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martes, 6 de agosto de 2013

Romanie de mayor - Hassan Ahmar

Romanie o quién sea, de mayor… el tiempo lo dirá, ¿qué sé yo? No lo quiero imaginar; quiero dejar su futuro limpio, sin ideas ni augurios.
Voy por la calle y veo cómo viven otros humanos, y me formo opiniones al respecto de muchos de sus actos, y a veces critico en voz alta,
lo cual ni es bueno ni productivo. Y veo que cometen errores garrafales, y trato de callar. Y veo que esos errores les condenan en muchas
ocasiones a un futuro de sufrimiento. A veces veo lo mismo para mi y lo difícil que es cambiar aún a sabiendas. En el caso de Romanie no
presiento que existan condicionantes demasiado fuertes que amenacen su salud física, mental o filosófica, así que por lo menos es un ser
que no está condenado. Lo demás depende de ella.

miércoles, 5 de junio de 2013

Algunas cosas no han cambiado - Pau

Algunas cosas no han cambiado, sigue manteniendo la figura juvenil que siempre tuvo, un poco encogida, sí, el peso específico de los 70 años. Los ojos, siempre los ojos, son los testigos silenciosos pero elocuentes de nuestro momento en el tiempo. Los tuyos hablan de una vida sencilla, áspera muchos días, trabajada y, a veces, recompensada. Viviste una larga vida, casi siempre en vilo, con un mínimo de tensión necesaria para mantener la alerta.
Nunca dejar de nadar. Tú sabes que no eres de esos que si dejan de nadar no avanzan pero flotan; tú te ibas a pique si no nadabas.
Los achaques físicos no empañan la imagen retrospectiva de una vida aprovechada y bien vivida, sabiendo encontrar la carne pegada al hueso, floreciendo oportunamente con un poquito de lluvia, sabiendo esperar y subiendo en marcha a trenes que nadie sabía cuando pasarían.
Hay huellas hondas de amor y de hermosos recuerdos, bien visibles en el rastro vital. También, claro muchas lágrimas llenando pequeños aljibes internos, de penas y desesperanzas. Mientras tanto, el presente es tranquilo: es la edad y un poco de sabiduría. Sientes agradecimiento por haber vivido lo suficiente para experimentarlo.
Ahorala vida, tu vida, ha llegado al remanso en el que descansa el río que un día fue torrente y ya intuye en el aire la sal cercana del mar ineludible.

Rocío - Silvia

ROCÍO
Rocío tiene a Bestia en su regazo. Le transmite paz este gato de angora que parece meditar antes de actuar. Está sentada se un balancín de mimbre, bien aprovisionado de cojines, en su rincón de mesa-camilla y flexo. Su rincón preferido.
Rocío está tranquila, ya nunca corre. Atrás quedaron las prisas y las ansias. Ahora medita, como su gato, antes de tomar una decisión y jamás se precipita. Se siente a gusto con esa paz interior, le da la sensación de haber conseguido una meta.
Rocío se ha aficionado a la pesca. Suele levantarse antes que el sol y prepara cuidadosamente todo el material que ha de necesitar. Con las primeras luces echa a andar el medio quilómetro que la separa del espigón de rocas donde tira la caña mientras observa la inmensidad y piensa en nada. El paso de las horas solo se refleja en el avance del sol y así va pasando la mañana en agradable compañía de sí misma y de los peces que van picando. Muchos los devuelve al mar. Solo mete en la cesta los que necesita. A veces lleva un libro, otras veces el pequeño transistor, pero la mayoría de las veces no necesita distracción, pues este rato de contemplación y meditación le colma el espíritu. Cuando le parece bien, recoge y vuelve a casa.
Ya en casa, a Rocío le gusta ocuparse del jardín y del pequeño huerto que hay detrás de la casa. Allí también se le van las horas entre mimos y podas.
Cuando hace mal tiempo, o en las largas tardes de invierno, Rocío se refugia en su balancín, en su rincón junto a la estufa. Enciende el transistor y teje diversos tipos de prendas de lana con los que da calor a los suyos. Unos guantes para Max, una bufanda para Clara o un chaleco para Julia. Éstos vienen de visita todos los domingos, día que Rocío dedica a la cocina, a la comida y a la sobremesa en grata compañía.
A veces Rocío recuerda sus años mozos, su vitalidad, sus campañas en busca de animales extraños con la esperanza de encontrar una especie por clasificar, sus sueños de juventud. Y sonríe, porque no hubiera podido encontrar mejor futuro a sus expectativas de años atrás.
Pero lo mejor en la vida de Rocío, lo mejor de este tiempo de calma, de estos años sin prisa es la serena presencia de su media naranja. Él también tiene sus actividades matutinas, pero pasa las tardes sentado en el balancín de mimbre que se encuentra junto al suyo. A ratos él le toma la mano, y ella se siente plena.

