COMPARTIDOS “La caja”
(CRIS)
Tres semanas después del funeral había recibido una aviso de correos que olvide por completo hasta esa mañana. Como tenia que bajar al centro para hacer unas gestiones aproveche para pasar por correos.
Como siempre la oficina estaba llena hasta la bandera. Mientras esperaba mi turno me preguntaba que diablos iba a recoger, hice memoria por si había solicitado algo por catálogo, pero mi mente seguía en blanco, en ese momento vi mi número en la pantalla, me acerque, le entregué el aviso al funcionario, se fue unos segundos y regreso con una caja. Por la expresión de su cara deduje que me iba a costar llegar al coche.¿Quién la enviá? Pregunte. No tiene destinatario, respondió.
Salí de la oficina con la pesada caja. Cuando estaba a punto de cruzar la calle la dichosa caja empezó a deslizarse por mi cuerpo sin control, estaba a punto de caerse cuando un joven me ofreció ayuda, cogió la caja y me siguió hasta el coche. Caray! si que pesa, ¿que son, libros? Preguntó. La verdad no tengo ni idea, respondí. Le di las gracias y volví a casa.
Al llegar fui directa al trastero a ver si encontraba la vieja carretilla de papa, allí estaba “La Pepa” tal como mi padre la bautizo.
Gracias a “La Pepa” pude entrar la caja. La abrí y empece a retirar las bolas de papel de periódico. Lo que había dentro resulto todo un misterio para mi. Un álbum de fotos antiguas donde aparecían varios hombres vestidos de milicianos con fusiles en las manos. Montones de cartas, amarillentas por el tiempo, unidas por una cinta de terciopelo. Una caja de madera en cuyo interior se encontraban cuatro balas, cada una de ellas llevaba inscrita una inicial, un puñal,una treintena de libros, entre ellos: El Marxismo y los problemas de la Revolución, de Juan Andrade, La Revolución de octubre de Andreu Nin ambos de 1937. Y algo que jamas pensé que pudiera tener entre las manos, los seis ejemplares de la revista caballo verde, una revista de poesía que Pablo Neruda fundó en Madrid en 1935. Yo, como amante de la poesía, conocía bien la importancia de esos ejemplares ya que en vano intenté comprar algunos en diversas subastas.
Empezaban a surgir miles de preguntas en mi cabeza. Decidí tomar un respiro y
abrí una botella de vino. Empece a leer las cartas. ¿Quienes eran esas personas? Juan García Hortelano, Miguel Aramendi, Antonio Gascón Ariza. Mi padre jamas me habló de ellos. Seguí leyendo las cartas a ver si encontraba alguna pista del destinatario, pero nada todas hablaban del conflicto de la guerra salvo una, que parecía escrita en clave.
Empezaba a sospechar que mi padre nunca nos contó la verdad acerca de su vida durante la guerra. Según él en aquellos convulsos años se dedico a la agricultura en el cortijo de su padre quedándose al margen de cualquier bando.
El vino empezó a hacer efecto ya que apenas podía mantener los párpados abiertos cerré los ojos y soñé con todos ellos.
(PAU)
El sueño me llevó a Madrid, a noviembre de 1936. Hace mucho frío en la trinchera, a pocos cientos de metros de distancia, el ejército de Franco acecha en sus posiciones y aguardan las horas que faltan para el asalto final que pondrá fin a la breve guerra. Confían en que la chusma roja se desmorone y consigan entrar en Madrid.
Detrás nuestro, un pueblo entero alienta nuestro sacrificio. El mundo civilizado está pendiente de nosotros. Nadie confía en que podamos resistir a los fascistas, creen que seremos la próxima ficha que cae de su macabro dominó.
El frío va en aumento con el tránsito al amanecer, estoy temblando con mi fusil helado entre las manos y pensando en Rosa y en la pequeña Clara que mañana cumple un año.
Ha comenzado la batalla: a un buen rato de cañonazos le sigue el asalto de los moros mercenarios, aullan espantosamente mientras corren hacia nosotros, son muchos. Noto como mi pulso se acelera, me cuesta respirar, he dejado de sentir frío. Apunto, disparo... y fallo. Apunto, disparo... y un moro se desploma. Pese a numerosas bajas, los teníamos ya encima; al primero que asomó por la trinchera le hundí la bayoneta en el pecho (el sonido de las costillas rotas por el hierro me perseguirá siempre). A mi lado otro moro le corta el cuello al cabo Espigares entre gritos horribles. Estoy sudando y enloquecido. Acabo a puñaladas con el segundo moro.
Los atacantes se retiran, el asalto ha fracasado en toda la línea. Tengo las manos llenas de sangre caliente: traen un calorcito agradable.
Sentado en un rincón de la trinchera, con la mirada perdida, siento que me he hecho muy viejo de golpe, el joven poeta acaba de matar a tres personas. ¿Cómo podrá contárselo a su hija?
">
lunes, 20 de enero de 2014
Com-parti-2: ANTONIO - CRIS - El viaje
EL VIAJE
(ANTONIO)
Cómo en una pantalla panorámica, la carretera pasaba a través del parabrisas a medida que el coche avanzaba a gran velocidad. Bordeaba la costa francesa frente a un atardecer rojizo que contrastaba con el mar grisáceo del final de un día de nubes.
Había salido de casa a las seis de la mañana, atravesando la ciudad aún dormida bajo una lluvia fina. En las últimas doce horas había conducido sin más descanso que parar a repostar y tomar algún café. En el camino había atravesado a lo largo de algo más de trescientos kilómetros una gran tormenta de nieve y agua, que había retrasado notablemente mi viaje. En condiciones normales, lo más prudente hubiese sido no viajar, pero esperar un día más no entraba en mis planes. La angustia te empuja a decisiones no siempre reflexionadas, pero que has de llevar a cabo, de alguna manera, para parar la espiral de la ansiedad.
Esperaba llegar a casa de mi familia en la costa de Biarritz para la comida, pero tras los kilómetros de tormenta, no llegaría hasta la noche bien entrada.
Siempre me ha gustado conducir. También me gusta estar solo. Especialmente cuando las cosas no van bien. Ambas cosas unidas, con una buena música de acompañamiento, han hecho mucho más llevadero este viaje interminable. Nunca había tardado tanto en llegar, pero en realidad no me ha importado. Estas horas al volante han calmado la ansiedad con la que salí.
A mitad de camino, envíe un mensaje a mi padre para que supiese que llegaba. Nada muy explícito, tan sólo que tenía la semana libre y que tenía ganas de verlos. Nada que fuese mentira. Nada que explicase la situación. Mi padre me conoce bien, o eso cree él. Enseguida respondió preocupándose, “¿estás bien? ¿Cómo tienes una semana en plena temporada?”. Cuando llegue hablamos, tranquilo, respondí.
