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domingo, 22 de junio de 2014
Domingo - Silvia
Domingo era un niño con cara de domingo. Nunca tenía prisa, nunca se enfadaba, era tranquilo y paciente, como suelen ser los domingos, días de sueño y calma. Como Domingo no era muy activo, ni movido, ni competitivo, le costaba seguir a sus compañeros de clase en sus juegos, vamos, que nadie quería a Domingo en su equipo de fútbol. Podríamos decir que Domingo era.. diferente a los demás. Pero como a menudo los niños no saben encontrar las palabras adecuadas o no se detienen a buscarlas, simplemente se burlaban de él. Le llamaban torpe, o vago, e incluso, feo.
Tenía Domingo un compañero de clase llamado Martes. Martes era todo lo contrario de Domingo, activo, nervioso, impaciente e irascible. Como, además, era creído y presumido, se comparaba a menudo con Domingo, considerándose muy superior. Era capitán del equipo de fútbol, sacaba mejores notas y era más popular. ¿Cómo no iba a ser mejor que él? Definitivamente superior. En cuanto tenía ocasión, ridiculizaba a Domingo y promovía la burla, consiguiendo la risa y la complicidad de otros compañeros de clase. Disfrutaba haciéndolo.
Aquel viernes toda la clase fue de excursión a un parque natural. En el trayecto de autobús, Domingo miraba por la ventana mientras los demás compañeros jugaban, hacían bromas y rivalizaban entre sí para ver quien era más gracioso. Domingo conocía bien ese parque. Había pasado allí muchos domingos con su padre, domingos de paseos sin prisa. Conocía el camino que llevaba a los saltos de agua y a las antiguas minas de carbón, en las que estaba prohibido entrar, pero que tenían el candado de la reja de entrada roto.
Cuando bajaron del autobús, los monitores propusieron una caminata por el parque. Mientras caminaban en fila india por un sendero, Martes y otros compañeros se dedicaron a tirarle piedras a Domingo quien, cansado, aprovechó un quiebro en el camino para desaparecer entre los árboles. Nadie dijo nada, nadie pareció echar de menos a Domingo, habían conseguido expulsarle del grupo.
Horas más tarde llegaban, Martes y otros compañeros, a la entrada de las antiguas minas. Después de la caminata, tenían tiempo libre. ¡Vaya descubrimiento! Unas minas abandonadas... y ¡se podían colar dentro!. Martes sacó el gallito que llevaba dentro y se apostó con sus compañeros un chocolate a que era capaz de llegar hasta el fondo de las minas. “Va, ¿quién se atreve?”. “Es peligroso, Martes...”. “Está prohibido entrar, lo pone en el cartel...”. Nadie se atrevía a entrar y Martes se quedó solo en su aventura, pero no se podía echar atrás, su orgullo no se lo permitía. Tenía que demostrar su valía. Sosteniendo un mechero en la mano traspasó la reja y se adentró en la oscuridad. Una bandada de murciélagos le salió al paso, tirándolo de espaldas. El corazón se le desbocó y un sudor frío empezó a recorrer su cuerpo, pero decidió seguir adelante, animado por sus compañeros que le gritaban lo valiente que era. Unos minutos más tarde, le costaba respirar de miedo y claustrofobia. No llegaba a ningún final y el encendedor empezó a fallar. Quiso volver atrás, pero dudaba de por dónde había venido. A oscuras y paralizado por el miedo se acurrucó en el suelo. No podía pensar, temblaba, le faltaba el aire y le pareció que jamás saldría de allí. Con la cabeza entre las piernas y sumido en la oscuridad más absoluta, lloró. Seguía llorando mientras un resplandor se le aproximaba lentamente y no se dio cuenta de ello hasta que una voz tranquila le dijo “¿te has perdido?”. Martes levantó la vista, sobresaltado y se encontró con Domingo, que llevaba una linterna en la mano. “Tranquilo, Martes. Conozco bien este lugar. Te ayudaré a salir de aquí. Vamos, levántate”. Martes le siguió en silencio y al poco vieron la claridad de la entrada de la cueva. Entonces Martes le preguntó -¿por qué me ayudas?Lo normal es que hubieras aprovechado la ocasión para reírte de mi-. Y Domingo le contestó -por que yo no soy como tú. No me río de las debilidades de los demás. Respeto a la gente como es. Y tú eres un muchacho como cualquier otro, con sus virtudes y sus miserias. Ya se encarga la vida de ponerte en tu lugar.
Una vez fuera de la cueva, Martes era otra persona. No dijo apenas nada, miraba al suelo y parecía reflexionar. La vida de Domingo no cambió aquel día, pero la de Martes sí. Aprendió a ver a las personas de otra manera y ya no quiso ser mejor que nadie.
Domingo - Pau
Mañana
El domingo es un niño con los zapatos limpios y bien peinado.Hay un casi silencio en las calles por las que circula mucho tráfico de barras de pan recién hechas y periódicos dominicales.
En todas las cocinas, tras el mejor desayuno de la semana, se aprestan las ollas y sartenes para comenzar guisos lentos y suculentos.
La mañana cumple todas las promesas que la noche exaltada formuló y la vida discurre despacio, limpia y sensata.
No hay momento mejor para lecturas junto a chimeneas invernales o en terraza primaveral.
Las casas se aroman con paellas, canelones o carnes al horno y las visitas a la cocina se van haciendo cada vez más frecuentes.
Alrededor de la mesa, conforme se sacian los apetitos, es cuando alcanza el domingo su plenitud, la cima de su prestigio.
Tarde
Es justo tras la sobremesa cuando el domingo empieza a fracasar.
Hay una casi inevitable tregua en forma de siesta.
Luego, todo comienza a adquirir un insidioso color rojizo, casi granate, marrón finalmente.
Hay una música que insiste en impregnarnos de su languidez untuosa.
Ha llegado la hora insoslayable del sofá, nunca bien alabado, y la buena película o lectura mientras la luz de la tarde se deshace tras las ventanas.
Con la noche muere el domingo, esa extraña aleación de gloria de sábado y miseria de lunes.
El domingo es un niño con los zapatos limpios y bien peinado.Hay un casi silencio en las calles por las que circula mucho tráfico de barras de pan recién hechas y periódicos dominicales.
En todas las cocinas, tras el mejor desayuno de la semana, se aprestan las ollas y sartenes para comenzar guisos lentos y suculentos.
La mañana cumple todas las promesas que la noche exaltada formuló y la vida discurre despacio, limpia y sensata.
No hay momento mejor para lecturas junto a chimeneas invernales o en terraza primaveral.
Las casas se aroman con paellas, canelones o carnes al horno y las visitas a la cocina se van haciendo cada vez más frecuentes.
Alrededor de la mesa, conforme se sacian los apetitos, es cuando alcanza el domingo su plenitud, la cima de su prestigio.
Tarde
Es justo tras la sobremesa cuando el domingo empieza a fracasar.
Hay una casi inevitable tregua en forma de siesta.
Luego, todo comienza a adquirir un insidioso color rojizo, casi granate, marrón finalmente.
Hay una música que insiste en impregnarnos de su languidez untuosa.
Ha llegado la hora insoslayable del sofá, nunca bien alabado, y la buena película o lectura mientras la luz de la tarde se deshace tras las ventanas.
Con la noche muere el domingo, esa extraña aleación de gloria de sábado y miseria de lunes.
Domingo - Guillermo
Domingo
Algunos domingos eran dulces
como el sabor de las moras
negras del Prado.
Los cascos de los caballos
resonaban bajos las calles adoquinadas.
Un afilador descubría la verdad de los cuchillos.
El cura esperaba a los feligreses,
los niños jugaban al fútbol, cuatro ancianos
se debatían al azar
bajo la sombra de un sauce;
Por la tarde, mientras la ciudad dormía,
acudíamos al cine Ambassador.
Una de animación, una de vaqueros,
Muchas horas soñando.
Regresábamos a casa
con la brisa del atardecer.
Los gatos se perdían entre los tejados.
Y asomaba la dócil luna.
Eran dulces nuestros domingos.
Domingo - Anahi
Abre los ojos y piensa…papá está en casa.
Baja las escaleras para confirmar. Atraviesa la puerta de la
habitación de sus padres y ve las dos siluetas dormidas. Sin hacer ruido se
dirige a la cocina. Acerca el taburete a la mesada de la cocina y allí
encuentra todo listo para preparar el desayuno. Una lata de leche en polvo, el
azucarero, una jarrita metálica vacía, otra con agua y una cuchara sopera. Con
cuidado cuenta 6 de leche 3 de azúcar y lo mezcla bien en la jarrita metálica
con la cuchara. Vierte un poquito de agua y sigue mezclando, sin poder resistir
rápidamente, se mete la cuchara entera en la boca y cierra los ojos al saborear el manjar.
