El amigo
El desdichado tiempo perdido... Tengo que contarte todo lo que encontré y todo lo que aún sigo buscando. Y los sonidos de las calles que recorrí solo y en compañía de pasos prestados... esos sonidos que también tu has escuchado y que tejen nuestro tiempo de amigos... Llevo varias cicatrices, ya sabes que siempre tropiezo con muchas piedras... Mis pies heridos están cansados...¿que será de ti?
El niño
Con azul: peces volando por la ciudad atacados por escuadrones de libélulas en rojo. Las estrellas: rosa. Son flores que se abren y se cierran constantemente, dejando caer pétalos que se convierten en nieve sobre las montañas (gris). Gatos esquiando (marrón) ondeando farolillos de verbena (todos los colores)
La madre
El azúcar, café, fairy, vaya! aún me quedaba, huevos, jamón, limones y manzanas, queso a la nevera, sal, uvas y zumos...
El amigo llama a la puerta. El niño deja su dibujo. La madre guarda las bolsas de plástico. Ninguno de los tres ha pensado ni un segundo en la muerte ese día. Poco después, ninguno podrá dejar de hacerlo. La muerte habrá caído por sorpresa como una manta sobre ellos, adaptándose a cada arruga de su cerebro.
¿Está tu padre, Jason?
Mi padre murió hace 3 años.
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miércoles, 9 de octubre de 2013
lunes, 18 de marzo de 2013
Visita a un amigo muerto: Hassan Ahmar
Los campos rebosaban un verdor sólo interrumpido por manchas de flores amarillas bajo los algarrobos. En contraste, los almendros aparecían desnudos, raquíticos, como cadáveres en medio del vergel. Ascendíua lentamente por el camino, con el sol calentándole le espalda. El día era claro, calmo, silencioso. Las sombras eran largas y la suya parecía huir de él. Alo lejos esperaba la casa de Juan, su amigo de toda la vida a quien no había visto en años, desde que se fuera a Mallorca en 73. ¡Ocho años! Cómo pasa el tiempo, pensó, y sin embargo aquí todo está igual. ¿Viviría aún allí? Entre pensamientos, recuerdos y hermosas panorámicas acabó por llegar a la casa.
Como todos los sábados Jason estaba barriendo el salón, sacando alfombras al balcón para sacudirlas y quitando el polvo de los estantes. Era parte de sus quehaceres para colaborar en casa, labores que compartía con su hermana de ocho años u un año y medio menor que él. Mientras se afanaba permanecía atento a oir el rumor del coche de sus abuelos, que desde que muriera su padre hacia unos años se lo llevaban a él y a su hermana todos los fines de semana. El sábado por la mañana iba con el abuelo a comprar la prensa y su tebeo de “Azañas Bélicas” mientras su hermana y la abuela iban a la floristería. Después llevaban las flores al cementerio; el abuelo se quedaba leyendo en el coche. Del cementerio al restaurante, donde Jason trataba aplacar su angustia a base de hartones, claro que él no lo sabía entonces. Cuatro platos se llegaba a comer ante la alegría de su abuela, que estaba muy feliz de que su nieto tuviera tan buen apetito y la posibilidad de comer y nmo pasar falta de nada. Ella pensaba que así hacía un servicio a su pobre madre que a duras penas sacaba la familia adelante. Después iban a casa de los tios y las mujeres se pasaban la tarde jugando al parchís mientras el abuelo y nietos iban de excursiones por los montes o al cine, a las sesiones dobles. El sábado acababa en casa de los abuelos discutiendo con la hermana quién se quedabacon la litera de arriba. Siempre igual.
Angela acabó de sacar una bandeja de botes de cristal esterilizados del horno. Los dejó sobre la mesa de la cocina y soltó las manoplas. Preparó el embudo y el cucharón para llenarlos de mermelada, pero antes de empezar a embotellar fue a ver si su hija estaba lista para cuando llegaran los suegros. Aún llevaba el pijama, la misma historia una y otra vez:
-Come on sweety, the güelus will arrive at any moment now.
-Ahora me cambio, un momento que estoy vistiendo a Barby.
-First take your pijamas of and get dressed and then you'll finish doing that
-No... Contestó la niña. Así discutían mientras Jason pasó por al lado camino de la cocina. Sentía ya el vacio en el estómago, el desayuno ya lo tenía en los pies. Abrió la nevera y escudriño sus entrañas, el depredador se sintió desconsolado al ver tanta estantería vacia. Ójala llegaran ya los abuelos con las cajas de comida, así se tragaría unas madalenas antes de salir. Golpearon a la puerta de la cocina. ¡Ya habían llegado! Pero qué raro, no había oido ni el motor del coche ni el abuelo había dado bocinazos. Abrió animoso, con las madalenas en mente...
