La Clase Funcionaria en Entredicho:
Detectadas irregularidades en los procedimientos de petición de vacaciones en el Ayuntamiento de Eivissa.
Aunque aún no ha sido anunciado de forma oficial a la espera del próximo pleno del consistorio de la ciudad de Eivissa, este periódico ha podido tener acceso al conocimiento de nuevas irregularidades en los procedimientos de petición de vacaciones para el cuerpo de funcionario. En este caso, la anomalía parece venir de un técnico de la Regidoria de Benestar Social, sin que haya trascendido el nombre del implicado, si bien fuentes consultadas por este medio no dudaron en señalar: " al tipo alto y calvo con pendientes"; extremo no contrastado al negarse de forma negativa esta persona a realizar declaraciones, por tener que seguir realizando sus labores como mediador intercultural.
El error en el procedimiento se detectó del pasado viernes, en la Unidad de Gestión de Benestar Social, y dado el eco que podía tener esta nueva injerencia, dados los tiempos en los que estamos, la opinión generalizada en torno a la clase funcionaria, y, al hecho de que al administrativo responsable de la gestión le debía de sobrar mañana y media para deleitarse en un escrito oficial, sellado y firmado, explicando una vez más el protocolo habitual. La petición de vacaciones por parte de trabajadores funcionarios e interinos ha de pasar por las fases de: decisión de las fechas concretas (no vale mañana o pasado, ha de ser un número de día y de mes concreto, en el año corriente), redacción de la solicitud, dos copias, firmas originales del interesado, responsable de servicio, y posteriormente visto bueno del regidor o regidora responsable del área. El hecho de que la solicitud careciera de firmas puso sobre aviso el celo extremo de la administrativo del área, la cuál actúo de forma rápida, como se supone a la administración, remitiendo el requerimiento de subsanación de errores y el protocolo firmado por ella misma, en la nada desestimable cifra de siete días.
Desde la oficina de dónde salió la petición rumbo de los reinos de la Unidad de Gestión, sita en el popular barrio de Figueretas, la responsable de atención en ventanilla, dado que el mediador, como ha quedado dicho, no tuvo tiempo, parece ser, pues es excusa ya común, de atendernos, sí que tuvo la deferencia de comunicarnos que todo se debía a un malentendido, que las hojas habían quedado sueltas entre otros documentos y que, por error fueron enviadas. Manifestó igualmente que una vez detectado el error se habían puesto en contacto con el mando en plaza de la Unidad de Gestión y que habían solicitado la devolución de los impresos, cosa que creyó que había quedado clara y sin complicaciones, aunque sospechó al oír la risilla malévola del otro lado del teléfono.
Por alusiones, la Unidad de Gestión ha manifestado que ella realizó su labor y, aún, que pidan gracias que ha logrado detener el procedimiento antes de que llegase al departamento de Recursos Humano, Santa Sanctorum de "Porque yo lo valgo y punto".
Se espera no obstante que este lunes próximo, la situación quede normalizada, una vez se haya realizado el procedimiento habitual, y todo vuelva a su cauce dado que el mentado mediador no regresará a la oficina hasta el próximo 7 de diciembre, Dios mediante.
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miércoles, 23 de enero de 2013
El Sr. López - Rozio
El porqué no lo sabe nadie, pero un buen día salió el señor López de su casa cargado con la base de una columna. Caminó hasta la plaza y se detuvo antes de entrar a ella. Observó el bullicio habitual y, muy serio, plantó la plataforma justo en el centro, se subió a ella, y se convirtió en estatua humana.
El dedo derecho solemnemente levantado, la nariz apuntando al cielo, la mano izquierda apoyada elegantemente en la cadera.
Al principio, los niños intentaron romper la total inmobilidad insultando, molestando, pero el Sr. López parecía petrificado.
Algunos, con el tiempo, buscaron sin resultado un mensaje oculto escrito en la base, pero al final todo el mundo se acostumbró rápidamente y olvidó el origen de la estatua.
La verdad es que ahora, la plaza está mucho más bonita.
El dedo derecho solemnemente levantado, la nariz apuntando al cielo, la mano izquierda apoyada elegantemente en la cadera.
Al principio, los niños intentaron romper la total inmobilidad insultando, molestando, pero el Sr. López parecía petrificado.
Algunos, con el tiempo, buscaron sin resultado un mensaje oculto escrito en la base, pero al final todo el mundo se acostumbró rápidamente y olvidó el origen de la estatua.
La verdad es que ahora, la plaza está mucho más bonita.
Muere Lana - Pau
El pasado día 22 de noviembre murió Lana, la gata más hermosa que ha habitado Ca'n Ignaci en su historia. Tras una larga vida (17 años), apacible y calmada, se fue de este mundo dejando un recuerdo emocionado e imborrable en su compañero humano.
