Mi nombre es Mike O'Hara. Y soy el tipo que está sentado en el suelo de este baño. De hecho, creo que me he instalado aquí y desde hace un rato que sólo veo el reflejo de mi careto en un azulejo. Ni siquiera estoy borracho ya. Sólo estoy harto. Salir de aquí supondría llegar por el pasillo a la habitación de mi hotel donde sentiré el mismo desapego que en mi propia casa. Cada año igual. Vivir en un pueblo de mierda, trabajando como un cabrón en la fábrica que me roba la vida, la misma puta lluvia siempre, total para acabar en un lugar como éste, el mismo baño repetido y multiplicado cientos de veces, borracho como una cuba.
Odio este estado de irrealidad en que me digo a mí mismo que no me gusta mi vida. La gente cree que los guiris venimos a eso, a beber como cosacos porque nos gusta. Pero es otra cosa. Bebemos porque sí, porque hemos perdido la práctica de relacionarnos con la gente, porque la soledad es menos pesada y se disipa un rato. Lo más terrible es que creo que bebo porque no se espera de mí otra cosa. Desde pequeño se me ha dicho que no me gustaría mi vida, que no amaría a mi esposa y que si iba a encontrar algo de felicidad era durante unas cortas y etílicas vacaciones en Ibiza. Vaya mierda.
Por eso igual no salgo nunca. O mejor aún. ¿Y si salgo y no vuelvo? ¿Y si me quedo a vivir aquí?
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miércoles, 9 de octubre de 2013
Baño - Hassan Ahmar
En un plano físico dimensional, el espacio que ocupa un ser humano al realizar sus evacuaciones es el que es,o el que se elija, a partir de su piel y sus esfinters. A ese espacio, en un plano arquitectónico-coloquial,cuando coresponde a una construcción del tipo que sea y que lo encierra, se le llama baño.
Desde un punto de vista linguístico la palabra baño puede resultar ambigua, pues puede comprender más o menos acepciones que afectan a la higiene del humano. Puede referirse sólo a un espacio dedicado a la evacuación fecal, o a unretrete de pie para mear, o a una bañera o ducha, o a un lavamanos o a cualquier combinación de ellos.
Situacionalmente un baño puede suponer en la vida de un humano un destino ' a vida o muerte', sino, imagínese aquejado de diarrea caminando por la ciudad y sufrir un apretón incontenible. Lo que podría salvarlo en esa situación sería un baño del tipo cagadero. El baño puede ser el lugar donde uno sobreviva a un tiroteo que se produzca en el local en el que se encuentra.
En un plano emocinal el baño también abarca muchas dimensiones diferentes para cada ser humano. Para el guarro la ducha es una amenaza, para el pulcro un lugar desable, para el que tiene ganas de mear es un aliviadero, para el que va tiene que ir a cagar a un vater después de que lo haya hecho antes un humano con una flora intestinal corrupta es un alivio envenenado, un suplicio para el olfato. En el baño se puede hacer el amor o también puede degollarse a alguien, como nos enseñara Alan Bates. En ese plano cinematográfico el baño que más recuerdo es el de la película Trainspoting.
En un plano vital puede darse a luz en un baño, puede uno resbalarse y matarse en un baño, o cortarse las venas en la bañera.
En un plano laboral puede uno ganarse la vida limpiando baños, o instalando la fontanería en baños, o la electricidad, o constuyendo baños, o vendiendo complementos de baño, o proyectando y decorando baños. O vendiendo productos de baño, ya sean cosméticos o higiénicos. Podría ser que incluso uno ilustrase rollos de papel de vater, para entretener al cagón de turno. Hay quien gana fortunas diseñando elementos de los baños, por ejemplo Phillipe Stark. Hay empresas enormes dedicadas a producir y vender retretes. El baño es un negocio para muchos.
SI tuviera el ánimo de ser exaustivo debería enumerar infinidad de planos que afectan o permiten encuadrar al baño, pero yo sólo he hecho una breve reseña al azar. Puro capricho.
Para mi el baño, en la casa que habito actualmente, curiosamente es también el fregadero y el lavadero, pero ni cagadero ni meadero.
