Las gallinas estaban armando un gran alborozo. El granjero corrió hacia el cercado. Llegó a tiempo de ver al coyote escurrirse por debajo de la valla con una gallina en la boca. Gritó maldiciendo al ladrón asesino y prometiendole que un día lo atraparía. Rellenó de piedras el agujero y revisó el perímetro del cercado. Se preguntaba cómo hacía ese coyote para cavar esa tierra tan dura. Eran preguntas retóricas, formuladas automaticamente, porque no les prestaba más atención. Si se hubiera detenido a pensar y observar mejor hubiera visto que las gallinas cavaban agujeros bajo la valla metálica buscando lombrices y granos de cereal. El cercado en su flanco sur era recorrido por el campo de trigo, y el coyote siempre entraba por allí, y sólo en verano. Cuando el trigo estaba seco el coyote se paseaba a lo largo de la valla y lo aplastaba contra la tela metálica, haciendo caer el grano dentro del cercado. Las gallinas luego hacían el resto, cavaban para él. De este modo cada año lograba adornar su dieta carroñera y a base de ratones con alguna que otra gallina. Precisamente esa suerte le traía por aquellos lares, y no la perspectiva de encontrarse con ese granjero malencarado. Si no fuera por esas jugosas gallinas le iban a dar morcillas al granjero y a sus ratones, que no eran mejores que los del bosque.
El granjero un año decidió tirar la casa por la ventana para salvaguardar sus gallinas y cavó una trinchera bajo la valla. Después la rellenó de hormigón que él mismo hizo a mano. Después de gastar mucho dinero y de lesionarse irremisiblemente la espalda a causa de tan arduo trabajo, no pudo seguir cuidando de la granja. Dejó de sembrar trigo, tuvo que hacer matar las gallinas antes de que murieran de hambre porque ya no tenía grano para alimentarlas. El coyote dejó de pasarse por allí y las ratas y ratones que ya no encontraban cultivos para comer invadieron la granja, llevando enfermedad y muerte al desdichado avaro. Acabó en el hoyo por una gallina. El coyote no podía creerlo, cómo un ser con un cerebro tan grande como el granjero podía ser tan estúpido. Al cabo de unos años el coyote y su familia ocuparon la granja abandonada.
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lunes, 18 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
El gato y el mirlo - Pau
Estando un mirlo dándose un pequeño festín con las migas de pan que un humano había sacudido del mantel en la terraza, se dio cuenta que el gato de la casa acechaba sus movimientos con intenciones asesinas.
Mirándole seriamente le dijo el mirlo al gato: Amigo gato, no crees que emplearías mejor tu tiempo y tu energía cazando roedores, y que tu amo te lo agradecería mucho mas que si capturas a este pobre mirlo que ningún daño hace.
Me consta que tu amo me aprecia por mi canto, que le gusta verme correteando por la terraza, que soy un vecino querido y aceptado por el. En cambio, he visto su alegría cuando atrapas a cualquier roedor, parásitos y comensales odiosos en su despensa. Así que déjame acabar este humilde ágape que han de comerse las hormigas y emplea tus servicios en mas nobles cometidos.
Casi sin darle tiempo a acabar la ultima frase, el gato se abalanzo sobre el mirlo y atrapándolo con sus garras le dijo: pájaro bobo, antes de matarte te contare la reflexión que he hecho. Este campo en el que vivimos es prodigo en alimentos para tu especie. Muchos congeneres tuyos se alimentan por los alrededores con todo tipo de semillas llevando una vida apacible y desahogada, y sin embargo tu, vienes aquí sabiendo que yo rondo esta terraza. Las migas que tu vienes a comer aquí, sirven de alimento a centenares de hormigas que de otro modo entrarían en la casa de mi amo causando molestas, incluso asaltando mi comida.
Capturándote, mi vocación de servicio queda justificada. A mi tu campo no me interesa. Roza tu osadía y tu inconsciencia porque en la vida, pierde quien no pesa bien en la balanza los placeres y los riesgos.
Y diciendo esto, hundió sus colmillos en el cuello del insensato mirlo poniendo fin a su vida.
Moralejas
A no intentes razonar con quien es mas poderoso que tu y no esta acostumbrado a razonar sino a seguir sus instintos.