Le abrió un niño de unos diez años. ¡Joder!, pensó, como ha creciso, si era un bebé.
-Hola, ¿está tu padre?
Las madalenas desaparecieron de su mente sin dejar rastro, se le hizo un nudo en la garganta y sin siquiera devolver el saludo llamó a su madre -¡Momey!, ven, alguien viene a verte.
Como todos los sábados Jason estaba barriendo el salón, sacando alfombras al balcón para sacudirlas y quitando el polvo de los estantes. Era parte de sus quehaceres para colaborar en casa, labores que compartía con su hermana de ocho años u un año y medio menor que él. Mientras se afanaba permanecía atento a oir el rumor del coche de sus abuelos, que desde que muriera su padre hacia unos años se lo llevaban a él y a su hermana todos los fines de semana. El sábado por la mañana iba con el abuelo a comprar la prensa y su tebeo de “Azañas Bélicas” mientras su hermana y la abuela iban a la floristería. Después llevaban las flores al cementerio; el abuelo se quedaba leyendo en el coche. Del cementerio al restaurante, donde Jason trataba aplacar su angustia a base de hartones, claro que él no lo sabía entonces. Cuatro platos se llegaba a comer ante la alegría de su abuela, que estaba muy feliz de que su nieto tuviera tan buen apetito y la posibilidad de comer y nmo pasar falta de nada. Ella pensaba que así hacía un servicio a su pobre madre que a duras penas sacaba la familia adelante. Después iban a casa de los tios y las mujeres se pasaban la tarde jugando al parchís mientras el abuelo y nietos iban de excursiones por los montes o al cine, a las sesiones dobles. El sábado acababa en casa de los abuelos discutiendo con la hermana quién se quedabacon la litera de arriba. Siempre igual.
Angela acabó de sacar una bandeja de botes de cristal esterilizados del horno. Los dejó sobre la mesa de la cocina y soltó las manoplas. Preparó el embudo y el cucharón para llenarlos de mermelada, pero antes de empezar a embotellar fue a ver si su hija estaba lista para cuando llegaran los suegros. Aún llevaba el pijama, la misma historia una y otra vez:
-Come on sweety, the güelus will arrive at any moment now.
-Ahora me cambio, un momento que estoy vistiendo a Barby.
-First take your pijamas of and get dressed and then you'll finish doing that
-No... Contestó la niña. Así discutían mientras Jason pasó por al lado camino de la cocina. Sentía ya el vacio en el estómago, el desayuno ya lo tenía en los pies. Abrió la nevera y escudriño sus entrañas, el depredador se sintió desconsolado al ver tanta estantería vacia. Ójala llegaran ya los abuelos con las cajas de comida, así se tragaría unas madalenas antes de salir. Golpearon a la puerta de la cocina. ¡Ya habían llegado! Pero qué raro, no había oido ni el motor del coche ni el abuelo había dado bocinazos. Abrió animoso, con las madalenas en mente...
Le abrió un niño de unos diez años. ¡Joder!, pensó, como ha creciso, si era un bebé.
-Hola, ¿está tu padre?
Las madalenas desaparecieron de su mente sin dejar rastro, se le hizo un nudo en la garganta y sin siquiera devolver el saludo llamó a su madre -¡Momey!, ven, alguien viene a verte.
viernes, 25 de enero de 2013
Can Cifre - Antonio
" La última vez que le vi, juraba no haber jugado nunca antes al póquer, ni haber apostado. Cabrón, me sacó más de 10.000 pesetas casi pidiéndome perdón. Las buenas personas son peligrosas, siempre lo he sabido. Le dije, mañana por la tarde vuelve al bar y te pago. Nunca más le he vuelto a ver. Decía que el dinero le daba igual, que sólo era un juego. Cabrón, no te vas a escapar. Yo no le debo dinero a nadie".
El hombre se acerca a la puerta de entrada de una casa cuyo jardín delantero está infestado de malas hierbas altas y secas. Toca el timbre.
Un niño despeinado y delgado como un alambre abre la puerta.
-Hola pequeño, ¿está tu padre?
Inmediatamente el niño piensa: "¿Mi padre? La última vez que lo vi con vida se alejaba por esta misma puerta, prometiendo que volvería a buscarme para ir al cine, y que me compraría un nuevo libro de Los Cinco".
El niño mira al extraño, se gira hacia el interior de la casa y grita:
-Mamá, hay alguien que pregunta por papá.