No he perdido la cuenta de los baños que me he dado en mi vida porque nunca la he llevado, pero no lograría recordarlo. Eso si, recuerdo algunas bañadas célebres para mi. Una vez fui a bañarme con Doumi en Casablanca, a tres calles de su casa, en un Hammam. El año pasado traté de bañarme en Sunshine Coast, BC, en junio y no tuve huevos de meterme ni hasta las rodillas. Me he bañado en riachuelos en Asturias en invierno y el agua era mucho más caliente que cuando traté de bañame en agosto en los Alpes, donde me tiré al agua y quedé paralizado casi un minuto sin poderme mover ni respirar. Tuve suerte de que la corriente no me arrastrara cauce abajo, pues era muy fuerte a unos metros de dónde yo quede paralizado.
-¿Va usted a tomar el baño caliente, tibio o frio, señorito?¿Querrá el señorito que le añada sales al baño, o espuma, o aceites esenciales?
-Ayer me di el primer baño del año.
-Estoy hasta los huevos de tanto baño. Son todos iguales e igual de jodidos. Tendrías que probar de alicatar tú uno y te darías cuenta de lo que vale un peine. Y aún me quedan dos plantas enteras por hacer, otros doce tormentos. Me llevas dos días cada uno.
-Ponlo al bañomaría.
-Me estoy dando un baño de multitudes.
-Les dimos un baño.
-¡Báñate!
-Me gustaría ser blanco, tener mucha agua y ver muchos culos.
Desde un punto de vista linguístico la palabra baño puede resultar ambigua, pues puede comprender más o menos acepciones que afectan a la higiene del humano. Puede referirse sólo a un espacio dedicado a la evacuación fecal, o a unretrete de pie para mear, o a una bañera o ducha, o a un lavamanos o a cualquier combinación de ellos.
Situacionalmente un baño puede suponer en la vida de un humano un destino ' a vida o muerte', sino, imagínese aquejado de diarrea caminando por la ciudad y sufrir un apretón incontenible. Lo que podría salvarlo en esa situación sería un baño del tipo cagadero. El baño puede ser el lugar donde uno sobreviva a un tiroteo que se produzca en el local en el que se encuentra.
En un plano emocinal el baño también abarca muchas dimensiones diferentes para cada ser humano. Para el guarro la ducha es una amenaza, para el pulcro un lugar desable, para el que tiene ganas de mear es un aliviadero, para el que va tiene que ir a cagar a un vater después de que lo haya hecho antes un humano con una flora intestinal corrupta es un alivio envenenado, un suplicio para el olfato. En el baño se puede hacer el amor o también puede degollarse a alguien, como nos enseñara Alan Bates. En ese plano cinematográfico el baño que más recuerdo es el de la película Trainspoting.
En un plano vital puede darse a luz en un baño, puede uno resbalarse y matarse en un baño, o cortarse las venas en la bañera.
En un plano laboral puede uno ganarse la vida limpiando baños, o instalando la fontanería en baños, o la electricidad, o constuyendo baños, o vendiendo complementos de baño, o proyectando y decorando baños. O vendiendo productos de baño, ya sean cosméticos o higiénicos. Podría ser que incluso uno ilustrase rollos de papel de vater, para entretener al cagón de turno. Hay quien gana fortunas diseñando elementos de los baños, por ejemplo Phillipe Stark. Hay empresas enormes dedicadas a producir y vender retretes. El baño es un negocio para muchos.
SI tuviera el ánimo de ser exaustivo debería enumerar infinidad de planos que afectan o permiten encuadrar al baño, pero yo sólo he hecho una breve reseña al azar. Puro capricho.
Para mi el baño, en la casa que habito actualmente, curiosamente es también el fregadero y el lavadero, pero ni cagadero ni meadero.
No he perdido la cuenta de los baños que me he dado en mi vida porque nunca la he llevado, pero no lograría recordarlo. Eso si, recuerdo algunas bañadas célebres para mi. Una vez fui a bañarme con Doumi en Casablanca, a tres calles de su casa, en un Hammam. El año pasado traté de bañarme en Sunshine Coast, BC, en junio y no tuve huevos de meterme ni hasta las rodillas. Me he bañado en riachuelos en Asturias en invierno y el agua era mucho más caliente que cuando traté de bañame en agosto en los Alpes, donde me tiré al agua y quedé paralizado casi un minuto sin poderme mover ni respirar. Tuve suerte de que la corriente no me arrastrara cauce abajo, pues era muy fuerte a unos metros de dónde yo quede paralizado.
-¿Va usted a tomar el baño caliente, tibio o frio, señorito?¿Querrá el señorito que le añada sales al baño, o espuma, o aceites esenciales?
-Ayer me di el primer baño del año.