Siempre he tenido buena relación con mis padres y con mi hermana, ellos han sido quienes más me han apoyado desde el principio de mi carrera. La casa en la que viven la compré yo para ellos. Era la primera vez que teníamos una vivienda de más de dos habitaciones, y un jardín en el que poder plantar rosales.
Ahora vivía lejos, pero el contacto y el cariño siempre habían estado ahí. Cuando voy a verlos prefiero ir en coche, porque eso me permite cierto anonimato al viajar y además me recuerda lo lejos que he llegado. Esta vez, además, he de ser yo mismo quien hable con ellos, quien les explique las cosas antes de que mañana o pasado todo se haga público, antes de que la noticia se pierda en el morbo de la fama del afectado. No han de temer nada, ni por mí ni por ellos, pero cómo explicárselo cuando estalle la bomba.
Las farolas de la calle no podían ocultar la oscuridad de la noche cerrada cuando aparcaba mi coche frente a la casa. Ya había llegado, tenía que salir de la burbuja que había sido mi coche durante todo el día, y enfrentar una realidad que no me gustaba. Tenía que ver a quienes quería, y confesar.
(CRIS)
Me quede unos segundos dentro del coche, menos de los que yo deseaba ya que mi padre salió a recibirme en cuanto escucho el ruido del motor.
Hola hijo, ¿todo bien? Si, entremos. Mi madre vino a mi encuentro con un abrazo cariñoso el cual delataba una cierta preocupación.
Tengo que contaros algo, probablemente saldrá mañana a la luz y no quiero que os enteréis por terceros. El banco ha sufrido un desfalco financiero de 4.500 millones de euros. En sus ojos pude apreciar su angustia. Tranquilos no he sido yo pero cierta información me implica en el asunto. Mi nombre saldrá en las noticias con toda seguridad ya que soy la única persona, además de mi superior, que conoce la operación de alto riesgo que ha provocado esta situación.
Quiero que esteis tranquilos, me guardo un as en la manga por si la cosa se pone fea. Y es aquí donde necesito vuestra ayuda. Tenéis que guardar estos documentos en la caja fuerte, si al final me detienen acusándome de ser el único responsable mi abogado se pondrá en contacto con vosotros. Ahora debo volver no quiero que piensen que he huido.
Dos días después la noticia salió en todos los periódicos, a las pocas horas me detuvieron. Los documentos demostraron que el verdadero culpable fue el director del banco. Tuve suerte, pude demostrar mi inocencia porque fui lo bastante precavido al grabar algunas de las conversaciones con mi superior que no dejaban lugar a dudas, yo solo actué presionado bajo sus órdenes.
Estamos rodeados de tiburones, tiburones hambrientos que manipulan a sus anchas sin importarles lo más mínimo el daño que puedan causar. Pero en este caso ,el pequeño, se comió al grande.
Acabo de llamar a mis padres para decirles que iba de camino y que esta vez, me quedaría por un tiempo.
(ANTONIO)
Cómo en una pantalla panorámica, la carretera pasaba a través del parabrisas a medida que el coche avanzaba a gran velocidad. Bordeaba la costa francesa frente a un atardecer rojizo que contrastaba con el mar grisáceo del final de un día de nubes.
Había salido de casa a las seis de la mañana, atravesando la ciudad aún dormida bajo una lluvia fina. En las últimas doce horas había conducido sin más descanso que parar a repostar y tomar algún café. En el camino había atravesado a lo largo de algo más de trescientos kilómetros una gran tormenta de nieve y agua, que había retrasado notablemente mi viaje. En condiciones normales, lo más prudente hubiese sido no viajar, pero esperar un día más no entraba en mis planes. La angustia te empuja a decisiones no siempre reflexionadas, pero que has de llevar a cabo, de alguna manera, para parar la espiral de la ansiedad.
Esperaba llegar a casa de mi familia en la costa de Biarritz para la comida, pero tras los kilómetros de tormenta, no llegaría hasta la noche bien entrada.
Siempre me ha gustado conducir. También me gusta estar solo. Especialmente cuando las cosas no van bien. Ambas cosas unidas, con una buena música de acompañamiento, han hecho mucho más llevadero este viaje interminable. Nunca había tardado tanto en llegar, pero en realidad no me ha importado. Estas horas al volante han calmado la ansiedad con la que salí.
A mitad de camino, envíe un mensaje a mi padre para que supiese que llegaba. Nada muy explícito, tan sólo que tenía la semana libre y que tenía ganas de verlos. Nada que fuese mentira. Nada que explicase la situación. Mi padre me conoce bien, o eso cree él. Enseguida respondió preocupándose, “¿estás bien? ¿Cómo tienes una semana en plena temporada?”. Cuando llegue hablamos, tranquilo, respondí.
Siempre he tenido buena relación con mis padres y con mi hermana, ellos han sido quienes más me han apoyado desde el principio de mi carrera. La casa en la que viven la compré yo para ellos. Era la primera vez que teníamos una vivienda de más de dos habitaciones, y un jardín en el que poder plantar rosales.
Ahora vivía lejos, pero el contacto y el cariño siempre habían estado ahí. Cuando voy a verlos prefiero ir en coche, porque eso me permite cierto anonimato al viajar y además me recuerda lo lejos que he llegado. Esta vez, además, he de ser yo mismo quien hable con ellos, quien les explique las cosas antes de que mañana o pasado todo se haga público, antes de que la noticia se pierda en el morbo de la fama del afectado. No han de temer nada, ni por mí ni por ellos, pero cómo explicárselo cuando estalle la bomba.
Las farolas de la calle no podían ocultar la oscuridad de la noche cerrada cuando aparcaba mi coche frente a la casa. Ya había llegado, tenía que salir de la burbuja que había sido mi coche durante todo el día, y enfrentar una realidad que no me gustaba. Tenía que ver a quienes quería, y confesar.
(CRIS)
Me quede unos segundos dentro del coche, menos de los que yo deseaba ya que mi padre salió a recibirme en cuanto escucho el ruido del motor.
Hola hijo, ¿todo bien? Si, entremos. Mi madre vino a mi encuentro con un abrazo cariñoso el cual delataba una cierta preocupación.
Tengo que contaros algo, probablemente saldrá mañana a la luz y no quiero que os enteréis por terceros. El banco ha sufrido un desfalco financiero de 4.500 millones de euros. En sus ojos pude apreciar su angustia. Tranquilos no he sido yo pero cierta información me implica en el asunto. Mi nombre saldrá en las noticias con toda seguridad ya que soy la única persona, además de mi superior, que conoce la operación de alto riesgo que ha provocado esta situación.
