sábado, 21 de junio de 2014

Pune - Romanie/Guillermo


(Romanie)

Habían sido dos meses expuestos al intenso y constante movimiento de una gran ciudad asiática.
Al salir de la cápsula del avión y entrar en contacto con otro aire, ella fue despertada por un silencio. Un doble silencio, tanto de sonido como de olfato.
Pasaron unas horas de espera en el aeropuerto y otras en el siguiente vuelo. Al bajar de avión, mientras sus “recientemente-despertados sentidos” se regocijaban en ese nuevo espacio, de pronto se quedaron a la sombra de otro despertar: la vista.
La nitidez con la que veía un paisaje urbano cualquiera le fascinó tanto que se lo explicó varias veces esa misma tarde a diversos familiares. Sabía que era una de esas experiencias que solo se podrán vivir. Se dio cuenta de que realmente se lo estaba explicando a ella misma.
A estos tres despertares se le sumó un cuarto. El sabor de las olivas verdes partidas y ese primer sorbo de vino tinto.
La intensa vivencia de esa experiencia fue desintensificándose a medida que pasaba el tiempo y esa gratitud espontánea se veía sustituida por una acartonada, provocada por el recuerdo, pero ella tenía la certeza de que esto había quedado marcado en su fibra y algo había cambiado.

(Guille)


Esta mañana en el taller es distinta a otras. Me inquieta esta maravillosa luz, se presenta dulcemente desconocida. Un remolino de sensaciones sacuden todos mis sentidos. Nuevos estímulos detienen mi pincel. La tierra huele como no había olido nunca. La brisa trae el mar hasta mi ventana. Puedo escuchar el murmullo de las acículas de los pinos, el canto de los pájaros palpitando en mi interior, tan lejano y tan cerca, del imbécil estruendo de impertinentes bocinas. Busco un ocre o un azul habitual, pero se mezclan confusos sobre la madera. El color quiere ser otro por momentos. Mi mano dibuja un trazo, decide una pincelada, luego se pregunta entre silencios. 

Requiem por la pradera oriental - Guillermo/Romanie

Nota: En Septiembre de 2013, el Parlamento Uruguayo aprobó una polémica ley de minería que habilitaría la instalación por primera vez en el país de enormes proyectos a cielo abierto y que ha provocado múltiples protestas sociales, ambientales y políticas.
Proyecto de Megaminería Aratirí
El fiscal Enrique Viana cuestionó este proyecto, en pos de salvaguardar el medio ambiente. En su escrito, el Fiscal describe que el proyecto de mina a cielo abierto afecta en el centro del país un área de 150.000 ha, con un mineroducto de 230 km de largo, que atravesaría los Palmares y los Humedales de Rocha, hasta un puerto en la costa oceánica, y sus previsibles e imprevisibles impactos ambientales, para cuestionar después, desde el ángulo legal, las tratativas del gobierno con la minera.
[]Se prevé la extracción de 18 millones de toneladas anuales de hierro por un período de 30 años. En los documentos presentados a la Dirección de Medio Ambiente como parte de la solicitud de autorización ambiental previa la empresa expresa que se espera que el proyecto opere 20 años, plazo en el que se habría extraído todo el hierro recuperable. Algunas de las minas proyectadas se agotarán en los primeros 10 años de explotación. El proyecto implica una inversión de 3000 millones de dólares, la mayor realizada en el país.
El proyecto minero en Uruguay está compuesto básicamente por tres partes:
Un complejo minero (zona de minas y planta de beneficiamiento) que abarcará 6.210 hectáreas de los departamentos de Durazno y Florida. Se añaden molinos de trituración, instalaciones para la separación del hierro por campo magnético y un embalse, ya que el proceso requiere gran cantidad de agua.
Un mineroducto que transportará el concentrado de hierro de la zona de mina hasta la terminal portuaria. Se desarrollará en los Departamentos de Durazno, Florida, Lavalleja, Treinta y Tres y Rocha. El acceso a él se dará a través de las Rutas 7 (acceso a la cabecera norte), Ruta 8 (acceso al punto medio del mineroducto) y Ruta 9 (acceso a la cabecera sur).
Una terminal portuaria se emplazará en el Departamento de Rocha, en la zona conocida como La Angostura situada sobre el arco de costa enmarcado por las salientes rocosas de Cabo Polonio (aproximadamente 34 km al suroeste) y Punta del Diablo (aproximadamente 12 km al noreste). El acceso a la terminal se dará a través de la Ruta 9. En esta zona también se prevé un emisario submarino para el vertido de aguas. Ese emisario que no había sido incluido en la primera versión del proyecto permitirá el desagote de excesos de agua hacia el océano en caso de lluvias extremas. No obstante, la oposición y movilización de los pobladores locales y de balnearios cercanos por las consecuencias negativas de la obra sobre el turismo en la zona, sumada a la parálisis del proyecto de la minera Aratirí y el fuerte impacto medio-ambiental en un área de gran importancia ecológica hicieron desistir de llevar a cabo la construcción de una terminal portuaria para uso exclusivo de Aratirí entre los balnearios de La Esmeralda y Punta del Diablo. (ver Gobierno desechó idea de Aratirí para puerto de aguas profundas)
Por decisión del presidente uruguayo José Mujica se estableció la nueva ubicación de un puerto de aguas profundas en la zona conocida como El Palenque, entre La Pedrera y Cabo Polonio. Aún restan realizarse los estudios de impacto medio-ambientales y socio-económicos pertinentes. 


(GUILLE)

Réquiem por la Pradera Oriental
o el canto del Río de los Pájaros Pintados


El campesino apretó en su mano
un puñado de tierra desgastada
Supo de lo amargo en su propia carne
Pensó en su abuelo blandiendo la espada
Reconoció el brillo en sus ojos, la sangre fértil
No en vano derramada.