lunes, 13 de mayo de 2013

Jason y los ancionautas del Parque de la Paz - Antonio

Una morena vestida de blanco pasa frente a los dos ancianos.
-Pues yo a es la agarraba y le metía un buen meneo. Ya te digo. – Se queda mirando a la chica medio segundo y luego parece entornar los ojos, sorbe su vaso de agua caliente, y continua su disertación – O no. O no le hacía nada. Eso depende, porque si ella no quiere, no hay más que hablar. Pero vamos que si quiere le meto un buen meneo.
Observa el tablero, casi por costumbre, porque recuerda perfectamente dónde estaban esas fichas hace diez minutos.  Se gira hacía el oponente que tiene del otro lado de la mesa en el Parque de la Paz.
- ¿Abdullah qué sabes lo que vas a mover? ¿No te estarás haciendo caquita otra vez?
- Te he dicho mil veces que me llamo Eduardo, y que soy de El Ejido.
-Bueno, pero allí ahí muchos marroquís, ¿no? Pues entonces no sería tan raro que tú fueses uno de ellos. Vaya, que igual lo eres y no lo sabes, o no te acuerdas. ¡Eh, Abdullah! Porque estas cosas cómo se pueden saber. Tu sabes lo que te han contado, como todos, pero no sabes si te han dicho la verdad. Aunque esto nos pasa a todos. Yo creo lo que me ha dicho mi madre. Pero bueno, luego no le he hecho mucho caso. Mira mueve lo que quieras que yo me voy a dar una vuelta, que me duele la espalda y no puedo estar aquí sentado. Vuelvo ahora en cinco minutos y ya te doy jaque mate.
La figura espigada y anciana se levanta, echa mano a un bastón e intenta curvar la espalda tanto como puede hacia atrás. Hace años que padece de ella y ya ha dejado de tener una sensación objetiva de la intensidad de ese dolor. Camina un poco hacia unas ancianitas que sentadas en un banco hablan de pastillas y horarios de medicación. Nuestro abuelo piensa, que mayores están estas señoras, todos los días al sol y empastilladas. En realidad la mayor de ellas es diez años más joven que él mismo, pero él las ve mayores, claro. Su mente de niño siempre ha estado encerrada en el cuerpo, y qué cuerpo, piensa él, y hace como que contonea todo el cuerpo, como ha hecho siempre, en movimientos arrítmicos y descoordinados, en un baile que es independiente de la música que suena en su cabeza. En realidad ahora es ya sólo su cabeza quien reproduce la música y el movimiento, su cuerpo ya no se mueve tanto, pero como ya sabemos, su mente tira siempre a una velocidad más.
Ve a un grupo de jovencitos en otro rincón del parque y su mirada de niño travieso se ilumina. A su paso se acerca hacia ellos, dónde llega unos cinco minutos después.
- Hola. ¿Perdonar, tenéis pastel de la risa?
El grupo lo mira extrañado, no le entienden, aunque tampoco saben que eso es un clásico en la vida de nuestro héroe, pero se dejan llevar un extraño magnetismo de atracción y duda.
-¿Un pastel de qué?
-De la risa. Vamos le llaman así, aunque a mi mucha risa no me dio, pero si tenéis un poco lo pruebo. Un trocito sólo, no puede ser peor que la última vez, y al menos tendré enfermeras en urgencias. ¿No sé si se entiende?
-Abuelo, ¿Se ha perdido? ¿Quiere que avisemos a sus hijos?
-Lo que quiero en un pastel de marihuana.
-¿Marihuana? Abuelo, eso ya no se lleva. Ahora todo es en pastillas. ¿Pero en qué año se ha quedado?
-Bueno, pues si no tenéis, no quiero. Pero es una pena, porque está muy rico. Así se me pasa un poco el dolor de la hernia. ¡Ah! Se ha vuelto a salir.  ¿Queréis verla?
A unos veinte metros de la escena se acerca apresurada una enfermera morena, la misma que protagonizaba el principio de este texto, y grita.
-Jason, súbase los pantalones y deje de enseñar la hernia.
El alto abuelo sonríe, piensa mejor fuera que dentro, y entonces suena un pedo que funde a negro toda la escena.