Mientras piensa en las indicaciones que le dio su padre hace unas semanas
atrás.
-Bien mezcladito con muy poquita agua y
cuando está lista la pastita nos podemos comer una cucharadita. Pero una solita.
Luego termina de poner toda el agua de la jarrita lo menea un poquito
más y ya está listo.
Se baja del taburete todavía relamiéndose y sube las escaleras para
despertar a su hermano. Lo sacude hasta que se despierta. Aunque todavía es
chiquito sabe muy bien lo que eso significa. Papá está en casa.
Bajan corriendo como un rayo, se suben a la cama de sus padres, trepando por los andamios. Y se lanzan sobre
su padre mientras ríen y brincan.
Pero nada ocurre…sigue dormido. Solo hay una solución el besito mágico
de los buenos días. Ella le da uno
chiquito en la nariz, pero sigue sin despertar, así que increpa a su hermano Marcos
para que la ayude y entre los dos le llenan la cara de besitos.
Mágicamente dos
grandes brazos salen de debajo de las mantas y los aprietan fuertemente
mientras se escapan algunas cosquillas.
Ojala fuese domingo
todos los días!!!
Domingo - Antonio
Es domingo.
Mi tío Rafael ha venido después de comer para ver conmigo la final de Roland Garros. Es algo que hemos hecho juntos pocas veces, pero ambos las recordamos con mucho cariño.
Ivan Lendl contra McEnroe en el 84, una final épica, en cinco sets, los dos primeros ganados por el estadounidense, los tres siguientes por el tenista de la antigua Checoslovaquia. Estábamos en la casa de la playa, con los abuelos. Mi tío había tenido que cerrar el bar por obras, mi madre estaba en el hospital sedada por una grave crisis de ansiedad, mi padre había desaparecido hacía una semana con la paga del mes, y sólo sabíamos que se había despedido del trabajo. Recuerdo su frase al verme: “Sobrino, tranquilo, el mundo es tan grande que la gente siempre vuelve al punto de origen”. Mi padre apareció tres días después, y mi madre y él hicieron cómo si nunca se hubiese ido.
En el 96 nos tragamos una final inédita, entre un ruso, Kafelnikov, creo, y un alemán, Stich. Tres sets, dos con muerte súbita. Aburrida e injusta. Yo me había marchado de casa de mis padres, había logrado alquilar un estudio en un bajo, con una única ventana y un pequeño patio al que los vecinos de los pisos superiores lanzaban todo tipo de objetos, colillas, paquetes de tabaco vacíos, pinzas, algún condón usado. Lo que hacía salir a él, un deporte de alto riesgo. Mi tío y mi primo vinieron a ver la final conmigo. Los tres sentados en la cama, que hacía las veces de sofá, mirando una tele desproporcionadamente grande en comparación a la vivienda. Mi tío se quedó dormido a la media hora y roncó hasta que entregaron la ensaladera.
Hoy juega Nadal la final, y hay pocas dudas de que la vaya a ganar una vez más. Hemos pasado del café al coñac, y con él pensamos seguir las próximas dos horas. Hace tiempo que no le veo borracho. Creo que la influencia de mi padre en el exceso, le ha hecho medir más la influencia de los malos hábitos. Rafael siempre tiende a ser agradable, próximo. Me ha dado los abrazos más fuertes que recuerdo desde mi niñez. Soy su sobrino y siempre me ha tratado tan bien como a su propio hijo. Ayer me llamó para venir a ver el partido. Mi tía se había ido unos días al pueblo, y no le apetecía ir al bar a ver la final.
Al tercer set del partido mi tío ya ha dado cuenta de casi media botella. Empiezo a sentir que hay algo en su visita hoy, que aún no sé.
-Sobrino. ¿Tú te acuerdas de tu padre?
-Hombre tío. Más de lo que quisiera.
-Ya sabes lo cabrón que era, ¿verdad?
Me callo, no contesto, esperando que Rafael acabe lo que quiere contar.
-¿Sabes que se tiró a la primera novia que tuve yo? En aquellos tiempos. Imagínate, las mujeres tenían que llegar vírgenes al altar. Y el muy cabrón se tiró a aquella cría de dieciocho años sólo por competir conmigo.
-Ostia tío. No sabía.
-Me los encontré un domingo por la tarde, en casa de los abuelos. No te imaginas la cara de gilipollas que se me quedó. Nada de lo que hizo tu padre después me dolió más. Fíjate, que tontería.
Se para, mira a la tele, sin mirar, mientras me habla.
-Sobrino, lo que quiero decir es que esas cosas duelen. Mucho. No al que las hace, pero sí al que las sufre. Que a veces hacemos cosas sin medir las consecuencias.
Le observo los ojos vidriosos y un pequeño nudo en el estómago, temo dónde quiere llegar.
-Sobrino, lo que quiero… Lo que quiero decir es, ¿desde cuándo te estás acostando con la mujer de tu primo?
Mi tío Rafael ha venido después de comer para ver conmigo la final de Roland Garros. Es algo que hemos hecho juntos pocas veces, pero ambos las recordamos con mucho cariño.
Ivan Lendl contra McEnroe en el 84, una final épica, en cinco sets, los dos primeros ganados por el estadounidense, los tres siguientes por el tenista de la antigua Checoslovaquia. Estábamos en la casa de la playa, con los abuelos. Mi tío había tenido que cerrar el bar por obras, mi madre estaba en el hospital sedada por una grave crisis de ansiedad, mi padre había desaparecido hacía una semana con la paga del mes, y sólo sabíamos que se había despedido del trabajo. Recuerdo su frase al verme: “Sobrino, tranquilo, el mundo es tan grande que la gente siempre vuelve al punto de origen”. Mi padre apareció tres días después, y mi madre y él hicieron cómo si nunca se hubiese ido.
En el 96 nos tragamos una final inédita, entre un ruso, Kafelnikov, creo, y un alemán, Stich. Tres sets, dos con muerte súbita. Aburrida e injusta. Yo me había marchado de casa de mis padres, había logrado alquilar un estudio en un bajo, con una única ventana y un pequeño patio al que los vecinos de los pisos superiores lanzaban todo tipo de objetos, colillas, paquetes de tabaco vacíos, pinzas, algún condón usado. Lo que hacía salir a él, un deporte de alto riesgo. Mi tío y mi primo vinieron a ver la final conmigo. Los tres sentados en la cama, que hacía las veces de sofá, mirando una tele desproporcionadamente grande en comparación a la vivienda. Mi tío se quedó dormido a la media hora y roncó hasta que entregaron la ensaladera.
Hoy juega Nadal la final, y hay pocas dudas de que la vaya a ganar una vez más. Hemos pasado del café al coñac, y con él pensamos seguir las próximas dos horas. Hace tiempo que no le veo borracho. Creo que la influencia de mi padre en el exceso, le ha hecho medir más la influencia de los malos hábitos. Rafael siempre tiende a ser agradable, próximo. Me ha dado los abrazos más fuertes que recuerdo desde mi niñez. Soy su sobrino y siempre me ha tratado tan bien como a su propio hijo. Ayer me llamó para venir a ver el partido. Mi tía se había ido unos días al pueblo, y no le apetecía ir al bar a ver la final.
Al tercer set del partido mi tío ya ha dado cuenta de casi media botella. Empiezo a sentir que hay algo en su visita hoy, que aún no sé.
-Sobrino. ¿Tú te acuerdas de tu padre?
-Hombre tío. Más de lo que quisiera.
-Ya sabes lo cabrón que era, ¿verdad?
Me callo, no contesto, esperando que Rafael acabe lo que quiere contar.
-¿Sabes que se tiró a la primera novia que tuve yo? En aquellos tiempos. Imagínate, las mujeres tenían que llegar vírgenes al altar. Y el muy cabrón se tiró a aquella cría de dieciocho años sólo por competir conmigo.
-Ostia tío. No sabía.
-Me los encontré un domingo por la tarde, en casa de los abuelos. No te imaginas la cara de gilipollas que se me quedó. Nada de lo que hizo tu padre después me dolió más. Fíjate, que tontería.
Se para, mira a la tele, sin mirar, mientras me habla.
-Sobrino, lo que quiero decir es que esas cosas duelen. Mucho. No al que las hace, pero sí al que las sufre. Que a veces hacemos cosas sin medir las consecuencias.
Le observo los ojos vidriosos y un pequeño nudo en el estómago, temo dónde quiere llegar.
-Sobrino, lo que quiero… Lo que quiero decir es, ¿desde cuándo te estás acostando con la mujer de tu primo?
