Suena el
despertador y son las seis de la mañana, justo a tiempo para apreciar la puesta
de sol.
">
viernes, 25 de enero de 2013
Seres Alados - Diana C
Siempre había soñado que volaba, pero ahora que le
habían salido las alas no sabía qué hacer con ellas. Iván se miraba las plumas
relucientes, cada mañana las cepillaba, las extendía y se asombraba de su
envergadura y su belleza. Pero, ¿cómo aprender a usarlas sin que alguien lo
viera en la ventana y lo creyera un suicida? En el metro se veía obligado a
replegarlas bajo la ropa, protegiéndolas de la masa voraz. En casa se relajaba
y las extendía, pero al moverse siempre tiraba el mando del televisor o, como
aquella vez, el jarrón de la difunta tía Tomasa. Cuando una chica le gustaba
sus alas resplandecían y aleteaban a pesar del propio Iván. Al fondo del
autobús, tras una hilera de plumas quebradas, se preguntó si alguna vez
encontraría, junto a las plazas reservadas a minusválidos, ancianos y
embarazadas, un lugar para los seres alados.
Apocalipsis 2012 (Rhinovirus) - Marcela
Rino despertó dentro de la nave. Allí tenía todo lo necesario para cumplir su cometido.
Introdujo la información en el ordenador
central y esperó al resto de la tropa para salir juntos antes de hacer estallar
la nave. Su éxito era el principio del fin.
A un nivel de dimensiones superiores ya
tenían preparada la campaña de vacunación antigripal 2012.
Microhistoria - Analia
Yo también me
enamoré otra vez,
además estaría
llena de astillas del cristal
las que el
actor de la película ( el que es
dos: él y su martillo)
rompió delante de mi
cardíaco lugar hueco
cuando Él sin mirar con ternura lastimó
texturas luz del Puente
Cuaderno de bitácora: sesión 20
15 de enero de
2012, seis de la tarde, nos reunimos en Es Pou de s'hereva. Asistimos a la sesión: Marcela, Romanie, Rocio,
Jason, Guillermo, Pau, Diana y Antonio.
Ejercicio: Escribir un microrrelato.
Lecturas compartidas:
- Shah Idries: "La sabiduria de los idiotas"
- Albert Masó y Manuel Pijoan: "Observar mariposas"
- Alfred de Musset: "Le saule"
- Augusto Monterroso: "Cuentos, fábulas y lo demás es silencio"
Escritos sobre el mar
Analia:
-->
al mar !
azul
misterioso
poema húmedo
callas la fiebre
de Cualquier opaco
Diana:
-->
Lengua generosa que lame las heridas de los
hombres/ de la tierra/ de la arena
Abrazo/caricia imposible de ser negado
Lametones/ Lengüetazos que juegan a
recordarnos a Dios/ el infinito
Sustentador de vidas infinitas
Náufrago borracho que siempre vuelve a casa
Porción infinita de vida
Cielo
al revés conteniendo sus propias estrellas/ Cielo bocabajo fabricante de sus
propias estrellas
Marcela:
-->
1. “Matriz de Gea, líquido salado, de vida y muerte”
2. “Matriz
salada, envuélveme. Silencia mi tormento en tu oscura profundidad”.
3. “Mientras
surco la matriz salada, sólo veo la estela”
Antonio:
Tira, estira, va, viene, se retira
Romanie:
Movimiento de vaivén. Caricias marinas.
En el mar recuerdo los rincones olvidados de mi cuerpo.
Guille
Una ola muere
Donde nace otra
La espuma estará
Cuando te extingas.
Cuaderno de bitácora: sesión 19
18 de diciembre de
2011, seis de la tarde, nos reunimos en Can Nebot. Asistimos a la sesión: Marcela, Romanie, Rocio,
Jason, Guillermo, Pau, Diana y Antonio.
Ejercicio: Descripción del mar utilizando como máximo 10 palabras.