Vio a sus animales cayendo uno a uno.
La sequía quemaba sus campos,
el agua corría contaminada
por los afluentes del Plata.

Subió a su caballo
Galopó en firme cruzada
hasta el último rincón del territorio
A su paso salían miles
Y miles entraron en las ciudades.



(ROMANIE)

 Me rodea un paisaje asalvajado cuyo horizonte se difumina con el cielo abierto y grande. Es el lugar de mi vida y la de mis antepasados. Hoy me agacho para tocar la tierra y mi puño se cierra sobre ella sintiendo el calor y el dolor que contiene.
   Quiero imprimir este juego de luces en mi recuerdo y mano busca sentir su pulso por última vez.
Esta tierra está sentenciada a una transformación profunda donde no creo que sobreviva la operación de corazón abierto. Me despido de ella antes de que vuele su alma.

sábado, 26 de abril de 2014

Cuaderno de bitácora: sesiones 60 y 61


Sesión 60

 

Domingo, 9 de febrero de 2014, seis de la tarde, reunión en Can 401. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Romanie, Paco, Cris, Guillermo, Anahi y Antonio.


Ejercicio:  Escrito en tercera persona y en pasado. Lo continuará un@ compañer@ en la siguiente sesión.

 Compartimos los textos de Cristina:
  • http://elgrupociento34.blogspot.com.es/2013/08/el-tocapelotas-cristina.html

Sesión  61

Viernes 7 de marzo, ocho de la tarde, reunión en Can Alone. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Romanie, Paco, Cris, Guillermo, Anahi y Antonio.

Ejercicio: Reformulamos el texto de un@ compañer@ de la sesión anterior, esta vez en presente y en primera persona.

Lecturas compartidas:
  • Jean Echenoz: "Relámpagos"
  • Leopoldo Mª Panero: "Agujero llamado Nevermore"


Agradecimiento - Silvia 2


Dos perros nos saludan al entrar. Sus dueños nos acogen amablemente y empieza el reencuentro con los literatos. Algunos están allí, otros llegan mientras observamos las obras de arte que crea pacientemente la anfitriona.
Empieza la sesión. Mi mirada absorta en el fuego del hogar. El torbellino de mi mente logra concentrarse y penetrar, mediante los fantásticos relatos que van surgiendo de la boca de sus creadores, en su rico mundo interior.
Muchas gracias.

75 palabras - Anahi



Por la ventana veo el día envejecer, digno, majestuoso, su tiempo termina para que puedan venir los siguientes, ni un arrebato de malicia deseando permanecer más de la cuenta. Sentada en la hamaca siento la paz de saber la tarea cumplida.
  Dejaré mis sueños inconclusos en las nubes para que rieguen el trigo, o los arrastre el viento, se enreden en el pelo de los niños, les veré perderse en la distancia. Es mi destino.

Finalizan dos meses de estancia en Pune - Romanie


Olores intensos, bocinazos constantes, caos fluido, inpuntualidad aprobada, inciensos  fragantes, multiples dioses, rickshaws, CO2, murciélagos fruteros, perros moribundos,orina humana, smartphones, azafrán, mendigos profesionalmente desaseados, millonarios relativos, monos, todo es negocio, picante angustiante, belleza sucia, crueldad, colores radiantes, circulación salvaje, ni hola ni adios ni gracias, abundante oro y brillantes, patrones hipnotizantes, aroma de cardomomo y rosas. Belleza y atención para los Dioses. Sacrificio y mugre para los ciudadanos.

75 palabras - Silvia



Roberto subió a lo alto de la colina. El día era hermoso, soleado, los pájaros cantaban. Desde allí se disfrutaba de una preciosa vista del valle. La colorida aldea de casas antiguas relucía junto al río, que trazaba su camino plateado.
Era todo un acontecimiento que el presidente viajara hasta allí a conocer su tradicional fiesta de la cerveza.
Buscó un lugar cómodo, armó su rifle, comprobó el ángulo de tiro y descansó mientras esperaba.

Cumpleaños feliz - Cristina


Mi vecino cada año celebra su cumpleaños por todo lo alto ,él no lo sabe pero tenemos algo en común.Los invitados eran muchos más que en años anteriores.Entre tanto alboroto alguién empezó a cantar cumpleaños feliz, me coloque delante de la tarta inspiré profundamente y exhale el aire a mis cincuenta velas, acto seguido subi al dormitorio mientras el ruido a través de la pared revelaba que este año ,el suéño, llegaria al amanecer.

75 palabras - Antonio

Rafa y yo crecimos juntos en este barrio de cemento y fronteras imaginarias con el único horizonte de la playa abierta al sur, un pueblo abierto al mundo que espera que todo llegue desde lejos. Fronteras mentales con los ojos abiertos, abrazados por el gris y vistas al mundo más allá del azul. Queríamos abarcarlo y cambiarlo todo, hasta comprender dónde llegaban nuestros brazos, nuestras ganas y diferenciar los sueños de arena entre los dedos.

Cuaderno de bitácora: sesión 59


Sesión 59
 
Domingo, 26 de enero de 2014, seis de la tarde, reunión en Can Liliput. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Paco, Cris, Guillermo, Anahi y Antonio. Romanie envia su texto. Silvia 2 asiste como oyente

Ejercicio:  Microrrelato de 75 palabras.