B los poderosos no se mueven por sentimentalismos, solo ven el lado practico a las cosas.
C muchas veces lo que para ti es valioso y digno de aprecio, para otros no merece el mas mínimo reconocimiento.
D tus intereses no les interesan a los poderosos.
Mirándole seriamente le dijo el mirlo al gato: Amigo gato, no crees que emplearías mejor tu tiempo y tu energía cazando roedores, y que tu amo te lo agradecería mucho mas que si capturas a este pobre mirlo que ningún daño hace.
Me consta que tu amo me aprecia por mi canto, que le gusta verme correteando por la terraza, que soy un vecino querido y aceptado por el. En cambio, he visto su alegría cuando atrapas a cualquier roedor, parásitos y comensales odiosos en su despensa. Así que déjame acabar este humilde ágape que han de comerse las hormigas y emplea tus servicios en mas nobles cometidos.
Casi sin darle tiempo a acabar la ultima frase, el gato se abalanzo sobre el mirlo y atrapándolo con sus garras le dijo: pájaro bobo, antes de matarte te contare la reflexión que he hecho. Este campo en el que vivimos es prodigo en alimentos para tu especie. Muchos congeneres tuyos se alimentan por los alrededores con todo tipo de semillas llevando una vida apacible y desahogada, y sin embargo tu, vienes aquí sabiendo que yo rondo esta terraza. Las migas que tu vienes a comer aquí, sirven de alimento a centenares de hormigas que de otro modo entrarían en la casa de mi amo causando molestas, incluso asaltando mi comida.
Capturándote, mi vocación de servicio queda justificada. A mi tu campo no me interesa. Roza tu osadía y tu inconsciencia porque en la vida, pierde quien no pesa bien en la balanza los placeres y los riesgos.
Y diciendo esto, hundió sus colmillos en el cuello del insensato mirlo poniendo fin a su vida.
Moralejas
A no intentes razonar con quien es mas poderoso que tu y no esta acostumbrado a razonar sino a seguir sus instintos.
B los poderosos no se mueven por sentimentalismos, solo ven el lado practico a las cosas.
C muchas veces lo que para ti es valioso y digno de aprecio, para otros no merece el mas mínimo reconocimiento.
D tus intereses no les interesan a los poderosos.
Fábula - Diana C
La libélula se había posado en una rama del gran árbol donde
todos los insectos tenían su hogar. Poco a poco salieron de sus secretos
escondrijos para ver a la nueva habitante. El escarabajo negro se abrió paso
entre el resto de moradores del árbol y habló.
-
¿A qué has venido extranjera? - la
libélula les miró en completo silencio. Había extendido sus alas que brillaban
de iridiscencia dorada al sol. Todos los insectos quedaron cegados por su
belleza y su imponente presencia.
-
Vengo a pediros cobijo. He sido
desterrada - habló la libélula.
-
¿Qué has hecho para merecer tal
castigo?
-
Volar – y la libélula alzó su barbilla.
-
No es posible, extranjera. La mariquita
vuela y no la hemos desterrado – y la mariquita negó con la cabeza aleteando en
un rápido zumbido sus alas- la mosca vuela, la abeja, la mariposa, todas ellas
vuelan y son parte de la comunidad. Hasta yo que soy de tierra tengo mis alas y
soy el alcalde de este pueblo. ¿Quién osaría desterrarte por volar?
-
No habéis volado muy lejos de este
árbol si no conocéis la respuesta a esta pregunta. Me ha desterrado mi amado.
Los insectos hicieron asamblea y decidieron de común acuerdo
dar cobijo a la libélula, pues había
sido sincera. Al principio la acogieron y la trataron como a una más. Sin
embargo con el pasar de los días algo les iba inquietando. Era el brillo de sus
alas, que les dejaba a todos ciegos y no podían mirarla demasiado tiempo
seguido. El ciempiés le pidió que ocultara sus alas, incluso la mariposa
acostumbrada a desprender magias y brillos en su vuelo, le solicitó que se
replegase. Pero la libélula se negó a la petición que el pueblo le hacía. Le
dejaron entonces un hueco en lo alto de las ramas, donde sólo si miraban hacia
arriba se cegarían.