-Estoy hasta los huevos de tanto baño. Son todos iguales e igual de jodidos. Tendrías que probar de alicatar tú uno y te darías cuenta de lo que vale un peine. Y aún me quedan dos plantas enteras por hacer, otros doce tormentos. Me llevas dos días cada uno.
-Ponlo al bañomaría.
-Me estoy dando un baño de multitudes.
-Les dimos un baño.
-¡Báñate!
-Me gustaría ser blanco, tener mucha agua y ver muchos culos.
miércoles, 3 de julio de 2013
¡Oh baño! - Iván Tosco
Me cuesta mucho empuñar algo con lo que escribir, dejar cinismo impreso que me sobreviva, no conocía aún mis diablos, mis egoismos, mi apego; me asemejaba a clarisa apartada de placeres incompatibles con el hábito. Una vez por semana esparcia moral como columnista y me llenaba de remilgos bien vistos por merecedores del cielo, a puntito estuvieron de poner una placa en mi casa natal, aún no era difunto y me llovía el agasajo. Una tarde, la tarde de mi tránsito me indispuse, vomitaba a la par que me hacía caquita. Fue una bendición encontrar aquel retrete. Pese a sus escasos metros cuadrados, el baño público disipó los por mayores de aquella crisis dispensadora. Hay generosidades mal vistas incluso en ls eruditos, la suerte de unas paredes mampáricas alivió entre otras cosas las susceptibilidades de lo púdico. Vi en aquel espacio amigo una gran obra, todo era armonía, independentismo, prosa. Arranqué papel de culo y le dediqué al santo lugar párrafos y más párrafos de inspiración. Aún los guardo, la tinta se emplazaba sola sobre palabras bellas, no eran necesarios bocetos, un inexplicable automatismo maniobraba mi ajena mano. Ohhuuh metamórfico yo mayúsculo que de soslayo me humanizas, ceniza, deliciosa bioquímica mutante de letras, neutrinos, bosones de Higgs y pelotas de padel.
¡¡¡Está ocupado!!!
¡¡¡Está ocupado!!!
miércoles, 5 de junio de 2013
King Kong - Pau
Desde que salí del huevo, hace ya casi tre lunas llenas, habito en mi tela en una esquina de una habitación extremadamente fría y humeda. Mi casa está justo encima del bote de espuma de afeitar. Es un sitio seguro, nunca en mi vida lo he visto moverse.
Vivo en los dominios de un monstruo, le llamo King-Kong. Entra a verme unas diez veces al día; a veces me mira, pero otras muchas no me hace caso. La comida es buena, abundan las polillas y los mosquitos, pero la vida aquí es muy dura.
Ayer llegó un refugiado de la cocina. King-Kong demolió su vivienda y la de otros muchos congéneres. Anoche, en la paz nocturna, contó historias de la cocina. Había televisión, radio, internet, temperatura agradable en invierno y verano, y asistías cada día al espectáculo de la vida de King-Kong: verle cocinar, comer, cantar, leer, amar, llorar, reir...Pero es un sitio `peligroso, siempre se vive con el pánico de los sábados por la mañana. Cuando no suena el despertador a las 6, se mueven todos los hilos de alarme en las telas. Los relatos de quienes han sobrevivido a la furia del gigante son estremecedores: familias enteras engullidas por el dragón que todo lo aspira, de ruido infernal. Los mayores cifran la edad media de las colonias de la cocina en dos lunas.
Nosotros, aquí, en esta caverna húmeda, vivimos más tranquilos. Los días se van alargando, la temperatura se suaviza, hay más comida que nunca y estoy a punto de celebrar mi tercera luna. Ha entrado King-Kong y se ha mirado la barba en el espejo, como midiéndosela. La luna llena asoma por la ventana de mi pequeño país. El ogro ha puesto música, se ha desnudado y ha abierto el grifo del agua caliente.
Vivo en los dominios de un monstruo, le llamo King-Kong. Entra a verme unas diez veces al día; a veces me mira, pero otras muchas no me hace caso. La comida es buena, abundan las polillas y los mosquitos, pero la vida aquí es muy dura.
Ayer llegó un refugiado de la cocina. King-Kong demolió su vivienda y la de otros muchos congéneres. Anoche, en la paz nocturna, contó historias de la cocina. Había televisión, radio, internet, temperatura agradable en invierno y verano, y asistías cada día al espectáculo de la vida de King-Kong: verle cocinar, comer, cantar, leer, amar, llorar, reir...Pero es un sitio `peligroso, siempre se vive con el pánico de los sábados por la mañana. Cuando no suena el despertador a las 6, se mueven todos los hilos de alarme en las telas. Los relatos de quienes han sobrevivido a la furia del gigante son estremecedores: familias enteras engullidas por el dragón que todo lo aspira, de ruido infernal. Los mayores cifran la edad media de las colonias de la cocina en dos lunas.