Canto al séptimo día - Cristina
Domingo, para muchas
personas paella familiar, para algunos creyentes de palabra pero no de hechos,
misa matinal, para algunos el único diario semanal a devorar junto con la caña,
las olivas, boquerones, mejillones, patatas o cualquier aperitivo, no importa,
todo sabe mejor en domingo. Porque en Madrid no pasear por el rastro o el
retiro en domingo es un pecado en la capital.
Por que hasta los parados
descansan en domingo, doy fe de ello. Por que no hay nada más excitante que hacer
en domingo que jugar bajo las sábanas, solos o en compañía masculina o
femenina. Pero también es el día de las chapuzas, caseras por supuesto.
Por que a la gente le
interesa lo que has hecho en domingo, no lo que hiciste el resto de la semana,
eso no cuenta.
Para algunas personas es un
día especial, para otras un día más, pero para mi los domingos son únicos
porque un lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado festivo, es
cualquier día disfrazado de domingo. ¡Viva el domingo!
sábado, 21 de junio de 2014
Cuaderno de bitácora - sesión 62
Sesión 62
Domingo, 23 de marzo de 2014, seis de la tarde, reunión en Can Ignasi. Asistimos a la sesión: Silvia, Silvia2, Romanie, Pau, Rocio, Cris, Guillermo, Anahi y Antonio. David asiste como oyente.
Ejercicio: Escrito acerca del domingo.
Lecturas compartidas:
Domingo, 23 de marzo de 2014, seis de la tarde, reunión en Can Ignasi. Asistimos a la sesión: Silvia, Silvia2, Romanie, Pau, Rocio, Cris, Guillermo, Anahi y Antonio. David asiste como oyente.
Ejercicio: Escrito acerca del domingo.
Lecturas compartidas:
- Julio Rodríguez: "Tierra batida", poema: Serenidad
- Simone Weil.
- Ian McEwan: "Sábado"
- Pablo d'Ors: "Biografía del silencio"
Giro inespereado - Anahi/Paco
(ANAHI)
-Ostia!!,Grito y tiró el viejo libro al suelo.
Esa mañana subió pronto al ático de la vieja casa que había heredado de su tía Cloti hacia ya 5 años, por cuestiones de trabajo, no había podido dedicarle tiempo a ver que había en el ático hasta ese fin de semana de julio. Se preparo un café fuerte, subió con un hacha y abrió un boquete en la ventana tapiada desde épocas de la guerra. Se quedo unos minutos sintiendo la brisa fresca y los tibios rayos de sol que entraban por primera vez en décadas. Dio otro sorbo al café y empezó a trabajar. Ya llevaba un par de horas cuando encontró en baúl escondido detrás de un montón de mantas enmohecidas .
Tuvo que abrirlo con el hacha porque no tenia la llave y le pareció que no era una gran perdida, estaba muy estropeado. Al levantar la tapa encontró que todo estaba perfectamente protegido por una fina tela de lino amarillento, y al levantarla vio algunos objetos que no alcanzó a descifrar y muchos libros viejos bien encuadernados. Los libros estaban escritos en alemán, no le sorprendió, el padre de su tía Cloti era alemán pero nunca supo nada de él, aparte de que le gustaban los caballos. Cuando abrió el primer libro gritó ostia!!! Y tiró el viejo libro al suelo. Cuando consiguió calmarse se acercó lentamente de lado y recogió el libro nuevamente. Encontró escondido entre las páginas un pistola muy vieja, un Luger p08, lo sabía, porque su buen amigo el profesor Alfred Aldridge de la universidad, esta realizando un doctorado desde hacia ya unos años de la segunda guerra mundial y le había mostrado algunas fotos hacia ya unos 8 meses. Él por su parte odiaba las armas.
Miro más detenidamente el hallazgo y notó que las páginas habían sido cortadas delicadamente con un cuchillo hasta crear un hueco lo suficientemente grande como para esconder el tormento. Y luego había sigo sujetado con un par de finos cordeles que la mantenían perfectamente en su sitio.
No lo dudó buscó en su bolsillo el teléfono móvil y llamó.
-ALFRED, ven a mi casa inmediatamente, trae la cámara. No creerás nunca lo que tengo en mis manos.
(PACO)
Acabo de colgar el teléfono, me calzó unas zapatillas de deporte y me dirijo a paso rápido hacia la casa de la tía de Raúl, que dista cuatro cuadras de la mía. No puedo sacarme de la cabeza la imagen de la pistola Model 1908, conocida popularmente como Luger. Un arma legendaria, elegante, perfectamente balanceada y agradable de disparar. A pesar de mi avanzada edad, cinco minutos después aprieto el timbre. Me abre la puerta sonriendo y nos encaminamos hacia el ático. Raúl es mucho más joven que yo, apenas roza la treintena, sin embargo pese al medio siglo de diferencia entre nosotros, hemos conectado, como diría la juventud de ahora. Entramos en el ático y la imagen pistola capta rápidamente mi atención. Descansa sobre un trapo de cocina, encima de una mesa redonda. Se halla en un estado de conservación admirable.
-¿La has limpiado? -pregunto.
-No, estaba dentro de un libro y parece que el embalaje la ha protegido bien -reponde
-¿Puedo? -pregunto al tiempo que cojo la Luger con cuidado. Abro el cargador y veo que contiene nueve balas. Lo vuelvo a meter en la pistola y pongo el seguro. El cargador está lleno de munición y posiblemente funcione.
-¿Por qué no sacamos las balas? Podíamos tener un accidente -dice mi amigo. Señala la culata del arma- ¿Te has fijado? En la culata hay inscritas dos iniciales: A.H.
-Si. Era un arma muy utilizada en la época nazi y los oficiales solían grabar su nombre o sus iniciales.
-La pistola entonces no era del padre de Cloti, él se llamaba Ralf Hoffman
-¿Has encontrado algún otro objeto interesante?
-Libros en alemán y un par de viejas fotografías.
Raúl se acerca al viejo baúl y saca una vieja fotografía enmarcada. En ella se ve a dos jóvenes alemanes con el uniforme de la S.S. Ambos sostienen su respectiva Luger junto al pecho. Ambos tienen el pie izquierdo levantado, como si se dispusieran a subir un escalón. Sin embargo sus respectivas botas descansan sobre lo que parece el cadáver de un hombre extremadamente delgado..
-Que mal rollo. Este es el padre de mi tía Cloti -dice Raúl, señalando a uno de los oficiales- El otro quizá sea el propietario de la pistola. ¿Sabes? Se parece a ti un montón.
Raúl me mira mientras sostengo la Luger y luego dirige la vista a la fotografía con la estupefacción grabada en su cara. Creo que lo ha entendido todo de repente.
-Ostia!!,Grito y tiró el viejo libro al suelo.
Esa mañana subió pronto al ático de la vieja casa que había heredado de su tía Cloti hacia ya 5 años, por cuestiones de trabajo, no había podido dedicarle tiempo a ver que había en el ático hasta ese fin de semana de julio. Se preparo un café fuerte, subió con un hacha y abrió un boquete en la ventana tapiada desde épocas de la guerra. Se quedo unos minutos sintiendo la brisa fresca y los tibios rayos de sol que entraban por primera vez en décadas. Dio otro sorbo al café y empezó a trabajar. Ya llevaba un par de horas cuando encontró en baúl escondido detrás de un montón de mantas enmohecidas .
Tuvo que abrirlo con el hacha porque no tenia la llave y le pareció que no era una gran perdida, estaba muy estropeado. Al levantar la tapa encontró que todo estaba perfectamente protegido por una fina tela de lino amarillento, y al levantarla vio algunos objetos que no alcanzó a descifrar y muchos libros viejos bien encuadernados. Los libros estaban escritos en alemán, no le sorprendió, el padre de su tía Cloti era alemán pero nunca supo nada de él, aparte de que le gustaban los caballos. Cuando abrió el primer libro gritó ostia!!! Y tiró el viejo libro al suelo. Cuando consiguió calmarse se acercó lentamente de lado y recogió el libro nuevamente. Encontró escondido entre las páginas un pistola muy vieja, un Luger p08, lo sabía, porque su buen amigo el profesor Alfred Aldridge de la universidad, esta realizando un doctorado desde hacia ya unos años de la segunda guerra mundial y le había mostrado algunas fotos hacia ya unos 8 meses. Él por su parte odiaba las armas.
Miro más detenidamente el hallazgo y notó que las páginas habían sido cortadas delicadamente con un cuchillo hasta crear un hueco lo suficientemente grande como para esconder el tormento. Y luego había sigo sujetado con un par de finos cordeles que la mantenían perfectamente en su sitio.
No lo dudó buscó en su bolsillo el teléfono móvil y llamó.
-ALFRED, ven a mi casa inmediatamente, trae la cámara. No creerás nunca lo que tengo en mis manos.