Quiero que esteis tranquilos, me guardo un as en la manga por si la cosa se pone fea. Y es aquí donde necesito vuestra ayuda. Tenéis que guardar estos documentos en la caja fuerte, si al final me detienen acusándome de ser el único responsable mi abogado se pondrá en contacto con vosotros. Ahora debo volver no quiero que piensen que he huido.
Dos días después la noticia salió en todos los periódicos, a las pocas horas me detuvieron. Los documentos demostraron que el verdadero culpable fue el director del banco. Tuve suerte, pude demostrar mi inocencia porque fui lo bastante precavido al grabar algunas de las conversaciones con mi superior que no dejaban lugar a dudas, yo solo actué presionado bajo sus órdenes.
Estamos rodeados de tiburones, tiburones hambrientos que manipulan a sus anchas sin importarles lo más mínimo el daño que puedan causar. Pero en este caso ,el pequeño, se comió al grande.
Acabo de llamar a mis padres para decirles que iba de camino y que esta vez, me quedaría por un tiempo.
Com-parti-2 : ANAHI - SILVIA - Deshonroso final
Deshonroso final
(ANAHI)
Si mi sheriff, sin ninguna duda es él mi señor, PANCHITO GON… perdón mi sheriff Francisco Javier González Olmos, dijo aclarándose la garganta reseca, el forajido más requetebuscado de la ultima década. Virgencita santa mi sheriff creo que le ha mordido una serpiente en el culo.
El sheriff local miro a su nuevo ayudante que corría en círculos alrededor del finado González santiguándose y pidiendo protección a algunos ancestro he intentó no soltar una carcajada ante la estampa, pero era un profesional de la justicia.
Suspiró pensando que era el más recomendado de la zona para ayudarle en la tarea, también era el único incauto que se presto voluntario. Y mirando al cielo se saco el sombrero ajado de cuero y secó la frente con la manga de la camisa. Esperando un poco a que el joven Augusto se calmara.
Dio una mirada rápido por la zona antes que Augusto destrozara las pruebas con tanta carerilla pero no vio nada extraño aparte del extraño agujero cerca del señor González, que efectivamente se encontraba con el total de sus ropas en los tobillos y una mordida de serpiente.
(SILVIA)

-Por favor, Augusto, cálmese un poco. Con tantas vueltas me está usted poniendo nervioso.
-Oh, mi sheriffcito- continuó Augusto sin dejar de caminar nerviosamente alrededor del cuerpo inmóvil -el diablo está mediando en todo esto- se santiguó de nuevo -Mi abuela siempre decía que los más peligrosos forajidos tenían un pacto con el diablo. Y ahora el diablo ha venido a cobrarse lo que era suyo.
-Ha sido una serpiente, Augusto.
-Pues eso, el diablo, que ha utilizado ese agujero para regresar rápidamente al infierno. Todo está tomando un aire muy peligroso. No me gusta nada. ¡Ay, Virgencita!. Deberíamos hacer llamar al Padre Aurelio para que limpie la zona con agua bendita.
-¡Basta ya, Augusto!- El sheriff ya estaba perdiendo la paciencia. Unas gruesas gotas de sudor le resbalaban desde la frente y tenía la camisa empapada. -Hace demasiado calor para hablar de vírgenes y diablos. Tomaremos unas fotografías e investigaremos ese extraño agujero. Traiga pico y pala del coche.
-Pero ¿qué?. Dios mío, mi virgencita preciosa, no me abandonen. Mi sheriff, el diablo está agazapado ahí, esperando. No debiéramos...
-¡Ya! ¡Tráigalo ya!
Mientras el sheriff tomaba las fotografías Augusto fue a buscar lo que le habían mandado, mascando oraciones entre dientes y sin dejar de santiguarse.-Santo cielo, santo cielo... Esto no está bien, no, no está nada bien...
El sheriff alzó la vista y miró alrededor. No se veía un alma. Estaban solos en medio del desierto. Solo los postes y el cable eléctrico delataban el trazado de la carretera, pero nadie circulaba por ella. Hasta donde alcanzaba la vista solo habían matojos de espinos, piedras y cactus. Un buen escenario para el diablo, pensó para sus adentros.
-Bueno, Augusto, cálmese de una vez. Esto no es obra del diablo. Venga, pique en el agujero, a ver si hay algo enterrado.
-Oh, mi sheriff, no puedo, no me pida eso, por favor.- Augusto cayó de rodillas y juntó las manos en posición suplicante. -Yo... ¡no puedo!. Mi abuela... el diablo...¡Ay, Virgencita bonita! Pídame otra cosa.- Comenzó a sollozar.
-¡Pero qué cobarde es, Augusto! Deme el pico, ¡ya lo haré yo!
El sheriff, furioso, tomó el pico y dio un golpe con fuerza junto al agujero. Oía los gritos de Augusto. Comenzó a cavar con rabia. En un instante el suelo a su alrededor se llenó de serpientes de cascabel procedentes del agujero agrandado. Decenas de ellas. El sheriff sintió un dolor agudo en la pantorrilla, una serpiente acababa de morderle. ¡Ay! Otra... Se quedó paralizado y solo pudo alzar la vista. Alcanzó a ver a Augusto, a la carrerilla, alcanzando ya el coche. Ya no vio nada más, se le nubló la vista y le faltaba el aire. Cayó al suelo, junto al forajido, sintiendo en sus venas ese pacto con el diablo.
(ANAHI)
Si mi sheriff, sin ninguna duda es él mi señor, PANCHITO GON… perdón mi sheriff Francisco Javier González Olmos, dijo aclarándose la garganta reseca, el forajido más requetebuscado de la ultima década. Virgencita santa mi sheriff creo que le ha mordido una serpiente en el culo.
El sheriff local miro a su nuevo ayudante que corría en círculos alrededor del finado González santiguándose y pidiendo protección a algunos ancestro he intentó no soltar una carcajada ante la estampa, pero era un profesional de la justicia.
Suspiró pensando que era el más recomendado de la zona para ayudarle en la tarea, también era el único incauto que se presto voluntario. Y mirando al cielo se saco el sombrero ajado de cuero y secó la frente con la manga de la camisa. Esperando un poco a que el joven Augusto se calmara.
Dio una mirada rápido por la zona antes que Augusto destrozara las pruebas con tanta carerilla pero no vio nada extraño aparte del extraño agujero cerca del señor González, que efectivamente se encontraba con el total de sus ropas en los tobillos y una mordida de serpiente.