Tata Contadora - Anahi


En un rincón olvidado de la civilización, vive escondida como un erizo Silvia Sánchez o como todos la conocen desde hace muchos años, Tata Contadora. Le prometí a mi abuela que un día iría y me encamine a desvelar el misterio. No muchos lo saben, pero en sus tiempos mozos, trabajo como arquitecta. Primero de adultos, luego de adolescentes y niños. Un día,  según dicen, se cansó y se transformó en inventora.  Tenía tantas cosas fantásticas en su casa que un día ya no le entraron más y tuvo que empezar a construir objetos maravillosos para el exterior, pero eran tan extraños que nadie los entendía. Así que empezó a explicarlos, primero muy directamente decía…
-¡Esto es un exprimidor de sandías!. O ¡esto es un masajeador de  codos!
 Pero sus inventos seguían sin venderse. Así es como empezó a decorar los inventos con historias sencillas. Y después de escuchar una fantástica historia de calor sofocantes y zumo recién exprimido de sandía, que se exprimía sin partirla y sin ensuciar. La gente empezó a comprar el exprimidor. Primero porque solo de pensarlo todos querían zumo sin ensuciarse las manos, pero en realidad les había gustado tanto la historia que querían recordarla por siempre. De como encontró cada tornillo en el camino de las margaritas hasta como sin darse cuenta de una semilla de sandia olvidada en un cajoncito de pino, le creció una planta tan grande que tuvo que pensar que hacer con su montaña de 1745 sandias. Incluidas las pequeñas que son las más buenas.
Solo tenia un requerimiento, no quería grabadoras, ni fotos, ni coches, ni tecnología en su casa. Así que uno si quería saber algo de ella, tenía que arremangarse los pantalones, cruzar el camino lleno de baches, girar 3 veces a la derecha y una a la izquierda, otra vez a la derecha y detrás del bosque de bambú, encontrar la casita multicolor hecha de materiales reciclaros, tan primorosamente encajados, que incluso el bosque crecía dentro de casa y ella con el bosque sin molestarse ni uno ni el otro.
Las historias no le hacían justicia. Apenas sobrepasaba el metro de altura, y era tan delgadita que si no fuera por los zapatones, se la llevaría el viento. Un calcetín de cada color, porque las historias le trepan por los pies, pantalones con muchos bolsillitos  llenos de cosas por lo abultados y por lo que dejaban escapar. Trozos de tela un destornillador y creo que también le vi un lagartijo  que vivía según decía ella, en ese bolsillo del chaleco desde hacía un mes. Todo los pelos parados y blancos, daban la impresión que metió los dedos en el enchufe. Pero sabia que era imposible. Le gustaba solo la luz de las velas.
Creí que llegaba tarde, porque no se bien que hora es, la del atardecer desde la ventana de su cocina.  En silencio me senté un una especie de banquito de cortezas de algarrobo y esperé a que comenzara la historia junto con unas 10 personas que al igual que yo, querían viajar a través de sus palabras…
Muy solemnemente se subió a un cajón de naranjas viejo lleno de caracoles multicolores y tirando de un cordelito que colgaba del maravilloso algarrobo que nos cobijaba del rocío, descendió como una araña en su hilo, una especie de trompetita. , no mas grande que  una mano pero que en sus manitas parecía un cornetón, decorado con lanitas de colores y un cascabel.
 Con voz seria recito.
-Me encontraba cierto día  de paseo pensando en mis cosas  cuando de pronto me di cuenta que hacia rato que estaba de pie pensando. Al parecer estuve tanto tiempo inmóvil que me llené de la humedad del atardecer y al parecer estaba tan quieta que un montón de caracoles se me habían subido por los pies, casi hasta las rodillas. No quise moverme para no aplastarlos y dije con un suspiro.
-¡valla por Dios y ahora! ¿como salgo de esta?
Recordé que tenia un bonito trozo de madera guardado en la chaqueta y una navaja en el bolsillo del pantalón. Así que pensé hacerle unos agujeros he intentar encontrar el sonido justo, como la historia del flautista de Hamelin. Me dio la media noche soplando y haciendo pruebas hasta que valla maravilla después de hacer el agujero 33 y medio un caracalito se metió en su caparazón y rodó al suelo. Agrande un milímetro más el agujero y cayeron 7 más. Estuve tentada de dejarlo allí para no estropearlo, pero agrandé el agujerito un poquitito más y todos los caracoles rodaron al suelo. Un salto y ya estaba libre del húmedo abrazo.
 Antes de que llegarais metí los pies en una excelente cerveza que preparo y como verán ya tengo los caracoles del cajón trepando hasta las rodillas. Dijo mientras se levantaba el pantalón bombacho hasta las huesudas rodillitas.
No nos habíamos dado cuenta, porque movía tan dulcemente las manos que parecía una danza y nadie se percato de los caracoles… antes de que pudiéramos salir del asombro continuó.
-nadie está a salvo de los profundos pensamientos de nuestro ser, y si uno de ellos te pilla desprevenido de paseo como a mi, es muy importante tener la herramienta adecuada.
 Desato la cornetita del cordel y le dio un soplido tan fuerte que le temblaron las orejas, a ella y a todos nosotros también mientras veíamos como los caracoles rodaban hasta el suelo como castañas…una carcajada sublime nos saco del asombro y nos sumió en el júbilo.
Ni que decir que todos nos llevamos la cornetita, que por cierto siempre me meto en el bolsillo al irme de paseo, no sea que de pronto me ocurra un imprevisto.
Es una pena que ya este tan mayor y que solo podamos guardar sus historias en nuestro corazón.