(PACO)
Acabo de colgar el teléfono, me calzó unas zapatillas de deporte y me dirijo a paso rápido hacia la casa de la tía de Raúl, que dista cuatro cuadras de la mía. No puedo sacarme de la cabeza la imagen de la pistola Model 1908, conocida popularmente como Luger. Un arma legendaria, elegante, perfectamente balanceada y agradable de disparar. A pesar de mi avanzada edad, cinco minutos después aprieto el timbre. Me abre la puerta sonriendo y nos encaminamos hacia el ático. Raúl es mucho más joven que yo, apenas roza la treintena, sin embargo pese al medio siglo de diferencia entre nosotros, hemos conectado, como diría la juventud de ahora. Entramos en el ático y la imagen pistola capta rápidamente mi atención. Descansa sobre un trapo de cocina, encima de una mesa redonda. Se halla en un estado de conservación admirable.
-¿La has limpiado? -pregunto.
-No, estaba dentro de un libro y parece que el embalaje la ha protegido bien -reponde
-¿Puedo? -pregunto al tiempo que cojo la Luger con cuidado. Abro el cargador y veo que contiene nueve balas. Lo vuelvo a meter en la pistola y pongo el seguro. El cargador está lleno de munición y posiblemente funcione.
-¿Por qué no sacamos las balas? Podíamos tener un accidente -dice mi amigo. Señala la culata del arma- ¿Te has fijado? En la culata hay inscritas dos iniciales: A.H.
-Si. Era un arma muy utilizada en la época nazi y los oficiales solían grabar su nombre o sus iniciales.
-La pistola entonces no era del padre de Cloti, él se llamaba Ralf Hoffman
-¿Has encontrado algún otro objeto interesante?
-Libros en alemán y un par de viejas fotografías.
Raúl se acerca al viejo baúl y saca una vieja fotografía enmarcada. En ella se ve a dos jóvenes alemanes con el uniforme de la S.S. Ambos sostienen su respectiva Luger junto al pecho. Ambos tienen el pie izquierdo levantado, como si se dispusieran a subir un escalón. Sin embargo sus respectivas botas descansan sobre lo que parece el cadáver de un hombre extremadamente delgado..
-Que mal rollo. Este es el padre de mi tía Cloti -dice Raúl, señalando a uno de los oficiales- El otro quizá sea el propietario de la pistola. ¿Sabes? Se parece a ti un montón.
Raúl me mira mientras sostengo la Luger y luego dirige la vista a la fotografía con la estupefacción grabada en su cara. Creo que lo ha entendido todo de repente.
La casa de la playa - Antonio/Pau
(Antonio)
Una mañana de noviembre del año pasado, mi tío Rafael decidió que después de algo más de una semana sin ver a mi padre aparecer por el barrio, era momento de ir a buscarlo a casa. Tenía miedo de lo que pudiese encontrar en la desvencijada casa de la playa, dónde su hermano Sebas se había refugiado los últimos quince años, sobreviviendo al estado casi ruinoso de la casa que dejaron los abuelos y a su propio alcoholismo.
Rafael llevaba tres días buscando las fuerzas que le faltaban y descartando todas las excusas que ponía para retrasar la visita a la casa. Esperaba en ese tiempo que o bien Sebas apareciese en algún momento, o que la Guardia Civil viniese a comunicarle que lo habían encontrado tirado en cualquier rincón y que estaba en el hospital o en el tanatorio. Un día la lluvia, otro las compras para el bar, el siguiente marear el tiempo para no tener que actuar. Así había pasado los últimos días. Ya no lo podía dejar ni un día más.
La casa estaba a poco más de dos kilómetros del barrio, en un descampado cerca de la playa, rodeada de hoteles y locales de temporada, todos cerrados a estas alturas del año. Los pocos vecinos cercanos hacía tiempo que habían dejado de tener relación con Sebas, y éste nunca abría las persianas y las ventanas de la casa, así que era difícil hacer la diferencia entre cuando estaba en la casa y cuando no.
Rafael notó cómo le temblaban las piernas todo el trayecto. No era la primera vez que tenía que ir a buscar a su hermano. En los últimos quince años la cuesta descendente de Sebas parecía no marcar un límite claro, dejando el pozo en el que vivía llegar hasta el mismísimo infierno del centro de la tierra. No quedaba ni rastro de aquel hermano con el que había crecido en esa misma casa de la playa, su cómplice y compañero de juegos, aquel con quien compartió las primeras experiencias de la vida adulta, el chico sin malicia, de carácter débil.
Pasó la verja del jardín, mientras buscaba en los bolsillos las llaves de la puerta de entrada. Rafael primero gritó y golpeó las ventanas varias veces desde fuera para que su hermano le abriese. Tembloroso abrió la puerta, y la primera bocanada de aire que salió de dentro de la casa contaba una historia de clausura, pena, alcohol, gas y muerte. Rafael tuvo que sentarse en un pollete frente a la puerta, dejando que el hedor saliese algo más de la casa, mientras no podía parar de llorar con las manos en la cara.
Sabía que esto tenía que llegar, que pasaría un día, se culpaba incluso por pensar que era lo mejor para todos. Había imaginado esta situación decenas de veces. Sin embargo, en ese momento, cuando la realidad le abofeteaba, se sentía desarmado y derrotado. Lo lógico era llamar a la policía y dejar que ellos hiciesen su trabajo. Pero antes, Rafael junto fuerzas, era su familia, era sangre de su sangre, tenía que entrar y despedirse.
Estuvo dentro el tiempo justo de llegar hasta la habitación en la que yacía Sebas, la misma que había compartido de niños. Tapándose la cara con un pañuelo de tela para poder respirar, tan sólo apartó la estufa catalítica frente a la cómoda, vacío el cajón principal en una caja de viejos cómics de “El Capitán Trueno” que había bajo la cama, y salió de allí.
Fuera tuvo la tentación de prender fuego a la casa, y tan sólo el miedo a volver a entrar le impidió hacerlo. Salió a la calle, y tras de sí dejó la última huella de su historia, y tuvo la sensación de haberse quedado solo y viejo.
(Pau)
Me siento como un náufrago largo tiempo perdido, largo tiempo olvidado. Hace
dossemanas que no salgo de la casa y ya está a punto de acabarse la última botella de ginebra; los últimos alimentos hace tres días que me los comí.
La decisión que tomé de no ver a nadie más la he mantenido hasta el final.
Hoy el viento llega con fuerza desde el mar, se filtra por las ventanas mal cerradas y las puertas desencajadas, aulla y gime como mi corazón. La pequeña casa familiar en la que fuí tan feliz, ahora rodeada de asquerosos hoteles, es una chalupa en la que me dirijo al abismo.
Poco a poco he ido cortando las amarras que me ataban a la vida: perdí el trabajo, me dejó Adela, los amigos uno a uno fueron desapareciendo de la agenda telefónica, a los vecinos no les importo más que una rata paseando junto al contenedor de basura. "Él se lo ha buscado", "Se veía venir" "Se merece acabar así". ¡Qué fácil es culpar! ¡Que os den por culo a todos!
Ahora ya todo me da igual. Ponte otra ginebra, Sebas. Alcohol de la mañana a la noche, alcohol para ahuyentar diablos, alcohol como lenitivo de esta aplastante soledad.
Sólo me queda un vínculo con la humanidad, mi querido Rafael, mi buen hermano. A nadie más le concedo autoridad sobre mi vida. ¡Siento tanto haberte defraudado, hermano querido! Sólo tú entendiste hace muchos años, cuando apenas empezábamos a dejar de ser niños, mi incapacidad para la vida, mi espíritu refractario a la paz y la felicidad.
No quisiera que te sintieras culpable, pero si vinieses hoy, quizá encontrara algún motivo para no abrir la espita del gas y empezar a oler el perfume de la muerte, a lo mejor lograrías sacarme de este sopor que me inunda, de este perfume de muerte que envuelve todo, este perfume de vieja puta barata.
Una mañana de noviembre del año pasado, mi tío Rafael decidió que después de algo más de una semana sin ver a mi padre aparecer por el barrio, era momento de ir a buscarlo a casa. Tenía miedo de lo que pudiese encontrar en la desvencijada casa de la playa, dónde su hermano Sebas se había refugiado los últimos quince años, sobreviviendo al estado casi ruinoso de la casa que dejaron los abuelos y a su propio alcoholismo.
Rafael llevaba tres días buscando las fuerzas que le faltaban y descartando todas las excusas que ponía para retrasar la visita a la casa. Esperaba en ese tiempo que o bien Sebas apareciese en algún momento, o que la Guardia Civil viniese a comunicarle que lo habían encontrado tirado en cualquier rincón y que estaba en el hospital o en el tanatorio. Un día la lluvia, otro las compras para el bar, el siguiente marear el tiempo para no tener que actuar. Así había pasado los últimos días. Ya no lo podía dejar ni un día más.