En las últimas semanas, su acreditaba buena salud había mermado hasta el punto de dejarla postrada y sumida en silenciosos sufrimientos que llevaron a su compañero a tomar la tristísima decisión de poner fin a su remedo de vida.
Se durmió definitivamente en la clínica con una mano amiga acariciando su cabecita.
Esa gracil, arisca, caprichosa y huidiza. Odiaba a los niños y los perros desconocidos.
Sólo queda un superviviente de la que fue la manada feliz: Duna, Sonia, Rilke, Lana y Pau.
Fue enterrada envuelta en un viejo forro polar en el campo embarrado de Ca'n Ignaci, bajo una higuera, junto a su vieja compañera Duna.
En las últimas semanas, su acreditaba buena salud había mermado hasta el punto de dejarla postrada y sumida en silenciosos sufrimientos que llevaron a su compañero a tomar la tristísima decisión de poner fin a su remedo de vida.
Se durmió definitivamente en la clínica con una mano amiga acariciando su cabecita.
Esa gracil, arisca, caprichosa y huidiza. Odiaba a los niños y los perros desconocidos.
Sólo queda un superviviente de la que fue la manada feliz: Duna, Sonia, Rilke, Lana y Pau.
Fue enterrada envuelta en un viejo forro polar en el campo embarrado de Ca'n Ignaci, bajo una higuera, junto a su vieja compañera Duna.
COGR - Romanie
COGR TAMBIÉN HABLA DE POLÍTICA
Hace ya dos años que Ibiza disfruta de un lugar conocido como “COGR , Cooperativa de optimización y gestión
de recursos”. Cuando ya pensábamos que estaba todo inventado surge este ejemplo
inspirador y renovador, a la que hoy nos añaden una nueva noticia.
Repasando brevemente su
historia `podemos recordar que este es un proyecto que empieza en 2012 tras el
desplome de los bancos y la economía de nuestro país. En este momento también
vivimos el despido de un 70 por ciento de los funcionarios.
En este momento cuando se ven
en el agujero es cuando surge esta cooperativa que empieza a funcionar a partir
de un grupo de amigos y que ahora cuenta con 200 personas. El grupo propone no
ampliar este núcleo más y anima a que otros hagan lo mismo en otras zonas de la
isla, cómo se ha hecho en otras comunidades de Alemania , Inglaterra, Francia y
Suecia.
José nos recuerda “Todo empezó
a materializarse en el momento en que mi tío se jubiló de la carpintería
familiar, el local no se pudo alquilar ni vender, así que trazamos un plan de
aprovechamiento del espacio y a la familia le pareció bien, nunca nos
hubiéramos imaginado lo lejos que hemos llegado hoy”
En este espacio se cultivan
verduras, se hace pan, conservas, se hacen muebles de madera, se hace cerámica,
se diseña y se cose, se teje, y en cuanto al ocio, el espacio ofrece
conciertos, actuaciones, danza, cenas…y unas normas claras y necesarias que
deben respetarse para el buen funcionamiento común.
Lo que hoy es noticia ya no es
el buen funcionamiento de este proyecto sino su evolución hacia la política,
desde un punto de vista muy peculiar y nuevo. Han lanzado, a través de internet
un sistema en el que todo ciudadano que se registre en un formulario básico de
datos de usuario puede votar todos los temas de actualidad debatidos por
nuestro políticos. Las cuestiones a debatir también pueden ser formuladas por
los usuarios. Romanie, una de las miembros de COGR (Cooperativa de optimización
y gestión de recursos) nos explica que este sistema es el que han usado para el
funcionamiento interno y sus resultados son muy buenos, y funciona. “Con este
sistema no hay color político ni interés propio, es una forma excelente para
poner en práctica una democracia verdadera, esperamos que dentro de poco, esta
ventana de internet ya sea un referente para los políticos y que igual que esta
crisis económica ha hecho posible que los individuos optimicemos nuestros
recursos y trabajemos más como grupo, cosa que antes era inimaginabe durante
los años de bonanza, pensamos que es el momento perfecto para la transformación
de los modelos políticos.”
Parejas - Marcela
Parejas
En Noviembre del 2009 durante la “V muestra
de Cine y Discapacidad” de Málaga, tuve la suerte de conocer a una peculiar
pareja, Marcela y Kenneth, él con una severa tetraplejia que lo inmoviliza de
hombros para abajo, que presentaban un corto relacionado sobre la vida en
pareja con discapacidad.
En el cortometraje podemos escuchar
diferentes testimonios de amigos y familiares contando sus experiencias en
pareja, y de los protagonistas, los cuales explican cómo en la actualidad
existen muchas maneras de relacionarse en pareja, y que las más exitosas son
aquellas que están mas capacitadas para entender, comprender y solucionar las
dificultades y diferencias que hay entre ellos.
Me conmovió esta historia de amor que va más
allá de las apariencias, y me hizo reflexionar sobre el modo en que el ser
humano se relaciona consigo mismo, con los demás y con su entorno. No pude
olvidarlos.