Un día todo el poblado se despertó alarmado. Temblaba el
árbol, sus ramas en terremoto, sus hojas cayendo violentamente al suelo. El
escarabajo dio la voz de alarma: estaban siendo atacados por el Dragón que
embestía el árbol con sus testa.
-
¿Por qué viene aquí? No somos
suficiente alimento para tan voraz apetito.
La libélula descendió y dijo:
-
No viene por vosotros, viene a por mí –
y con su habitual dignidad se dirigió volando hacia donde se encontraba el
Dragón.
La libélula aleteó a su alrededor y el brillo de sus alas
cegó a la bestia que ya no veía y no podía asestar más testarudos golpes al
árbol. Entonces la libélula le habló:
-
Ya me desterraste en una ocasión, ¿por
qué vienes a molestar a estas gentes de bien?
-
¡He de vencerte!
-
No puedes – el resto de insectos
miraban estupefactos a un pequeño insecto como ellos enfrentándose a un Dragón
– por más lejos que me expulses nunca te librarás de mi. Deberías haberle
pedido a aquella bruja otro hechizo.
-
Es cierto, no debí pedirle que te
convirtiera en insecto, solo debí pedirle que te quitara las alas.
-
¿Y por qué en lugar de eso no le
pediste que te hiciera brotar alas a ti también?
La libélula se situó justo enfrente del Dragón como un
espejo. Y todos los insectos enmudecieron ante lo que sucedió. La libélula se
transformó en una gigantesca Dragona alada.
-
No soy nada que tú no lleves dentro,
pero has querido derrotarme. Qué gran error has cometido, amor mío.
El
Dragón cegado y avergonzado se sumergió como una serpiente en las entrañas de
la tierra y desapareció. Y la Dragona sin espejo volvió a ser libélula. Desde
aquel día fue venerada por el resto de insectos que la honraron por haber
salvado al poblado del Dragón con la belleza y el brillo de sus alas.
Fábula - Romanie
Erase una vez un oso negro de los bosques de Canadá occidental, muy grande, negro y solitario. A él le hubiera gustado tener amigos pero solo sabía asustar y ser asustado. Un día mientras come hierba lentamente en un campo de avena se le acercan una familia de ciervos, nerviosos y juguetones. El oso se pone a dos patas y ruge para asustarlas y ellas se ríen, burlándose de él comen y saltan a su alrededor. Esto le enfada mucho al oso, así que las intenta espantar y corre tras ellas. Ellas siguen saltando y riéndose hasta que él queda agotado, y les pregunta:
-¿Por qué estáis tan felices?¿De qué os reís?
-Tenemos todo el campo que queremos para comer, no hace frío y nos gusta tener compañía.- le contestó uno de los ciervos.
- ¿Y no os asustan vuestros depredadores? Hay muchos que desean comeros, cazaros…tendríais que estar asustados. Hay muchos campos a los que ya no podéis entrar porque están vallados o porque hacen casas.-les dijo el oso con cara de preocupado y angustiado.
El ciervo abuelo pasó delante de los demás para hablarle personalmente al oso y le dijo:
-Nos gusta comer hierba y de eso no falta, nos adaptamos a los cambios y seguimos moviéndonos en grupo. Cada uno ve en los demás el reflejo de su propio pensar. Si tú como oso pensaras bien de nosotros, tú serías más feliz también y tendrías más amigos.
-¿Por qué estáis tan felices?¿De qué os reís?
-Tenemos todo el campo que queremos para comer, no hace frío y nos gusta tener compañía.- le contestó uno de los ciervos.
- ¿Y no os asustan vuestros depredadores? Hay muchos que desean comeros, cazaros…tendríais que estar asustados. Hay muchos campos a los que ya no podéis entrar porque están vallados o porque hacen casas.-les dijo el oso con cara de preocupado y angustiado.
El ciervo abuelo pasó delante de los demás para hablarle personalmente al oso y le dijo:
-Nos gusta comer hierba y de eso no falta, nos adaptamos a los cambios y seguimos moviéndonos en grupo. Cada uno ve en los demás el reflejo de su propio pensar. Si tú como oso pensaras bien de nosotros, tú serías más feliz también y tendrías más amigos.
Caderno de bitácora: sesión 26
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