La casa estaba a poco más de dos kilómetros del barrio, en un descampado cerca de la playa, rodeada de hoteles y locales de temporada, todos cerrados a estas alturas del año. Los pocos vecinos cercanos hacía tiempo que habían dejado de tener relación con Sebas, y éste nunca abría las persianas y las ventanas de la casa, así que era difícil hacer la diferencia entre cuando estaba en la casa y cuando no.
Rafael notó cómo le temblaban las piernas todo el trayecto. No era la primera vez que tenía que ir a buscar a su hermano. En los últimos quince años la cuesta descendente de Sebas parecía no marcar un límite claro, dejando el pozo en el que vivía llegar hasta el mismísimo infierno del centro de la tierra. No quedaba ni rastro de aquel hermano con el que había crecido en esa misma casa de la playa, su cómplice y compañero de juegos, aquel con quien compartió las primeras experiencias de la vida adulta, el chico sin malicia, de carácter débil.
Pasó la verja del jardín, mientras buscaba en los bolsillos las llaves de la puerta de entrada. Rafael primero gritó y golpeó las ventanas varias veces desde fuera para que su hermano le abriese. Tembloroso abrió la puerta, y la primera bocanada de aire que salió de dentro de la casa contaba una historia de clausura, pena, alcohol, gas y muerte. Rafael tuvo que sentarse en un pollete frente a la puerta, dejando que el hedor saliese algo más de la casa, mientras no podía parar de llorar con las manos en la cara.
Sabía que esto tenía que llegar, que pasaría un día, se culpaba incluso por pensar que era lo mejor para todos. Había imaginado esta situación decenas de veces. Sin embargo, en ese momento, cuando la realidad le abofeteaba, se sentía desarmado y derrotado. Lo lógico era llamar a la policía y dejar que ellos hiciesen su trabajo. Pero antes, Rafael junto fuerzas, era su familia, era sangre de su sangre, tenía que entrar y despedirse.
Estuvo dentro el tiempo justo de llegar hasta la habitación en la que yacía Sebas, la misma que había compartido de niños. Tapándose la cara con un pañuelo de tela para poder respirar, tan sólo apartó la estufa catalítica frente a la cómoda, vacío el cajón principal en una caja de viejos cómics de “El Capitán Trueno” que había bajo la cama, y salió de allí.
Fuera tuvo la tentación de prender fuego a la casa, y tan sólo el miedo a volver a entrar le impidió hacerlo. Salió a la calle, y tras de sí dejó la última huella de su historia, y tuvo la sensación de haberse quedado solo y viejo.
(Pau)
Me siento como un náufrago largo tiempo perdido, largo tiempo olvidado. Hace
dossemanas que no salgo de la casa y ya está a punto de acabarse la última botella de ginebra; los últimos alimentos hace tres días que me los comí.
La decisión que tomé de no ver a nadie más la he mantenido hasta el final.
Hoy el viento llega con fuerza desde el mar, se filtra por las ventanas mal cerradas y las puertas desencajadas, aulla y gime como mi corazón. La pequeña casa familiar en la que fuí tan feliz, ahora rodeada de asquerosos hoteles, es una chalupa en la que me dirijo al abismo.
Poco a poco he ido cortando las amarras que me ataban a la vida: perdí el trabajo, me dejó Adela, los amigos uno a uno fueron desapareciendo de la agenda telefónica, a los vecinos no les importo más que una rata paseando junto al contenedor de basura. "Él se lo ha buscado", "Se veía venir" "Se merece acabar así". ¡Qué fácil es culpar! ¡Que os den por culo a todos!
Ahora ya todo me da igual. Ponte otra ginebra, Sebas. Alcohol de la mañana a la noche, alcohol para ahuyentar diablos, alcohol como lenitivo de esta aplastante soledad.
Sólo me queda un vínculo con la humanidad, mi querido Rafael, mi buen hermano. A nadie más le concedo autoridad sobre mi vida. ¡Siento tanto haberte defraudado, hermano querido! Sólo tú entendiste hace muchos años, cuando apenas empezábamos a dejar de ser niños, mi incapacidad para la vida, mi espíritu refractario a la paz y la felicidad.
No quisiera que te sintieras culpable, pero si vinieses hoy, quizá encontrara algún motivo para no abrir la espita del gas y empezar a oler el perfume de la muerte, a lo mejor lograrías sacarme de este sopor que me inunda, de este perfume de muerte que envuelve todo, este perfume de vieja puta barata.
Un día grande - Pau/Antonio
PAU
Para él, pese a ser sábado, era un día laborable y se despertó pronto, antes del amanecer; una cena copiosa y unos nervios comprensibles habían propiciado un sueño defectuoso. Se duchó y afeitó con morosidad intentando poner en blanco su mente tan atestada.
Una vez sentado a la mesa de la cocina con el humeante café con leche entre las manos y la mirada perdida, dejó libres todos sus pensamientos. Pensó en las legiones de seres humildes que pueblan la Historia, los oprimidos, los desfavorecidos, los pobres desde muchas generaciones atrás, los millones de campesinos que dejaron su vida en los surcos del arado, entre el barro y el sudor para perpetuar la estirpe de los señores, los que no tienen casa ni futuro y proliferan tristemente en portales y parques, los ancianos que ya dejaron de llorar porque terminaron sus lágrimas, los presos que no tuvieron posibilidad de defensa y cargan con esa ley tan pesada que les cae a los pobres por delitos nimios y que los arrincona en las cárceles para que no molesten a los que tienen el poder. ¡Ah, los poderosos!: banqueros, políticos, aristócratas, autoridades eclesiásticas... siempre en la zona noble, en su primera clase, en sus palcos, sus tribunas; las manos limpias y el corazón sucio, los que nunca han tenido interés en que las cosas cambien y están en los libros de Historia con sus nombres y apellidos.
Antes de salir de casa puso en el equipo de música antiguas canciones revolucionarias, viejos cantos de guerra. "Hay días grandes y pequeños, y este es un día grande." se dijo.
Atravesó en su moto el frío del amanecer y las calles vacías de la ciudad dormida. No le sorprendió ver a la puerta del juzgado a hora tan temprana a docenas de periodistas de todo el mundo. Por primera vez en la historia de la humanidad, el miembro de una familia real iba a declarar ante un juez por sus sucios negocios.
A las 10 en punto, se dispuso a entrar a la sala de vistas donde ya le esperaba sentada Cristina Federica de Borbón y Grecia, flanqueada por los mejores abogados del estado. Pero antes, el juez Castro en la intimidad de su despacho, se levantó el jersey y beso su insignia, que siempre llevaba puesta, la bandera republicana.
ANTONIO
“Negras tormentas agitan los aires / nubes oscuras nos impiden ver,/ aunque nos espere el dolor y la muerte, /contra el enemigo nos llama el deber. / El bien más preciado es la libertad”.
He escuchado miles de veces el inicio de “A las barricas”, y siempre despierta en mí la misma sensación de alegría y tristeza. Luchar, buscar la justicia, siempre rodeados de tormentas, esperando el primer rayo de sol de la primavera. Unos arriba y otros abajo, divididos por una línea tan imaginaria como fuertemente protegida por puertas blindadas en las fronteras de la clases sociales. Yo he encontrado algunas llaves, también muchas puertas, incluso he tropezado con guardianes, ratas de alcantarillas disfrazadas de traje, caros perfumenes ocultando el hedor de la bajeza humana. Ya no le pongo azúcar al café, no admito ni un engaño, ni una mentira piadosa. Me he vuelto huraño en la formas, lo sé, lejano, extraño. Nunca he querido ser el centro, la primera frase de un telediario, ni siquiera una palmada cómplice en la espalda. Lo sé, eso no hace amigos, la soledad y el silencio crean suspicacias. No me importa. El bien más preciado es la libertad.
Hoy saldré aún de noche, para evitar los focos y sobre todo, sentir el frío de un aire que aún no me pueden robar.
Han sido meses de preparación, mucha gente perdiendo el sueño por ayudarme a llegar a este día, muchos más perdiendo el sueño y moviendo los cimientos del sistema por impedir una sola palabra con interrogantes hoy. En el portafolio hay cuarenta hojas de preguntas, sospechas, certezas, dudas, protocolos, subterfugios y algún trámite inevitable. Las voy a repasar todas, una por una, con el mismo mimo, la misma responsabilidad, y el convencimiento de callar sólo una con respuesta.
“Dª. Cristina, ¿sabe qué tenemos en común usted y yo? Ambos nos despreciamos el uno al otro. Mis razones son transparentes, expóngame usted las suyas”.