(SILVIA)

-Por favor, Augusto, cálmese un poco. Con tantas vueltas me está usted poniendo nervioso.
-Oh, mi sheriffcito- continuó Augusto sin dejar de caminar nerviosamente alrededor del cuerpo inmóvil -el diablo está mediando en todo esto- se santiguó de nuevo -Mi abuela siempre decía que los más peligrosos forajidos tenían un pacto con el diablo. Y ahora el diablo ha venido a cobrarse lo que era suyo.
-Ha sido una serpiente, Augusto.
-Pues eso, el diablo, que ha utilizado ese agujero para regresar rápidamente al infierno. Todo está tomando un aire muy peligroso. No me gusta nada. ¡Ay, Virgencita!. Deberíamos hacer llamar al Padre Aurelio para que limpie la zona con agua bendita.
-¡Basta ya, Augusto!- El sheriff ya estaba perdiendo la paciencia. Unas gruesas gotas de sudor le resbalaban desde la frente y tenía la camisa empapada. -Hace demasiado calor para hablar de vírgenes y diablos. Tomaremos unas fotografías e investigaremos ese extraño agujero. Traiga pico y pala del coche.
-Pero ¿qué?. Dios mío, mi virgencita preciosa, no me abandonen. Mi sheriff, el diablo está agazapado ahí, esperando. No debiéramos...
-¡Ya! ¡Tráigalo ya!
Mientras el sheriff tomaba las fotografías Augusto fue a buscar lo que le habían mandado, mascando oraciones entre dientes y sin dejar de santiguarse.-Santo cielo, santo cielo... Esto no está bien, no, no está nada bien...
El sheriff alzó la vista y miró alrededor. No se veía un alma. Estaban solos en medio del desierto. Solo los postes y el cable eléctrico delataban el trazado de la carretera, pero nadie circulaba por ella. Hasta donde alcanzaba la vista solo habían matojos de espinos, piedras y cactus. Un buen escenario para el diablo, pensó para sus adentros.
-Bueno, Augusto, cálmese de una vez. Esto no es obra del diablo. Venga, pique en el agujero, a ver si hay algo enterrado.
-Oh, mi sheriff, no puedo, no me pida eso, por favor.- Augusto cayó de rodillas y juntó las manos en posición suplicante. -Yo... ¡no puedo!. Mi abuela... el diablo...¡Ay, Virgencita bonita! Pídame otra cosa.- Comenzó a sollozar.
-¡Pero qué cobarde es, Augusto! Deme el pico, ¡ya lo haré yo!
El sheriff, furioso, tomó el pico y dio un golpe con fuerza junto al agujero. Oía los gritos de Augusto. Comenzó a cavar con rabia. En un instante el suelo a su alrededor se llenó de serpientes de cascabel procedentes del agujero agrandado. Decenas de ellas. El sheriff sintió un dolor agudo en la pantorrilla, una serpiente acababa de morderle. ¡Ay! Otra... Se quedó paralizado y solo pudo alzar la vista. Alcanzó a ver a Augusto, a la carrerilla, alcanzando ya el coche. Ya no vio nada más, se le nubló la vista y le faltaba el aire. Cayó al suelo, junto al forajido, sintiendo en sus venas ese pacto con el diablo.
Cuaderno de bitácora: sesiones 56 y 57
Sesión 56
1 de diciembre de 2013, seis de la tarde, reunión en Can Pechina. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Guille, Paco, Cris, Anahi y Antonio.
Ejercicio: Escribir un texto libre, sin premisas. Lo utilizaremos como pie para el siguiente ejercicio.
Hoy compartimos la lectura de los textos de Rozio.
- Lecturas compartidas:
Sesión 57
15 de diciembre de 2013, seis de la tarde, reunión en Can 401. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Guille, Paco, Cris, Anahi y Antonio.
Ejercicio: Com-partidos. El texto de la sesión anterior lo hemos intercambiado con otro componente del grupo y lo hemos continuado, siguiendo historias con estilos diferentes.
Hoy compartimos la lectura de los textos de Guille.
-Lecturas compartidas:
1 de diciembre de 2013, seis de la tarde, reunión en Can Pechina. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Guille, Paco, Cris, Anahi y Antonio.
Ejercicio: Escribir un texto libre, sin premisas. Lo utilizaremos como pie para el siguiente ejercicio.
Hoy compartimos la lectura de los textos de Rozio.
- Lecturas compartidas:
- Rozio: "La avenida de troncos"
- http://elgrupociento34.blogspot.com.es/2011/12/la-avenida-rozio.html
Sesión 57
15 de diciembre de 2013, seis de la tarde, reunión en Can 401. Asistimos a la sesión: Silvia, Pau, Rocio, Guille, Paco, Cris, Anahi y Antonio.
Ejercicio: Com-partidos. El texto de la sesión anterior lo hemos intercambiado con otro componente del grupo y lo hemos continuado, siguiendo historias con estilos diferentes.
Hoy compartimos la lectura de los textos de Guille.
-Lecturas compartidas:
- Guille: " 4 fugas en 4 haikus"
- http://elgrupociento34.blogspot.com.es/2013/06/4-fugas-en-4-haikus-guillermo.html
- Nikola Madzirov: "Lo que dijimos nos persigue".
martes, 10 de diciembre de 2013
La sinfonía - Guillermo
La investigación me llevó hasta el condado
de Morrigan. Viajé a una pequeña ciudad llamada Redink. Disponía de los datos
de una tienda de antigüedades de la que, presumiblemente, salió el arma
homicida: una vieja máquina de escribir.
Al principio me pareció otro caso de
asesinato con un móvil de robo o similar.
Teníamos a un escritor muerto a golpes en
su domicilio, dentro del cual no existían indicios de que el agresor/a hubiera
forzado alguna puerta o ventana para acceder a la vivienda. Además se
encontraron dinero y un reloj de oro en un cajón de su escritorio, la casa
tampoco estaba desordenada, por lo que el caso tomaba otras dimensiones. Según
los vecinos interrogados, el hombre no recibía visitas hacía mucho tiempo, no
se le conocían relaciones familiares y se le veía muy poco por la ciudad.
- Buenas tardes, soy el Inspector Burton,
sigo el caso del escritor encontrado muerto hace unos días.
- Ah, sí le conocía- respondió la
dependienta, una mujer de avanzada edad que regenteaba la tienda - Era un viejo cliente, solía venir de vez en
cuando, estoy tan apenada, ¿Quién le haría algo así?
La tienda estaba repleta de enceres y de
muebles. Se me hacía difícil moverme dentro de ella por sus pequeños pasillos
atiborrados de objetos sin sentir una sensación cercana a la claustrofobia. El
local estaba a media luz y de fondo sonaba en un antiguo gramófono la novena
sinfonía de Mahler.