Lecturas y audiovisual compartido:
- Niko Kazantzakis: "Zorba el griego"
- Adam Sagajewski: "Antenas"
- Ian McEwan: "Sábado"
- Película: "Latcho Drom"
- Serie televisiva: "Los 4400" - http://es.wikipedia.org/wiki/Los_4400
- "Cuentos para el andén" Microcuentos - Metro de Madrid
Can Cifre - Antonio
" La última vez que le vi, juraba no haber jugado nunca antes al póquer, ni haber apostado. Cabrón, me sacó más de 10.000 pesetas casi pidiéndome perdón. Las buenas personas son peligrosas, siempre lo he sabido. Le dije, mañana por la tarde vuelve al bar y te pago. Nunca más le he vuelto a ver. Decía que el dinero le daba igual, que sólo era un juego. Cabrón, no te vas a escapar. Yo no le debo dinero a nadie".
El hombre se acerca a la puerta de entrada de una casa cuyo jardín delantero está infestado de malas hierbas altas y secas. Toca el timbre.
Un niño despeinado y delgado como un alambre abre la puerta.
-Hola pequeño, ¿está tu padre?
Inmediatamente el niño piensa: "¿Mi padre? La última vez que lo vi con vida se alejaba por esta misma puerta, prometiendo que volvería a buscarme para ir al cine, y que me compraría un nuevo libro de Los Cinco".
El niño mira al extraño, se gira hacia el interior de la casa y grita:
-Mamá, hay alguien que pregunta por papá.
La madre deja caer al suelo la taza de té caliente que aguanta en las manos. con el impacto llega a su cabeza el último recuerdo de su marido vivo: "Mi marido estaba a punto de salir, contento. El día anterior había estado con antiguos compañeros de la mili y había ganado una apuesta. Me decía, no te preocupes, tardaré un poco, pero he de ir, necesitamos el dinero para permitirnos algún capricho".
El segundo grito de su hijo desde la otra sala llamándola le hace reaccionar. Se levanta y va hasta la puerta. Ve al extraño y le pregunta:
-¿Qué quiere? Mi marido no está.
-Da igual. Sólo quería saldar una deuda con él. Dígale que soy un compañero de la mili.
Y el extraño le tiende un sobre blanco con dinero dentro. Se aleja. La mujer se queda parada y su mirada también se aleja. El niño observa.
El hombre se acerca a la puerta de entrada de una casa cuyo jardín delantero está infestado de malas hierbas altas y secas. Toca el timbre.
Un niño despeinado y delgado como un alambre abre la puerta.
-Hola pequeño, ¿está tu padre?
Inmediatamente el niño piensa: "¿Mi padre? La última vez que lo vi con vida se alejaba por esta misma puerta, prometiendo que volvería a buscarme para ir al cine, y que me compraría un nuevo libro de Los Cinco".
El niño mira al extraño, se gira hacia el interior de la casa y grita:
-Mamá, hay alguien que pregunta por papá.
La madre deja caer al suelo la taza de té caliente que aguanta en las manos. con el impacto llega a su cabeza el último recuerdo de su marido vivo: "Mi marido estaba a punto de salir, contento. El día anterior había estado con antiguos compañeros de la mili y había ganado una apuesta. Me decía, no te preocupes, tardaré un poco, pero he de ir, necesitamos el dinero para permitirnos algún capricho".
El segundo grito de su hijo desde la otra sala llamándola le hace reaccionar. Se levanta y va hasta la puerta. Ve al extraño y le pregunta:
-¿Qué quiere? Mi marido no está.
-Da igual. Sólo quería saldar una deuda con él. Dígale que soy un compañero de la mili.
Y el extraño le tiende un sobre blanco con dinero dentro. Se aleja. La mujer se queda parada y su mirada también se aleja. El niño observa.
concierto para piano
_ Mamá !!! ha venido un tal
Pedro , dice que quisiera hablar con Papá!
_ Buenas tardes! Soy María, Mariano a muerto. Su piano
quedó mudo hace tres años.