Nosotros, aquí, en esta caverna húmeda, vivimos más tranquilos. Los días se van alargando, la temperatura se suaviza, hay más comida que nunca y estoy a punto de celebrar mi tercera luna. Ha entrado King-Kong y se ha mirado la barba en el espejo, como midiéndosela. La luna llena asoma por la ventana de mi pequeño país. El ogro ha puesto música, se ha desnudado y ha abierto el grifo del agua caliente.
domingo, 19 de mayo de 2013
La cita - Cristina
Nunca
sabes cuando te va a dar y esta vez me pillo en el baño. Me desperté sentada en
el water con las bragas bajadas. “Al menos no me he meado encima”, pensé. Tarde
un rato hasta recordar donde me encontraba. Había quedado en una cafetería con
Andres, un chico que me gustaba especialmente. Erá nuestra primera cita. Me
refresqué la cara y me recompuse un poco antes de salir. Para mi sorpresa la
puerta estaba cerrada con llave. Di unos golpes fuertes para ver si alguien me
oía, pero no obtuve respuesta. Saqué el móvil del bolso para avisar a Andres,
pero no tenía cobertura dentro del baño. Miré la hora y entonces lo entendí
todo. La cafetería había cerrado y no habían comprobado si había alguien en el
baño. Si, vale al entrar fui directa al baño, tal vez nadie se percato de mi
entrada. Pero, ¿ porqué cierran el puto baño con llave? pensé. Y al mirar la
ventana lo comprendí. Era fácil colarse por ella.
Calcule la ventana 50x50, dude de mi trasero, este no pasa. En ese momento escuche hablar a alguien dentro de la cafetería. “Todavía hay alguien”, pensé. Empece a golpear la puerta con todas mis fuerzas. A través de la puerta alguien me pregunto que hacia allí. Y antes de responder, una segunda voz dijo, apártese de la puerta que vamos a abrir. Para mi sorpresa dos nacionales con cara de pocos amigos me abrieron la puerta. Resulta que algún vecino escucho mis golpes y alerto a la policía, no era la primera vez que entraban a robar por el baño.
Les expliqué lo sucedido, pero uno de ellos no paraba de decir “ya no saben que inventar, sí,sí, narcolepsia”.Anda, suba al coche, me dijo, ya no recuerdo nada más.
lunes, 13 de mayo de 2013
Renacimiento - Silvia
RENACIMIENTO
El día de su renacimiento, Roberto entró en el
baño a las seis de la mañana, como venía haciendo desde que comenzó a trabajar
de camarero en el Ateneo, hacía ya quince años. Aquella mañana, sin embargo,
Roberto continuaba en el baño a las diez, sentado sobre la taza del wáter en la
misma postura que adoptó cuando entró en él. Llevaba tres horas observando un
pelo, pegado en forma caprichosa, en la pared de la bañera. Un pelo feo,
retorcido. Llevaba tres horas meditando acerca de aquel pelo, de lo sucio y
asqueroso que era. Roberto era un hombre limpio. Más que limpio, pulcro. Cada
día se duchaba y limpiaba en profundidad, su barba perfectamente afeitada, su
cabello cortado con regularidad y bien peinado. Uñas cortas, siempre blancas, y
vestido con elegancia y corrección. Aquel pelo simbolizaba toda la inmundicia
existente. Era, sin duda, el germen de su desgracia, el culpable de que el día
anterior le echaran del trabajo y de que no consiguiera jamás sentirse
realmente limpio.
Tomó la espuma de afeitar y la maquinilla.
Cambió la cuchilla y comenzó a untarse de espuma y a rasurarse, de arriba
abajo. Comenzó por la cabeza, continuó por cejas, barba, pecho, axilas, brazos
y manos, hombros y espalda, genitales, piernas y pies. Se miró al espejo y decidió
quitarse las pestañas también, utilizando unas pinzas. Se sentía más ligero,
pero no satisfecho. Todavía se encontraba sucio. Se dirigió a la cocina y cogió
un estropajo metálico por estrenar, de los que utilizaba para dejar las ollas
brillantes. De regreso al baño entró en la ducha. Utilizó el estropajo como
esponja, frotando con fuerza para eliminar la suciedad de su cuerpo. Una y otra
vez echaba gel en el estropajo y frotaba y frotaba hasta que se empezó a sentir
mejor. Por fin conseguía limpiarse completamente. El agua en el desagüe era
roja, su cuerpo un amasijo sanguinolento, su cara irreconocible. Pero se sentía
bien.