Saqué de mi bolsillo la fotografía, - ¿Reconoce
está máquina de escribir?
- Sí claro, se la vendí yo al pobre señor
Penguin hace algún tiempo.
- ¿Está Ud. segura de ello? ¿Cómo puede
reconocerla?
- Venga, acompáñeme.
La
regenta me condujo hacia el escaparate de la tienda.
- Hace muchos años adquirí dos máquinas de
escribir en una subasta pública. Lo que pude saber acerca de ellas es que
pertenecieron a un escritora considerada maldita en su tiempo que se ahorcó en
el jardín de su casa. Otra trágica historia.
- Mire, aquí tenemos la otra, su hermana
gemela. Todavía no la hemos vendido.
Cuidadamente presentada sobre un paño de
seda rojo, lucía resplandeciente en el escaparate una máquina de escribir igual
al de la fotografía.
- Tengo una curiosidad acerca de las máquinas,
ninguna de las dos lleva impresas las letras correspondientes en sus teclas. ¿Qué
me dice al respecto?
- No podría aclararle nada, las he
subastado en este estado.
- Tampoco tenemos indicio de marca o
fabricante ¿Según su experiencia ha visto Ud. este tipo de máquina alguna vez?
No pude obtener más información de la señora.
Me iría de la tienda prácticamente a cero.
La regenta gentilmente me invitó a un té.
Mantuvimos una breve charla sobre arte.
Luego me despedí de la anciana con la
extraña certeza de que no volvería a verla. Cerré la puerta de la tienda, me
puse el sombrero y me disponía a partir cuando algo desvió mi atención hacía el
escaparate. Titilaba una tenue luz dentro del mismo. Me acerqué junto al
cristal y para mi asombro, vi como las teclas de la máquina se movían
acompasadas
por la música que provenía desde el
interior. La titilante luz se reflejaba de tal forma en la suave seda roja, que
por un momento pensé que estaba teniendo un trance, algún tipo de alucinación sugestionado por el desarrollo de toda la
investigación.
De repente, el movimiento de las teclas se
detuvo, la luz dejó de parpadear y se intensificó, la máquina comenzó
nuevamente con sus compases de letras, pero esta vez más lentamente. Las teclas
se pulsaban solas y a la vez se dibujaba cada letra en su tecla: ”S-E-R-Á-S E-L
S-I-G-U-I-E-N-T-E”.
La maté porque era mía - Silvia
-Está muerta- sentenció el Inspector Olmedo
mientras el policía abría la bolsa de plástico descubriendo el rostro de una
mujer-Ya no podemos hacer nada por ella.- Su nueva ayudante se le quedó mirando
boquiabierta, el hedor que desprendía el cuerpo evidenciaba que llevaba muerta días…
Y prosiguió el Inspector- Ha sido asesinada. Pobre mujer.- Otra cosa evidente
si se tiene en cuenta que apareció envuelta en una bolsa de basura industrial
entre los matorrales, pensó la becaria. Mantenía la boca cerrada, pero por
dentro estaba flipando (¿de dónde ha salido este señor?)
-Aquí ya no podemos hacer nada. Fernández,
lleven el cadáver al depósito. Este caso ya está resuelto.
-Pero… Inspector –dijo la becaria- ¿no piensa
tomar muestras del cadáver? ¿No va a investigar?
-¿Por qué íbamos a hacer tal cosa?-repuso el
Inspector- Ya tenemos al culpable, el chico de la gasolinera. El muy idiota dejó
una nota junto al cuerpo de su puño y letra: “la maté porque era mía” ¿Cuántas
pruebas más necesita?
-Pero… pero… no sé, contrastar muestras de ADN,
estudiar más a fondo y poder determinar exactamente qué ocurrió. Además el
acusado se declara inocente. Aunque reconoce que la letra es suya, no recuerda
haber escrito esa nota. Vamos, digo yo… pruebas, no sé.
-Mira chiquilla, este sitio es muy pequeño y
nos conocemos todos. No necesitamos todas esas “pruebas” ni que vengan de un
laboratorio a ventilar los trapitos de nuestra comunidad. Aquí nos bastamos y
nos sobramos. Siempre ha sido así y así seguirá siendo. No es momento ahora de
que una becaria con aires de grandeza nos diga cómo debemos hacer las cosas.
Fernández, proceda como le he dicho. Mañana celebraremos el funeral y dejaremos
que Juani descanse en paz.
Claudia, la becaria, no dijo nada más. Al
anochecer consiguió, no sin poco esfuerzo, y valiéndose de sus mejores dotes
femeninas, convencer al celador del depósito para que la dejara a solas con el
cadáver el tiempo suficiente para tomar
unas muestras de la boca y de la mugre que tenía la mujer bajo las uñas. Lo
tuvo que llevar ella misma al laboratorio después de tontear y dejarse invitar
a algunas cervezas por el propio celador, quien no tuvo ningún problema en
cerrar el depósito y abandonar su puesto de trabajo a tal efecto. Con la excusa
de un terrible dolor de cabeza y de tener que madrugar al día siguiente
consiguió huir del antro donde se encontraba y de las manazas que la retenían.
Tuvo que conducir durante dos horas para llegar a la capital, donde esperaban
su llegada. Solicitó discreción a Juanjo, su amigo del laboratorio quien, a su
vez, suspiraba por los huesitos de Claudia, aunque nunca se lo diría. Prometió,
como favor especial, quedarse esa noche analizando las muestras y llamarla por
la mañana con los resultados.
El funeral se celebró en un ambiente triste y
decadente. Poca gente acudió, pues había en el pueblo mucha gente que
simpatizaba con el presunto asesino y
apoyaba su inocencia. Nadie podía creer que el bueno de Antonio fuera
capaz de una atrocidad así, cuando además, todo el mundo sabía que adoraba a
Juani. Iban a casarse…El teléfono de Claudia vibró en su bolsillo y se retiró
del grupo para contestar. Era Juanjo.
-Tengo los resultados. Me ha costado bastante,
porque bajo las uñas la chica tenía tierra mezclada con la sangre y te tenido
que separarlos. Pero tengo información interesante…
Claudia se aproximó al Inspector y le susurró
que tenía información importante que contarle. El Inspector, con un gesto de su
mano, le dio a entender que hablarían una
vez finalizado el funeral, que se alargó todavía media hora, tiempo que
a Claudia se le hizo eterno. El Inspector entonces le sugirió que caminaran
mientras hablaban, para alejarse del grupo que se había congregado junto a la
tumba.