Dos años después me encontraba en Ibiza
cubriendo la noticia de una exposición de cuadros de la artista Romanie
Sanchez, y cuán grande fue mi sorpresa al encontrarme con Marcela y su nueva
pareja, un escultor de la isla.
De forma automática, mi mente comenzó a
cuestionarse aquella emotiva historia ¿dónde está Kenneth? ¿Debe haberle roto
el corazón? o quizás… ¿eran actores?
La curiosidad debía reflejarse tan claramente
en mi cara que ella misma me ahorró la atrevida pregunta que estaba a punto de
escapar de mi boca:
“Kenneth está muy bien. Finalizó sus estudios
de psicología, trabaja como terapeuta de PNL, programación neurolinguística –
me aclaró – sigue dando conferencias en colegios y otras instituciones como
motivador, y se independizó de sus padres hace ya más de un año, gracias a
Noelia, la mujer con la cual comparte en la actualidad su vida”
Rato después, de camino a la redacción,
reflexionaba sobre las cuestiones de pareja y pensaba que, como la gran
mayoría, ellos tampoco consiguieron solucionar las dificultades y diferencias
que tenían como explicaban en el corto. Pero sentía que Kenneth era la parte
afectada, el débil, la victima, y sin embargo, él seguía viviendo, y con nuevos
planes profesionales y sentimentales.
Esto me lleva a plantear otras cuantas preguntas
que quiero compartir con ustedes: ¿Por qué pensar que una discapacidad física
destina a la persona a un sufrimiento mayor por ese aparente desvalimiento?
¿Una discapacidad física merma el coraje intrínseco del que la padece? ¿Acaso
una ruptura sentimental es menos dura para los que no tenemos discapacidad?
¿Dónde radica la capacidad de sufrir y de disfrutar de un ser humano?... Dicen
que todo está en la mente, pero eso lo dejaré para el siguiente artículo.
Gracias.
El hombre sin sombra - Hassan Ahmar
Crece el dispositivo de búsqueda del Hombre sin Sombra
Madrid, redacción
Ayer el Ministerio de Interior anunció que la CIA se unía al
dispositivo de caza del ciudadano español Jason Roig, el famoso Hombre sin
Sombra que saltó a la fama a mediados de agosto al aparecer en el programa
televisivo Enigma.
Pocos días después de aquella retransmisión la familia de Jason
Roig denunció su ausencia, y una semana más tarde se desató un gran escándalo
al aparecer un blog en la red en la cual el ahora declarado prófugo reaparecía
ante la opinión pública denunciando que había sido secuestrado por el ejército
y que lo habían utilizado como cobaya humana. Aquella denuncia y la petición de
ayuda al Tribunal Internacional de Derechos Humanos han hecho del insólito caso
un “affair” internacional de primer orden, en el cual inteligencia militar, justicia
y comunidad científica mantienen una disputa que está teniendo un gran eco en
la opinión pública.
Hasta la fecha no ha trascendido el resultado de las
investigaciones llevadas a cabo por el departamento de investigaciones médicas
del ejército, así como tampoco las circunstancias de la fuga del 'secuestrado',
aunque filtraciones de información apuntarían a que podría haber sido ayudado a
escapar por alguien ' de dentro'. Al hermetismo con que Defensa trata el caso
contrasta la gran campaña de búsqueda que ha desplegado Interior, que no hace
más que sumar organismos y organizaciones al dispositivo.
Por otra parte, Alfonso Barros, director del Programa de
Investigación de Física Cuántica de la Complutense manifestaba ayer en el
portal de la institución que el hecho de que un ser vivo manifestara una
ausencia parcial de opacidad a la exposición lumínica, no proyectando sombra
una parte de su cuerpo, podría tener unas repercusiones tan profundas en la
comprensión de la materia que cambiara totalmente los fundamentos de la física
tal como la conocemos hoy. Afirma en el comunicado que tal anomalía cabe dentro
de lo 'posible' en el mundo cuántico, pero que la probabilidad de que ello
suceda es una parte entre 13 elevado a la 19, y que el hecho de que el estado anómalo
se mantenga a lo largo del tiempo tiene una probabilidad de suceder de 17 a la
256, que es como decir que es algo imposible.
Mientras tanto el blog ha sido la página web más visitad en la
historia de la red, y ya hay quienes pujan por hacerse con su propiedad. Así al
dispositivo 'oficial' de búsqueda se están uniendo legiones de internautas,
caza recompensas y buscadores de Santo Grial. Entre lo millones de mensajes que
se han colgado del blog pueden encontrarse textos de santería, magia negra, budistas,
cristólogos, matemáticos, videntes, tarotistas, biólogos, exorcistas, artístas,
filósofos... hasta varios cientos de áreas del saber, según datos publicados
por la ONG Estadísticas en Filtrado y Análisis.
