas.
El hombre de la camisa blanca se detuvo
frente a la columna de tanques.
Portaba sendas bolsas, una en cada mano.
Estos disminuyen su marcha, el tanque en cabeza intenta sortearlo sin
resultado, el hombre se interpone en su camino repetidamente. Se detiene toda
la columna, el hombre sube al primer tanque y sostiene una conversación con el
conductor. Luego baja del mismo y vuelve a interrumpir el paso de la columna.
El hombre de la camisa blanca agita continuamente sus bolsas.
Varias personas ingresan a la vía para
coger y llevarse al hombre entre la multitud
agolpada en la plaza.
No sabremos nunca
Lo que el hombre de la camisa blanca
llevaba en sus bolsas
–aunque apuesto que su vida–
No sabremos nunca
lo que se dijeron con el conductor del
tanque
–aunque tenemos la certeza de que el
militar habló con miles–
lunes, 25 de noviembre de 2013
El castillo - Pau
Habíamos subido
corriendo al castillo, premurosos, ese día frío y ventoso, hace casi cuarente
años. En la foto, encaramado en lo alto de la muralla, se me ve con mis primos,
el pelo alborotado y la cara aterida de frío. Estábamos disfrutando como niños
salidos de la ciudad, de un día de pueblo y montaña. Hasta nosotros llegaban
aromas de leña quemada en docenas de chimeneas, allá abajo.
El viejo castillo árabe, al que los mozos subían un día al año a destrozar
murallas hasta que alguien decidió prohibir esa cafre costumbre. Sus almenas
avizoran todo el valle y ese día vigilaban nuestra insolente juventud recien
salida de la crisálida de la infancia. Cogidos de los brazos, sonreíamos, la
vida era un torrente antes de ser encauzado.
En la foto hay un elemento inquietante, atemorizador: al fondo de la imagen, a
lo lejos, se pueden ver claramente las dos torres de la nuclear que están
construyendo con una devastadora majestuosidad, símbolo implaclable de que las
cosas serían siempre de otro modo. El valle estaba perdiendo su infancia.
Ventana al mundo - Antonio
La composición es sencilla, un amplio ventanal, con
un marco en blanco que lo divide en cuatro hojas simétricas. El muro sobre el
que se sostiene el marco, forma una repisa con el espacio preciso para soportar
algunos objetos de decoración, inconexos, pero básicos. La mesa, de madera de
teca, queda justo delante, mínimamente
por encima del marco inferior del ventanal. Sobre ella lo suficiente para
llenar una mañana, una tarde o una noche de nuestras vidas. Libros, revistas y
libretas, un té en su bandeja, con dos tazas, dos prismáticos. Un pequeño mundo
en sí mismo que pretende ser compartido. Pero ese mundo se expande a través del
paisaje abierto frente al ventanal, entre el verde de la costa, la huella del
hombre a la altura de los tejados y la línea del horizonte del mar. Se
convierte en un mundo abarcable, que parece venir a buscarnos.
Lo miro y lo entiendo, es una casa acogedora que
vive de dentro hacia fuera. Protege y se abre a lo mínimo que le pido al mundo,
un horizonte sobre el que poder mirar y soñar.
Imagen congelada (una persona en el aire) - Silvia
Hay una persona suspendida en el aire. La
punta de su pie izquierdo aún mantiene contacto con un saliente de roca. El
derecho ya no.
Sus manos, enfundadas en gruesos guantes, en
un gesto grotesco, parecen agarrarse a piedras inexistentes.
Su cara es una mueca de pánico, enmarcada bajo
un casco de color lila.
La postura de su cuerpo ha perdido la vertical
describiendo un ángulo agudo con la pared.
Va muy abrigada, vestida con pantalones y
anorak de montaña de vivos colores. Una voluminosa mochila cuelga de sus
hombros. A juzgar por el volumen, parece muy pesada.
Sobre los salientes de piedra de la pared,
recubierta de hielo, una capa de nieve virgen.