La tienda de flores - Rozio

Son casi las seis de la tarde y aún no ha venido. La señora se retrasa hoy más de la cuenta. No me había fijado hasta hoy de lo puntual que es siempre.


¿Que miras tanto a la calle? me pregunta despreocupadamente Elisa. Ayer salió hasta tarde y parece que ha conocido otra vez a alguien. Hoy ha estado todo el día pendiente de los mensajitos que le llegaban y no ha soltado el puto teléfono en toda la tarde.



Lo que me sorprende es que te hayas dado cuenta, respondo un poco molesta.



Parece que capta la indirecta y deja el teléfono en el mostrador. Con ganas de conversar un rato se acerca a la puerta de la tienda y me dice: es por la vieja, no? Igual hoy no viene.



Me giro inmediatamente y le digo: pero que dices!  Todos los viernes desde que abrimos viene paseando desde la calle de arriba, despacito, disfrutando del sol, y llega a las cinco y media puntual.



Debió ser muy guapa de joven, va siempre tan bien peinada, con un poco de sombra en los ojos, tan elegante... aún es muy guapa, no?



Yo creo que sí. Además, no sólo es el aspecto, es que también habla tan dulce... es Argentina, verdad?



Si, vivió mucho tiempo en Ibiza, me parece.



¿te la imaginas toda hippy, drogándose, bailando y bañándose desnuda en la playa?



No, no , o  de gogó en una discoteca, viajando en yates de famosos por el día...



Seguro que sería igual que ahora, en el campo, las plantitas...



¿tendrá hijos? ¿y marido? Casi nunca habla de ella misma. Siempre nos pregunta a nosotras lo que hemos hecho esta semana y escucha nuestros rollos.



Mira, ahí viene! ¿ves? ¡Te lo dije! ¿que le habrá pasado?



Hola, buenas tardes! Señora Anahí, pensábamos que ya no vendría....



Ante la cara de sorpresa que puso no pude más que acusar a la tonta de Elisa: Ella creía eso, yo sabía que no, que seguro que llegaba...



Ay, chiquitas!  A lo mejor un día va y no vengo más ya!  dice guiñándome un ojo.