La madre deja caer al suelo la taza de té caliente que aguanta en las manos. con el impacto llega a su cabeza el último recuerdo de su marido vivo: "Mi marido estaba a punto de salir, contento. El día anterior había estado con antiguos compañeros de la mili y había ganado una apuesta. Me decía, no te preocupes, tardaré un poco, pero he de ir, necesitamos el dinero para permitirnos algún capricho".
El segundo grito de su hijo desde la otra sala llamándola le hace reaccionar. Se levanta y va hasta la puerta. Ve al extraño y le pregunta:
-¿Qué quiere? Mi marido no está.
-Da igual. Sólo quería saldar una deuda con él. Dígale que soy un compañero de la mili.
Y el extraño le tiende un sobre blanco con dinero dentro. Se aleja. La mujer se queda parada y su mirada también se aleja. El niño observa.
El hombre se acerca a la puerta de entrada de una casa cuyo jardín delantero está infestado de malas hierbas altas y secas. Toca el timbre.
Un niño despeinado y delgado como un alambre abre la puerta.
-Hola pequeño, ¿está tu padre?
Inmediatamente el niño piensa: "¿Mi padre? La última vez que lo vi con vida se alejaba por esta misma puerta, prometiendo que volvería a buscarme para ir al cine, y que me compraría un nuevo libro de Los Cinco".
El niño mira al extraño, se gira hacia el interior de la casa y grita:
-Mamá, hay alguien que pregunta por papá.
La madre deja caer al suelo la taza de té caliente que aguanta en las manos. con el impacto llega a su cabeza el último recuerdo de su marido vivo: "Mi marido estaba a punto de salir, contento. El día anterior había estado con antiguos compañeros de la mili y había ganado una apuesta. Me decía, no te preocupes, tardaré un poco, pero he de ir, necesitamos el dinero para permitirnos algún capricho".
El segundo grito de su hijo desde la otra sala llamándola le hace reaccionar. Se levanta y va hasta la puerta. Ve al extraño y le pregunta:
-¿Qué quiere? Mi marido no está.
-Da igual. Sólo quería saldar una deuda con él. Dígale que soy un compañero de la mili.
Y el extraño le tiende un sobre blanco con dinero dentro. Se aleja. La mujer se queda parada y su mirada también se aleja. El niño observa.
concierto para piano
_ Mamá !!! ha venido un tal
Pedro , dice que quisiera hablar con Papá!
_ Buenas tardes! Soy María, Mariano a muerto. Su piano
quedó mudo hace tres años.
_ Lo siento mucho!, seguro
que ahora toca tocatas a los ángeles.
Ahora vivo en Praga, le conocí en Mallorca en un festival de jazz
en el 2001 , era un músico irreverente y solar como digo a veces. He
venido a Ibiza sólo por un concierto, es
este domingo . Pensé en verle era mi único conocido en esta isla, no tenía su teléfono apenas recordaba esta dirección. Me
encantaría invitarles al concierto
entonces.
_Es un buen regalo de navidad
no crees Pablo!, dice María a su hijo.
_ Hasta el domingo entonces, dice Pedro .
Diario de María:
“ Anoche fui al teatro,
Pedro, un colega conocido de Mariano, nos invitó a Pablo y a mi.
Orgánicamente me caí dentro de la música, me pregunto si éso sentía durante sus
soleadas en su estudio, el jazz del clarooscuro era su arte!
De nota en nota la música blanca me abría espacio entre los ventrículos, cada resonante caricia guardada entre ellos , recuerdo de la
música con la que vestía mis días. Ya casi
es navidad de nuevo y Pablo ya tiene doce años. En el espacio intermedio de estas líneas
suena un concierto para piano sólo.”
Niño - Diana C
Andrés estaba secando los platos. Se había subido a un taburete para
llegar a la encimera. La última vez que una loza se le rompió, su madre, al oír
el ruido, salió de la habitación. Se quedó parada en la puerta mirando el
suelo, sin decir nada. Ojalá le hubiese gritado, así él también hubiese podido
gritarle de vuelta, y luego, tal vez, se hubiesen abrazado. Pero no. Su madre
al ver los pedazos rotos lloró, y no pudo parar, sentada junto a ellos en el
suelo de la cocina. Qué pena, pensó, de todos los platos que he secado el único
que ha visto es el que se me ha caído. Pero eso ahora no importaba. No podía
romper ni un solo plato más. Trataba de concentrarse con todas sus fuerzas. Aún
así, a veces se distraía. Pensaba en la clase de gimnasia, en que quería ser
futbolista. O en María de sexto C. Esta vez una libélula se paró en la ventana
irisando sus alas al sol, y Andrés se fascinó mirándola. Entonces llamaron al
timbre. El estridente sonido de campana vieja
le sobresaltó e hizo que el plato se escurriera de sus dedos. Sus
mandíbulas se apretaron, su cuello, su respiración paró y toda la adrenalina de
su cuerpo se dirigió a sus manos que lograron, en un giro de último segundo,
cazarlo. El equilibrio perdido, un paso hacia atrás, dado en falso. Andrés cayó
de espaldas apretando el plato contra su pecho. Se hizo daño. Fue a abrir la
puerta cojeando y apareció un señor enorme que le miraba con el sol dándole por
la espalda. La sombra de su cara hacía un pico anguloso en su pecho.