_ Lo siento mucho!, seguro
que ahora toca tocatas a los ángeles.
Ahora vivo en Praga, le conocí en Mallorca en un festival de jazz
en el 2001 , era un músico irreverente y solar como digo a veces. He
venido a Ibiza sólo por un concierto, es
este domingo . Pensé en verle era mi único conocido en esta isla, no tenía su teléfono apenas recordaba esta dirección. Me
encantaría invitarles al concierto
entonces.
_Es un buen regalo de navidad
no crees Pablo!, dice María a su hijo.
_ Hasta el domingo entonces, dice Pedro .
Diario de María:
“ Anoche fui al teatro,
Pedro, un colega conocido de Mariano, nos invitó a Pablo y a mi.
Orgánicamente me caí dentro de la música, me pregunto si éso sentía durante sus
soleadas en su estudio, el jazz del clarooscuro era su arte!
De nota en nota la música blanca me abría espacio entre los ventrículos, cada resonante caricia guardada entre ellos , recuerdo de la
música con la que vestía mis días. Ya casi
es navidad de nuevo y Pablo ya tiene doce años. En el espacio intermedio de estas líneas
suena un concierto para piano sólo.”
Niño - Diana C
Andrés estaba secando los platos. Se había subido a un taburete para
llegar a la encimera. La última vez que una loza se le rompió, su madre, al oír
el ruido, salió de la habitación. Se quedó parada en la puerta mirando el
suelo, sin decir nada. Ojalá le hubiese gritado, así él también hubiese podido
gritarle de vuelta, y luego, tal vez, se hubiesen abrazado. Pero no. Su madre
al ver los pedazos rotos lloró, y no pudo parar, sentada junto a ellos en el
suelo de la cocina. Qué pena, pensó, de todos los platos que he secado el único
que ha visto es el que se me ha caído. Pero eso ahora no importaba. No podía
romper ni un solo plato más. Trataba de concentrarse con todas sus fuerzas. Aún
así, a veces se distraía. Pensaba en la clase de gimnasia, en que quería ser
futbolista. O en María de sexto C. Esta vez una libélula se paró en la ventana
irisando sus alas al sol, y Andrés se fascinó mirándola. Entonces llamaron al
timbre. El estridente sonido de campana vieja
le sobresaltó e hizo que el plato se escurriera de sus dedos. Sus
mandíbulas se apretaron, su cuello, su respiración paró y toda la adrenalina de
su cuerpo se dirigió a sus manos que lograron, en un giro de último segundo,
cazarlo. El equilibrio perdido, un paso hacia atrás, dado en falso. Andrés cayó
de espaldas apretando el plato contra su pecho. Se hizo daño. Fue a abrir la
puerta cojeando y apareció un señor enorme que le miraba con el sol dándole por
la espalda. La sombra de su cara hacía un pico anguloso en su pecho.
-
Buenos
días, ¿está tu padre?
Andrés apretó el plato aún con más fuerza.
-
No, no
está.
-
Y ¿sabes
cuándo va a volver ?
Cuándo iba a volver su padre... intentó pensar en su cara y se dio
cuenta de que las facciones se iban difuminando en una angustiosa sensación de
olvido. Los recuerdos se iban sustituyendo por otros nuevos: las fotos, fijas,
quietas, eran ahora su padre y no el que una vez había presidido el salón con
su periódico y el humo penetrante de sus pipa. Los abrazos habían dado paso al
frío tacto de un mármol que se visitaba una vez al año, un beso que se daba a
la piedra con la punta de los dedos. Andrés no sabía cuántas veces iba a morir
su padre. Cada vez que había tenido que informar del suceso a otra de las
personas a las que su madre le pidió que llamase – ella era apenas un ovillo de
lana desbaratado- era una certeza que sumaba. Y así fue como, de tanto decirlo,
Andrés terminó por creerse que su padre había muerto.
Ahora, tres años después, llegaba este hombre reclamándole vivo. Hacía
tanto que esto no le sucedía, que nadie resucitaba a papá, que Andrés sintió
una bocanada de aire fresco en sus ahogados pulmones -una ventana abierta a la
vida.