Numerosos copos de nieve salpican la escena.
Cielo y tierra se confunden en un todo gris.
La negra fatalidad ensombrece el instante.
El manso río - Cristina
El manso río cruza por el centro de la fotografiá ,el
reflejo del agua me susurra que al fondo se divisa un bosque,a poca distancia
de la orilla un hombre sentado en un tronco de madera espera pacientemente la
captura del día,en su mano derecha sostiene un artilugio echo con dos palos
,agarrados por una cuerda en el vértice superior, a su lado una estructura de
troncos de la que cuelga una piedra. Simple, sencillo.
Como es posible que una fotografía en blanco y negro pueda
desprender tanta luz. El entorno invita a la reflexión, a descubrir tus
necesidades vitales, a desprenderte de todo lo mundano de este mundo hasta
dejarnos completamente desnudos, en comunión con la autentica naturaleza,
aquella que nos recuerda las cosas importantes de nuestra vida. Así fue como
vivió ese hombre, ese nativo americano a principios del siglo XX y así es como
en pleno siglo XXI muchos imaginamos o tal vez soñamos en alcanzar ese estado
de gracia.
Un campo ibicenco tras el verano - Rozio
Pasaron los tórridos días en los que el sol
ardía y la tierra se apretaba. Cayeron
algunas lluvias, y aunque en algún momento el calor repite su asedio, la noche
siempre trae el bálsamo de la frescura y el rocío. Un amanecer de otoño
conduciendo, me percato de que al campo ibicenco le ha empezado a salir la
pelusa de su futuro manto verde con el que se viste para el invierno. Paro un momento
y observo el horizonte, definido por el rojo suelo, partido a terrones por le
hierro de un arado y fragmentado por algarrobos dispersos y piedras ordenadas
componiendo un muro. Esta podría ser mi escena, pero aún falta mucho.
Miles de seres de quitina viven en esta foto,
minúsculos y apenas visibles. Algunas hormigas forman una obediente fila. En
realidad, varias filas. Capturamos una abeja cruzando a ras de hierba hacia
algún lugar donde parar un momento y seguir su vuelo. Bajo las hojas, mariposas
nocturnas se camuflan durmiendo el día que llega. Una pata de escarabajo asoma
por su túnel perforado en el tronco, mientras chupa la savia que llega de la
tierra. Un gusano camina un rato fuera del subsuelo que excava a diario.
Aparece un saltamontes tempranero que se expulsa los restos de la noche y
limpia sus ojos al sol que ya calienta.
Siempre hay un mundo dentro de otro mundo.
Bellezas ocultas e infinitas escenas.
Tournée du chat noir - Anahi

TOURNEE DU CHAT NOIR
Sentado de perfil, sublime, majestuoso, su silueta felina negra, estilizada, resalta sobre un fondo naranja curry. me mira incorruptible con sus rasgados y grandes ojos amarillos. Un halo rojo, delicadamente gravado por detrás de su cabeza, recuerda a la divinidad en las delicadas pinturas renacentistas.
A veces cuando le miro pienso que está rigido y desafiante, en cambio otras le veo relajado y curioso, todo es posible cuando me encuentro frente a él, este es sin duda, el regreso del gato negro.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Cuaderno de bitácora: sesión 53
6 de octubre de 2013, siete de la tarde, reunión en Can Alone. Asistimos a la sesión: Pau, Paco, Romanie, Anahi, Rocio, Silvia, Guillermo, Cristina y Antonio.
Ejercicio: Escribir un texto a partir de una imagen escogida por cada uno de nosotros.
- Lecturas compartidas:
Ejercicio: Escribir un texto a partir de una imagen escogida por cada uno de nosotros.
- Lecturas compartidas:
- J.J. Millas: "Las escaleras son una ilusión de la mente" (artículo de El País semanal)
- Kenneth Resroth: "Cien poetas chinos"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