 Compartimos los textos de Silvia.
  • http://elgrupociento34.blogspot.com.es/2013/10/un-cuento-de-mar-silvia.html

- Lecturas compartidas:

  •  John Burnside: poema "Otra vida"

Momento congelado - Romanie

Una bouganvilla magenta y otra rosa viven abrazadas a la casa. Comparten el patio con kalanchoes y un viejo hibisco. Junto a ésta, hay unos escalones que unen la casa con un muro blanco. Al otro lado de este muro viven otras plantas, pero la que asoma al patio es la adelfa.
  El hibisco habla cada día con sus vecinas las bouganvillas. Negocian el espacio que cada una puede ocupar y la humedad que absorben. También se ayudan, a algunas horas del día una da refugio a la otra y viceversa. El hibisco también quiere acercarse a la adelfa. Se miran y hablan desde un extremo al otro de la escalera y el muro que las divide. La adelfa ve mucho más desde su ubicación. El hibisco lleva toda la vida en el patio. Le pregunta cómo es la vida al otro lado. Anhela sentir las brisas que tanto la hacen bailar pero reconoce que tienen constituciones distintas y aunque un día llegue a elevarse tanto para ver al otro lado y sentir las brisas del valle, nunca se moverá con tanta elegancia como ella.
   A la adelfa le gusta ese protagonismo que le da el hibisco y se crece tanto contando historias del otro lado, que a veces mezcla la fantasía con la verdad y se le escapan mentirijillas. Ahí es cuando la bouganvilla magenta que también ve al otro lado, le da un toque de atención, pero al hibisco le da igual que sea verdad o no, simplemente le encanta escuchar historias del más allá.
Abajo entre las rocas del patio,  se ha instalado un a familia de kalanchoes que levantan sus brazos al amanecer para recoger cada gota de rocío y refrescar su paciente existencia. Es una familia ahorradora. Viven con tan poco pero sin embargo, a raíz de aprovechar al máximo sus pocos recursos, cada año aumenta el número. Modestas y silenciosas pueden pasar desapercibidas.
  Hoy, entre las bouganvillas y el hibisco, acaban de florecer los azafranes. Son muy ruidosos y cantan mucho. Las demás plantas las aguantan porque son como un circo que llega a un pueblo, que trae color y entretenimiento, pero en seguida desaparecen. Son pasajeros y alegres. La familia de kalanchoes se los miran desde el otro lado del patio. El padre, el más grande, que está a un pasó más adelante que su familia, encuentra que los azafranes son infantiles y superficiales. Mirándolos, les explica a su familia que esa forma de ser no lleva a uno muy lejos. Compara su estabilidad y persistencia con la alegría pasajera de colores brillantes. Tanta intensidad para rápidamente morir.
Los azafranes hablan mucho. Muchísimo. Tanto, que no se escuchan entre sí. Solo si na empieza a entonar una canción, las demás le siguen en la melodía. Se ríen a carcajadas y vuelven a hablar. No oyen las críticas de los kalanchoes ni les importa, su existencia es tan breve que cada instante es alegría. Desde arriba, las bouganvillas y el hibisco las miran y sonríen. Por fin el hibisco tiene una historia que contarle a la adelfa, algo que no alcanza ver dentro de su patio.

Testimonio del proceso analítico con una niña anoréxica de 6 años - Romanie

Una vez más ante el ordenador. Qué gran variedad de actividades distintas acaban pasando por el uso de esta pantalla. Me encuentro abriendo esa ventana llamada Google que ejerce de oráculo. Pregúntale lo que sea, que alguna respuesta tendrá.
Introduzco esa secuencia de palabras acordadas para este ejercicio: “pesaba casi 1,400kg” y aparecen 282.000 resultados en 0,24 segundos. Coches, bebés, pescados, adelgazamientos, mascotas, infinidad de situaciones en las que algo o alguien pesaba casi 1,400kg., aquí es donde me encuentro con Milagros. La historia la cuenta una psicoanalista y Mili es una paciente de seis años que padece anorexia. Sus padres la llevan a terapia después de dos años alimentándola a través de una sonda. Mili nació prematuramente a los seis meses y medio de gestación, pasó 33 días en la incubadora y 11 enchufada al oxígeno. Nunca aprendió a masticar, solo chupaba. Rechazaba toda comida sólida. La psicoanalista indaga en su pasado y encuentra muchas relaciones a este problema. El que me pareció más relevante fue que su madre padecía de una depresión que le había quitado el apetito, también durante este embarazo. Yo me preguntaba cómo es posible llegar a un punto tan extremo del problema a tan corta edad, pero el hecho de que su madre estuviera apática hizo que no fuera relacionando las pequeñas señales anteriores.
   Durante este trabajo terapéutico me llama la atención que aprende a masticar usando chiclets y jugando a hacer pompas. Descubre la mordida y pasa incluso a morder a sus amigos y familiares.
   La introducción de alimentos se hace con juegos y dibujos. Procesos asociativos positivos. Interesante. La niña es muy inteligente. La psicoanalista tiene una cita acerca de este tipo de pacientes que me resuena: “ ...generalmente han tenido buen desempeño escolar, y son alumnas estudiosas y sobrexigentes, aunque con un vacío de verdadero interés y entusiasmo por la actividad intelectual.”
  Esta cita me remite a casos de niños con los que trabajo. Vienen de un entorno competitivo y se les valora excesivamente las notas como medalla o como galón del que fardar y luego hay mucha falta de relleno para esos pilares. El vacío aprendemos a llenarlo de muchas formas pero si aprendemos a valorar los detalles, los procesos o un saber estar con uno mismo, todo ese conocimiento no serviría de mucho. Seguiríamos siendo infelices.... y vuelvo al ordenador, a internet, a Google, al oráculo, pregúntale lo que sea, siempre hay respuestas. Todo es inmediato, solo en 0,24 segundos. Me recuerdo que debo fijarme en el proceso, disfrutarlo, saborearlo, pausadamente, que la mágia está en los detalles. Esto me abre el apetito por la vida.