No diga eso, que para nosotras usted es la mejor cliente que tenemos... soltó la bruta de Elisa.



La señora Anahí, lejos de enfadarse, sonrió con la boca y los ojitos, viendo sólo juventud en las palabras de la dependienta. Se arregló un poco el pelo en el reflejo del escaparate y preguntó. Bueno, a ver que flores tenemos para hoy.

La jubilación - Cristina

Como era de esperar fuimos todos los amigos que aún estábamos en pie, su familia y también algunos de sus  ex-alumnos. Sus convocatorias siempre nos alegraban, en parte gracias a sus dotes como destilador de licores, que aunque el médico le ha prohibido beber alcohol, él por darnos el gusto sigue regalándonos nuevos licores, aunque dicho sea de paso, la prohibición se extiende a la mayoría de nosotros, sus viejos compañeros de viaje.
Hoy nuestro amigo celebró su jubilación después de 25 años de docencia. Y ha querido celebrarlo en su casa como a él le gusta, rodeado de toda su gente y comida, mucha comida, jamas ha conseguido calcular la cantidad de comida para estas reuniones. De hecho, desde hace muchos años tiene un congelador exclusivamente para guardar todos los tappers con los restos.

Cuando nos disponemos a cenar me percato de la cantidad de panes diferentes que hay sobre la mesa. Los panes, algo que con el tiempo se convertiría en algo más que un hobby. Abrió una panadería en el año 2018 después de dejar el Ayuntamiento, harto de tanta hipocresía política. Cambio su destino y se hizo panadero. Durante un tiempo parecía feliz. Pero el peso de una educación recibida lo llevo a preparar oposiciones y fue entonces cuando saco la plaza de profesor. Por supuesto, la saco a la primera. Dejo la panadería, pero la dejo en buenas manos, las mías. Hicimos un intercambio, oposiciones por la panadería. Yo le ayude con las oposiciones  y él me enseño a hacer pan.

La docencia le hizo ser más paciente. Los primeros años fueron muy duros, debido a la crisis los muchachos no estaban  motivados y el esfuerzo por llegar a ellos lo dejaba exhausto, dudo en dejarlo y empezó a plantearse la idea de irse fuera,  volver a Francia , de hecho al tercer año pidió una excedencia pero un acontecimiento inesperado le devolvió a las aulas y a nosotros.

Cuando yo me jubile su sobrina Olivia se hizo cargo de la panadería y aún hoy sigue regentándola junto con su marido Jordi. Nuestro amigo se deja caer una vez por semana y amasa unos panes para llevarse a casa. Adora a Olivia y disfruta de su compañía, hablan de sus cosas mientras amasan, es uno de sus mejores momentos de la semana. Otro gran momento son los paseos junto con su perro Byron, inseparables desde hace 13 años, cuando sufrió una caída que le apartó de la competición. Como le vimos muy afligido le regamos a Byron, un perro de lo más aristocrático. Están echos el uno para el otro. A Byron le gusta la literatura, desde pequeño nuestro amigo le leía relatos. Cuando eran de miedo, se escondía entre sus piernas y él lo cogía entre sus brazos y lo acurrucaba. Ahora que Byron es mayor y tiene gusto literario, cuando algo no le gusta ladra, no para de ladrar.

A pesar de los años sigue siendo un ser inquieto y nos sigue sorprendiendo con sus ideas para seguir activos mentalmente. La última ,escribir cuentos para niños. La idea parte de una ONG, el fin, recaudar fondos para ayudar a niños explotados en países de América Latina y en esa andamos todos liados.

Los viejos amigos queríamos hacerle un regalo  y al final después de muchos descartes decidimos escribir una carta conjunta sobre la amistad. Cuando se la dimos no dijo nada, simplemente nos abrazo. Al cabo de un rato le vi en la terraza con la carta abierta  en la mano,observándonos a todos con una gran sonrisa.
Me alegra ver a mi amigo feliz, contento con la vida que le ha tocado vivir, tranquilo y sosegado.
La amistad es, ha sido y será uno los pilares de su vida, algo que los viejos amigos compartimos.

Por muchos años, Antonio
Feliz jubilación!

