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domingo, 24 de marzo de 2013

 “El de su voz es un recuerdo  que me hace perder el conocimiento frente a esta conjunción celeste y verde de mar y cielo."
                                                                                                                         de Alejandra Pizarnik, en Poesía Completa, Lumen , pág. 359.

   En la montaña , fresca la lluvia devuelve  la voz mía, llena de  multicolores peces, llena de jaulas vacías. Ningún recuerdo puede  finalmente con tanta consistencia.

lunes, 18 de marzo de 2013

Kandinski: Hassan Ahmar

Kandinski consideraba que el negro era un color negativo, tanto desde el punto de vista formal como del conceptual. Sobre su profusa utilización en el Diluvio el intercambio epistolar que mantuvo con Van Loberg primero "... el negro absorbe la luminosidad de los colores del lienzo creando depresiones en el espacio pictórico [...] la semántica cromática  ofrece claramente el mensaje de la obra en el contraste que hay entre los oscuros tonos de la tormenta y la refulgente luz de las flores, se define un espacio de esperanza, la luz ante la muerte..." y más tarde a Viorel Magorszaj "...  en un espacio visual dinámico no representa esa anomalía (el negro), no retiene la fuerza formal que en la pintura, espacio estático, y sólo el luto o la noche llegan a crear esa sensación de congoja o desazón en el alma ..."     aporta información vital a la hora de abordar líneas interpretativas sobre la obra, notas que la crítica contemporánea desconocía, de ahí lo excepcional, por lo acertado, del artículo de  Johannes deGroop publicado en el número de enero de 1914 de Aartz Welt bajo el título Kandinski, mensch av gaart vastra decht.

    "Kandinski ha logrado alcanzar el espacio cósmico, infinito, que había estado buscando; las formas oscuras que abruman las dos terceras partes del lado izquierdo de la composición y el área más abierta que hay a la derecha sirven simultáneamente para aligerar y acentuar su saturada atmósfera. Sin embargo, la orquestación percusiva, musical, de los colores y de las lineas, también crea un sentimiento de expectación. Aunque, en realidad, el DIluvio se cierne sobre nosotros, más allá de él yace la promesa de un nuevo mundo."

"Caminos a lo absoluto", de John Golding. Ed. Turner, Fondo de cultura económica. Página 133

martes, 15 de enero de 2013

¿Y ahora qué? - Antonio

-Bueno, ya te has casado. ¿Y ahora qué?
 Fue el primero en hacer esa pregunta, o mejor dicho, en formular esa pregunta que yo me venía haciendo desde por la mañana, desde la ceremonia y aun antes, desde la víspera. Había pasado la noche con sueño superficial y agitado, probablemente durmiendo pero creyéndome insomne, soñando que no dormía, despertándome de veras a ratos. Hacia las cinco de la madrugada había dudado si encender la luz, pues al ser primavera ya veía el anuncio del alba que alcanzaba la calle por la persiana subida, podía discernir mis objetos y muebles, los de mi alcoba. "Ya no dormiré más solo, más que ocasionalmente o de viaje", había pensado mientras dudaba si encender la luz o ver avanzar el alba por encima de los edificios y sobre los árboles.
Había sido él desde mi niñez quien había formulado en voz alta mis temores. Su mirada, irónica y reprobadora, sobre mí, por encima de mí. Su presencia imponente, impositiva, las preguntas siempre de su lado, las dudas siempre del mío. Nada de lo que hiciese o pensase estaría libre de su juicio, sutil, ni cerca de igualar al menos su umbral de lo aceptable. ¿Y ahora qué? Él, maestro de desequilibrar las vidas por inercia. Incapaz de admitir un movimiento sin tener claro el siguiente. La luz de la tarde, inundaba el despacho de mi padre y mi rostro. Mientras él continuaba de pie tras de mí, era yo quien le daba esta vez la espalda, viendo la fiesta del jardín, a mi esposa, felíz, bailando, aún con el vestido de novia, ignorante de mis dudas y mi soledad, ignorante de que ahora mis fantasmas eran los suyos.
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Julián Marías: "Corazón tan blanco" 