martes, 4 de febrero de 2014

Objetos perdidos a lo largo de mi vida - Pau

8 peines
(ya no recuerdo cuando perdí el último, pero hace ya mucho, mucho tiempo.)
11 cepillos de dientes
7 pares de guantes
(que aún buscan mis manos)
76 bolígrafos
(ayer perdí uno)
4 navajas
1 cámara de fotos
(de las dos que he tenido)
Ningún paraguas
229 mecheros
(cifra que puede variar en cualquier momento)
85 gramos de hachís
(cifra que ya no variará)
43 libros
(entre ellos algunos muy queridos y muchos que he olvidado)
28 cintas de cassette
(muchas que ya ni reconocería como mías)
1 reloj
(que daba la hora de todo el globo, que fué de mi padre y que me dió cuando dejó de importarle el tiempo)
9334 pesetas
(sobre todo monedas)
142 euros
1 libreta moleskine llena de poesía
( que perdí en Bangkok; es lo más lejos que he ido a perder algo)
También he perdido:
14 amigos
7 novias
1 padre
3 tíos

Objeto perdido - Silvia

Hoy quisiera hablaros de un fenómeno paranormal que no por aislado y puntual deja de ser sorprendente. Se trata de los objetos perdidos durante las mudanzas, esos objetos que deciden desaparecer aprovechando el caos del traslado y que pueden permanecer en el limbo de los entes escondidos durante días, meses, o incluso para el resto de la eternidad.

    Seguro que sabéis a qué me refiero y lo habéis sufrido en silencio, cual grano en lugar incómodo, pensando que erais los únicos a los que les pasaban estas cosas. Ya podéis salir de la sombra, ahora que sabéis que se trata de un fenómeno que se repite en cada desplazamiento completo de las posesiones materiales de cualquier mortal de un domicilio a otro.

    Y es que resulta completamente ilógico, se escapa de la razón y del control. La cosa va así:  Introduzco el  objeto “a” en la caja “x”. Precinto la caja “x” con cinta de embalar. Traslado la caja “x”, precintada, al nuevo domicilio. Abro la caja “x” retirando la cinta de embalar y ...voilà! “a” ha desaparecido. Ya no está, magia borrás. Y yo me vuelvo loca, pues me recuerdo perfectamente introduciendo “a” en la caja “x”. Le doy vueltas y vueltas al asunto y, finalmente, me doy por vencida. Pero la duda queda para siempre.

    En una mudanza tenemos tres tipos de cajas, o elementos de embalaje:
-Cajas tipo 1: Aquello que embalas al principio, con antelación, para ir avanzando en la mudanza y que suele ser lo último que se desembala o, incluso, todavía está en las cajas cuando nos volvemos a mudar, osea, que podríamos tirar directamente a la basura, porque en realidad no lo necesitamos para nada.
-Cajas tipo 2: El grueso de la mudanza, cajas que se van llenando la última semana mientras sufrimos, progresivamente, la carencia de nuestras pertenencias guardadas (mamá, ¿dónde está mi quimono? Kiá!. Tu quimono, Kiá!, está en la caja 42 junto con tus calcetines, tu tutú de ballet i tus jerseis. Creo...)
-Cajas tipo 3: Las cajas del último día, horror de los horrores, pues aún quedan miles de cosas por embalar y ya están aquí los colegas y el camión.
    En las cajas tipo 1 no suelen perderse las cosas. Más que nada es que ya están perdidas y a nadie le importa. Las cosas se pierden en las cajas del tipo 2 y, sobretodo, en las del tipo 3. Aprovechan el estrés de última hora para camuflarse o volatilizarse.

    En mi última mudanza perdí dos objetos: el mando a distancia del disco duro multimedia, que estaba alojado en la base del aparato mediante unas pestañas de fijación, y, lo más sorprendente y que me ha motivado a escribir este texto, el silbato de la tetera. Todavía no salgo de mi asombro, porque me veo metiendo la tetera completa en la caja 94 el mismo día de la mudanza (osea caja tipo 3, ojo), junto con doscientas cosas más de la cocina. No lo he vuelto a ver, y lo añoro, pues ahora no me avisa cuando hierve el agua. En realidad el silbato no importa tanto, lo que importa es no poderle dar una explicación razonable,la magia, el “paranormalismo”.

    Haciendo un pequeño estudio de campo, he comprobado que hay personas que han perdido cosas impresionantes durante sus mudanzas. Una amiga perdió la sartén más grande que tenía y corren rumores de una pareja que perdió a su bebé. Buscaron y buscaron durante días, revolviendo todas las cajas, escuchándolas para percibir movimientos o llantos. Preguntaron a los amigos que les habían ayudado en el traslado, incluso invocaron a San Cucufato y nada, no aparecía. Al cabo de un par de semanas se dieron por vencidos y encargaron uno nuevo.

Objeto perdido - Romanie

Hace tiempo ya que lo perdí y todavía me encuentro a ratos dedicándole tiempo a repasar los hechos minuciosamente para intentar dar con el momento preciso en el que lo perdí. A veces incluso repasando otra vez en los lugares en los que estuve aquel día, buscando señales que me ayuden a recordar. Incluso me creo que lo voy a encontrar allí donde lo perdí. Sé que es una idea absurda, pero dentro de este estado, que ya se ha convertido en una especie de obsesión, casi cabe cualquier posibilidad.
Cuando llego a poder rescatar esa parte de lógica que aun funciona en mi cabeza sé que es imposible que lo vuelva a encontrar. Aun no me he perdonado por ese despiste. Es curioso como resulta que durante todos aquellos años en los que me acompañó nunca lo valoré tanto como ahora que ya no lo tengo. Esta es otra razón por la que me molesto .
En cuanto a la actividad automática e inútil que ejerce mi mente, hoy me he vuelto a encontrar fantaseando acerca de la nueva vida que podría llevar. Me imagino que la persona que lo recoge lo hace por inercia sin conocer su valor y lo mete en un cajón. Me entristece. Así que luego imagino que alguien que sí que lo valora, lo encuentra en ese cajón y se lo pide. Me imagino que esa persona se pasea por la calle Ignacio Wallis justo cuando paso yo, y, y, y , ahí me quedo atascada. Me doy cuenta que no sé cómo pedírselo de vuelta y cómo justificar que es mío, y cómo no ofenderle y pensar que la trato de mangui. Ahí me doy cuenta de que tengo que soltar este tema. Ya pasó. No vale la pena. Ahora le toca a otra persona ser feliz con ello como lo fui yo. Ya está. Ahora solo es un objeto perdido.