Cuando salió de la ducha decidió no vestirse,
esa ropa no estaba limpia. Abrió la puerta del baño y se encontró cara a cara
con su esposa, que acababa de llegar. La mujer soltó un chillido de espanto y
él la vio. La vio peluda, sucia, inmunda. Vio la casa, fuera del baño, sucia,
horriblemente sucia y regresó de nuevo al baño. Decidió no volver a salir nunca
más ni volver a hablar con ella, ni con nadie, seres sucios y asquerosos.
Sus parientes y amigos coincidieron en que ese
20 de abril fue el día de inicio de la locura de Roberto. Para Roberto ese fue
el día de su renacimiento.
Diálogo - Silvia
Levantó la vista y contempló los ojos que le
devolvían la mirada. Le parecieron unos ojos gastados, una mirada cansada,
agotada. No recordaba haberse visto así jamás. Abrió el grifo, llenó de agua la
cuenca que formaban sus manos y se lavó el rostro. Volvió a contemplar su
reflejo. No le gustó. Esos ojos reflejaban derrota. Se sentía desamparada,
rota, sola, débil y esos ojos no la ayudaban. Esa mirada no dejaba de
reprocharle cosas, estaba agotada, pero seguía atacándola.
-No has sabido hacerlo mejor. No sirves para
querer a nadie. Tienes lo que te mereces.
-¡No! ¡No puede ser! ¡No es así!
Una pequeña parte de ella se resistía a
aceptar las acusaciones, pero otra parte, oscura y pesada, le había dado la
espalda y le estiraba hacia abajo, enviándole mensajes a través de esos ojos
clavados en el espejo. Le parecía todo una broma cruel del destino. ¿Cuándo
empezó todo esto? ¿En qué momento estaba cayendo sin darme cuenta? ¿Quién se
está riendo de mí? La sensación de vacío era insoportable. Nada importaba
realmente, sólo esos ojos que no dejaban de atacarle.
-Todos estos años han sido una gran mentira…
-¡No! ¡No puede ser! ¡No es así!
Sus pequeñas fuerzas le estaban abandonando.
Iba ganando terreno el sentimiento de derrota, la tristeza, la frustación.
-Vaya mierda, niña, vaya mierda todo… y ahora,
¿qué?
Sintió lástima, lástima de esa cara, lástima
de los ojos tristes que la observaban. Se reconoció en esa lástima de sí misma,
y esa fue la gota que colmó el vaso. Una llama, alimentada por la rabia, crecía,
incontrolable.
-Ah, no. ¡Autocompasión sí que no! Ahora mismo
vas a levantar la cabeza, vas a salir de este espejo y vas a dejar de mirar
hacia atrás. Lávate la cara una vez más y sal al sol, al encuentro de los que
te quieren. Refúgiate en su calor y no vuelvas a lamentarte. Podrás sentir
muchas cosas, pero lástima no, no lo voy a permitir.
Obedeció automáticamente.
Mientras avanzaba en coche por el camino las
lágrimas le acompañaban, pero también la esperanza. El espejo quedó atrás y, en
él, el desaliento y su agonía.
Iba a vivir ésta vida, su vida.
el baño - Romanie
Es una habitación sin paredes, techo ni puerta. Es un espacio vacío entre hojas de higochumbo. Hay que agachar la cabeza un poco. La entrada la marcan unas baldosas de terracota mallorquina que entran entre dos pantallas de sabina y cañizo, a las que trepa una enredadera de jazmín en flor de fuerte aroma. Esta habitación sí que tiene suelo. Son dos palets con mosquitera entre madera y madera. En el centro hay un marco de ventana, también con red de mosquitera, de la que sale una cuerda que se alza sobre un codo del higochumbo que tenemos sobre la cabeza. Al final de esta cuerda hay un pompón de seda.
Hay un olor extraño y espeso. Algo entre empalagoso jazmín y seca cal viva. Las instrucciónes de uso son evidentes:
* Tirar del pompón, y ver cómo se abre la trampilla dejando ver una profundidad oscura de fondo encalado.
* Apoyar ambos pies a los lados de esta apertura y sentarse de cuclillas con los pantalones y ropa interio anteriomente bajada hasta las rodillas
* El cuerpo es naturaleza y en ese momento actúa solo.