-Inspector, tengo pruebas de que Antonio no ha
matado a la mujer. El ADN de las muestras no coincide con el suyo. Está claro
que no fue él. Y tengo un dato relevante para dar con el asesino: su grupo sanguíneo
es muy poco frecuente, con lo que sería fácil dar con él. Por lo visto la chica
luchó lo que pudo contra su agresor y le arañó repetidamente, el asesino
todavía debe tener marcas en sus brazos, o por el cuerpo…
De repente el Inspector se detuvo. Habían
caminado a buen paso y se encontraban en un claro del bosque, alejado del
pueblo. Apuntaba a Claudia con su pistola.
-¡Qué lástima! Parecía usted una chica
inteligente. Hubiera llegado lejos en su carrera.
Por debajo de los puños de la camisa de
Olmedo, Claudia acertó a ver unos arañazos asomando.
La mancha - Antonio
La sangre llenaba toda la parte central de la figura humana
perfilada por la cinta blanca en el suelo de baldosa marrón con aspecto
centenario. El color rojo inicial se había convertido en una mancha oscura y
seca, casi negra, envejecida como el suelo. Dentro del conjunto perfectamente
estudiado del gran salón de la casa, en el que ningún objeto o espacio escapaba
a la combinación de blanco con tonos marrones envejecidos, la mancha parecía
una parte más de la decoración. Macabramente bello pensó el inspector Cándido Cambados,
en cuclillas a uno de los lados del perfil.
-Inspector, el forense dice que la sangre debe de llevar
aquí unas veinte horas, entre las tres y
las seis de la tarde de ayer.
Hace sólo unas horas la mancha era aún
un charco estridente, rojizo y húmedo, aún bajo el peso de un cuerpo que ahora
ya no estaba.
-¿Qué dice el guarda de la finca?
-Lo han ido a buscar al pueblo, ni
siquiera ha estado en la finca este fin de semana. Dice que no sabe nada.
-¿Qué quiere que diga, si ni siquiera tenemos un cuerpo? ¿Quién
coño habrá entrado aquí, asesinado y perfilado con cinta un cuerpo alrededor de
la puta mancha? ¿Seguro que es sangre humana?
-Eso parece. Entre tres y cuatro
litros, según el forense.
-Agente Baró, deje de hablar del
forense como si no lo conociese de nada, coño. Diga el Sr. Ares o Manuel, como
prefiera, o es que en los años que lleva casada con él no ha tomado aún la
suficiente confianza.
Joder, pensó. Esa era una de las
cosas que más le jodía de este trabajo, la burbuja de corrección, prudencia y
aséptica coreografía en que se convertía la escena del crimen. ¿Hay algo más cotidiano
que la muerte? ¿No bastaba con saber que había otro asesino suelto para
celebrar poder estar vivos?
-Agente Baró, ¿sabemos ya algo de la
llamada anónima que ha avisado?
-Nada nuevo, fue hecha desde un móvil
con tarjeta desechable, imposible de rastrear, en fin, hará falta tiempo, pero
probablemente no sirva de mucho.
Putas series de la tele, pensó el
Inspector Cambados. ¿Dónde habían quedado aquellas llamadas desde una cabina, o
simplemente callarse hasta que alguien descubriese el cadáver? Ahora los
asesinos además querían ser famosos. Porqué coño llevarse el cuerpo.
-¿Han encontrado los agentes algo en
los alrededores?
-Nada reseñable, ni nada que parezca
fuera de sitio. Ninguna de las entradas está forzada. El almacén de las
herramientas estaba cerrado y según el guarda no falta nada. Igual que en la
casa.
-¿Y los señores de la casa?
-Viven en Madrid, sólo vienen
durante algún puente o en vacaciones de verano. Aseguran que nadie tiene la
llave de la finca al margen del guarda.
-Pues eso no ayuda mucho a ese pobre
diablo. ¿Cómo se llama? ¿Eugenio?- Hay nombres que marcan, pensó. – ¿Está por
aquí?
La agente Angela Baró con un gesto
afirmó y señaló hacia el jardín de la entrada de la casa. Cándido miró y vio a
un hombre bajo, robusto, con el rostro ajado por el sol y el pelo gris.
El inspector Cambados se acercó al
guarda. El tipo temblaba como una pluma al viento. Podía ser un hombre simple
de campo o podía ser culpable. Pero al olfato de viejo policía, parecía más lo
primero que lo segundo.
-Don Eugenio, sólo una última pregunta. ¿Aparte de los señores,
quién más vendría por aquí? ¿No sé, amigos, familia?
-No suele venir nadie. Hace años venía un hijo suyo. Pero
hace como diez años que no se habla con ellos.
-¿Un hijo? ¿Quién es el hijo?
-A ver cómo le digo. Para mí es el señorito Rafael, pero
creo que ahora es artista y tiene otro nombre. No recuerdo, es complicado para
mí, hace años que los señores no hablan de él. Ha salido alguna vez en la tele,
haciendo cosas raras. No sé, yo es que no entiendo mucho de eso.
-Agente Baró, ¿sabía que los señores tienen un hijo?
-Sí, claro, es muy conocido. Es el artista visual éste que hace arte efímero, ¿cómo se llama su
proyecto? Ah sí, La Mancha Humana.
-¿Con quién ha hablado de los señores
de la casa?
-Con la Señora Villacantos.
-¿Y el señor, ha hablado con él?
-No, no he podido, había viajado a
visitar a su hijo.
Me cago en la puta pensó el
inspector Cambados.
El caso Yakaris - Cristina
Gozilla apareció muerto en la entrada de la escalera B. La noticia corrió como la pólvora entre la comunidad. Sí, el pequeño Gozilla era muy querido entre todos los vecinos. A pesar de que la comunidad prohibía tener mascotas a estos, él estableció su residencia repartida entre todos ellos.
El
inspector Yakaris no salia de su asombro. Había recibido varias llamadas que
aseguraban que se había cometido un asesinato en Pembridge Road y allí el único
cadaver era un yorkshire. Siguiendo con la investigación intentó establecer quién
era el propietario y ese punto fue desesperante, ninguno lo era y lo eran
todos. El Sr. Smith ,vecino de la comunidad , propuso hablar con la Sra. Jones
ya que el animal se encontraba cerca de su puerta y tal vez ella hubiera
escuchado algo que diera luz al caso. Al llegar a la puerta de la Sra. Jones
esta se abrió de par en par y vieron a la Sra. Jones tumbada en el suelo. El
inspector los aparto y constató que esta había pasado a mejor vida. Junto al
cadáver de la Sra. Jones el inspector Yakaris encontró un frasco vacío, un
plato roto y restos de comida para perros. Bien señores, mucho me temo que el
chucho ha sido envenenado y la Sra. Jones también, ahora sólo nos queda
averiguar que sustancia se encontraba en el frasco y quién ha sido el causante
de estos asesinatos. Les pido que colaboren y tengan paciencia. Mañana
realizaran la autopsia y sabremos a que atenernos.