Objeto perdido - Antonio

Las cajas alrededor del colchón en el suelo no podían tapar el potente sol del amanecer atravesando las cristaleras sin cortinas. El gato deambulaba como perdido entre toda la locura de bultos que era el ático de una habitación al que nos habíamos mudado. Desde la terraza se veían buena parte de los tejados del barrio, la plaza Alta a los pies y en el horizonte el mar.
Cuando vinimos a vivir al barrio de Es Cucó, el mar se podía ver desde la plaza Alta. Ahora hay dos manzanas de edificios altos delante y el mar ni siquiera se oye. Entonces casi todos los vecinos éramos de fuera. Ahora parece que incluso los que llevamos aquí media vida, seguimos siendo de fuera. Es un poco el sello del lugar, una pequeña burbuja en el mapa caprichoso de una pequeña ciudad.
Es invierno, son las ocho de la mañana, y entre el caos que es la casa, soy incapaz de encontrar la cafetera. Algunas veces bajo a tomar un café en el bar de Rafael, el Etiopia. No tengo mucho que hacer, y esa rutina temprana me activa para el resto del día. Hoy no tendré más remedio que hacerlo si quiero despertar y comenzar a organizar de alguna manera esta nueva vida.
-Hola Rafa, buenos días. ¿Qué tal?
-Buenas. Bien. Está tranquilo hoy. ¿Qué tal tu primera noche en el apartamento nuevo?
-Bien. Aún no he colocado nada, está todo tal cuál lo dejamos ayer, lleno de cajas, muebles desmontados y bolsas.
-Pues ya sabes. Si necesitas ayuda Clara y yo podemos pasar un rato por la tarde, antes de ir a buscar al niño a la piscina.
-Lo tendré en cuenta. De momento me intento hacer una composición del lugar y encontrar fuerzas para sumergirme en el caos de cosas que hay allí arriba. Lo más urgente es comprar comida para Charlie, porque no se dónde cojones dejé su bolsa de croquetas.
Rafa sigue atendiendo en la barra, va y viene, y entre vaivenes mantenemos nuestra conversación.
-En mi coche se quedó una caja llena de cachivaches. Igual está ahí.
-Seguramente. Luego me la das. ¿Por cierto, es tuya esta caja?
Saco una pequeña caja burdeos, desgastada y descolorida. La mirada de Rafa cambia y enseguida me la quita de las manos y la abre. Su cara expresa aún más sorpresa al ver que en el interior sigue estando el reloj de bolsillo cobrizo de nuestro abuelo.
-¿De dónde la has sacado? ¿Me la robaste tú?¿Sabes perfectamente que es mío?
Le entiendo. Rafa era el preferido del abuelo, a él le regaló su reloj antes de morir, y apenas un mes después Rafa creyó que lo había perdido en algún estúpido descuido.
-Estaba en una de las cajas, la única que abrí ayer. No sé si contártelo, porque a mí tampoco me gusta la respuesta. Fue la caja que me dio tu padre ayer con las fotos y recuerdos que tenía de mi padre, las que recogió en la casa vieja de la playa cuando lo encontró muerto.
Rafa aprieta el reloj como el bien más preciado que haya tenido nunca, relaja el gesto, parece que haya recuperado un miembro que le hubiesen amputado y lanza una afirmación con la que sólo puedo estar de acuerdo.
-Tu padre era un cabrón.

Rafa y yo crecimos juntos en este barrio de cemento y fronteras imaginarias con el único horizonte de la playa abierta al sur, un pueblo abierto al mundo que espera que todo llegue desde lejos. Fronteras mentales con los ojos abiertos, abrazados por el gris y vistas al mundo más allá del azul. Queríamos abarcarlo y cambiarlo todo, hasta comprender dónde llegaban nuestros brazos, nuestras ganas y diferenciar los sueños de arena entre los dedos.

El objeto perdido - Anahi

La joven se levanto como cada mañana antes que amaneciera para prepararlo todo, antes encendería un fuego comunitario para que la cueva se entibiase.
           Buscó ramas finas para el fuego que provisoriamente ya había dejado en la entrada de la cueva el día anterior. Apenas contaba con 6 años de vida, pero para esta pequeña comunidad Neanderthal del paleolíticos medio era de lo más habitual que las jóvenes se encargasen del servicio religioso y por aquel entonces ella era la única joven que podía hacerlo. Las coloco sobre las ascuas que aun quedaban del fuego del día anterior y sopló delicadamente  hasta que escucho el dulce crepitar. Era la actividad que más le gustaba realizar. Porque de pronto la obscuridad en la que estaba sumida la cueva desaparecía. Además era una responsabilidad muy importante. Cuando el fuego ya ardía con vehemencia, busco un palo que utilizaba para adecentar la cueva y quitar del suelo hojas y ramas que pudieran molestar a los ancianos. Por último se acercó a la oquedad del fondo de la cueva donde descansaba la idolatrada representación de la vida. Que al ojo de cualquiera no sugeriría ser mas que una roca con cierta belleza, pero para un ojo experto, las cosa cambiaba.
           Casi se le para el corazón al descubrir que ya no estaba allí. Busco una segunda y una tercera vez, pero no encontró más que polvo. El miedo la paralizó, no sabía que hacer ni como le diría a todos que había perdido el valioso objeto. Buscó de nuevo en la oquedad, en el suelo, detrás de algunos pedruscos, pero no estaba. ¡Que ocurriría ahora con todos si desaparecería! se encogió como hierva seca y lloro con desesperación.
          Tanto ruido y sollozo no pasó desapercibido para el anciano Mogul. Que se acerco a la pequeña y la apretó contra su fuerte cuerpo. Cuando los sollozos terminaron la aparto y secándole las amargas lagrimas que recorrían las mejillas le preguntó que pasaba.
Ella sin hablar señalo el hueco vacío de la pared de la cueva y el anciano entendió de inmediato. Pero no pudo mas que sonreír. Estará por aquí. Le dijo, no te preocupes.
           Miro alrededor y descubrió que uno de los pequeños se movía entre sus pieles. Llamo a la niña y la envió a rescatar la divinidad de entre las regordetas manos de Mok. Maravillada regreso con la piedra y preguntó a Mogul que como  sabía  lo que había ocurrido. Y el le respondió con un suspiro. Esta no es la primera vez.

