-Hola Susana, te llamo por lo de las clases de cocina.
- Ah! Sí! ¿te interesaría apuntarte?
- Si. Hace mucho que quiero aprender a cocinar algo más que los platos simples que me mantienen viva. Quiero aprender a disfrutar de los sabores.
-Pues entonces estás llamando al lugar correcto. ¿Cómo es tu nombre?
-Yo me llamo Raquel.
-Bién, Raquel, ¿te va bién venir el viernes a las 14h a la escuela?
-Pues no puedo el viernes a esa hora, ¿no tienes otra hora?
-El sábado a la mísma hora.
-El sábado sí que puedo. Pero, perdona, ¿me puedes explicar más acerca del contenido de las clases.
-La verdad es que tengo unos principios que me gusta seguir. Cada persona que viene a clase no debe saber de antemano lo que haremos, ni con quién va a trabajar, ni los ingredientes y herramientas de las que dispondrá. Al principio de la clase daré una clave, un objetivo a tener en cuenta. Yo sólo estaré para ayudar con las questiones técnicas de elaboración.
-Susana, esto me parece muy interesante. El sábado nos vemos a las 14h pues.
-Bueno, si os parece, vamos a empezar con los diálogos. ¿Empiezas tú Pau? – dijo Antonio iniciando la sesión.
- Lo siento, pero vengo sin los deberes hechos. He estado ocupadísimo esta semana – dijo Pau con algunas notas poco convincentes en su voz. Él sabía que la excusa era poco convincente, que hubiera bastado un ratito delante de un papel para llevar cualquier cosa y salir del paso. Pero íntimamente, constaba que la imaginación se le había ido secando, si es que alguna vez la tuvo, que su incapacidad para crear cosas, por pequeñas que fueran, iba alcanzando proporciones paquidérmicas.
- Bien, no pasa nada, Pau, la semana que viene traerás algo estupendo- dijo Antonio esforzándose por aliviar cualquier tipo de tensión en su amigo. – A ver que traes a tu Jason.
Y mientras Jason iniciaba la lectura de un abstruso diálogo que apenas nadie llegaba a entender, Pau, enfrascado en sus pensamientos y con mala conciencia, se juró que el próximo miércoles sería un buen chico y vendría con el trabajo hecho.
b. no, mejor que no, que luego no quiero que me entren ganas de mear cuando estemos ahí fuera.
a. tienes razón, es una mierda tener quee quitarse los guantes y sacarla
b. tampoco es que mate, pero prefiero evitarme la incomodidad, y el té me da muchas ganas de mear. Ya beberé a la vuelta.
a. ¡Ah! Se me olvidaba, hemos de decirle a Lina que llegaremos un poco más tarde, a la vuelta hay que pasar por casa de Tobías para devolverle las raquetas. A ver si nos acordamos de decírselo.
b. mejor escribo una nota por si acaso. Además Lina duerme.
a. ¡Ostia! Menuda cogorza pilló ayer. No creo que se levante hasta tarde; tienes razón, déjale una nota.
b. ¿dónde tienes un boli?
a. detrás de ti, en el segundo cajón. También hay papel.- Jonas abrió el cajón, sacó el boli y papel y garabateó unas palabras. Dejó el escrito sobre la mesa de la cocina y se puso el abrigo y los guantes.
b. vamos – le dijo a Tourlot, y ambos salieron de la casa y se perdieron en el mar blanco.
4
... de corte posicional.
no sé... él se siente incómodo con el caos, habría que buscar situaciones irracionales – opinó Emil.
Sasha asintió y pareció perderse en su mundo durante unos instantantes, pero de pronto su rostro se iluminó - ¡tenemos que hablar con McShane!, creo que su estilo es la antítesis del de Grivas.
Emil asintió – creo que Vainstein tiene contacto con él. Tienes razón, hay que traerse a McShane.
Sasha se levantó emocionado – voy a descargarme ahora mismo las partidas de Lucke y empezaré a estudiar su enfoque del juego. No creo que esté muy alejado de mi visión, ciertamente complementará mi preparación. Nos puede ser de gran ayuda.