Para él, pese a ser sábado, era un día laborable y se despertó pronto, antes del amanecer; una cena copiosa y unos nervios comprensibles habían propiciado un sueño defectuoso. Se duchó y afeitó con morosidad intentando poner en blanco su mente tan atestada.
Una vez sentado a la mesa de la cocina con el humeante café con leche entre las manos y la mirada perdida, dejó libres todos sus pensamientos. Pensó en las legiones de seres humildes que pueblan la Historia, los oprimidos, los desfavorecidos, los pobres desde muchas generaciones atrás, los millones de campesinos que dejaron su vida en los surcos del arado, entre el barro y el sudor para perpetuar la estirpe de los señores, los que no tienen casa ni futuro y proliferan tristemente en portales y parques, los ancianos que ya dejaron de llorar porque terminaron sus lágrimas, los presos que no tuvieron posibilidad de defensa y cargan con esa ley tan pesada que les cae a los pobres por delitos nimios y que los arrincona en las cárceles para que no molesten a los que tienen el poder. ¡Ah, los poderosos!: banqueros, políticos, aristócratas, autoridades eclesiásticas... siempre en la zona noble, en su primera clase, en sus palcos, sus tribunas; las manos limpias y el corazón sucio, los que nunca han tenido interés en que las cosas cambien y están en los libros de Historia con sus nombres y apellidos.
Antes de salir de casa puso en el equipo de música antiguas canciones revolucionarias, viejos cantos de guerra. "Hay días grandes y pequeños, y este es un día grande." se dijo.
Atravesó en su moto el frío del amanecer y las calles vacías de la ciudad dormida. No le sorprendió ver a la puerta del juzgado a hora tan temprana a docenas de periodistas de todo el mundo. Por primera vez en la historia de la humanidad, el miembro de una familia real iba a declarar ante un juez por sus sucios negocios.
A las 10 en punto, se dispuso a entrar a la sala de vistas donde ya le esperaba sentada Cristina Federica de Borbón y Grecia, flanqueada por los mejores abogados del estado. Pero antes, el juez Castro en la intimidad de su despacho, se levantó el jersey y beso su insignia, que siempre llevaba puesta, la bandera republicana.
ANTONIO
“Negras tormentas agitan los aires / nubes oscuras nos impiden ver,/ aunque nos espere el dolor y la muerte, /contra el enemigo nos llama el deber. / El bien más preciado es la libertad”.
He escuchado miles de veces el inicio de “A las barricas”, y siempre despierta en mí la misma sensación de alegría y tristeza. Luchar, buscar la justicia, siempre rodeados de tormentas, esperando el primer rayo de sol de la primavera. Unos arriba y otros abajo, divididos por una línea tan imaginaria como fuertemente protegida por puertas blindadas en las fronteras de la clases sociales. Yo he encontrado algunas llaves, también muchas puertas, incluso he tropezado con guardianes, ratas de alcantarillas disfrazadas de traje, caros perfumenes ocultando el hedor de la bajeza humana. Ya no le pongo azúcar al café, no admito ni un engaño, ni una mentira piadosa. Me he vuelto huraño en la formas, lo sé, lejano, extraño. Nunca he querido ser el centro, la primera frase de un telediario, ni siquiera una palmada cómplice en la espalda. Lo sé, eso no hace amigos, la soledad y el silencio crean suspicacias. No me importa. El bien más preciado es la libertad.
Hoy saldré aún de noche, para evitar los focos y sobre todo, sentir el frío de un aire que aún no me pueden robar.
Han sido meses de preparación, mucha gente perdiendo el sueño por ayudarme a llegar a este día, muchos más perdiendo el sueño y moviendo los cimientos del sistema por impedir una sola palabra con interrogantes hoy. En el portafolio hay cuarenta hojas de preguntas, sospechas, certezas, dudas, protocolos, subterfugios y algún trámite inevitable. Las voy a repasar todas, una por una, con el mismo mimo, la misma responsabilidad, y el convencimiento de callar sólo una con respuesta.
“Dª. Cristina, ¿sabe qué tenemos en común usted y yo? Ambos nos despreciamos el uno al otro. Mis razones son transparentes, expóngame usted las suyas”.
Los últimos descendientes - Cris/Sivila
(CRIS)
Nunca fue muy familiar, ni se casó ni tuvo hijos. Atesoró una gran fortuna gracias a sus negocios en el mundo de la hostelería. Fue un hombre que se hizo a sí mismo. Empezó de botones en uno de los mejores hoteles de Madrid, poco a poco fue ascendiendo hasta que compró su primer hotel, a partir de ahí todo vino rodado. Cuando cumplió los 60 años le entró una profunda tristeza no tenía a nadie a quién dejar toda su imperio y fue entonces cuando inició la búsqueda de familiares. La tarea fue ardua, tardó dos años hasta que localizó al primer y único familiar vivo, su hermano gemelo. Sus padres biológicos los abandonaron en un orfanato cuando tenían dos años. Nunca supo de la existencia de su hermano ya que las monjas se lo ocultaron. A su hermano lo adoptaron nada más llegar al orfanato, él en cambio no tuvo tanta suerte y pasó su infancia y adolescencia en el orfanato hasta que cumplió la mayoría de edad.
El primer día que vio a su hermano fue un shock eran idénticos como dos gotas de agua. Empezaron a hablar y descubrió que la semejanza era solo física ya que no tenían nada en común. Decidieron quedar una vez por semana para conocerse mejor, pero las diferencias iban en aumento. Se sentía avergonzado de su hermano y ocultó su existencia a sus pocos allegados. Él era un hombre de éxito y con una gran fortuna mientras que su hermano vivía modestamente de su pequeño taller de carpintería y estaba abrumado por las deudas. Un día decidió hablar con su hermano para zanjar esa relación que nunca debió empezar y así se lo hizo saber. Le ofreció un talón de 100.000€ y le pidió que olvidara ese funesto encuentro, su hermano parecía escucharlo atentamente, sin embargo,sus pensamiento escondían un plan perfecto. Agarró uno de sus martillos y le asestó un golpe seco en la cabeza, cayó al suelo redondo. Jamas habría imaginado que a veces, la familia te mata.
(SILVIA)
Últimamente duermo mal. La aparición de mi hermano, a estas alturas de la vida, me está resultando un torbellino de sentimientos. Por un lado me despierta cierta simpatía, sangre de mi sangre... ya ves, como si me importara de dónde viene mi sangre habiendo sido hijo adoptado, pero también me despierta rabia, ira. Tan sabihondo, tan educado, tan lleno de consejos y buenas intenciones. Es patético. ¿Con qué derecho se planta en mi casa a juzgarme? Es como si yo me juzgara a mi mismo, no me acostumbro a ver mi cara frente a mi, hablando por otra boca. Somos idénticos, no puedo soportarlo. Tengo la horrorosa sensación de que un doble “bueno” de mi se pasea por las calles poniendo en evidencia mis miserias, exhibiendo todo lo que yo no he sabido hacer.
Y además es rico. ¡Dios!, lo que me faltaba...
¡Ay! la tentación... La tentación vive dentro, es una inspiración que te susurra al oído, despacio. Planta una semilla y el miedo y la frustración se encargan de regarla.
Ya está aquí, le veo bajar de su brillante Mercedes enfundado en su impecable traje. Limpio, repeinado y perfumado, seguro. ¿Qué extraña voz es esta que me asegura que no le llego ni a la suela de los zapatos? Te vas a enterar, yo puedo ser mejor que tú.
-Adelante Román, pasa. ¿Cómo va todo? Te traeré un café.
Ahora vuelve a empezar con sus discursos paternalistas. Aquí sentados, frente a frente, con una taza de café entre las manos, me habla de esfuerzo, dedicación, honor. Le dejo hablar, pero mis pensamientos están lejos, muy lejos de sus palabras. Lo que eres es un idiota. ¿Qué crees que estás haciendo aquí? ¿Nadie te ha advertido de dónde te has metido? ¿Qué has dicho? ¿Mejor no volver a vernos? Uy uy uy... eso no me ha gustado nada. Me estás poniendo contra las cuerdas. No me puedo permitir perder un filón como tú. Eres la solución a mis problemas y ¿pretendes abandonarme?
-Bueno, Román, no te pogas así, hombre. Dejar de vernos me parece un poco drástico, pero si tú lo quieres, así será. Tal vez yo no sea la persona que esperabas, pero soy tu hermano, al fin y al cabo. ¿Sabes? A veces me gustaría ser como tú. Sí, creo que tengo envidia. Mucha envidia. He estado pensando mucho en esto últimamente. Me he propuesto cambiar. Sí, a partir de hoy seré elgante, educado, vestiré bien y comeré mejor. Y tu me vas a ayudar.