Cambio de manos - Cris

Ante el formulario de reclamación de objetos perdidos del aeropuerto de Barcelona recordé otros objetos que había perdido: un paraguas en un día de lluvia, un pendiente en sábanas ajenas, una lentilla una noche de fiesta, la lista de la compra,etc.
         Y también recordé algunos objetos que encontré: una cartera en una gasolinera, unas gafas de sol en un concierto, un póster de la capilla sixtina, 40€ en la vía pública. De estos cuatro sólo devolví el primero. Gracias, pero no voy a poner ninguna reclamación, dije. Salí de la oficina con la certeza de que alguien en algún lugar del aeropuerto ha encontrado unas gafas de sol que una vez encontré en un concierto.

Cuaderno de bitácora: sesión 58

Sesión 58
 
Domingo, 11 de enero de 2014, seis de la tarde, reunión en Can Ignasi. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Paco, Cris, Anahi y Antonio. Romanie envia su texto.

Ejercicio:  Escribir un texto a partir del tema "el objeto perdido".

- Lecturas compartidas:
  • El País semanal: artículo de Elvira Lindo:  "Semblanza de Antonio Muñoz Molina".

lunes, 20 de enero de 2014

Com-parti-2: SILVIA - PACO - Visita nocturna

             VISITA NOCTURNA

(SILVIA)


Salió del colegio con el diente envuelto en un pañuelo arrugado y manchado de sangre. Su espléndida sonrisa dejaba ver un vacío entre los incisivos superiores, con la sonrosada encía al aire. La felicidad de la expectativa de su primer encuentro con el ratoncito Pérez impregnaba todos sus movimientos.
Pasamos esa tarde en casa de unos amigos, con las actividades habituales: deberes, juego, bañito y cena. Con la paciencia que requieren los encuentros nocturnos, pasó la tarde en total normalidad, incluso olvidando, a ratos, la cita que tenía por la noche. Cada vez que la recordaba, sus ojos emitían un brillo especial, el brillo de la Ilusión.
Ya regresando a casa en coche, emocionadas las dos, cayó rendida por el cansancio de la jornada. Directa a la cama, pensé yo. Pero al entrar en casa la Ilusión la despertó y la desveló. Sacó el diente de entre los pliegues de su pañuelo,  buscó un cepillo de dientes viejo y lavó y limpió minuciosamente el diente con agua y jabón. Lo puso dentro de una bolsita de tela y encontró un papelito donde dejarle una nota al ratón:
GRASIAS.SAGUCETENSFEINA.ESUNAPALA.LAURA
(GRACIES. SEGUR QUE TENS FEINA. ÉS UNA PALA. LAURA)
Colocó una casita de muñecas junto a su cama, para facilitarle la ascensión al pequeño ser y, por fin, satisfecha, se dispuso a dormir, no sin antes dejar cuidadosamente diente y nota bajo la almohada.
Al rato dormía con una sonrisa en sus labios.


(PACO)
La ilusión de Laura me contagió y yo también me quedé dormida con una sonrisa en la cara.
Unas horas más tarde, me desperté sobresaltada y encendí la luz de la mesita.  Laura me tiraba impaciente de la manga del pijama mirándome con semblante serio.
  “Mamá, no ha vingut”, me dijo y para que no quedase ninguna duda de quién había faltado a la cita, añadió: “El ratoncito Pérez no ha vingut” .
    Me había quedado dormida plácidamente y no había colocado el regalo debajo de la almohada. Miré el despertador y vi que marcaba las tres y media. 
   “Laura, todavía es pronto, a lo mejor tiene mucho trabajo, como decías en tu nota, y aún no ha podido venir, pero seguro que vendrá. Eso sí, tienes que estar dormida, porque el ratoncito Pérez es muy tímido y no le gusta que le vean cuando trae los regalos”.
    “¿Y si tiene mucho trabajo y no puede venir?”
    “No te preocupes, el ratoncito Pérez nunca deja a ningún niño sin su regalo”
    “¿Y cómo es de grande el ratoncito Pérez?”
    “Es pequeño, por eso le llaman ratoncito”.
    “Y si es pequeño, ¿cómo puede llevar los regalos a tantos niños?”
    “Porque tiene poderes mágicos. Anda vete a dormir”
     Laura se metió obediente en su habitación. Esperé que pasara un tiempo prudencial, cogí el paquetito perfectamente envuelto y salí sigilosamente  al pasillo que permanecía oscuro y silencioso. Caminé unos paso y catacrack. Mis piernas flotaron en el aire como si hubiera caído por una trampilla, aunque yo sabía que no había trampillas. Había pisado una pelota de goma y había perdido el equilibrio. Aterricé con el culo en el suelo y tuve tiempo de apoyar una mano para amortiguar la caída. El regalo salió volando. Permanecí un momento inmóvil, en silencio.   Noté un dolor insoportable en el antebrazo, pero comprobé aliviada que ningún ruido provenía de la habitación de Laura. Al menos no se había despertado. Apenas podía mover el brazo derecho. Tenía que ir a la cocina y ponerme hielo y luego ponerme una venda, pero antes tenía que cumplir mi misión. Cogí el regalo con la mano izquierda, entré con sigilo en la habitación y lo coloqué debajo de la almohada. Miré el rostro de Laura que reflejaba un apacible sueño. Regresé a la cocina y mientras me aplicaba una bolsa con hielo en mi dolorido antebrazo,  sonreí pensando en la cara de alegría que pondría Laura a la mañana siguiente cuando se despertase.
    