El caso promete convertirse en uno de los mayores sucesos o
descubrimientos de todos los tiempos.
Balcón y llaves - Diana C
JOVEN SALTA BALCÓN PARA RECUPERAR
LAS LLAVES
Un nuevo estilo de balconing se pone
de moda en Ibiza. “Ha sido un salto arriesgado pero volvería a hacerlo” declara
el joven en estado de ebriedad. “Yo sí que tuve que volver a hacerlo” replica
la vecina.
Los hechos se dieron en torno a las 18.00 horas del
pasado 32 de Reciembre, cuando D.C. residente en el barrio de Figueretas, se
percató de que se había dejado las llaves en el interior de su vivienda. Dado
que un cerrajero cobra por cinco minutos de trabajo lo mismo que otros
profesionales por una hora, la vecina decidió optar por otras vías de solución.
Echando mano de contactos, un amigo de un amigo del novio de una amiga, gitano
de procedencia, fontanero de profesión y ducho en el arte de la ganzúa desde la
infancia fue requerido en el inmueble para proceder a la apertura de la
cerradura. Mientras D.C. esperaba su llegada en el portal, comentando como es
bien sabido que hay que tener amigos hasta en el infierno, llegó el vecino,
R.G. que, al enterarse de la situación, se ofreció para saltar por el balcón y
solucionar el asunto de un plumazo. La primera respuesta fue la lógica negativa
ante la peligrosidad de la oferta. Además, el gitano ya estaba en camino.
JM. R., de 1,97 de estatura y un diámetro corporal de
2,36, conocido como el Finito, abandonó su trabajo para enfrentarse a lo que
consideraba un reto fácil con tarjetas de diverso calibre: de débito, de
crédito, la Travel Club y el carné de la biblioteca. Todos los intentos
resultaron fallidos. El Finito, herido en su orgullo, se jactaba de que a él no
había puerta que se le resistiera. Mientras el vecino se iba asomando
periódicamente “qué, cómo va la cosa... bueno, si necesitas que salte, ya
sabes”.
Ante el progresivo enrojecimiento de El Finito por el
calor, el esfuerzo y la vergüenza, D.C. decidió aceptar la oferta de su vecino.
Los tres pasaron a su domicilio, decorado con un agradable estilo budista-Ikea,
y vigilaron de cerca la operación del salto de balcón a balcón, que se
desarrolló sin mayor incidente, salvando el hueco de la esquina entre una
terraza y otra. “Esto hago yo todo el día en mi trabajo”, declaró el vecino,
apresurándose a aclarar que era electricista y el cableado de edificios era
parte de su tarea. Abriendo la puerta desde el interior de la casa, el problema
quedó resuelto.
Pero como todo lo que sube tiene que bajar, dos
semanas después, un domingo a las 9.00 de la mañana sonó el timbre de D.C., que
abrió con las legañas aún puestas. Era el vecino, en total estado de ebriedad, disculpándose
por llamar a esas horas y explicando que se había dejado las llaves en casa.
Quería saltar a su domicilio, pero la vecina no le permitió hacerlo en ese
estado, vaya a ser que tuviesen un disgusto, y ella misma se deslizó a la
terraza contigua devolviendo el favor. La sorpresa llegó cuando el vecino,
agradecidísimo y borracho, cerró la puerta de D.C. que tuvo que saltar una vez
más para regresar a su hogar.
Un día como hoy - Analia
Efemérides,
diario Púrpura, planeta H
Un día
como Hoy
nace poetiza,
costurera, extranjera, pintora de brocha gorda, jardinera, periodista...
un día como hoy
La
misma asegura que un día camino a la universidad se detuvo súbitamente en medio de la acera de
autobuses al estamparse con un cartel de
señalética para coches que insistía : PARE. Subió a un
avión destino a España con 100 dólares
en el bolsillo a los 21 años. Vivió con
un famoso cantautor catalán con quien compartiera ducha y
sesiones de ayahuasca, la famosa
raíz psicodélica. Entrenó durante un año con un maestro chino , a
las 7 de la mañana la práctica del tai chi chuan, aunque frenética
amante de las palabras, jura que esa práctica fue el
silencio más silencio de su vida. Y así entre España y Argentina muere cada
siete años porque nace otra vez, algunas veces sueña que su madre es
joven y rien juntas.
Hoy vive en una isla blanca del Mediterráneo a 34 días de 2012, a 34 años de su primer inspiración un día como
hoy.
Cuaderno de bitácora: sesión 17
27 de noviembre de
2011, cinco de la tarde, nos reunimos en Casa Broner. Asistimos a la sesión: Marcela, Romanie, Rocio,
Jason, Guillermo, Pau, Diana y Antonio.
Ejercicio: Noticiar una experiencia personal.