Una vez que uno se siente liberado, solo queda un edor incómodo. Para ello a nuestra derecha encontramos un cubito de plástico azul lleno de cal viva y una pala. Uno recore una palada y la tida por el agujero tapando lo recién liberado.
También a nuestra derecha encontramos un rollo de papel de water colgado de otra rama, Esta ahora nos sirve para higienizarnos.
Una vez limpios, volvemos a abrocharnos la ropa y salimos de esta habitación sin paredes, techo ni puerta, siguiendo las baldositas de terracota hasta el jardín de una gran cas payesa de piedra viva.
En 1989 este lugar fue sustituido por un cubículo con techo, paredes, puerta y suelos blacos. Completamnte embaldosado. Un retrete blanco. Impresonal, uno como el que hay en todas las casas modernas del mundo, donde uno ya no vé nada ni forma parte del ciclo natural de la tierra.
Hay un olor extraño y espeso. Algo entre empalagoso jazmín y seca cal viva. Las instrucciónes de uso son evidentes:
* Tirar del pompón, y ver cómo se abre la trampilla dejando ver una profundidad oscura de fondo encalado.
* Apoyar ambos pies a los lados de esta apertura y sentarse de cuclillas con los pantalones y ropa interio anteriomente bajada hasta las rodillas
* El cuerpo es naturaleza y en ese momento actúa solo.
Una vez que uno se siente liberado, solo queda un edor incómodo. Para ello a nuestra derecha encontramos un cubito de plástico azul lleno de cal viva y una pala. Uno recore una palada y la tida por el agujero tapando lo recién liberado.
También a nuestra derecha encontramos un rollo de papel de water colgado de otra rama, Esta ahora nos sirve para higienizarnos.
Una vez limpios, volvemos a abrocharnos la ropa y salimos de esta habitación sin paredes, techo ni puerta, siguiendo las baldositas de terracota hasta el jardín de una gran cas payesa de piedra viva.
En 1989 este lugar fue sustituido por un cubículo con techo, paredes, puerta y suelos blacos. Completamnte embaldosado. Un retrete blanco. Impresonal, uno como el que hay en todas las casas modernas del mundo, donde uno ya no vé nada ni forma parte del ciclo natural de la tierra.
Sentada en el suelo del baño - Anahi
Sentada en el suelo
del baño casi tiritando. Llevaban tantos meses intentándolo, sin querer al
principio. Inés dejo de pensar en cuando ovulaba y luego el primer día de
retrazo, mas que angustia le generaba casi placer. Gustavo miraba niños ajenos
y deseaba en silencio la intima sensación de ver crecer a su hijo, un año más
tarde él lo dijo claro.
Hace tiempo que
siento el deseo de ser padre, se que no
lo hemos hablado en profundidad, pero creo
que a medida que transcurren los años y veo tanta miseria y tristeza,
los niños son los que me devuelven la
sonrisa y la ilusión, creo que no todo esta perdido y sé que es lo más noble que puedo y quiero hacer.
¿qué piensas?
Claro que si!!
respondió ella sin pensarlo. Comenzando la dulce tortura de prepararlo todo. Informarse
fue lo de menos, a un golpe de clic, horas de información desde la gestación,
hasta que tenían que invitar a la criatura de 27 años a que se fuera de casa.
Prefirieron no contar nada hasta tener las cosas mas encaminadas. Los primeros
5 meses fueron divertidos y estimulantes, pero a partir del sexto empezaron a
preguntarse que hacían mal. Involucraron por segunda vez a los médicos.
análisis y más análisis traían con si, una
fina nube de inquietudes y auto reproches. Todo estaba relativamente bien,
aparte de no ser ya tan jóvenes no existía un verdadero problema. Recordó que
el estrés era un inconveniente y se apuntó a la moda de la meditación, que la
ayudo con algunas manías pero de bebé nada de nada.
El método sinsotérmico les llevo a odiar el
termómetro. Se hicieron expertos en mucosidades. Sexo, piernas en alto media
hora, cojines en las cadera para facilitar el trabajo de la naturaleza. Más
meditación. Aceite de onagra, vitamina c, ácido fólico, tres raciones de calcio
al día, para ella y zanahorias y productos de soja para él. El tabaco fue fácil
de dejar, el alcohol fue otro problema.