Emil apuró su té y se levantó del sillón, cruzó la sala y se dirijió al portátil – voy a ver si Vainstein está conectado, quiero saber cuanto antes si Lucke está disponible.
bien – dijo Sasha – si dice que sí saldremos a cenar para celebrarlo.
6
- Lo mismo podría decir ella – replicó Javier.
Carmelo tomo aire y volvió a sumergir la cabeza en el agua. Javier siguió cepillándose los dientes, hasta que un minuto más tarde Carmelo tomó aliento – Mari puede decir misa, lo que importa no es eso. Hay que joderse con tanta tontería. ¿Por qué no se ocupará cada uno de sus asuntos?
Javier escupió en la taza del vater, tenía los labios llenos de espuma rosa, parecía un payaso - - mira, Mari es tu hermana y digo yo que algo tendrá que decir sobre lo que se dice sobre el asunto. Pero vaya, si te molesta tampoco tienes porqué hacerle caso, sólo es su opinión.
Carmelo volvió a tomar aire y se volvió a sumergir, como si necesitase aislarse del mundo para poder pensar antes de responder. Esta vez estuvo más de dos minutos bajo el agua. Javier ya estaba a punto de salir del baño cuando Leviathán surgió de las aguas. - ¡me cago en su puta madre y en su opinión! - gritó Carmelo enfurecido, incorporándose y salpicando agua por todo el baño.
Ehhh! Tranquilo, ahora qué te pasa – le tranquilizó Javier.
¡es que la mato! Me acabo de acordar de la silla y de lo dijo. ¡Diós! ¡La mato!
¿qué?
Ya te contaré, pero primero espera que la pille.
Estás zumbado si haces caso de lo que dijo la silla, o a caso no te acuerdas de qué dijo el ebanista: que esa silla era una mentirosa compulsiva.
⁃ ¿Qué tal tu fin de semana?
⁃ Ya que lo mencionas, ha ido genial, hemos ido a dar una vuelta en el barco de Vicent y Cati con los niños y nos lo hemos pasado estupendamente
⁃ Claro que sí, el mío ha sido también una maravilla, nos hemos ido en uno de esos vuelos con Ryanair super baratos a Roma, que no la conocía. Me ha encantado, aunque se ha hecho muy corto.
⁃ Por supuesto, ni qué decir tiene que teníamos que haber ido más preparados para el calor, porque ha apretado bien fuerte, pero a los niños les ha encantado, ¡si hasta estuvimos pescando! Tengo el pulpo que cogimos en el congelador, para el viernes nos lo comemos.
⁃ Aunque puestos a elegir creo que es mejor aprovechar esas ofertas para estar un poco más de tiempo en los sitios, porque te quedas con las ganas de verlo todo. ¡Pero hay que ver lo bien que se come en Roma! Y los helados ¡Vamos, donde esté un helado italiano que se quiten los Valencianos!
⁃ Claro que sí, y espero que a la próxima no se maree nadie, porque mi Joel se mareó y estuvo vomitando, menos mal que fue a última hora y que ya volvíamos a puerto que si no, menudo mal rato.
⁃ Es una lástima, aunque tal vez ir a una ciudad más pequeña como Brujas...
TRADUCCIÓN 1:
⁃ ¿Qué opinas sobre la inmortalidad del cangrejo?
⁃ Excelente pregunta, ya que lo mencionas ahora mismo iba a hablarte de la caída de la bolsa en Japón, esto nos va a afectar seriamente...
⁃ Claro que sí, qué seres tan caprichosos estos cangrejos, mira que ponerse a andar hacia atrás, cómo les gusta llevar la contraria, ¿a tí te gustaría poder andar hacia atrás? A Michael Jackson le salía muy bien...
⁃ Por supuesto, ni qué decir tiene que ya no pienso volver a cenar en un japonés, y menos de los buenos, que como traigan el pescado importado para el sushi...
⁃ Aunque puestos a elegir, sería mucho mejor ser un mono que un cangrejo. Siendo un mono podría coger cosas con los pies, aunque pensándolo bien tengo una amiga que ya puede hacer eso, cambia de canal sin soltar siquiera en cenicero.