-
Buenos
días, ¿está tu padre?
Andrés apretó el plato aún con más fuerza.
-
No, no
está.
-
Y ¿sabes
cuándo va a volver ?
Cuándo iba a volver su padre... intentó pensar en su cara y se dio
cuenta de que las facciones se iban difuminando en una angustiosa sensación de
olvido. Los recuerdos se iban sustituyendo por otros nuevos: las fotos, fijas,
quietas, eran ahora su padre y no el que una vez había presidido el salón con
su periódico y el humo penetrante de sus pipa. Los abrazos habían dado paso al
frío tacto de un mármol que se visitaba una vez al año, un beso que se daba a
la piedra con la punta de los dedos. Andrés no sabía cuántas veces iba a morir
su padre. Cada vez que había tenido que informar del suceso a otra de las
personas a las que su madre le pidió que llamase – ella era apenas un ovillo de
lana desbaratado- era una certeza que sumaba. Y así fue como, de tanto decirlo,
Andrés terminó por creerse que su padre había muerto.
Ahora, tres años después, llegaba este hombre reclamándole vivo. Hacía
tanto que esto no le sucedía, que nadie resucitaba a papá, que Andrés sintió
una bocanada de aire fresco en sus ahogados pulmones -una ventana abierta a la
vida.
-
Está de
viaje, pero volverá dentro de un mes. Inténtelo entonces.
Cuando el hombre regresó, esta vez abrió la madre.
-
Hola,
¿Está Ernesto?
-
No...
pero... ¿no sabe? Ernesto falleció... hace,,, tres años – era la primera vez
que su madre lo decía
-
¿Cómo?
Pero su hijo me dijo...
La madre, una vez hubo terminado de explicarse, subió corriendo cargada
de una electricidad nueva al cuarto del niño. Aporreó la puerta.
-
¡Andrés!
¡Sal aquí ahora mismo! - bramaba, era un trueno. El niño abrió la puerta
-
Qué...
-
¿Tú le
has dicho a un hombre que tu padre seguía vivo? ¿Pretendes burlarte de èl, de
mi dolor? ¿Es eso? ¿Te ríes de la gente? ¿Te parece gracioso que tu propio
padre haya muerto?
-
¡Sí, me
encanta que se haya muerto, me muero yo de la risa! ¡Tengo todo el derecho del
mundo a reírme de lo que me de la gana, hasta de la muerte si quiero!
Su madre le dio una bofetada. Después lo castigó encerrado en su
habitación. Y después fue a la cocina y fregó los cacharros, haciéndolos chocar
con gran estruendo. El niño se tocó la sorpresa de la mejilla ardiente, mirando
por la ventana el árbol del jardín. Bajo su sombra descansaban unos pedazos de
loza dejados ahí un mes atrás, cuando, una vez el hombre se hubo marchado,
Andrés corrió y estampó contra su tronco el plato que solo unos minutos antes
había rescatado. Sonrió. Mamá había resucitado.
Un día de pesca - Marcela
“¿Qué hora es? –se preguntó- Vaya, las 6.30
de la mañana… voy a levantarme antes de que suene esta horrible alarma…tengo
que cambiar el sonido que tiene ahora por otro más agradable.”
Fue al baño para afeitarse pero no encontró
su maquinilla – “no importa”, dijo, “hoy es un día de pesca. Me pondré ropa de
abrigo impermeable, que luego en el barco ya se sabe, y me iré dando un paseito
hasta casa de mi niño, que hay tiempo”. En ese momento sonó una suave melodía,
“qué extraño, no recuerdo haber cambiado la alarma”.
Mientras caminaba con torpes pasos debido a
su avanzada edad, el cielo clareaba y se oía el canto de los primeros pájaros
de aquella fresca mañana. Hablaba en voz alta y decía: “Miguel es muy
organizado, tendrá todo preparado, las cañas, los anzuelos, las plomadas, los
cebos y la cesta para los peces tal como le enseñé cuando pequeño. Ya es un
hombre casado, ¡qué rápido pasa el tiempo! Por fortuna es tan feliz con su
esposa , la dulce Ester, como yo lo fui con su madre.”