-
Está de
viaje, pero volverá dentro de un mes. Inténtelo entonces.
Cuando el hombre regresó, esta vez abrió la madre.
-
Hola,
¿Está Ernesto?
-
No...
pero... ¿no sabe? Ernesto falleció... hace,,, tres años – era la primera vez
que su madre lo decía
-
¿Cómo?
Pero su hijo me dijo...
La madre, una vez hubo terminado de explicarse, subió corriendo cargada
de una electricidad nueva al cuarto del niño. Aporreó la puerta.
-
¡Andrés!
¡Sal aquí ahora mismo! - bramaba, era un trueno. El niño abrió la puerta
-
Qué...
-
¿Tú le
has dicho a un hombre que tu padre seguía vivo? ¿Pretendes burlarte de èl, de
mi dolor? ¿Es eso? ¿Te ríes de la gente? ¿Te parece gracioso que tu propio
padre haya muerto?
-
¡Sí, me
encanta que se haya muerto, me muero yo de la risa! ¡Tengo todo el derecho del
mundo a reírme de lo que me de la gana, hasta de la muerte si quiero!
Su madre le dio una bofetada. Después lo castigó encerrado en su
habitación. Y después fue a la cocina y fregó los cacharros, haciéndolos chocar
con gran estruendo. El niño se tocó la sorpresa de la mejilla ardiente, mirando
por la ventana el árbol del jardín. Bajo su sombra descansaban unos pedazos de
loza dejados ahí un mes atrás, cuando, una vez el hombre se hubo marchado,
Andrés corrió y estampó contra su tronco el plato que solo unos minutos antes
había rescatado. Sonrió. Mamá había resucitado.
Un día de pesca - Marcela
“¿Qué hora es? –se preguntó- Vaya, las 6.30
de la mañana… voy a levantarme antes de que suene esta horrible alarma…tengo
que cambiar el sonido que tiene ahora por otro más agradable.”
Fue al baño para afeitarse pero no encontró
su maquinilla – “no importa”, dijo, “hoy es un día de pesca. Me pondré ropa de
abrigo impermeable, que luego en el barco ya se sabe, y me iré dando un paseito
hasta casa de mi niño, que hay tiempo”. En ese momento sonó una suave melodía,
“qué extraño, no recuerdo haber cambiado la alarma”.
Mientras caminaba con torpes pasos debido a
su avanzada edad, el cielo clareaba y se oía el canto de los primeros pájaros
de aquella fresca mañana. Hablaba en voz alta y decía: “Miguel es muy
organizado, tendrá todo preparado, las cañas, los anzuelos, las plomadas, los
cebos y la cesta para los peces tal como le enseñé cuando pequeño. Ya es un
hombre casado, ¡qué rápido pasa el tiempo! Por fortuna es tan feliz con su
esposa , la dulce Ester, como yo lo fui con su madre.”
José llegó a casa de su hijo, pero no se
atrevía a tocar el timbre. Acercó su oreja a la puerta: “Sí, oigo ruido, parece
que están despiertos”. Y tocó el timbre.
- Hola chiquito, ¿tú quién eres?
El niño lo miró con un gesto de desconcierto,
sin saber qué responder, hasta que por fin dijo:
- ¡Mamá, el abuelo!
Ester fue corriendo. Lo abrazó, y le hizo
pasar.
- “Hola bonita, he venido a recoger a Miguel
para ir de pesca como todos los sábados…y ¿ese niño?
A
Ester se le llenaron los ojos de lágrimas; con mucha dulzura le cogió las manos
y le ayudó a sentarse:
- “José, hoy es martes, ese niño es Pablo, tu
nieto, y Miguel…ya no está.”
Mientras ella le explicaba como mejor sabía,
que su hijo había fallecido hacía ya tres años, Pablo abrazaba a su abuelo, y
José miraba con ojos brillantes a ninguna parte.
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