Lecturas compartidas:
- Vicente Valero: "Viajeros contemporáneos"
- Yo puedo (Youtube): de Kenneth Iversjö
Cambio - Antonio
Pago el periódico y las revistas con 20 euros, el quiosquero me devuelve el cambio. Los titulares hablan de cambio político, una de las revistas es un monográfico sobre la transformación social de España en los últimos 35 años, la otra de las mutaciones genéticas a partir de la manipulación de las cadenas de ADN, maíz y soja transgénico, células madre, regeneración de tejidos y extremidades... La realidad es pura ciencia ficción. Salgo a la derecha, en el semáforo cruzo en rojo la calle y del otro lado el sol pica. El semáforo de peatones se pone en verde y nadie cruza.
He vivido en este barrio en diferentes épocas de mi vida. Siempre me ha parecido igual. Sé que me miento. Ya no están las casas bajas que encaraban la bahía. La población ha cambiado, ahora hay más orígenes y colores, las tiendas ahora son locutorios y supermercados de productos exóticos. Siguen entremedio los comercios de siempre. Algunos han desaparecido, pero los colores de los nuevos negocios parecen ya antiguos y presentes desde mucho antes. La gente de siempre, y los que serán de siempre dentro de poco.
El semáforo sólo lleva aquí un mes, y todos seguimos cruzamos sin mirarlo. Los coches de aquí siguen parándose como en un paso de peatones normal. Los de fuera, son los que pitan al que cruza. Enfrente doña María, la maestra, en su balcón del segundo piso, riega los geranios, envuelta en su bata de guatiné. Al girarse para regresar dentro se descuida y empuja una de las macetas. En menos de un segundo se escucha un golpe seco en la acera. Doña María ni se inmuta. Al fin y al cabo, aquí nunca pasa nada.
Fui un niño en este barrio y todo parecía grande, vivo y ruidoso. Quince calles, veinticinco manzanas, un parque, una playa, un mundo con todo lo necesario. O no. Me fui. Volví. He vivido en tres apartamentos diferentes, en tres calles. Siempre he tomado café en Casa Manolo y las cervezas en el Antonio. Una vez me robaron el coche y me dí cuenta tres días después. Lo habían vuelto ha dejar en el barrio, dos calles más abajo de dónde lo encontraron, con la ventanilla reventada, los cables bajo el volante colgando, el depósito vacío y una multa de la zona azul en el parabrisas. Lo vendí y compré otro igual, del mismo color. Es mi coche de siempre.
Sigo camino de la terraza del Casa Manolo, que desde hace unos años lleva una pareja paraguaya, que ha cambiado de mobiliario, colores y carta, y que para mí y para muchos sigue siendo el de siempre, inmutable. El café con leche sabe distinto, probablemente mejor, las tostadas ya no están nunca quemadas por el borde y la camarera primero sonríe y luego pregunta. Pido lo de siempre, de una carta llena de cosas nuevas.
Doy un trago al café. Pienso en el golpe seco de la maceta en el suelo, la ola de tierra rompiendo en la acera, los pétalos y las hojas del geranio esparcidos. La acera gris borrada por los colores... Pienso en todas las capas que cubren mi gris. Yo mismo he cambiado, y sin embargo, no sé ser distinto.
He vivido en este barrio en diferentes épocas de mi vida. Siempre me ha parecido igual. Sé que me miento. Ya no están las casas bajas que encaraban la bahía. La población ha cambiado, ahora hay más orígenes y colores, las tiendas ahora son locutorios y supermercados de productos exóticos. Siguen entremedio los comercios de siempre. Algunos han desaparecido, pero los colores de los nuevos negocios parecen ya antiguos y presentes desde mucho antes. La gente de siempre, y los que serán de siempre dentro de poco.
El semáforo sólo lleva aquí un mes, y todos seguimos cruzamos sin mirarlo. Los coches de aquí siguen parándose como en un paso de peatones normal. Los de fuera, son los que pitan al que cruza. Enfrente doña María, la maestra, en su balcón del segundo piso, riega los geranios, envuelta en su bata de guatiné. Al girarse para regresar dentro se descuida y empuja una de las macetas. En menos de un segundo se escucha un golpe seco en la acera. Doña María ni se inmuta. Al fin y al cabo, aquí nunca pasa nada.
Fui un niño en este barrio y todo parecía grande, vivo y ruidoso. Quince calles, veinticinco manzanas, un parque, una playa, un mundo con todo lo necesario. O no. Me fui. Volví. He vivido en tres apartamentos diferentes, en tres calles. Siempre he tomado café en Casa Manolo y las cervezas en el Antonio. Una vez me robaron el coche y me dí cuenta tres días después. Lo habían vuelto ha dejar en el barrio, dos calles más abajo de dónde lo encontraron, con la ventanilla reventada, los cables bajo el volante colgando, el depósito vacío y una multa de la zona azul en el parabrisas. Lo vendí y compré otro igual, del mismo color. Es mi coche de siempre.