com-parti-2: ROZIO - ANTONIO -

(ROZIO)
 
La luna parecía azul. Toda la atmósfera justo antes del amanecer se teñía de colores fríos: verde el cielo, añil el mar.

El día anterior había atravesado las montañas ralladas guiando a su rebaño hasta el pasto fresco.

Estaba sola y ya no tenía que caminar más. Hoy podía dormir y sin embargo, hete aquí, observando el despertar del nuevo mundo. Las bestias descansan bajo los árboles en grupos mientras los pájaros despertaban piando con todas sus fuerzas.

El mundo diurno aplastaba bajo su manto a la quietud nocturna de almendros blancos como las estrellas.

Entrecerró los ojos y recordó su perfil. Nunca más volvió a ver el rostro entero. La única imagen que le quedó en su mente es la mitad de su cara en un fondo confuso de brazos en movimiento y paredes llenas de cuadros.


Abrió los ojos y al fin vio el sol, flotando como un globo en el cielo.














(ANTONIO)

El sol parecía blanco. Quemaba el cielo y la atmósfera aclarando todos los matices del color: amarilla la hierba seca, crema la tierra. Abrió los ojos y al fin vio el sol, flotando como un globo en el cielo.

 Al día siguiente tendría que volver a atravesar las montañas ralladas e ir un poco más lejos con su rebaño a la búsqueda de los últimos pastos frescos.

 La vida es larga cuando estamos quietos y solos, cuando las horas pasan enteras, ya despiertos y con el único proyecto de llegar vivos a la primera estrella. Los pájaros dejarán paso a los grillos, éstos a las cigarras, y el silencio regresará cuando las últimas caigan extenuadas.

 El manto claro y cargado del día caerá aumentando su peso hasta diluirse nuevamente en la brisa fresca nocturna.

 Ahora recuerda con los ojos bien abiertos, clavados en la luz hiriente del día. En un minuto o en un día, la secuencia será la misma, desentraña la maraña de capas que crearon su historia. Los cuadros en movimiento cuentan una vida llena de muros. La mitad de un rostro, es más que la mitad de nada.

Abrió los ojos y al fin vio la media sonrisa de la luna, flotando como una señal en el cielo.




Com-parti-2: PAU - ANAHI - El poemna definitivo

(Pau)
¿Escribo el poema definitivo, ese que en el lenguaje de la poesía  dirá lo que siempre quise decir, el secreto de todos los silencios, que explique de manera indiscutible qué es la vida, el amor y la muerte? ¿Un microrrelato genial con las palabras justas que haga reir y llorar a un tiempo? ¿Cuento un suceso autobiográfico que estaba agazapado en algún álbum perdido de mi memoria y que necesitaba ser contado? ¿Una página de diario estilo cuaderno de bitácora que sea la radiografía exacta de este día?
     La noche navega
     negra y libre
     con un pasajero atolondrado...
     Si uno se detiene en mitad de la noche, cierra los ojos, respira y toma conciencia del momento exacto de la rotación planetaria, dan ganas de ponerse a saltar y a revolcarse por el suelo para comprobar que sigues vivo.
     El pasajero ha olvidado su destino
     y se ha quedado varado
     en una estación sin nombre.
     Ya no recuerda
     el sueño que anidaba en su corazón
     al partir.
     La vida que amó
     y el que fue su mundo
     ya no sabe si aún existe.
     Vivo como si el demonio me fuera a visitar en cualquier momento.
     Fuera hay un viento terrible. Insiste e insiste y hace su proclama insolente poniendo a bailar a todo el campo. Contra el prestigio del solecito y el buen tiempo, aquí tenemos la pureza del invierno y la felicidad agreste del abrigo y el refugio.
    Esta sagrada expresión de naturaleza que me rodea le da sentido a todo, puede con todos los demonios.

 
(Anahi)

Con un pasajero atolondrado
La noche navega
Negra y libre
Suspira porque al fin lo entiende,
el viaje sólo reclama la esencia,
Un abrazo amigo dónde descansar los huesos.

Com-parti-2: PACO - GUILLE - Gustavo Pereira

(PACO)

Gustavo Pereira había realizado su sueño de convertirse en un escritor de éxito. Sus novelas policíacas se habían traducido a más de 20 idiomas, eran  best sellers en numerosos países y cuatro de ellas habían sido llevadas al cine. Sin embargo no era feliz. Su personaje Marko Marin, una mezcla de Sherlock Holmes y James bond,  parecía tener una vida propia que relegaba a Gustavo Pereira a un oscuro segundo plano. Incluso los editores de sus libros y los productores de las películas, habían insinuado a Gustavo Pereira que evitase las apariciones en público para no dañar la imagen de Marko Marin. Marko Marin poseía un atractivo y carisma que contrastaban con la apariencia vulgar e insustancial de Gustavo Pereira. Mako Marin era un hombre decidido, atractivo, inteligente, defendía a los débiles y no tenía miedo a los poderosos, era un héroe admirado por el público, mientras que Gustavo Pereira era un simple escritor de novelas policíacas.
     Gustavo Pereira pensaba, no sin motivo, que la gente era idiota. “¿No se dan cuenta de que yo he creado a ese personaje que tanto admiran? Que me debe su existencia, que sin mí no sería nada, que incluso podría....”  Por unos instantes se sumió en la perplejidad, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Podía matar a Marko Marin. De un plumazo, nunca mejor dicho, se vengaría de los millones de hombres y mujeres que adoraban a su personaje y lo menospreciaban a él. Pensó sonriendo que la muerte de Marko Marin, causaría más conmoción que el asesinato de Kennedy.
    