José llegó a casa de su hijo, pero no se
atrevía a tocar el timbre. Acercó su oreja a la puerta: “Sí, oigo ruido, parece
que están despiertos”. Y tocó el timbre.
- Hola chiquito, ¿tú quién eres?
El niño lo miró con un gesto de desconcierto,
sin saber qué responder, hasta que por fin dijo:
- ¡Mamá, el abuelo!
Ester fue corriendo. Lo abrazó, y le hizo
pasar.
- “Hola bonita, he venido a recoger a Miguel
para ir de pesca como todos los sábados…y ¿ese niño?
A
Ester se le llenaron los ojos de lágrimas; con mucha dulzura le cogió las manos
y le ayudó a sentarse:
- “José, hoy es martes, ese niño es Pablo, tu
nieto, y Miguel…ya no está.”
Mientras ella le explicaba como mejor sabía,
que su hijo había fallecido hacía ya tres años, Pablo abrazaba a su abuelo, y
José miraba con ojos brillantes a ninguna parte.
La visita - Romanie
Era una soleada mañana de
primavera. El aire era fresco y limpio después de unos días de lluvia y viento.
Jason estaba en su habitación ordenando sus soldaditos de plomo en la repisa de
la ventana de su cuarto, preparando las posiciones de sus combatientes que se
disponían una vez más, otra guerra entre los dos bandos(redundante). Mientras
los alineaba, buscaba posiciones y estrategias nuevas para que la lucha fuera
mejor y diferente… de pronto este mundo fue interrumpido por el sonido de alguien
que tocaba a la puerta de su casa y por la voz de su madre que le pedía si por
favor podía atender la puerta por ella.(redothat)
Jason fua a la puerta dando
brincos, era un chico muy sociable y le encantaban las visitias. Al abrir la
puerta se encontró con un hombre al que no conocía de nada que dijo que venía a
ver a Juan, su padre. Jason se lo mira. De pronto todo ha cambiado y siente
cómo le invade un peso por todo el cuerpo. Jason no le dice nada, ese chico tan
sociable tiene una expresión de enfado en el rostro y un nudo en la garganta.
Todo esto fueron unas fracciones de instante mientras se gira corriendo hacia
el comedor y con la voz como de otra persona le dice a su madre que hay un
hombre en la puerta que quiere hablar con su padre. Su madre se levanta y
camina hacia la puerta con cautela, sin saber qué es lo que se va a encontrar.
Se miran y ella dice “Mario!” y al pronunciar la última vocal le sale una voz
rota y consigue decir “Juan ya no está….”y se rompe a llorar, Mario entra y la
abrazo fuerte y se pone a llorar con ella, en este momento, que Jason había
estado mirando desde la cocina, arranca acorrer y se mete en su cama y tapa su
cabeza con un cojín para no oír más dolor. Ahora entiende que Mario era un
amigo de su padre que había estado estos últimos años en Argentina, y lo
primero que quiso hacer al volver era ver a su gran amigo y se encontró con que
éste había fallecido hacía tres años de un ataque al corazón. Esta casa
aparentemente se había recuperado de este drama y hacía ya dos años que todo
parecía que había vuelto a la normalidad cuando de pronto la visita de Mario
había demostrado que las heridas aún estaban abiertas y el dolor no había
cesado. Jason pasó de sentir rabia hacia Mario al preguntarle éste por su
padre, a no poder soportar otro llanto
de pena de su madre, se sentía incapaz de consolar ese dolor. Ese día fue
cuando su mente poderosa decidió tomar las riendas de las emociones y no
acercarse a nada que pudiera hacerle sentir esa desesperación que su mente
calificaba de inútil.
Cuaderno de bitácora: sesión 18
11 de diciembre de
2011, cinco de la tarde, nos reunimos en Can Ignasi. Asistimos a la sesión: Marcela, Romanie, Rocio,
Jason, Guillermo, Pau, Diana y Antonio.
Ejercicio: Desarrollar una historia de la
siguiente situación: un hombre toca a la puerta de una casa en Can Cifre, abre un niño, y le pregunta
por su padre, el cual murió dos años atrás. El niño llama a su madre.
Lecturas compartidas:
- Paul Elliot: "Vida y muerte de un pueblo español"
- Eduardo Mendoza: "Sin noticias de Gurb"
- Luis Mateo Díez: "Los males menores" (relato "sopa")
- Robert Louis Stevenson: "La isla del tesoro"
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