Sigo camino de la terraza del Casa Manolo, que desde hace unos años lleva una pareja paraguaya, que ha cambiado de mobiliario, colores y carta, y que para mí y para muchos sigue siendo el de siempre, inmutable. El café con leche sabe distinto, probablemente mejor, las tostadas ya no están nunca quemadas por el borde y la camarera primero sonríe y luego pregunta. Pido lo de siempre, de una carta llena de cosas nuevas.
Doy un trago al café. Pienso en el golpe seco de la maceta en el suelo, la ola de tierra rompiendo en la acera, los pétalos y las hojas del geranio esparcidos. La acera gris borrada por los colores... Pienso en todas las capas que cubren mi gris. Yo mismo he cambiado, y sin embargo, no sé ser distinto.
Dulcinea - Pau
He decidido apartarme de esta civilización tan dañina. Mi coche hace hora y media que me interna en esta espesa y extensa sierra por una carretera de montaña. El lugar lo elegí a conciencia, tras determinar a través de Google Earth la zona más agreste y despoblada de España, esa que en las fotografías nocturnas de satélite, aparece menos iluminada.
Abandono el coche y me adentro en el bosque provisto de todo lo que creo necesario para vivir como un salvaje. Tras caminar con determinación, más de cinco horas, a punto ya de anochecer, he encontrado un buen refugio para mi primera noche de libertad.
Me instalo. Es perfecto. Desde esta hospitalaria oquedad de la montaña puedo ver cómo sale para mí la luna llena. Antes de comer un poco de pan y queso, saco de mi mochila el móvil, casi sin bateria, símbolo perfecto del mundo que dejo atrás.
Quería hablar por última vez con un ser humano antes de perderme para siempre.
Fue entonces cuando sonó el móvil, sobresaltándome. Una amable operadora colombiana de Movistar de sedosa voz me ofrecía un estupendo plan que adelgazaría mi factura y que yo acepté gustoso. Después de aprobar otros planes y conexiones de internet magníficos, le conté mi plan y le propuse unirse a mí. Lamentablemente la batería del móvil no esperó a su respuesta.
Esa noche me dormí arrullado por el eco de la voz de Miranda. Ya tenía mi Dulcinea.
Abandono el coche y me adentro en el bosque provisto de todo lo que creo necesario para vivir como un salvaje. Tras caminar con determinación, más de cinco horas, a punto ya de anochecer, he encontrado un buen refugio para mi primera noche de libertad.
Me instalo. Es perfecto. Desde esta hospitalaria oquedad de la montaña puedo ver cómo sale para mí la luna llena. Antes de comer un poco de pan y queso, saco de mi mochila el móvil, casi sin bateria, símbolo perfecto del mundo que dejo atrás.
Quería hablar por última vez con un ser humano antes de perderme para siempre.
Fue entonces cuando sonó el móvil, sobresaltándome. Una amable operadora colombiana de Movistar de sedosa voz me ofrecía un estupendo plan que adelgazaría mi factura y que yo acepté gustoso. Después de aprobar otros planes y conexiones de internet magníficos, le conté mi plan y le propuse unirse a mí. Lamentablemente la batería del móvil no esperó a su respuesta.
Esa noche me dormí arrullado por el eco de la voz de Miranda. Ya tenía mi Dulcinea.
El cambio - Romanie
El cambio mientras ocurre, no
lo reconozco. El cambio solo lo reconozco cuando es comparable un estado con
otro. Y mientras me paro a reconocer y valorar ese cambio, el cambio sigue en
produciéndose. El cambio es movimiento que cuanto más lento y sutil es, más
cuesta darme cuenta de que se mueve. Entre instantes de lucidez no más largos
que un pestañeo, se abre un instante de visión real, el presente. Este estado,
es el único en que el cambio no es relevante y a la vez hay consciencia de
ello. Las dos caras de la moneda que en su conjunto desafían la comprensión
racional de la mente intelectual. El cambio es un tic tac de un reloj que jamás se detiene, por muchos
esfuerzos que a veces hacemos y trucos que nos gastamos el cambio es continuo.
Un movimiento sutil y constante, esa es la esencia de la vida orgánica de la
cual nosotros formamos parte y que a veces olvidamos por habitar más en las
altitudes vertiginosas de la mente sin echar raíces vinculantes a la tierra de
la que formamos parte.
Esto es algo que quiero
recordar, no siempre me acuerdo de que formo parte de este constante
movimiento, que el l estancamiento o el apalancamiento son una ilusión. No es
natural, es el estado de no estar presente, en el cuerpo al que pertenezco, es
cuando esa alma que dicen que tenemos( o lo que sea!) se me ha dormido al
cálido sol de otoño en una cómoda postura, del que acabo saliendo tiesa y
lesionada.