Uno nunca sabe
cuanto desea algo hasta que la vida parece negártelo. Ellos se querían mas allá
de todo esto, se conformaron pensando que aunque no tuvieran a su bebe, al
menos estaban ganando una vida mas sana y dejaron de intentarlo. Inés calló en
una pequeña depresión y Gustavo la llevo aun viejo y regordete maestro de
acupuntura que gozaba de muy buena fama para superar la tristeza. Los
siguientes 2 meses se pasaron volando. Hasta que regresaron las sonrisas.
Otra noche sin
dormir, esta vez era miedo lo que la tenía paralizada. Ya no podía soportar mas
caras largas, silencios incómodos, miradas abatidas, hacia tiempo que ese
cuarto, el cuarto de baño era el más importante de la casa. Allí se cocían los
sentimientos mas profundos, y las largas tardes de llantos silenciosos. Cuanta
frustraciones se encontraban escondidas en el espejo, cubiertas con correctores
delineados y mascara de pestañas. Gustavo abrió la puerta y la encontró allí,
tiritando y llorando en el suelo, con
una prueba de embarazo positiva a los pies y otra aun metida en la taza de
flores descascara y múltiplemente reparada con los años. Un escalofrío le
recorrió el cuerpo. No supo cuanto tiempo lo mantuvo clavado en el suelo, tal
vez 7 segundos donde todas las imágenes
y emociones desbocadas de los últimos 2 años se le arremolinaban en la
mente y el pecho. Se acerco a la estantería y con mano firme cogió la prueba de
embarazo que en letras rosas decía, 6,7 semanas.
Domingo 21 de abril
del 2013… 7.46 hs de la mañana en el cuarto de baño.
El baño - Antonio
Me despierto sobresaltado, y siento un pinchazo terrible en las cervicales. Entre la desorientación repentina y el dolor agudo en el cuello, me quedo paralizado apenas intento levantar la cabeza. Sólo acierto a echarme la mano izquierda a la nuca. Al sentir la temperatura fresca de la palma de la mano sobre la nuca, consigo aliviar el nido de agujas que siento. Es un alivio mínimo, breve, pero me parece un triunfo. Dura lo suficiente para darme cuenta que tengo las piernas dormidas. Los párpados que hasta ahora apretaban fuerte, como intentando despistar al dolor, se abren despacio y parpadean cuatro o cinco veces, tan desorientados como yo, pero más autónomos. Mis ojos van enfocando a cada parpadeo, primero venciendo la telilla borrosa de un sueño profundo, y después adaptando su pericia a las condiciones de luz, escasa y mortecina del entorno. Estoy sentado y tengo los pantalones y los calzoncillos bajados hasta los tobillos. No es la imagen que esperaba al despertar.
Estoy aún tan aturdido que no soy capaz de reaccionar. Mi cerebro intenta hacer una evaluación de daños y buscar en algún rincón de la memoria qué coño hago aquí, en el cubículo de este baño de un metro cuadrado de azulejos azules, con una puerta llena de frases estúpidas que inevitablemente acabas leyendo. La primera que veo es “Aquí estuvo y triunfo Joshua”. Pienso en un profesor que tuve en el colegio que decía que el nombre de los idiotas está escrito en todas las puertas.
Acierto a mirar el reloj, son las tres y cuarto de la madrugada. Joder. Empiezo a recordar luces intermitentes y el sonido monótono de un motor. Un autobús, un viaje en autobús, hay mucha más gente, casi todos dormidos. Yo no puedo, no consigo conciliar el sueño, me siento incómodo, llevo diez horas de viaje, y aún quedan otras tantas. Atravesar el país tiene estos inconvenientes. Me duele el estómago, puta comida enchilada del puesto de carretera. Me siento agotado, pero no me puedo relajar. ¿Cuándo pararemos?
Mierda, ahora no me puedo mover, las piernas tardan aún más que yo en despertar, intento moverlas y apenas responden al estímulo. Ni siquiera ha comenzado todavía el incómodo cosquilleo previo a recuperar la movilidad. Ha pasado apenas medio minuto desde que desperté y ya recuerdo las luces de las estación de servicio en la que paró el conductor. Sólo iba a repostar. Me dijo que podía ir al baño, que en quince minutos nos íbamos. Eso sería sobre las dos y media, hace casi una hora. Joder. Quiero pensar que estoy en un sueño, esos apelmazados que parecen perseguirte como la realidad hasta rato después de haber despertado. Pero cuanto más en orden se va poniendo mi cabeza y mi cuerpo, más lejos estoy de ese sueño y más cerca de esta pesadilla.