Marta entró en casa agitada. “¿Sabes lo que ha hecho Gustavo Pereira?”, preguntó alzando la voz, y sin esperar mi respuesta continuó: “Ha matado a Marko Marin. El Pereira me han dicho que es un tipo gris y anodino, lleno de complejos. Se moría de envidia, claro”.
    “¿No podías hacer algo tú?”, preguntó suplicante.
   Yo respondí con otra pregunta: “¿Que quieres que haga?”
    “¡Pues podías matar a Pereira antes de que él mate a Marko Marin!”  
    “¿No crees que podría ser peligroso continuar con tanto crimen?”
    “No entiendo lo que quieres decir, ¿por qué podría ser peligroso?”
    “Marta, todo esto es un poco complicado. Mira, Gustavo Pereira podía matar a Marko Marin porque era un personaje de ficción. Yo podría matar a Gustavo Pereira sin problemas porque es otro personaje de ficción, pero quien te asegura que tú y yo no seamos también meros personajes y alguien esté tecleando en estos momentos en el ordenador...”
    “¡Jorge no desvaríes!”, exclamó Marta,  ¡Eso que acabas de decir es una auténtica chorrada!”

(GUILLE)

 

Jorge estuvo toda la noche dándole vueltas a lo que Marta le había sugerido
para el capítulo final de la novela. Sus editores le requerían que terminara el libro
cuánto antes. Tenía poco tiempo y las presiones que recibía eran cada vez mayores.
Jorge se encontraba ante una de las decisiones más difíciles que debía tomar.
La situación era compleja y presentaba una disyuntiva. Por un lado, y atendiendo a la petición de Marta, si decidía matar a Gustavo Pereira antes que éste matara a Marko Marin, los millones de lectores y admiradores de Marko Marin se saldrían con la suya.
Se prolongaría la zaga del gran Marko Marin. Esto le llevaría a nuevas presiones por parte de la editorial y de los fans del héroe que reclamarían voraces nuevas entregas.
Por otro lado, no le agradaba del todo la idea de que el victimario fuera el cobarde y oscuro personaje de Gustavo Pereira. Se preguntó por un momento si crearía otro monstruo incontrolable. Imposible, se respondió a si mismo. Gustavo Pereira no podría siquiera imitar la sombra de Marko Marin. Lo veía más claro ahora. Y tomó la decisión.
Sería el infeliz de Gustavo Pereira el que diera muerte a Marko Marin. Cerraría la novela de una forma abrupta y sorprendente. Sus editores tendrían el libro y Jorge vería cumplido su deseo de hacer desaparecer al personaje que de alguna manera ejercía fuertes desajustes en su persona. 
Semanas después, la presentación del libro causó la conmoción esperada.
Los aficionados no daban crédito a la forzosa desaparición de su héroe. Jorge se retiró de la sala entre abucheos del público presente. La novela se vendió por miles hasta agotar su primera tirada. El éxito en ventas contentaba a los editores, que no cesaban en solicitar un nuevo trabajo.
Pero Jorge se encontraba hundido. La desaparición del gran Marko Marin no le producía satisfacción alguna. Se veía reflejado en el pusilánime de Gustavo Pereira.
Le era imposible continuar la historia a partir de un escritor sin valor ni espíritu.
Pereira se había auto-extinguido al matar al bueno de Marin.   

Jorge desconectó todos los teléfonos de la casa. Era entrada la noche y la editorial continuaba acosándole.  No podía concentrarse. Estaba a cero. El tiempo asfixiaba nuevamente. Por la mañana, Marta le encontraría flotando boca abajo en la bañera.



Com-parti-2: GUILLERMO - ROZIO - Café de la Vieja Plaza



CAFÉ DE LA VIEJA PLAZA


(GUILLE)


Vuelvo al cafetín de la vieja plaza.
Las fotografías tapizaban sus paredes
con rostros amarillos.
Detrás de cada imagen, una historia diferente.
Se reunían la vida, la desdicha y las horas felices.
La memoria es incierta:
el tiempo se encarga de encubrirla.

La vieja máquina del café silbaba
como el pitido último de un barco a la deriva.
Un anciano meditaba una pérdida
contenida dentro de su vaso de ginebra.
El reloj oscilaba su péndulo armónicamente
como el martillo de un obrero
golpeando en la conciencia de los días. 
Fuera, los estorninos disputaban un charco
a las primeras gotas de lluvia del invierno.

He vuelto al Café del que nunca me he ido.
Permanezco de alguna manera en el silencio de su sala.
La soledad es tan antigua como esta plaza.
Aunque menos terca que el olvido.

(ROZIO)

Vuelvo a mirar las paredes cargadas de vida
y siento que cada rostro me hace la misma pregunta:
¿te vas o te quedas?

Cualquier respuesta me vuelve un poco más amarillo.

Me acerqué a la barra cargando la mochila llena de osadía.
Don Luis frotaba un vaso con un trapo
como intentado ver el futuro en su reflejo.

Por un instante, todo quedó quieto:
el reloj, la máquina y el viejo golpeado y a la deriva.

Los estorninos, ajenos al encuentro,
siguieron bebiendo su invierno.

Uno no regresa hasta que es reconocido.
La soledad se esquiva con un abrazo al pasado,
aunque los sujetos ya no sean los mismos.