GUILLE DENTRO DE 30 AÑOS! - Romanie

Pronuncié su nombre en alto a medida que me acercaba pero no levantó la mirada del libro. Por un momento dudé de mi vista que ya me había hecho alguna jugarreta antes!. Le toqué el hombro y giró la cabeza. Me encontré con Guille
. En sus ojos aun se encontraba. Era él sin duda. El cuerpo algo más consumido, aunque elegante y con buen porte a pesar de ir bastante más encorvado. Se había convertido en un Don Quijote con la barba gris bién recortada. Empezamos a hablar. Le dejé hablar a él. Quería escuchar de su boca las palabras en primera persona de cómo llegó a instalarse aquí en Florencia. Aun hablaba lento y con precisión, creo que algo más alto que antes. Seguro que eso era por la sordera.
Mientras enlazaba un hecho con otro, su vida en Moscú, el retiro a la cabaña de madera en los Kárpatos, la publicación del libro, el cambio, etc, su preciosa pipa de madera sujetada por su mano iba siguiendo sus gestos, aun no llegó a vevársela a la boca. La copa de cognac esperaba ser saboreada solo durante la parte más sabrosa de sus historias.
Mientras escuchaba, me vino a la cabeza uno de esos pensamientos fugaces y claros que conseguí reconocer. Al observarlo, me daba cuenta de que en esencia no cambiamos tanto. Las experiéncias que vivimos nos desarrollan a cada uno de una manera , pero en el fondo los hábitos, detalles o manías que nos forman nos suelen acompañar toda la vida. Me gustó reconocer las suyas y sentir su familiaridad. Esos treinta años con escaso contacto no lo habían convertido en un extraño.

Pau - Guillermo

Pau

La barba espesa, ya blanca, cuidadosamente recortada. Arrugas en la frente, marcas del tiempo, que no te preocupan. Las manos, fuertes como siempre, dejan entrever el paso de los años dedicados a cuidar el bosque.
Has dejado el tabaco, pero tu vaso de grapa te suele acompañar por las tardes.
Tienes más libros que nunca, has ampliado tus registros, aparte de poesía -esto es irreductible-, memorias, biografías de combatientes e historias de batallas navales, has incursionado en la novela negra y policíaca. Las pilas de libros se amontonan por todos los rincones de la casa. Sé que cada libro tuvo, o tiene aún, su tiempo y su lugar para tí.

Desde que te has anotado a un curso de botánica y jardines por Internet, hasta has puesto una planta en el baño, ese que tuviste olvidado algún tiempo.
El periódico continúa inseparable. Sigues la radio cada día, y frunces el ceño con lo que nos cuentan, lo que no quisiéramos escuchar, y lo peor de todo, lo que no podremos nunca solucionar. Balbuceas algo en voz baja, maldices si un joven no se pronuncia, si no hay un reclamo, si se defrauda una espera.

Tus tareas en la casa son perseverantes. Preparas el huerto cada primavera, podas el algarrobo de la terraza cada otoño, juntas la leña necesaria para el invierno. Das una o dos manos de cal viva al año a estos muros, que, de alguna manera, siempre han sido nuestros.

Una nieta de Miliki dió una camada de seis, se apoderaron de Can Ignasi, y ahora juegan a demostrar quién caza más lagartijas. Trastean en la cocina bajo tu benevolencia, pero conocen sus límites.

Has cambiado en todo este tiempo tan sólo el color de tu barba. La expresión de tu mirada es la misma. Sigues siendo ese muchacho risueño que conocí en un barco hace ya tantos años. La sinceridad nunca ha estado en disputa. Nuestra amistad, esa tela centelleante en el taller de los días.

Cuaderno de bitácora: sesión 44



5 de mayo de 2013, siete y media de la tarde, reunión en Can Pinyó. Asistimos a la sesión: Pau, Rocio, Jason, Romanie, Anahi, Guille, Silvia, Cristina y Antonio.


Ejercicio:  Esta vez tenemos un ejercicio de proyección, escribir un texto sobre cómo imaginamos a alguien del grupo, que nos había tocado por sorteo en la sesión anterior, en su edad anciana.

Lecturas compartidas:
  • Bartolomé Benassar: "El Galeote de Argel"
  • Javier Pérez Andujar: "Paseos con mi madre (Andanzas)"