Con el invierno - Guillermo

Con el invierno llegó el frío y se desataron las grandes lluvias. El cielo dibujaba, violento, ases de relámpagos proyectándose vertiginosamente de un extremo a otro del horizonte. El viento, por su parte, arrancaba viejos árboles, hacía estallar los cristales de las cabañas de la aldea, y desbocaba la superficie de los lagos. De cuando en cuando, el trueno pronunciaba su suerte de eco malvado y cruel. En tanto, las aves emprendían forzosamente una temprana migración hacia los valles montañosos del sur. La tormenta descendía sobre la tierra. Comenzaba un nuevo tiempo. Hasta el atardecer continuaron avanzando los hombres. Querían encontrar un refugio ante aquellos  elementos simples que atormentaban el cuerpo y penetraban muy adentro para apagar el alma sensible: el agua que caía. Los cuchillos del viento. El blanco cegador. El silencio. Todo quedó al descubierto. Un puñado de errantes enloquecidos. Una larga huida. Una trampa. Por la tarde, los errantes encontraron un techo bajo el que cobijarse. Era un monasterio abandonado y en ruinas, una fortaleza de piedra en la ladera de una montaña remota. Muchos años  antes, tal vez durante una epidemia de peste, los últimos monjes habían escapado de ahí para morir en otros lugares.
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Amos Oz: "Hasta la muerte"

Viajó - Pau

Viajó.
Conoció la dicha del amor, el despertar a un nuevo día con la alegría de la flor que sólo espera un poco de sol antes de la helada. Creyó que el mundo podía ser conquistado con las fuerzas de su corazón, y la vida como emblema. Pobre mortal doliente, barro ilusionado.
Regresó.
Frecuentó el mundo, tuvo aún otros amores. Pero el recuerdo del primero los volvía insípidos; además, la vehemencia del deseo, la flor misma de la sensación, se había perdido. Las ambiciones de su espíritu también habían disminuido. Los años pasaron; y soportó el peso de su inteligencia y la inercia de su corazón.

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Gustave Flaubert

amor - Romanie


Aquel, que se decía bello, no comprendía la amistad. Mi padre, que era cruel, tenía amigos y sabía amarlos, siendo insensible a la decepción, que es avaricia frustrada, la decepción es bajeza, porque lo que primero has amado en un hombre, ¿en qué se ha destruido si hay en él otra cosa que no amas? Pero tú transformas inmediatamente en esclavo al que amas o que te ama, y si no asume las cargas de esa esclavitud, lo condenas.
¿Y qué queremos decir cuando nuestros labios pronuncian la palabra amor? Mi padre era insensible al amor y reconocido solo como insensible a la decepción de los labios de mi padre no se escuchó jamás la palabra amor, ni su rostro expresó empatía, mostrándose frío y claro, amó intensamente. No era esclavo de su sentir.
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"Ciudadela" de Saint Exupéry. pág 144

La habitación - Marcela


Sólo me separaban la puerta de hierro y cristal, un par de metros y el paso de los años de aquella habitación.
Al entrar se agolparon en mi mente recuerdos que creí olvidados como el olor a madera de cedro de las numerosas estanterías que guardaban los libros de mi abuelo.

A mi siempre me gustaba entrar en aquella habitación; frondosas sombras verdes jugueteaban en el techo, y en su silencio irrumpían el piar de los pájaros y el cercano zumbido de las abejas. Al lado de la ventana había, sobre un caballete, un gran tablero para dibujar, y junto a las paredes se alzaban hasta el techo filas de libros.

Pasé horas y horas entre estas paredes consultando cientos de libros, que sin saberlo entonces, marcarían el rumbo de mi vida.
De aquella habitación ahora sólo queda la fragancia de las estanterías de cedro vacías, el caballete junto a la ventana, y mis recuerdos, que en apenas una semana, serán lo único que sobreviva a un progreso que se impone con furia. Con furia y con una gran autopista que atravesará esta habitación como ella atravesó mi corazón.
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“Los acantilados de Mármol” de Ernst Junger

“A mi siempre me gustaba entrar en aquella habitación; frondosas sombras verdes jugueteaban en el techo, y en su silencio irrumpían el piar de los pájaros y el cercano zumbido de las abejas. Al lado de la ventana había, sobre un caballete, un gran tablero para dibujar, y junto a las paredes se alzaban hasta el techo filas de libros.”
pag.43

Cuaderno de bitácora: sesión 15

27 de octubre de 2011, ocho de la tarde, nos reunimos en Can Analia i Jose. Asistimos Pau, Romanie, Analia, Guillermo, Jason, Marcela y Antonio.

Ejercicio: Elegir un párrafo de un libro de otro autor, y escribir antes o después de párrafo, escondiéndonos en otro escritor. El reto es descubrir qué párrafo es nuestro y cuál del autor original.

Lecturas compartidas:
  • José María Alvarez: "Museo de cera"
  • Artículo del país: "Máquina redactora"