A
la mañana siguiente el inspector Yakaris convocó a todos los vecinos. Bueno señores
ya tenemos el resultado de las autopsias. El chucho murió por una necrosis hepática.
¿Por una qué? Pregunto el Sr. Smith. Hablando claro, por un consumo excesivo de
paracetamol, dijo el inspector Yakaris. La investigación nos lleva a sospechar
que la Sra. Jones intentó tomar un paracetamol para aliviar su jaqueca diaria y
en ese preciso instante le sobrevino un paro cardíaco ,el frasco cayo al suelo
y como la puerta debía estar abierta ya que ese día le tocaba dar de comer al
perro, de ahí el plato roto con los restos de comida, este entro e
involuntariamente trago 300 miligramos de paracetamol produciéndole la muerte
en segundos. Por lo tanto, damos por cerrado el caso.
Una pregunta si me permiten, ¿porque Gozilla a un yorkshire? La mirada de la comunidad casi le fulmina, entonces el Sr. Smith dijo ¿y porque Yakaris a un inspector? Todos se fueron a sus casas maldiciendo al inspector Yakaris mientras este se dirigía a su vehículo mascullando para si mismo, odio a los perros.
El asesino de la avispa - Anahi
Me sentía encerrado en una antigua novela policiaca, una de la que es imposible escapar, otra vez allí, de pie, con el impermeable chorreando agua en la escena del crimen, otra casa, otra victima, pero la misma sensación de impotencia ente la macabra obra del asesino de la avispa asiática. Mi victima numero 20. Esta me duele más que la otras, me juré que no dejaría que ocurriera otra vez, lo peor es que este juramento ya lo he hecho 19 veces . Ya no hay euforia de encontrar una pista nueva, esa extraña emoción que golpea el corazón y lo insufla con renovadas energías. Hoy por primera vez no quería llegar. Como si evitarlo, lo hiciera irreal.
Aparque el coche a 100 metros del domicilio, necesitaba caminar antes de enfrentarme nuevamente al horror, la lluvia fría me chorreaba por el ala del sombrero y se veía através de las luces de las farolas de este barrio céntrico. La avista asiática era su firma. Siempre dejaba una en la palma de la mano derecha de la victima. Siempre una mujer joven, de alrededor de 30 años, soltera, sin ninguna relación formal.
Desde el primer caso, odio las avispas pero estas son peores, se alimentan de abejas, les arrancan las cabezas y se llevan los cuerpos para alimentarse. 30 avispas pueden asesinar 30.000 abejas en tres horas. Se quedan planeando casi inmóviles en las puertas de las colmenas, desafiantes, letales . No tienen piedad.
Al entrar por la puerta descolorida marrón mi compañera que lo lleva francamente mejor que yo me mira emocionada y me informa,
- Es ese maldito otra vez. María Rodríguez 32 años soltera, fotógrafa. Se preparaba para viajar a Rumania ese fin de semana por trabajo, nos llamó su editor. Es ese que mira por la ventana, le ha visto. Dice que vino a por María para irse juntos al aeropuerto pero que ella no lo sabía.
Miro al rincón y veo un hombre blanco de mi edad, con la cabeza gacha y el espinazo encogido. Junto a un policía que le toma declaración, pienso…otra victima que no volverá a dormir en paz.
Ya han llegado todos, técnicos, enfermeros, y el forense se encuentra agachado junto a la victima. Delicadamente colocada, tan bella, tan joven. En la mano derecha una avispa. Ni una gota de sangre. Pera esta vez es distinto, hay un testigo, le interrumpió, seguramente se dejó algo. Algo despertó nuevamente en mi corazón, lo volví hacer, cerré fuertemente los puños y me juré que esta, esta, sería la ultima vez.
Aparque el coche a 100 metros del domicilio, necesitaba caminar antes de enfrentarme nuevamente al horror, la lluvia fría me chorreaba por el ala del sombrero y se veía através de las luces de las farolas de este barrio céntrico. La avista asiática era su firma. Siempre dejaba una en la palma de la mano derecha de la victima. Siempre una mujer joven, de alrededor de 30 años, soltera, sin ninguna relación formal.
Desde el primer caso, odio las avispas pero estas son peores, se alimentan de abejas, les arrancan las cabezas y se llevan los cuerpos para alimentarse. 30 avispas pueden asesinar 30.000 abejas en tres horas. Se quedan planeando casi inmóviles en las puertas de las colmenas, desafiantes, letales . No tienen piedad.
Al entrar por la puerta descolorida marrón mi compañera que lo lleva francamente mejor que yo me mira emocionada y me informa,
- Es ese maldito otra vez. María Rodríguez 32 años soltera, fotógrafa. Se preparaba para viajar a Rumania ese fin de semana por trabajo, nos llamó su editor. Es ese que mira por la ventana, le ha visto. Dice que vino a por María para irse juntos al aeropuerto pero que ella no lo sabía.
Miro al rincón y veo un hombre blanco de mi edad, con la cabeza gacha y el espinazo encogido. Junto a un policía que le toma declaración, pienso…otra victima que no volverá a dormir en paz.
Ya han llegado todos, técnicos, enfermeros, y el forense se encuentra agachado junto a la victima. Delicadamente colocada, tan bella, tan joven. En la mano derecha una avispa. Ni una gota de sangre. Pera esta vez es distinto, hay un testigo, le interrumpió, seguramente se dejó algo. Algo despertó nuevamente en mi corazón, lo volví hacer, cerré fuertemente los puños y me juré que esta, esta, sería la ultima vez.
Cuaderno de bitácora: sesión 55
Domingo 10 de noviembre de 2013, seis de la tarde, reunión en Es Pou de s'Hereva. Asistimos a la sesión: Pau, Paco, Anahi, Rocio, Silvia, Guillermo, Cristina, Antonio y Romanie. David asiste como oyente.
Ejercicio: Hemos de escribir un texto con temática policíaca.
- Lecturas compartidas:
- Remedios Varo: "Catálogo razonado"
- Ben Clark: "Decálogo para escribir poesía"
- Chester Hymes: Relatos cortos
- Luis Mateo Díez: "Los males menores (microrrelatos)"
- Elias Canetti: "El corazón secreto del reloj"
- "El curandero místico", basada en el libro "El sanador místico" de V.S. Naipaul
El hombre frente a los Tanques de Tiananmen - Guillermo
Este hombre tiene un nombre, pero aún
permanece desconocido.