Cambios - Marcela
Me bautizaron como
Segismundo Gómez en la pequeña iglesia de un pueblo de Cáceres, donde crecí
modestamente, jugando y ayudando en la finca que arrendaban mis padres a un
señorito de Extremadura.
El primer cambio
drástico lo viví siendo un chaval de apenas 14 años, cuando mis padres ganaron
la lotería de Navidad. Hasta entonces mi vida había sido la de un chico de
campo, retraído, que pasa más tiempo en el monte cazando pajarillos y cuidando
a las cabras, que jugando con otros chicos de la zona.
Me enviaron a
Madrid, a casa de un tío viudo, que con el dinero que le enviaban mis padres
para mis cuidados y estudios, le llegaba para enseñarme la vida nocturna de la
capital. Aprendí mucho en la escuela y mucho más con mi tío Benito. Cuando
llegó el momento, decidí estudiar derecho y no me fue nada mal.
El dinero de la
lotería se había acabado y como le había pillado el gustillo a la buena vida,
me esforcé por convertirme en un abogado de renombre y lo conseguí gracias a
los buenos contactos que hice durante las noches madrileñas. Me propusieron
trabajar para el ayuntamiento de Marbella y así entré a formar parte de la
élite más corrupta de España y Europa.
Fiestas, mujeres y
drogas acompañaban mis noches de dispendio y locura.
Menudo cambio desde
mi primera novia, la cabra Margarita, a las modelos internacionales más
despampanantes.
Tuve que ensuciarme
las manos todavía más con las sospechosas desapariciones de alguna de las
acompañantes de mi amigo y cliente Mijailovitch.
Todo cambia - Hassan Ahmar
Todo cambia decía la canción. Sentado en el porche de su casita Juan Hoyos no paraba de tararear la estrofa. Veía como el aire arrastraba rodando las matas resecas, dando vueltas sobre si mismas hasta perderse en la distancia. Tenía venticinco años y jamás había ido más allá de San Javier, el pueblecito de sus tios que estaba a dos días de camino. Vivía con su abuela en medio del páramo polvoriento, cuidando de trece cabras, el burro Lewis y un pequeño huerto abajo en la cañada. La única sombra en aquel lugar la proporcionaban las chapas desvencijadas que colgaban de dos palos y apoyaban sobre ola pared de barro de la vivienda, o el ala de su sombrero cuando se aventuraba más allá del tinglado. Acababa de comer y Fernanda se había echado un rato. Él esperarí a que el sol bajase para acercarse a regar al huerto y traerse dos cántaros de agua con la ayuda de Lewis. Luego iría a buscar las cabras y ordeñaría a Matilda. Todo cambia seguí resonando en su cabeza. Sí, pensó, camnbian las matas que recorren la llanura, cambia el sol de posición, y las sombras; pero claro, lo segundo es consecuencia de lo primero, igual que el viento, también conseciuencia de lo anterior.
En verano no hacía aire, esa era la gran maldición de la Calva de Diablo, pero ahora era primavera y el viento soplaba día y noche. Cuando se encerraba en su galpón a dormir apenas lo oía; otro cambio; oir el viento, silencio. Todo cambia. Viento incesante o calor infernal, ese era el gran cambio en aquel lugar.
Sus tios le habían dicho infinidad de veces que se mudaran con ellos al pueblo, donde él podría trabajar en la panadería con ello y la abuela estaría mejor atendida y más cómoda, pero eso era demasiado cambio se le antojaba. Primero porque allí nació y allí había vivido siempre, al igual que suspadres y su abuela, y segundo porque la abuela juraba que abandonaría este mundo en aquel mismo lugar, junto a la tumba de su hijo. Contra esos argumentos no se podía luchar y abandonarla no podía, por lo tanto la suerte estaba echada. Allí estaba sentado en su mecedora con los ojos cerrados, el silbido del viento en los oidos y con la certeza que todo cambia, pero de momento no para él.
En verano no hacía aire, esa era la gran maldición de la Calva de Diablo, pero ahora era primavera y el viento soplaba día y noche. Cuando se encerraba en su galpón a dormir apenas lo oía; otro cambio; oir el viento, silencio. Todo cambia. Viento incesante o calor infernal, ese era el gran cambio en aquel lugar.
Sus tios le habían dicho infinidad de veces que se mudaran con ellos al pueblo, donde él podría trabajar en la panadería con ello y la abuela estaría mejor atendida y más cómoda, pero eso era demasiado cambio se le antojaba. Primero porque allí nació y allí había vivido siempre, al igual que suspadres y su abuela, y segundo porque la abuela juraba que abandonaría este mundo en aquel mismo lugar, junto a la tumba de su hijo. Contra esos argumentos no se podía luchar y abandonarla no podía, por lo tanto la suerte estaba echada. Allí estaba sentado en su mecedora con los ojos cerrados, el silbido del viento en los oidos y con la certeza que todo cambia, pero de momento no para él.