⁃ Claro que sí, y espero que me reembolsen el billete que ya tenía comprado, ¡con la ilusión que siempre me había hecho ir a Japón! Ahora me quedaré con las ganas.
⁃ Es una lástima, aunque tal vez ser tortuga...
Quizá la TRADUCCION 2 no sea la más correcta, puede que sí estén hablando de lo mismo después de todo. Hagamos mejor una TRADUCCIÓN 3:
⁃ Yo, yo, yoyoyoyo
⁃ Yo, yo, yo,... yo, yo.
⁃ Yo, yo, yo, yo ¿Yo?
⁃ ¡Yo! Yoyoyoyo, yo, yo-yó.
Se ha disipado la brisa al levantarse el viento del atardecer. El ruido de las ramas y las hojas en este silencio se ha vuelto estruendoso.
- ¡Armand! ¡Armand! Entra, vamos, entra.
La luz del día es aún blanca. El mar que se ve al fondo es aún azul. Apenas pestañea. Su mirada no ha cambiado en toda la tarde.
- ¡Armand! – La tercera vez que lo nombra, su voz va perdiendo fuerza. Deja de gritar a través de la ventana de la cocina y se dirige a alguien dentro – Max, por Dios, dile algo tú. No se ha movido de allí en toda la tarde.
-No molesta a nadie, déjalo, ya entrará, todavía queda una hora de día.
-Pero va a coger frío, está en manga corta. Ni siquiera ha entrado a merendar.
- No le va a pasar nada. Si tanto te preocupa llévale una chaqueta – Max sigue sentado en la mesa de la cocina atando pequeños ramos de hierbas aromáticas que ha recogido poco antes – A su edad el frío del atardecer es un desafío.
- Claro. Sí luego se pasa la noche tosiendo, seré yo quién se levante.
Suena un teléfono. Una, dos, tres veces, Max deja el último ramo que estaba atando, se levanta y va a contestar la llamada a un salón al fondo del pasillo. Antes de descolgar sabe quién llama y sus ojos aclarados por la edad brillan al hablar.
- Hola querido. ¿Cómo estás?
- Hola Carlos, bien, estoy bien. ¿Cómo estás tú? ¿Cómo va el día?
- Está siendo un día entretenido. Estoy preparando unos ramos de hierbas aromáticas. Cuándo vengas con las niñas te podrás llevar unos pocos.
-¿Y mamá?
- Ahí está. La he tenido en la cocina toda la tarde. No ha dejado de mirar al horizonte y llamarte continuamente. Creo que hoy está en vuestras vacaciones de verano en la costa vasca.
- ¿Cómo lo sabes?
- No ha dejado de llamarme Max en toda la tarde.
- Tienes una paciencia admirable. Mi padre hace ya más de tres meses que no llama para preguntar por ella – Hay un silencio en los dos lados, sin tensión, sólo una tregua sobre las cosas que hacen daño - Carlos, sabes que no tienes porqué estar ahí. Sabes que a mí no me has de explicar nada. Podemos buscar una alternativa para mamá…
-Armand, para, Armand, déjalo, de verdad. Lo hemos discutido muchas veces querido. No sabría estar en otro sitio ahora mismo. No sabría qué hacer sabiendo que ella se apaga y que yo estoy lejos.
- Carlos sabes que para mí siempre has sido mi padre “real”. No tienes cuentas que saldar. Tu hermano Max no fue más que un lamentable accidente en nuestras vidas…
- Armand, querido, déjalo. Armand, me gusta hablar contigo cada día, te espero mañana. Le daré un beso a tu madre. Cuídate.
Carlos cuelga el teléfono, y durante un instante, antes de dirigirse a la cocina, se frota los dos ojos con una mano. Al llegar, Margot sigue sentada en la silla de ruedas frente a la ventana y al horizonte.
-Era Armand, ya ha entrado, en un rato bajará a cenar.
Margot calla con el sol rojo poniéndose en el nácar de sus ojos ciegos.