Se dice lo fusilaron días después de la
revueltas. Otros afirman que está vivo,
y reside en algún lugar de la China continental.
Los tanques entraban a Pekín, pretendían
reprimir violentamente las protestas democráticas contra el gobierno. Miles de
estudiantes, obreros e intelectuales marcharon exigiendo reformas de la
libertad de expresión y diálogo entre las autoridades del gobierno y los
representantes de organizaciones estudiantiles y obreras.
El lamentable desenlace lo conocemos
todos: un baño de sangre y fuego del que aún se desconoce el número exacto de
víctimas.
El hombre de la camisa blanca se detuvo
frente a la columna de tanques.
Portaba sendas bolsas, una en cada mano.
Estos disminuyen su marcha, el tanque en cabeza intenta sortearlo sin
resultado, el hombre se interpone en su camino repetidamente. Se detiene toda
la columna, el hombre sube al primer tanque y sostiene una conversación con el
conductor. Luego baja del mismo y vuelve a interrumpir el paso de la columna.
El hombre de la camisa blanca agita continuamente sus bolsas.
Varias personas ingresan a la vía para
coger y llevarse al hombre entre la multitud
agolpada en la plaza.
No sabremos nunca
Lo que el hombre de la camisa blanca
llevaba en sus bolsas
–aunque apuesto que su vida–
No sabremos nunca
lo que se dijeron con el conductor del
tanque
–aunque tenemos la certeza de que el
militar habló con miles–
Impacto de una noticia - Guillermo
Foto extraída Diario El País Semanal, de fecha 24 de Marzo de
2013, sobre artículo
‘Mercancías perecederas’, de Juan José Millás.
Tan solo lo que ven, estas frágiles y
cuatro paredes de cartón.
Maravillosas mujeres de manos curtidas al
sol tejieron esta divertida manta.
Duermo acurrucado en la noche africana.
Nunca he sabido que es más duro:
si el implacable calor sobre el chamizo de
este orfanato, o la gélida noche,
en la que todavía resuenan en el horizonte
los ecos de algún fusil.
Hoy desperté de un mal sueño. La cuna
vecina estaba vacía, tampoco estaba su manta.
Suelo jugar poco con mis compañeros. Ellos
luego desaparecen.
Hay un momento del día, en que el salón
queda desierto, las mujeres nos preparan
leche templada y regresan a sus hogares a
cuidar de los hijos.
Me acostumbro al silencio.
Esperaré a mi nuevo compañero.
O quizás, a mis futuros padres.√
Elogio a la mala leche - Rozio
Me llamo Javier y nací en el país de la mala leche. Cada mañana me levanto y golpeo el despertador con rabia. El 50 % del presupuesto de un malalé se va en este objeto. Total, la comida casi siempre está sosa, el arroz pasado y básicamente, digámoslo: está mala y la dejamos sin tocar en el plato. Algunos ciudadanos notables, incluso tiran éste al suelo, pero sólo se lo pueden permitir los verdaderamente ricos.
La atmósfera negativa que emana nuestro hogar, hace que llueva casi siempre que sales de casa, pero no está bien visto lanzar improperios, sino sólo ejecutar un fuerte chasquido. Esto se aprende desde pequeños. Ahora bien, debido a la abundancia de charcos, siempre te salpica algún coche en la calle, y aquí si que puedes explayarte y largar unos cuantos insultos y gritos, que serán apropiadamente respondidos bien por el conductor o bien con el claxon. Así, nadie puede oírse por la calle y puedes caminar bien cabreado.
En el trabajo, la gente asciende según su capacidad de amargar el día a los compañeros, y los más agradables y bruscos son seleccionados para los puestos de atención a l público. Así, nadie sale de ningún comercio sin haber agriado el humor a cualquiera.
Casi siempre llegamos a casa cansados y con hambre, lo que propicia que el ambiente sea bastante desagradable. Yo he tenido suerte, y he encontrado a una mujer que discute por cualquier cosa y somos bastante infelices. Nos gusta salir los sábados, como todo el mundo, a los lugares más abarrotados donde todo el mundo te cae mal. Ahora vamos a "Mala puñalá te den". Ahí ponen una película o hacen conciertos, pero todo el mundo habla y apenas puedes seguirlos y al volver puedes ir criticando a los de al lado.
En fin, puedo presumir de ser un ciudadano bastante normal. Me despediré con un sincero: que os den a todos y aunque no pienso disculparme por el tono cordial de la carta, debo decir que hoy no tengo el día.
La atmósfera negativa que emana nuestro hogar, hace que llueva casi siempre que sales de casa, pero no está bien visto lanzar improperios, sino sólo ejecutar un fuerte chasquido. Esto se aprende desde pequeños. Ahora bien, debido a la abundancia de charcos, siempre te salpica algún coche en la calle, y aquí si que puedes explayarte y largar unos cuantos insultos y gritos, que serán apropiadamente respondidos bien por el conductor o bien con el claxon. Así, nadie puede oírse por la calle y puedes caminar bien cabreado.
En el trabajo, la gente asciende según su capacidad de amargar el día a los compañeros, y los más agradables y bruscos son seleccionados para los puestos de atención a l público. Así, nadie sale de ningún comercio sin haber agriado el humor a cualquiera.
Casi siempre llegamos a casa cansados y con hambre, lo que propicia que el ambiente sea bastante desagradable. Yo he tenido suerte, y he encontrado a una mujer que discute por cualquier cosa y somos bastante infelices. Nos gusta salir los sábados, como todo el mundo, a los lugares más abarrotados donde todo el mundo te cae mal. Ahora vamos a "Mala puñalá te den". Ahí ponen una película o hacen conciertos, pero todo el mundo habla y apenas puedes seguirlos y al volver puedes ir criticando a los de al lado.
En fin, puedo presumir de ser un ciudadano bastante normal. Me despediré con un sincero: que os den a todos y aunque no pienso disculparme por el tono cordial de la carta, debo decir que hoy no tengo el día.
La traición - Cristina
Vendí mi alma al peor postor
por una noche de alcoba y un plato caliente.
Sí, mis labios amoratados sucumbieron a su encanto
me prometió prestigio y dinero
pero ellos jamás llegaron.
Y ahora soy su esclavo
le sirvo palabras de quién fue poeta en otro tiempo
palabras muertas que ya no siento
quisiera huir hacia el frío de la noche
y así poder recuperar mis versos,
pero la morada en que habito
es más fuerte que mi anhelo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