Tup!
El golpe ha sido seco, certero. Román no se mueve, ya no puede, ya no existe. Bueno, en realidad sí que existe, el que he muerto he sido yo, en mi propia carpintería. Pobrecito yo.
Vestido con sus ropas y repeinado, salgo a la calle. Su chofer, ah, no, mi chofer me espera. ¿Cómo dijo que se llamaba? Juan. Sí, Juan. Bueno, vamos allá.
-Juan, llévame a casa, por favor.
-Sí, señor, enseguida.
La misión - Silvia/Anahi
(Silvia)
Tomó impulso y saltó. Sus piernas le
propulsaron ágilmente, obedeciendo a la perfección. Fue un salto magnífico que
le permitió alcanzar la cubierta del edificio del otro lado de la calle.
Ochenta pisos más abajo el tráfico colapsaba los cuatro carriles y el sonido de
los cláxones se mezclaba con el de algunas sirenas en carrera inútil, pero él
no lo oía, estaba demasiado concentrado en su carrera. Una silueta oscura le
perseguía, alguno de los matones de Mortax. Era el mismo tipo que le había seguido
desde que salió del laboratorio y que le había cortado el paso provocando el
accidente. Entonces había pensado que lo dejaría atrás subiendo a lo más alto
del edificio, pero el cabrón tenía implantes de escalada, igual que él. Así que
probó si tenía también implantes de salto.
Se giró, sin dejar de correr, para
descubrir la oscura silueta en el aire, en pleno salto entre edificios. Tenía
un arma apuntándole. Se detuvo tras una caseta de escalera e interceptó a su
rival al pasar junto a él, con un golpe seco en el brazo que provocó que la
pistola saliera volando. Al fin le veía la cara. Reconoció a su antiguo
compañero, pero su mirada había cambiado, ahora era un autómata. Sin dudar, le
propinó una patada en las costillas que le hizo caer de espaldas y desplazarse
por el suelo hasta chocar con el peto de la barandilla. Aprovechó el instante
de aturdimiento para levantar a aquel autómata por las solapas del cuello y
lanzarlo al vacío, esperando que no tuviera también implantes de vuelo.
Comprobó cómo caía y se centró en su
misión. Debía entregar la información que llevaba grabada antes de que
intentaran arrebatársela de nuevo. No había tiempo que perder, Mortax, sin
duda, sabía dónde se hallaba. Analizó a qué distancia se hallaba del punto de
entrega: 3.487metros en dirección SO.
Tomó impulso y saltó al edificio vecino. Mientras corría cruzando las cubiertas
calculaba la distancia e impulso necesario para el siguiente salto.
Avanzaba deprisa a 250 metros de
altura. Ya estaba alcanzando su objetivo cuando, en pleno salto, siendo blanco
suspendido en el aire entre dos edificios, sintió un agudo dolor en el costado.
Una flecha le había alcanzado provocando, además, la desviación de su
trayectoria y precipitándole al vacío. En plena caída distinguió la silueta de
un arquero sobre un edificio cercano preparando una nueva flecha.
El suelo se aproximaba a gran
velocidad. Era el momento de probar su nuevo implante de caída. Adoptó la
postura del gato en caída libre y aguantó la respiración. Aterrizó sobre las
cuatro “patas” con la delicadeza del felino, pero una punzada de dolor en el
costado le hizo apretar los dientes.
Se hallaba frente al edificio donde
debía entregar la información. Aprovechando el impulso de la caída saltó
cruzando la calle y alcanzando la tercera planta, donde una ventana permanecía
abierta. Aterrizó en una sala luminosa y vacía. Cerró la ventana al tiempo que
una flecha se estrellaba contra el cristal. Examinó mentalmente la distribución
de la planta donde se hallaba y supo dónde encontraría a la doctora Marshall.
Dirigió sus pasos hacia ella. La encontró sentada al ordenador y los ojos de
ella reflejaron alivio al verle.
Abrió la tapa del pequeño
compartimento que alojaba en su antebrazo y extrajo un chip. Se lo entregó.
Misión cumplida.
Observo como la doctora introduce el chip en
un cilindro plateado, gira unas anillas y se desmaterializa frente a mis ojos.
Soy agente de la compañía desde hace mas de 4 años y todavía no me acostumbro a
algunas cosas.
Siento un dolor intenso en el costado y a
medida que me desvanezco veo como la doctora viene corriendo a mi encuentro.
Unas manos muy frías me abstraen del sueño,
me siento sobresaltado, hasta que veo el bello y metálico rostro de Mok. esta
imagen me tranquila siempre, ya me ha salvado la vida21 veces.
-buenos días agente 53. Esta vez no ha sido
muy grave, me dijo con su suave he inexpresiva voz de androide, hemos tenido
que remplazar el implante de caída, 2 costillas y un pulmón, pero las
nanosondas ya lo han corregido y ahora
trabaja óptimamente, serán eliminadas en las próximas 19 hs.
Entra la doctora Marshall con una media
sonrisa.
-cómo se encuentra agente?
- al parecer perfectamente reparado doctora ,
digo mientras le guió un ojo a Mok. Y la misión?
-está en un punto muy frágil. Hemos analizado
los datos y confirmado nuestras sospechas. La legión gris ya ha comenzado a
montar su arma en la base lunar. Según la información del chip, están mas
avanzados de lo que esperábamos. Tengo que informarle que le hemos escogido
para viajar a la luna y destruir esa maldita base. Tendremos que estar listos
en menos de un mes o ya no podremos detenerlos.
Siento como se oprime mi recién reparado
pecho al pensar en la difícil tarea que se me están encomendando.
-
Estaré
listo doctora. Tengo malas noticias, el que me atacó fue el agente 27. Se ha
convertido en autómata. Con el ya son casi10 agentes perdidos. Tenemos que
hacer algo.
-
Estas
son muy malas noticias agente. Aunque no nos sorprende, perdimos contacto con
el hace una semana. Por el momento no hay avances en la vacuna. Intente
mantenerse alejado del gas infecto y no se quite nunca el implante filtrador de
toxinas. Descanse un par de días mientras lo organizamos todos y preparamos los
nuevos dispositivos que requerirá para la misión. Regrese el viernes a las 800
hs así tendrá una semana para familiarizarse con todo. Hay algo más que pueda
hacer por ud?
-
Ahora
que lo dice doctora, si, necesito un geranio mediano blanco 4 capuchinas y un
gato dorado de la suerte. He vuelto a aterrizar el la jardinera de doña Cleo.
Pune - Romanie/Guillermo
(Romanie)
Habían sido
dos meses expuestos al intenso y constante movimiento de una gran ciudad
asiática.
Al salir de
la cápsula del avión y entrar en contacto con otro aire, ella fue despertada
por un silencio. Un doble silencio, tanto de sonido como de olfato.
Pasaron unas
horas de espera en el aeropuerto y otras en el siguiente vuelo. Al bajar de
avión, mientras sus “recientemente-despertados sentidos” se regocijaban en ese
nuevo espacio, de pronto se quedaron a la sombra de otro despertar: la vista.
La nitidez
con la que veía un paisaje urbano cualquiera le fascinó tanto que se lo explicó
varias veces esa misma tarde a diversos familiares. Sabía que era una de esas
experiencias que solo se podrán vivir. Se dio cuenta de que realmente se lo
estaba explicando a ella misma.
A estos tres
despertares se le sumó un cuarto. El sabor de las olivas verdes partidas y ese
primer sorbo de vino tinto.
La intensa
vivencia de esa experiencia fue desintensificándose a medida que pasaba el
tiempo y esa gratitud espontánea se veía sustituida por una acartonada,
provocada por el recuerdo, pero ella tenía la certeza de que esto había quedado
marcado en su fibra y algo había cambiado.
(Guille)
Esta mañana en el taller es distinta a otras. Me inquieta esta
maravillosa luz, se presenta dulcemente desconocida. Un remolino de sensaciones
sacuden todos mis sentidos. Nuevos estímulos detienen mi pincel. La tierra
huele como no había olido nunca. La brisa trae el mar hasta mi ventana. Puedo
escuchar el murmullo de las acículas de los pinos, el canto de los pájaros
palpitando en mi interior, tan lejano y tan cerca, del imbécil estruendo de
impertinentes bocinas. Busco un ocre o un azul habitual, pero se mezclan
confusos sobre la madera. El color quiere ser otro por momentos. Mi mano dibuja
un trazo, decide una pincelada, luego se pregunta entre silencios.
Requiem por la pradera oriental - Guillermo/Romanie
Nota: En Septiembre de 2013, el Parlamento Uruguayo aprobó una polémica ley de minería que habilitaría la instalación por primera vez en el país de enormes proyectos a cielo abierto y que ha provocado múltiples protestas sociales, ambientales y políticas.