El cambio - Diana
EL CAMBIO
La vida ha realizado su labor en mi mientras yo no hacía nada. Cuando la
gente habla de cambio, parece que se refieren a algo que se tiene que notar
espectacularmente-una suerte de performance exterior. Eso es tan absurdo como
pretender que un chico judío de trece años se haya hecho realmente un hombre
tras celebrar su bartmitzva. Los cambios no suelen suceder así, de un día para
otro. Lo que sí ocurre de este modo es el darse cuenta de que han sucedido –
cuánto esfuerzo empleado en resistirse a lo que siempre ha estado ahí.
Pues algo así fue lo que me pasó a mí el viernes. De camino al trabajo,
no sé por qué, me acordé de cuando me marché de mi ciudad, ávida de una vida
nueva. Solo que ahora no podía recordar qué significaba esa sensación de novedad,
buena o mala. La rutina me había anegado poco a poco con el mismo regusto a
insatisfacción de entonces. Tanto viaje exterior, pero esa sensación había
permanecido intacta todos estos años. Un resorte saltó en mí “Silvi, necesitas
un cambio*, pero esta vez, uno de verdad” y, es gracioso, recuerdo
perfectamente la sensación de haber dado un respingo en el coche - esa idea se
había presentado tan rotundamente ante mí como un venado en mitad de la
carretera.
Como cada mañana, hice la inspección, comprobando que en el laboratorio
la temperatura, iluminación y ph estuviesen a su nivel óptimo,-pobres becarios,
se ponían tan tensos al verme aparecer que de haber sido cuerdas de guitarra se
hubieran roto. Pero había uno que no. Siempre andaba canturreando con los
cascos puestos y la bata desabrochada. Decía “vamos, las plantas soportan
oscilaciones de temperatura, humedad y radiación a la intemperie a cambio de
aire fresco, ¿para qué necesitamos mantenerlas bajo constantes invariables?”
“Si tanto le disgusta el proyecto, ¿para qué está usted aquí, señor Requena?”
“Para que usted no se aburra”. Su actitud me exasperaba. Pero debo reconocer
que tenía razón, las escasas veces que faltó me aburría como una ostra. Un día,
sin embargo, cuando pasé por su lado y supervisé su zona, dijo en un tono
pesado “en serio, profesora, ¿para qué hacemos esto?” No le supe contestar. Y
no volvió. Me dije que era extraño cómo personas aparentemente tan dispares
como él y yo pudiésemos tener un fondo tan similar -me reconocí de inmediato en esa capacidad de
dejarlo todo por una causa invisible.
Entonces, este viernes aburrido, sucedió. Pasé al lado de otro lamido
becario que sustituía a Requena. Ansiosa de reto intelectual, le dije “¿Alguna
pregunta?” Y él respondió “Sí, ¿puedo ir al baño?” “¡Santo cielo, González! Si
a su edad todavía no lo sabe...” Entonces, en un flash, la pregunta de mi ex
alumno reverberando en mi mente “¿Para qué hacemos esto?” Y le di siete
respuestas: para hacer cremas de cara, para sobrevivir, para creernos importantes,
para no perder la subvención de la casa farmacéutica, para tapar experimentos
con transgénicos, para no tener que enfrentarme al vacío de no ser nada sin
esta profesión, para olvidar que quisiera hacer otra cosa, Me fui al baño ante
una sinceridad tan cruda, tan poco digerible. Eso le diría a mi alumno, que era
mi yo de quince años atrás, y no pude ni mirarme al espejo. Al salir la jefa
del departamento me dijo que me encontraba pálida. No es nada, respondí. El día
transcurrió entre los hipnóticos sonidos de los humidificadores programados a
intervalos rítmicos, como un vals de servidumbre. Y a última hora sucedió. Y
aquí viene uno de los secretos para todo cambio verdadero: hay que estar muy
atento cuando una oportunidad se nos presenta. Sucedió de un modo conjugado que
el último de los becarios salía por la puerta, que mi jefa se había ido antes
para asistir a una convención en Bélgica, y que las señoras de la limpieza se
habían retrasado por una pequeña inundación en los vestuarios. Me quedé sola,
con un brevísimo lapso de tiempo abierto ante mí en secreto, al lado del
dispositivo de control ambiental. Ahora o nunca, me dije, y con sigilo de gato
cambié un par de parámetros, cerré la tapa y salí. Me cosquilleaba el estómago,
me hervía la sangre de transgresión, pero también de honestidad para conmigo.
El lunes esas plantas no van a servir ni para ensalada. Y yo creo que no
voy a volver. De momento me he venido todo el fin de semana a lo alto de Monte
García, a respirar lo que respiran las plantas auténticas. He terminado con
todas aquellas que eran de mentira. Prefiero dejarlas marchitarse a ellas antes
que a un espíritu como el de Requena. Como el mío.
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