Mis cosas, joder, mis cosas. Está todo en el autobús. ¿A lo mejor me han esperado? Joder. Aún no me puedo mover. La linealidad de mi pensamiento rescata el momento en que tras aliviar mi vientre, caí en un sopor que permití por unos segundos, hasta caer en un profundo sueño, del que ahora intento salvarme.
Me convenzo de que ya estoy solo, que no han esperado, que ahora empieza otra odisea odiosa, que no sé ni en que punto del país está esta estación, que no tengo la documentación, que mi mochila va en la bodega del autobús, que estás putas piernas tardan más de la cuenta en reaccionar. Para cuando consigo volver totalmente a mi ser y escapar de esta especie de jaula azul, me doy cuenta de que además, no queda papel. Joder.
Estoy aún tan aturdido que no soy capaz de reaccionar. Mi cerebro intenta hacer una evaluación de daños y buscar en algún rincón de la memoria qué coño hago aquí, en el cubículo de este baño de un metro cuadrado de azulejos azules, con una puerta llena de frases estúpidas que inevitablemente acabas leyendo. La primera que veo es “Aquí estuvo y triunfo Joshua”. Pienso en un profesor que tuve en el colegio que decía que el nombre de los idiotas está escrito en todas las puertas.
Acierto a mirar el reloj, son las tres y cuarto de la madrugada. Joder. Empiezo a recordar luces intermitentes y el sonido monótono de un motor. Un autobús, un viaje en autobús, hay mucha más gente, casi todos dormidos. Yo no puedo, no consigo conciliar el sueño, me siento incómodo, llevo diez horas de viaje, y aún quedan otras tantas. Atravesar el país tiene estos inconvenientes. Me duele el estómago, puta comida enchilada del puesto de carretera. Me siento agotado, pero no me puedo relajar. ¿Cuándo pararemos?
Mierda, ahora no me puedo mover, las piernas tardan aún más que yo en despertar, intento moverlas y apenas responden al estímulo. Ni siquiera ha comenzado todavía el incómodo cosquilleo previo a recuperar la movilidad. Ha pasado apenas medio minuto desde que desperté y ya recuerdo las luces de las estación de servicio en la que paró el conductor. Sólo iba a repostar. Me dijo que podía ir al baño, que en quince minutos nos íbamos. Eso sería sobre las dos y media, hace casi una hora. Joder. Quiero pensar que estoy en un sueño, esos apelmazados que parecen perseguirte como la realidad hasta rato después de haber despertado. Pero cuanto más en orden se va poniendo mi cabeza y mi cuerpo, más lejos estoy de ese sueño y más cerca de esta pesadilla.
Mis cosas, joder, mis cosas. Está todo en el autobús. ¿A lo mejor me han esperado? Joder. Aún no me puedo mover. La linealidad de mi pensamiento rescata el momento en que tras aliviar mi vientre, caí en un sopor que permití por unos segundos, hasta caer en un profundo sueño, del que ahora intento salvarme.
Me convenzo de que ya estoy solo, que no han esperado, que ahora empieza otra odisea odiosa, que no sé ni en que punto del país está esta estación, que no tengo la documentación, que mi mochila va en la bodega del autobús, que estás putas piernas tardan más de la cuenta en reaccionar. Para cuando consigo volver totalmente a mi ser y escapar de esta especie de jaula azul, me doy cuenta de que además, no queda papel. Joder.
jueves, 25 de abril de 2013
Cuaderno de bitácora: Sesión 43
Sesión 43
21 de abril de 2013, seis de la tarde, reunión en Es Pou de s'hereva. Asistimos a la sesión: Pau, Rocio, Jason, Romanie, Anahi, Guille, Silvia, Cristina y Antonio. En esta sesión se incorpora al grupo Cristina.
Ejercicio: Escribir una situación que ha de comenzar en un baño, y en la que éste ha de tener un papel principal.
Lecturas compartidas:
21 de abril de 2013, seis de la tarde, reunión en Es Pou de s'hereva. Asistimos a la sesión: Pau, Rocio, Jason, Romanie, Anahi, Guille, Silvia, Cristina y Antonio. En esta sesión se incorpora al grupo Cristina.
Ejercicio: Escribir una situación que ha de comenzar en un baño, y en la que éste ha de tener un papel principal.
Lecturas compartidas:
- Fernando Pessoa: "En palabras y en imágenes".
- Alessandro Baricco: "Seda"
- Luis Izquierdo: "La piel de los días"
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