Proyecto de Megaminería Aratirí
El fiscal Enrique Viana cuestionó este proyecto, en pos de salvaguardar el medio ambiente. En su escrito, el Fiscal describe que el proyecto de mina a cielo abierto afecta en el centro del país un área de 150.000 ha, con un mineroducto de 230 km de largo, que atravesaría los Palmares y los Humedales de Rocha, hasta un puerto en la costa oceánica, y sus previsibles e imprevisibles impactos ambientales, para cuestionar después, desde el ángulo legal, las tratativas del gobierno con la minera.
[]Se prevé la extracción de 18 millones de toneladas anuales de hierro por un período de 30 años. En los documentos presentados a la Dirección de Medio Ambiente como parte de la solicitud de autorización ambiental previa la empresa expresa que se espera que el proyecto opere 20 años, plazo en el que se habría extraído todo el hierro recuperable. Algunas de las minas proyectadas se agotarán en los primeros 10 años de explotación. El proyecto implica una inversión de 3000 millones de dólares, la mayor realizada en el país.
El proyecto minero en Uruguay está compuesto básicamente por tres partes:
Un complejo minero (zona de minas y planta de beneficiamiento) que abarcará 6.210 hectáreas de los departamentos de Durazno y Florida. Se añaden molinos de trituración, instalaciones para la separación del hierro por campo magnético y un embalse, ya que el proceso requiere gran cantidad de agua.
Un mineroducto que transportará el concentrado de hierro de la zona de mina hasta la terminal portuaria. Se desarrollará en los Departamentos de Durazno, Florida, Lavalleja, Treinta y Tres y Rocha. El acceso a él se dará a través de las Rutas 7 (acceso a la cabecera norte), Ruta 8 (acceso al punto medio del mineroducto) y Ruta 9 (acceso a la cabecera sur).
Una terminal portuaria se emplazará en el Departamento de Rocha, en la zona conocida como La Angostura situada sobre el arco de costa enmarcado por las salientes rocosas de Cabo Polonio (aproximadamente 34 km al suroeste) y Punta del Diablo (aproximadamente 12 km al noreste). El acceso a la terminal se dará a través de la Ruta 9. En esta zona también se prevé un emisario submarino para el vertido de aguas. Ese emisario que no había sido incluido en la primera versión del proyecto permitirá el desagote de excesos de agua hacia el océano en caso de lluvias extremas. No obstante, la oposición y movilización de los pobladores locales y de balnearios cercanos por las consecuencias negativas de la obra sobre el turismo en la zona, sumada a la parálisis del proyecto de la minera Aratirí y el fuerte impacto medio-ambiental en un área de gran importancia ecológica hicieron desistir de llevar a cabo la construcción de una terminal portuaria para uso exclusivo de Aratirí entre los balnearios de La Esmeralda y Punta del Diablo. (ver Gobierno desechó idea de Aratirí para puerto de aguas profundas)
Por decisión del presidente uruguayo José Mujica se estableció la nueva ubicación de un puerto de aguas profundas en la zona conocida como El Palenque, entre La Pedrera y Cabo Polonio. Aún restan realizarse los estudios de impacto medio-ambientales y socio-económicos pertinentes.
(GUILLE)
Réquiem por la Pradera Oriental
o el canto del Río de los Pájaros Pintados
El campesino apretó en su mano
un puñado de tierra desgastada
Supo de lo amargo en su propia carne
Pensó en su abuelo blandiendo la espada
Reconoció el brillo en sus ojos, la sangre fértil
No en vano derramada.
Vio a sus animales cayendo uno a uno.
La sequía quemaba sus campos,
el agua corría contaminada
por los afluentes del Plata.
Subió a su caballo
Galopó en firme cruzada
hasta el último rincón del territorio
A su paso salían miles
Y miles entraron en las ciudades.
(ROMANIE)
Me rodea un paisaje asalvajado cuyo horizonte se difumina con el cielo abierto y grande. Es el lugar de mi vida y la de mis antepasados. Hoy me agacho para tocar la tierra y mi puño se cierra sobre ella sintiendo el calor y el dolor que contiene.
Quiero imprimir este juego de luces en mi recuerdo y mano busca sentir su pulso por última vez.
Esta tierra está sentenciada a una transformación profunda donde no creo que sobreviva la operación de corazón abierto. Me despido de ella antes de que vuele su alma.
Proyecto de Megaminería Aratirí
El fiscal Enrique Viana cuestionó este proyecto, en pos de salvaguardar el medio ambiente. En su escrito, el Fiscal describe que el proyecto de mina a cielo abierto afecta en el centro del país un área de 150.000 ha, con un mineroducto de 230 km de largo, que atravesaría los Palmares y los Humedales de Rocha, hasta un puerto en la costa oceánica, y sus previsibles e imprevisibles impactos ambientales, para cuestionar después, desde el ángulo legal, las tratativas del gobierno con la minera.
[]Se prevé la extracción de 18 millones de toneladas anuales de hierro por un período de 30 años. En los documentos presentados a la Dirección de Medio Ambiente como parte de la solicitud de autorización ambiental previa la empresa expresa que se espera que el proyecto opere 20 años, plazo en el que se habría extraído todo el hierro recuperable. Algunas de las minas proyectadas se agotarán en los primeros 10 años de explotación. El proyecto implica una inversión de 3000 millones de dólares, la mayor realizada en el país.
El proyecto minero en Uruguay está compuesto básicamente por tres partes:
Un complejo minero (zona de minas y planta de beneficiamiento) que abarcará 6.210 hectáreas de los departamentos de Durazno y Florida. Se añaden molinos de trituración, instalaciones para la separación del hierro por campo magnético y un embalse, ya que el proceso requiere gran cantidad de agua.
Un mineroducto que transportará el concentrado de hierro de la zona de mina hasta la terminal portuaria. Se desarrollará en los Departamentos de Durazno, Florida, Lavalleja, Treinta y Tres y Rocha. El acceso a él se dará a través de las Rutas 7 (acceso a la cabecera norte), Ruta 8 (acceso al punto medio del mineroducto) y Ruta 9 (acceso a la cabecera sur).
Una terminal portuaria se emplazará en el Departamento de Rocha, en la zona conocida como La Angostura situada sobre el arco de costa enmarcado por las salientes rocosas de Cabo Polonio (aproximadamente 34 km al suroeste) y Punta del Diablo (aproximadamente 12 km al noreste). El acceso a la terminal se dará a través de la Ruta 9. En esta zona también se prevé un emisario submarino para el vertido de aguas. Ese emisario que no había sido incluido en la primera versión del proyecto permitirá el desagote de excesos de agua hacia el océano en caso de lluvias extremas. No obstante, la oposición y movilización de los pobladores locales y de balnearios cercanos por las consecuencias negativas de la obra sobre el turismo en la zona, sumada a la parálisis del proyecto de la minera Aratirí y el fuerte impacto medio-ambiental en un área de gran importancia ecológica hicieron desistir de llevar a cabo la construcción de una terminal portuaria para uso exclusivo de Aratirí entre los balnearios de La Esmeralda y Punta del Diablo. (ver Gobierno desechó idea de Aratirí para puerto de aguas profundas)
Por decisión del presidente uruguayo José Mujica se estableció la nueva ubicación de un puerto de aguas profundas en la zona conocida como El Palenque, entre La Pedrera y Cabo Polonio. Aún restan realizarse los estudios de impacto medio-ambientales y socio-económicos pertinentes.
(GUILLE)
Réquiem por la Pradera Oriental
o el canto del Río de los Pájaros Pintados
El campesino apretó en su mano
un puñado de tierra desgastada
Supo de lo amargo en su propia carne
Pensó en su abuelo blandiendo la espada
Reconoció el brillo en sus ojos, la sangre fértil
No en vano derramada.
Vio a sus animales cayendo uno a uno.
La sequía quemaba sus campos,
el agua corría contaminada
por los afluentes del Plata.
Subió a su caballo
Galopó en firme cruzada
hasta el último rincón del territorio
A su paso salían miles
Y miles entraron en las ciudades.
(ROMANIE)
Me rodea un paisaje asalvajado cuyo horizonte se difumina con el cielo abierto y grande. Es el lugar de mi vida y la de mis antepasados. Hoy me agacho para tocar la tierra y mi puño se cierra sobre ella sintiendo el calor y el dolor que contiene.
Quiero imprimir este juego de luces en mi recuerdo y mano busca sentir su pulso por última vez.
Esta tierra está sentenciada a una transformación profunda donde no creo que sobreviva la operación de corazón abierto. Me despido de ella antes de que vuele su alma.
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